Martes, 21 de octubre de 2014

| 1986/04/14 00:00

SEXO, EN QUE ANDAN LOS COLOMBIANOS

Por ignorancia y temor al pecado, en materia sexual los colombianos estamos en pañales.

SEXO, EN QUE ANDAN LOS COLOMBIANOS

La semana pasada en Colombia se habló mucho de sexo. Mucho más de lo normal porque el tema se salió de los bares, de los prostíbulos, de los cafetines y de las interminables tertulias de morbo y se metió en los salones del Hotel Tequendama de Bogotá donde, sin los dobles sentidos populares ni las inhibiciones nacionales, unos cien expertos se reunieron en el Tercer Congreso Colombiano de Sexología.
Aunque fuera por tres días, el evento organizado por el departamento de sicología de la Universidad de los Andes y por la Sociedad Colombiana de Sexología, le dio entidad, categoría y naturalidad a un tema que vive agazapado por la mojigatería, pero que palpita con insistencia si se tienen en cuenta las cifras de violencia sexual, el sometimiento a la mujer, la proliferación de la pornografía y el terror, en fin, que sienten los colombianos para abordarlo.
Consultas adelantadas por SEMANA entre estudiosos de la sexología dejan en claro que, en efecto, no existen en el país las condiciones para que el tema sea considerado en su importancia real y total y la sexualidad, entonces, se asume con el morbo que genera el misterio y en términos generales la mirada se circunscribe a lo genital, con consecuencias que van más allá de la insatisfacción hasta llegar a la frustración.

EL SEXO PECADO
Explicaciones femeninas tan usadas como "me entregué en un momento de locura", prácticas masculinas tan enraizadas como los primeros encuentros sexuales en prostíbulos y ejemplos generales del afán por clandestinizar el sexo (el secreto de los moteles, la oscuridad de los cines...), permiten ver en el fondo que a pesar de los años y de los aparentes replanteamientos morales, para los colombianos el sexo sigue teniendo la connotación de pecado.
Para Cecilia Cardinal de Martín, una medico gineco-obstreta de reconocida seriedad por sus 22 años dedicados al estudio de la sexualidad humana, es ahi donde, ciertamente, radica parte del problema de una sociedad que cree prohibido especialmente el placer femenino porque la sexualidad se vive "con culpa y temor inculcados por la cultura judeo-cristiana" y ratifica su opinión con que es a los sacerdotes a quien muy buena parte de la población consulta -y confiesa- inquietudes de sexo. "No podemos ignorar que los españoles llegaron con la espada y la cruz, pero por fortuna trajeron la gran sensualidad del árabe", agrega.
Es en esa corriente judeo-cristiana, turbulenta por la ignorancia del tema e inhibidora por las advertencias de castigos, hacia donde se desplaza la mentalidad sexual de la mayoría de los colombianos. "La tendencia preconciliar ubicó al sexo en lo biológico, lo fisiológico y lo genital, le inculcó un carácter de malignidad y lo unió de tal manera al concepto de pecado que es el 90 por ciento de la temática de la confesión", opina el sacerdote Alberto Múnera, decano académico de la Facultad de Educación de la Universidad Javeriana.
Esta corriente -que actúa como dogma en la sociedad- "introdujo el machismo que se manifiesta en la desproporción de los derechos de la mujer en la Iglesia y en la discriminación sexual de la mujer", dice Múnera y pone un dedo en la llaga más abierta: "Hay un tratamiento pastoral diferente porque se considera que el pecado sexual del hombre es más leve que el de la mujer".
Para Pedro Guerrero, médico, siquiatra y experto en problemas de familia, esa es también una de las raices del problema, pero va más allá: "El sexo tiene dos funciones: la reproductora y la placentera y en Colombia lo que se enseña es a lo primero. Eso responde a dos mil años de educación cristiana y se discrimina aún entre aquellas mujeres que gozan del sexo y se les llama ninfomaniacas y depravadas, frente a aquellas que asumen el sexo como una obligación, pero se les considera sanas y normales".
Aunque el porcentaje puede resultar nimio, una encuesta reciente entre adolescentes bogotanos orientada por Marta Lucia Palacio, sicóloga, catedrática y con 10 años de experiencia en terapia sexual, refuerza la idea del sexo-pecado: el siete por ciento de los jóvenes de ambos sexos interrogados considera que los órganos genitales son "sucios".

LA MUJER - OBJETO
Desde esa concepción del placer-pecado, del sexo-prohibido, en la sociedad colombiana parece no salvarse ningún sexo y es la mujer, no sólo ante los ojos de la Iglesia sino ante el juicio de la comunidad la que más discriminación sufre y sobre la que se lanza la mayor recriminación.
"A la mujer se le ataca por las relaciones prematrimoniales, por el aborto, por el control de la natalidad, se le inculca la idea de un solo matrimonio y se rechaza a la mujer separada", dice el sacerdote Múnera y vuelve a cargar contra la corriente preconciliar de la Iglesia y su prejuicio contra la mujer: "La función procreativa del sexo es la columna vertebral de esta posición de la Iglesia que tiene sus raices en un principio cuando el cristianismo y el estoicismo estuvieron tan unidos a la visión maniqueista de San Agustín y de la visión platónico-aristotélica que estableció la corporeidad y la materialidad como lo malo y el espíritu como lo bueno, excluyendo totalmente el concepto de placer".
Para Cecilia Cardinal de Martin el sometimiento viene desde la Colonia por el predominio del patrón de comportamiento español "donde el hombre es activo, supuestamente enseña a la mujer sobre sexualidad y tiene que dar orgasmo y donde la mujer es pasiva, siente culpa, temor y el sexo es pecado. Se vive bajo la clásica doble moral en la que la mujer "mala" es la "buena" y la buena es la intocable, la pura, la que se parece a la mamá".
En su libro "Miedo al sexo", el siquiatra Pedro Guerrero a la luz de un análisis sobre las 125 expresiones que se usan en el país para nombrar el acto sexual, de acuerdo al texto de L. Flórez, "Léxico del cuerpo humano en Colombia" (clavar, brincar, meter, afrijolar...), "la sexualidad femenina no es más que una mercancia, un bien de uso del cual se apropia el hombre por medios lícitos o ilícitos sin que para este trueque cuenten mucho la voluntad o el deseo femeninos". El mismo Guerrero, en declaraciones a SEMANA, asegura que "el miedo de la mujer al sexo es cultural, se le ha inculcado que es malo. Hasta hace muy poco se compraba el himen, pues todos los hombres exigían que sus mujeres fueran vírgenes".
La encuesta ya citada, ratifica con dos cifras la apreciación de la mujer-sometida, de la mujer-objeto: un 72 por ciento de los jóvenes entrevistados espera que la mujer sea femenina y sensible y un 70 por ciento quiere que el hombre sea dinámico y dominante y, entre quienes contestaron, un 17 por ciento piensa que la experiencia sexual corre por cuenta del hombre y el uno por ciento de la mujer.

LA IMPOTENCIA DEL HOMBRE
Se diría que, en medio de ese panorama de sometimiento femenino, es el hombre el que en la sociedad colombiana lleva todas las de ganar, pero se diría mal: también lo masculino está involucrado en ese terror al sexo, forma parte de él incluso mucho más allá de lo que se alcanza a filtrar por las escasas grietas del machismo colombiano.
Los expertos consultados por SEMANA coinciden que en el inicio sexual de los hombres en un medio como el colombiano radica su concepción genital de la sexualidad: es, por lo general, un despertar abrupto, repleto de peligros y, por sobre todo, desprovisto de los afectos, los gustos, los olores y las sensaciones que forman la satisfacción total.
En un medio cultural como el nuestro, el hombre es impotente para desarrollar su sexualidad plena, con la mujer que desea, con la que tiene establecida una comunicación, porque en la mayor parte de esas relaciones sigue existiendo la necesidad de una unión conyugal antes de una unión corporal.
Jairo Cañizares, médico sexólogo, fundador de la Sociedad Bogotana de Sexología, admite esta impotencia masculina, pero amplía el concepto al comportamiento de la pareja: "La imagen sexual moderna tanto del hombre como de la mujer, la "liberación sexual" y la comercialización del placer afectan la sexualidad, la verdadera relación de comunicación y afecto donde el placer y el orgasmo deben ser un medio de comunicación y no un fin en sí mismos. La relación que busca un fin determinado (placer-orgasmo) genera angustia, quita la capacidad de actuar espontáneamente".
Una opinión adicional a la consecución del placer en la pareja colombiana, la tiene Pedro Guerrero: "Yo creo que la relación monogámica es una limitante de la sexualidad, porque rutiniza el erotismo. Sin embargo, no se puede generalizar: hay parejas que después de muchos años de vida tienen relaciones sexuales placenteras".
Luz Elena Sánchez, médico sicoterapista, tercia con su opinión sobre la sexualidad en la pareja colombiana: "La relación de las parejas colombianas se enmarca dentro del dolor y el sufrimiento en el encuentro y es ahí donde se producen sus intercambios sexuales. El engaño y el chantaje emocional impiden que la relación se abra en la sinceridad y que en la sombra, el miedo sea el consejero. La precaria estabilidad y sufrágil equilibrio, hacen que nuestras parejas paguen altos precios por la compañía".

EDUCACION EN PAÑALES
A juzgar por el desconocimiento sobre la sexualidad en Colombia, por la inhibición a hablar sobre el tema y por la educación que se imparte, en esta materia el país está en un nivel de preescolar, al que ayuda no sólo la mojigatería de la sociedad, sino la propia familia.
"Las parejas colombianas -dice Cecilia Cardinal de Martín- hablan de todos los temas, desde la cotización del precio del dólar hasta el resultado del partido de fútbol de anoche, pero excluyen de sus conversaciones el tema de la sexualidad" y la razón de su planteamiento está ratificada por la ausencia de estudios, la falta de debates y la precariedad de la materia "comportamiento y salud", incluida en los pensums de quinto y sexto de bachillerato en los colegios colombianos.
Fue en esos niveles de enseñanza, en colegios de Bogotá, donde se desarrolló la encuesta de Marta Lucía Palacio, que consultó opiniones de mil 400 jóvenes en colegios masculinos, femeninos y mixtos, la mayor parte de ellos regidos por religiosos.
El sondeo establecio que un diez por ciento entiende la sexualidad como la posibilidad de quedar embarazada o como el estudio de los genitales, un 50 por ciento considera la masturbación como algo natural y el 26 por ciento dijo no aceptar el aborto por ningún motivo.
Independientemente de los resultados de esa encuesta (válida por lo reveladora y válida porque es una rareza en un país donde poco se consulta sobre el tema), algunos expertos como Pedro Guerrero consideran que la educación que se imparte en los colegios bajo aquella materia no sólo es precaria sino distorsionadora porque "se da una versión sesgada y siempre se advierte sobre la peligrosidad hablando de enfermedades venéreas, del aborto y de relaciones sexuales pero dentro del matrimonio". Cecilia Cardinal de Martín, en cambio, opina que la educación sexual en los colegios privados ha mejorado, pero considera que comienza demasiado tarde.
"Desde el vientre hay una actitud hacia la sexualidad, desde el nacimiento existe la sexualidad que se enseña con actitudes. Hay que responder a los niños las preguntas claramente y de acuerdo al nivel de la pregunta no se debe remitir al niño a otra persona o a un libro", insinúa Jairo Cañizares.
De la ignorancia del tema y del miedo a debatirlo incluso en la pareja, suryen problemas de relación que en Colombia tienen tres salidas: la más taimada que consiste en acudir a salones de masajes u otras modalidades de prostitución disfrazada, tomada como escape o compensación cuando no se puede dar una salida apropiada en el interior de la pareja. La más frustrante, que es la de olvidarse de esas inquietudes, no exteriorizarlas, convivir con la insatisfacción o llevarlas al confesor. Y, por último, la más escasa, consultar a los terapistas sexuales.
"Los problemas más consultados -cuenta Jairo Cañizares- tienen que ver con la eyaculación precoz del hombre originada en su presunción de que se le exige demasiado y donde también hay culpa en el inicio sexual en donde no se piensa que se está comunicando sino en el orgasmo. Otro problema es la disfunción eréctil, también en el hombre y que es el miedo a no poder. En la mujer se presenta la anorgasmia, que es cuando la función sexual es buena pero no se consigue el orgasmo porque la mujer está cansada cuando llega del trabajo o, la que no trabaja, porque las relaciones se han vuelto rutinarias, por, cumplir con el deber".
Pero esos -los problemas que cuando se logran exteriorizar llegan al conocimiento de los médicos expertos o que, en otros sectores de la población, llegan a oídos de los confesores- son apenas el reflejo conocido de la manera en que los colombianos asumen la sexualidad, una condición con la que se nace y se muere, pero que en el país se tiene como un tema que convoca al morbo, que invita a la hipocresía y que en el fondo deja una insatisfacción latente.
Dentro de este panorama aparecen sin embargo, luces que permiten pensar en mejores tiempos para el pleno desarrollo de la sexualidad, desprovista de mitos y tabúes, como lo proponen las corrientes teológica postconciliar y la humanista, que le quitan al sexo negatividad, culpabilidad y pecado, no se centra ni en lo fisiológico ni en lo genital, sino en el hombre integral, como un elemento constitutivo del ser humano.

HITE, ENCUESTADORA SEXUAL
Los informes Hite sobre sexualidad femenina, 1976, y sobre sexualidad masculina, 1982, son inmensamente populares en casi todo el mundo. Sin embargo, su autora, Shere Hite, referenciada por profanos y necesariamente por expertos, era desconocida en el país. Por eso su visita a Bogotá, la semana pasada, con ocasión del Congreso Colombiano de Sexología fue una sorpresa. Quienes la han estudiado y la han leído, esperaban encontrar una mujer gruesa de más de 50 años, huraña, de lentes y desprovista de todo atractivo físico. No fue así. Shere Hite no tiene más de 35 años, es rubia estilizada, dulce, recién casada y todo un "churro", comentaron quienes la vieron.
Shere Hite terminó su carrera de historia y pensó realizar su trabajo de doctorado sobre el estudio del pensamiento occidental, haciendo énfasis en las ideas e instituciones contemporáneas: la sexualidad, era una de ellas. Quería, dice Shere, "escribir más sobre el presente que sobre el pasado". Para subsistir, mientras realizaba el trabajo, la Hite se empleó como secretaria en Nueva York. Un día, por el año de 1972, el movimiento feminista de esa ciudad llamó a las mujeres y en especial a las secretarias a protestar por un aviso publicitario sobre la inteligencia de las máquinas de escribir y la sexualidad de quienes las manejaban. Como se sentía involucrada, la Hite fue a la manifestación y ahí comenzó su relación con las feministas. Aprovechó entonces su relación con mujeres para plantear el tema de la sexualidad. Las charlas eran tímidas y poco personales, así que decidió elaborar un formulario de preguntas y enviarlo por correo. La respuesta no se hizo esperar. Más de 2 mil mujeres contestaron, pero no se limitaron a responder las preguntas, muchas contaron toda su vida. El material era impresionante, por lo que la Hite, animada por una feminista que trabajaba en una editorial, Dorothy Crouch, procedió en 1974, con esas respuestas a elaborar su primer libro: "Sinceridad sexual".
Ese libro fue el preludio para el primer informe Hite. La novedad consistió en preguntar "¿Cómo siente usted frente a?", ya que preguntas sobre experiencias sexuales habían sido hechas por Kinsey, quien había preferido hacer encuestas cara a cara para evitar exageraciones. La Hite, partía de un diagnóstico y un conocimiento previo sobre la timidez y la dificultad de la mujer para hablar abiertamente sobre el tema. El cuestionario incluía aspectos por primera vez tocados: la masturbación, orgasmo,coito, estimulación clitoridiana, relaciones eróticas entre mujeres y en fin todo lo que la "revolución sexual" significaba para sus interrogadas (aproximadamente 100 mil), en edades que iban entre los 14 a los 78 años. Y a más de 7 mil hombres para su informe sobre sexualidad masculina.
Shere Hite dijo a SEMANA que ante de la aparición de su libro, "se pensaba que las mujeres que no tenían orgasmos durante el coito, era porque tenían problemas sicológicos o físicos. Las respuestas de miles de mujeres me llevaron al convencimiento de que es más fácil para la mujer tener el orgasmo con la excitación del clítoris. Además se comenzó, a partir de mi publicación, a romper mitos impuestos por la sociedad y que hacen sentir a la mujer con un menor status, como es el de la menstruación: cuando una adolescente comienza con su período, los padres y allegados se entristecen y le hacen ver que esto es sucio y miserable, cuando por el contrario debían felicitarla y alegrarse. Frente al hombre, dice Hite, lo más importante es el énfasis en que ellos deben ser muy machos y que deben conquistar y obtener la relación sexual; después de ésta, todo se acaba. Esto es realmente irracional, inhumano". La "revolución sexual" ayuda al hombre a tener su "pedazo de carne" sin mayores problemas, pero sin haber cambiado su ideología. Para Shere Hite en Estados Unidos se ha cambiado de mentalidad frente a que la mujer puede tener un orgasmo con cualquier tipo de estimulación, pero el contexto del sexo no ha cambiado: la pornografía sigue invadiendo espacios y la mujer sigue ocupando en ella primeros lugares. La idea de que el hombre debe usar a la mujer también se expande.

El "Informe Hite" ha sido prohibido en Argentina y en Brasil, país en donde hace unos tres años se sacaron los ejemplares de las librerías y se quemaron como en la Edad Media. Sin embargo, la Hite ha recibido cerca de 500 cartas de mujeres latinoamericanas y aunque no ha publicado los resultados de estas respuestas, afirma que "aquí las mujeres también se masturban y son utilizadas como en cualquier parte del mundo; el problema que veo es que las leyes y las costumbres sociales son más opresivas en América Latina. Sobre Colombia, es poco lo que sé, pero antes de venir indagué sobre si los políticos que están en campaña tenían algún programa específico sobre la mujer y me dijeron que no. Esto es muy grave. Otro problema es el de la pobreza y miseria que se vive en este continente que hace a las mujeres doblemente infelices: me pregunto, ¿cuánta angustia sentirá una mujer pobre al quedar embarazada?".
Contra lo que se pudiera pensar, Shere Hite creció en un ambiente cerrado en donde se hablaba de sexualidad en voz baja. A su abuela, con quien vivió en su adolescencia, un periodista norteamerieano le preguntó qué opinaba de tener una nieta feminista y ella respondió de manera muy cristiana que si Jesucristo había sido el primer feminista no había nada malo en que Shere también lo fuera. Pero la Iglesia Católica norteamericana descalificó el "Informe Hite" mientras que la Iglesia Protestante lo debatió. Los libros de Shere Hite se seguirán debatiendo y seguramente levantando ampolla, como el que está preparando sobre "Las mujeres y el amor", en donde intenta desarrollar la filosofía feminista que dice que el amor hiere a las mujeres, las hace sufrir, las hace esclavas, porque se ha aprendido a amar dando todo, incluso el mismo ser, sin embargo, todas las mujeres quieren querer a alguien. La idea es llegar a establecer cuántas clases de amor existen y cual hace a la mujer feliz.
Shere Hite se siente una mujer feliz porque en desarrollo de sus trabajos se ha fortalecido sexualmente al ver las gamas de posibilidades y la composición sicológica de la mujer. Y sobre todo sigue siendo feminista, porque considera el feminismo como una filosofía muy importante: "Si las ideas de igualdad hicieron posible la Revolución Francesa, considero que lo que hoy estamos planteando las mujeres va mucho más allá de lo que dijeron las mujeres en ese momento". Aunque para muchos el feminismo no es más que una manifestación de algunas mujeres para diferenciarse de sus congéneres, Shere Hite, ha conseguido con sus libros ocupar, a nivel mundial, un sitio de honor dentro de los científicos sociales, en el área sexual, en donde todavía nadie tiene la última palabra.

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