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| 5/6/1991 12:00:00 AM

SECTOR FINANCIERO

ENCAJADOS
EL TEMA SIGUE SOBRE EL TAPETE. LAS MEdidas contraccionistas adoptadas por el ministro de Hacienda Rudolf Hommes con el fin de hacerle la guerra a la inflación, han provocado una inmensa expectativa sobre las consecuencias que dicha política monetaria pueda producir en el sector financiero. Culminado marzo, todos están pendientes del bolance de las instituciones financieras en este primer trimestre del año.

Sobre todo después de conocerse el resultado final del 90, que una vez más ratificó el magnífico desempeño de la actividad financiera en los últimos años. Las utilidades totales a diciembre de 1990 superaron los 150 mil millones de pesos; es decir, aumentaron en un 48 por ciento con respecto al año inmediatamente anterior. Y a pesar del lento desarrollo de la rentabilidad patrimonial, que no alcanzó el 20 por ciento en el mismo lapso, las estadísticas recientes confirman que el sistema financiero ha logrado la solidez suficiente como para enfrentar con optimismo el futuro.

Este optimismo había quedado respaldado también por la aprobación de la Reforma Financiera, la cual le otorgó al sector mayores oportunidades de competencia a través de la abolición de las trabas a la inversión extranjera. La autorización de crear filiales, las alternativas para realizar fusiones o conversiones, y la libertad de entradas.

Pero el crecimiento desbordado de la inflación obligó al Gobierno a tomar determinaciones monetarias drásticas, calificadas por muchos expertos como contraproducentes con respecto a las políticas de apertura económica.
Sorpresivamente las autoridades financieras establecieron el encaje marginal del 100 por ciento en diciembre pasado y las opiniones encontradas no se hicieron esperar.

La extrema medida ya había sido experimentada en Colombia hacia la segunda mitad de la década de los 70. Sin embargo, algunos expertos consideran que su impacto sobre la intermediación de recursos no fue tan duro como puede serlo hoy, pues en esa época sólo las cuentas corrientes del sistema bancario se veían afectadas por el encaje marginal. En la actualidad, la resolución de la Junta Monetaria cobija todas las exigibilidades del sistema financiero, con excepción de los depósitos en corporaciones de ahorro y vivienda, que no fueron tenidas en cuenta para no acrecentar la crisis que atraviesa la construcción en los últimos años. En consecuencia, se hizo efectiva la congelación de todos los recursos captados no solamente a través de las cuentas corrientes, sino también por intermedio de cuentas de ahorros tradicionales y CDT.

Las disposiciones contraccionistas del Gobierno, luego de la ventisca levantada en todos los estamentos del sector financiero sobre la verdadera eficacia de las mismas, han sido analizadas, sin embargo, con cabeza fría en las últimas semanas. Y si bien algunos aseguran que las determinaciones encaminadas a disminuir la inflación pueden frenar drásticamente el ritmo de crecimiento del sector financiero, hay también quienes reconocen que el Gobierno no tenía otra salida y que el sector financiero posee otros instrumentos para evitar una catástrofe.

En la opinión de especialistas como Javier Fernández, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras Anif, a pesar de que la medida del encaje marginal era la única solución del Gobierno para controlar la inflación, es probable que su resultado sea menos benéfico de lo que se piensa, por las graves consecuencias que puede producir sobre el crecimiento de la cartera bancaria. No obstante, los banqueros parecen menos pesimistas.

Tanto Alejandro Figueroa como Jesús Enrique Villamizar, presidentes del Banco de Bogotá y del Banco Ganadero respectivamense (los dos bancos con mayores utilidades en el año 90), coinciden en afirmar que la contracción era necesaria.
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