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| 4/26/1993 12:00:00 AM

SECTOR FINANCIERO

FONDOS EXTRANJEROS: CAJA DE SORPRESAS
LOS FONDOS PAIS, LOS PRIMEROS DE CAPItal extranjero en Colombia, aparecieron hace ya casi cuatro años. Entonces nadie imaginó que a mediados de 1992, estos y los aprobados posteriormente, los Omnibus Account, preocuparían como en efecto lo hicieron.
En julio del año pasado se contabilizaron 19 entre unos y otros, todos con su administrador local (que puede ser una sociedad comisionista o una fiduciaria). Y en agosto fue creado uno más, de modo que ya eran dos decenas. ¿Nada parecía preocupante? Al contrario. Mientras en julio su colocación de dólares en el mercado público de acciones fue de l9 millones de dólares, al mes siguiente se trepó hasta los 56 millones.
En las bolsas del país se comentaba que el Gobierno había puesto un tope realmente alto para las operaciones de estos entes en el país: más de mil millones de dólares. Entonces empezaron las especulaciones. Se temió que los inversionistas extranjeros "devoraran" el pequeño mercado colombiano.

CAMBIO DE RUMBO
Pero los fondos tenían reservada otra gran sorpresa, una que sólo puede conocerse comparando las cifras de todo el segundo semestre del año pasado. En lugar de comprar las existencias en acciones del débil mercado colombiano, fueron estabilizando su nivel de inversiones alrededor de los 60 millones de dólares.
¿Por qué se dio ese fenómeno? Precisamente por el tamaño de los negocios financieros en Colombia. Cuando empezaron a llegar las órdenes de compra de acciones desde el exterior, estas se encarecieron y empezaron a tornarse poco atractivas. Es que cabía preguntarse cómo deshacerse después de títulos tan costosos en un mercado limitado.
Así las cosas, aunque a diciembre de l992 la Superintendencia había dado concepto favorable para la operación en Colombia de 35 fondos institucionales, el capital máximo autorizado era de 1.484 millones de dólares y tan solo se habían transado 61 millones, una cifra para nada preocupante.
Interesante destacar también que las inversiones de los fondos se han orientado fundamentalmente hacia el mercado accionario. Al final del año pasado 25 de los 35 fondos habían constituido portafolios en acciones por cerca de 45 mil millones de pesos, equivalentes, según tasa representativa del mercado de divisas, a los citados 61 millones.
Además de que su conocimiento y experiencia en manejo de carteras colectivas los ha conducido a participar activamente en el mercado de renta variable, constituyéndose en factor de dinamización de dicho mercado. Este análisis es de la Superintendencia de Valores y está en el "Informe de Labores 1992", del que también hemos extractado un cuadro que presenta los sectores donde los fondos extranjeros han invertido mayor cantidad de dinero (ver cuadro) .
Ya es una realidad que los inversionistas foráneos no se atreven muy a fondo en los pequeños mercados y es, hasta cierto punto, una lástima. Ellos inyectarían aún más entusiasmo en el sector.
Pero lo cierto es que el proceso de apertura en que está involucrado el país debe darse desde el interior de las empre sas. Abandonando el temor a perder poder (principalmente político), son ellas las que deben empezar a emitir las acciones de manera que, finalmente, un juego económico colombiano, el bursátil, dependa más de nacionales que de extranjeros.

PORTAFOLIO ACCIONARIO
A DICIEMBRE 31 DE 1992

SECTOR VALOR PARTICIPACION
(MILES DE PESOS) %

MANUFFACTURERO 21.292.823 47.50
ALIMENTOS 4.587.915 10.24
BEBIDAS 5.319.864 11.87
CEMENTOS 6.982.949 15.58
MINERALES NO MET. 480.773 1.07
PAPEL 252.510 0.56
QUIMICA Y PETR. 59.019 0.13
TABACO 2.717.263 6.06
COSTRUCCION 635.299 1.42
TEXTILES Y PRENDAS 257.231 0.57

COMERCIO 8.199.298 18.29
TRASPORTE AEREO 6.874 0.02
SECTOR FINANCIERO 14.988.579 33.44
MINAS335.593 0.75
TOTAL 44.823.167 100.00


EL "BANQUERO DE DIOS"
PRINCIPIOS DE 1982 SE HIZO PUBLICA una de las quiebras más sonadas del siglo: la del Banco Ambrosiano. De acuerdo con la evaluación de los liquidadores, el faltante ascendía a 1.287 mi llones de dólares. Pero más allá de la colosal suma, lo que concentró la atención de la opinión pública fueron los protagonistas.
Además del prestigioso hombre de negocios Roberto Calvi, dueño de la entidad financiera italiana, estaba implicado un singular arzobispo: Paul Casimir Marcinkus. Administrador de los recursos de la Iglesia bajo el mando de tres Papas, que había nacido en el Chicago de los años 20 y ostentaba, con sus casi dos metros de estatura, un pasado muy deportivo: tenista, nadador, jugador de rugby, pitcher y golfista.
Con él compartieron las primeras planas de medios tan prestigiosos como L'Expresso y Time, sus colaboradores Luigi Menini y Pellegrino de Stroebel. Y, desde luego, la entidad va ticana que presidía: el Instituto para la Obra de la Religión (IOR), que manejaba los fondos de todos las diócesis del mundo sin que a nadie se le ocurriera designarlo con la mundana denominación de "banco".
Hoy, más de una década después de los acontecimientos, Marcinkus, quien nunca llegó a convertirse en cardenal, vive un tranquilo retiro en Chicago (desde 1989). Y las sospechas de nexos entre el IOR, el Ambrosiano y 10 sociedades fantasmas creadas para desviar fondos en lugares tan disímiles como Las Bahamas, Luxemburgo y Panamá han quedado en el pasado. No más encabezados de prensa, cerrado el escándalo.

LINEAS AL RECUERDO
Sin embargo el tema ha vuelto a cobrar actualidad en nuestro medio porque el año pasado Ediciones Grijalbo tradujo en Barcelona "Il Caso Marcinkus", un libro de casi 300 páginas editado en Italia (1991) por Arnoldo Mondadori y que aún se encuentra en las estanterías colombianas.
Los autores son Leonardo Coen y Leo Sisti, periodistas que han hecho carrera investigando sobre terrorismo y desfalcos financieros.
Este documento, entre histórico y novelesco -que en español se titula "Marcinkus, el banquero de Dios"- tiene, como cualquier buena investigación, sólo una hipótesis.
Sencilla pero demoledora...
El Estado Vaticano guardó la espalda del arzobispo hasta el punto de acogerlo en sus edificios cuando había contra él una orden de captura (1987), no sólo porque fuera el presidente de una de las instituciones centrales de la Iglesia. También porque el IOR o mejor, su representante, desvió recursos con la valiosa colaboración del Banco Ambrosiano, a Polonia, la muy pobre tierra de Karol Wojtyla, el pontífice Juan Pablo 11. Así colaboró en la gestación del movimiento Solidarnosc, protagonista de grandes cambios en el mapa político de Europa Oriental durante la década pasada.
Independientemente de si es o no real la teoría que lo origina (nunca fue probada fuera de sus páginas), llama la atención la manera en que están organizados los fragmentos del complicado rompecabezas. Una visita a la sede del Instituto, donde los autores se entrevistaron con Donato de Bonis, segundo al mando, sirve para describir detalladamente el lugar calificándolo como el que ofrece un solo mensaje: "Aquí se hacen negocios, pero atención: negocios para servir a Dios" .
Después los autores responden a la típica pregunta, la de rigor: de dónde venía Marcinkus? Y para hacerlo se remontan al Chicago de los años 20 (el de Al Capone). Y también al de los 60, cuando esta zona se convirtió en la diócesis más poderosa del mundo. "Inmensa fábrica de la fe" y "Viócesis Holding" la llaman los autores. ¿Por qué? Explican ellos que en esos 8.478 metros cuadrados la Iglesia administraba 354 escuelas elementales, 58 high schools, 13 universidades, 23 hospitales y los servicios funerarios. El cardenal era el propietario legal de todos y cada uno de estos bienes, y lo asistían consejeros en administración, directores financieros, de personal, de servicios y de cancillería. Aquí regresó Paul Marcinkus después de 17, casi por completo tranquilos, años en el Vaticano. Acerca de los siete más accidentados habla el libro.
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