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| 6/18/2011 12:00:00 AM

Se vale tocar

Jorge Colmenares quedó ciego cuando era niño. Ahora está dedicado a la Sensoroteca, una especie de biblioteca con la que busca concientizar a la gente sobre el uso de los cinco sentidos.

Cuando Jorge Colmenares quedó ciego, a los 2 años y medio como consecuencia de un cáncer de retina, recuerda que al principio le costaba mucho trabajo diferenciar entre el día y la noche. "A las siete de la noche me levantaba a pedir desayuno, a las doce de la madrugada almorzaba y a las siete de la mañana cenaba". Entonces, su mamá resolvió que lo más sencillo era mantenerlo despierto con los cuentos grabados en casete. La técnica no solo hizo que su horario volviera a la normalidad, sino que además disparó su curiosidad por todo lo que oía. "Le preguntaba cosas como: '¿Qué es una jirafa?', y ella me respondía: 'Una jirafa es un animal de cuello largo y cuatro patas que vive en África'". Para complementar esas descripciones, también solía comprarle figuritas de animales con las que el pequeño poco a poco fue creando una colección de juguetes envidiable.

Hoy, esos casetes y esos muñecos hacen parte de la Sensoroteca, una especie de biblioteca que Jorge está construyendo en su apartamento, en la calle 26 con avenida Caracas, pero que en lugar de libros contiene objetos para tocar, oler, ver, oír y degustar. Allí también tiene cuadros y mapas en relieve, así como réplicas en miniatura de lugares como la torre Eiffel, las pirámides de Egipto o el Empire State, máscaras de yeso y discos con música de diferentes países.

Jorge actualmente usa la mayoría de esos objetos en las visitas comentadas que da en el Museo del Oro el primer sábado de cada mes. En esos recorridos, rompe el protocolo y anima a las personas a que manipulen algunas réplicas y piezas originales de la colección que un guía que lo acompaña carga en su mochila. "No basta con leer las fichas arqueológicas. Es más emocionante tocar una cerámica desportillada de una tumba de hace 1.500 años". Aunque este proyecto originalmente estaba destinado a visitantes con limitación visual, cualquiera puede participar y, de hecho, es usual que durante el recorrido más de un curioso se deje contagiar con las historias de Jorge.

Él está convencido de que la educación debe ir más allá de la imagen y la palabra. Por eso le apuesta a la multisensorialidad. "¡Es un milagro que los jóvenes aprendan álgebra viendo solo en un tablero! Si la pueden asociar a cosas que se pueden comer, tocar, oír, oler o ver, es más fácil de entender". 'Jota', como le dicen sus amigos, estudió en el Colegio Emilio Valenzuela, donde fue por doce años el único niño ciego del plantel. Tomaba las mismas clases que sus compañeros, y mientras ellos aprendían en tinta, él lo hacía en braille. Al principio su mamá le transcribía las tareas para que los profesores entendieran, hasta que un día decidió que lo mejor era que hiciera las evaluaciones oralmente. Así fue como presentó el Icfes y el examen de ingreso a la Universidad Nacional, de donde se graduó como antropólogo en 2005 y espera recibir el título de maestro en Economía dentro de poco.

Por estos días, en los ratos libres que le quedan entre las auditorías, las sesiones de psicoanálisis y las clases que dicta en la Universidad Pedagógica, Jorge está terminando un alfabeto braille con cajas de huevo y bolas de pimpón que quiere incluir en la Sensoroteca. También tiene pensado sembrar orégano, albahaca y tomillo en el muro de su ventana y aprovechar unos tarros de dulces viejos para guardar sustancias aromáticas. A diario se le ocurre una idea nueva y, aunque todavía no ha hecho un inventario riguroso de los materiales que tiene para empezar a hacer pruebas con algún colegio, desde ya el proyecto de 'Jota' promete desafiar el viejo refrán de "ver y no tocar se llama respetar".
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