16 junio 1997

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SHAKIRA INC.

Ahora que nada bueno parece pasarle al país, una barranquillera de 19 años saca la cara por Colombia, conquista el mundo y se convierte en una multinacional del espectáculo.

Ana Baby recorrió toda la cuadra, caminando rápido y sin saludar a nadie, "...con la mirada puesta como en otro mundo", dijeron después los 'pelaos' del barrio Villa Estadio que la vieron pasar. En la tienda compró una gaseosa "para llevar". Regresó a la casa, pasó de largo por el comedor -donde est
aba el resto de la familia- y se encerró en su cuarto. Su hermano John Alexander dice que pasó cerca de media hora hasta que la comida estuvo lista. El mismo, por orden de su madre, fue a llamarla. No abrió la puerta. Pasaron 10 minutos y el asunto empezó a preocuparlo. Decidió entonces buscar la llave. Cuando abrió encontró a su hermana agonizando en la cama, media gaseosa en la mesa de noche, unas pastillas tiradas en el piso y el periódico del día abierto en la página donde se anunciaba "el concierto más grande en la historia de Barranquilla". La joven de 15 años fue trasladada de urgencia a una clínica de la ciudadela 20 de Julio, pero llegó muerta. Había ingerido una dosis mortal de cianuro en pastillas. Ana Baby se suicidó porque su madre le negó el permiso para ir al concierto de Shakira.
El mismo día de su entierro fueron sepultados otros dos jóvenes que murieron asfixiados en el tumulto ocasionado por los fans durante el concierto. Esa noche, según los testigos, hubo histeria, gritos, llanto y delirio entre la multitud de 45.000 personas que asistió al espectáculo. La policía no pudo controlar la situación. El triste hecho de que tres personas hubieran fallecido en un concierto ilustra trágicamente, más que cualquier dato, la dimensión que había adquirido para la juventud colombiana Shakira Mebarak Ripoll.

Los comienzos
El fenómeno de Shakira se ha convertido en toda una leyenda basada en los pocos datos verificables que se conocen sobre la cantante. El mito comienza en Barranquilla, en el seno de la familia de clase media del comerciante de ascendencia libanesa Esteban Mebarak y su esposa Nidia Ripoll, quienes tuvieron a una única hija a la que bautizaron como Shakira, que en árabe significa 'mujer llena de gracia'. Esta ocurrencia de sus padres le evitaría luego a la cantante, cuando alcanzó la fama, el problema de tener que inventarse un nombre artístico. El de Shakira era por sí mismo lo suficientemente exótico y atractivo para una artista. Aunque era una niña normal y traviesa, desde muy pequeña supo lo que quería, algo que ella resume como "la profunda necesidad de ser escuchada". Y desde entonces empezó a preparar su gran salto a la fama. "La niña comenzó obsesionándose con la ciencia, hasta que nos hizo suponer que terminaría de investigadora -dice su madre-, pero después se encerró en su alcoba noche y día a escribir cuentos y poemas. Nos engañó de nuevo cuando pensamos haber tenido una hija escritora. Hasta que descubrí que aquello de la escritura no era sino el primer paso y que lo que ella había estado escribiendo eran las letras de sus canciones". Tenía 8 años cuando compuso su primera canción, llamada Las gafas oscuras, dedicada a su padre.
Así comenzó con el destino incómodo de los niños precoces, siempre acolitada por sus padres, quienes recorrieron con su niñita de largas trenzas varios programas de televisión y de radio. A los 13 años la aventura fue más adelante y las puertas que empezaron a tocar fueron las de la disquera Sony. Allí llegaron los papás hace siete años con un casete rudimentario a decirle al ejecutivo Carlos Gutiérrez que tenían una hija que cantaba muy bonito, que ya la oían mucho en Barranquilla y que quería grabar su primer disco. Gutiérrez nunca olvidará cómo esa pequeña empezó a bailar con movimientos árabes tratando de convencerlo a él y a todo el mundo de lo que ella ya estaba segura: que era una cantante.
Tal vez sólo por simpatía la niña obtuvo su primera oportunidad. El caso es que de allí salieron sus dos primeros discos, Magia a los 13 años y Peligro a los 15, en los que no dejaba de ser una voz agradable que cantaba letras hechas por otros y pensadas para figuras estándar de la balada pero nunca para llenar la voz de esa chiquilla de pelo negro, ansiosa de comerse el mundo y de conocerlo todo. Luego vino el festival de Viña del Mar en 1992, una oportunidad única para alimentar las ansias de triunfo de la adolescente soñadora. En este concurso quedó de tercera, un puesto nada malo porque le aseguraba el reconocimiento y a la vez la salvaba del mal agüero que representa ganar un festival como éste, alrededor del cual se ha tejido la cábala de que sus triunfadores están destinados al fracaso.
Shakira volvió a Colombia con el galardón bajo el brazo y la obsesión de seguir trabajando en su carrera. Un tiempo después también se lanzaría a la televisión. El Oasis, la serie que protagonizó, fue un fracaso para actores, libretistas y director pero le sirvió a ella para demostrar que podía actuar. Y también para confirmar que lo que realmente le interesaba era cantar. "Ya sabía que no había nacido para ama de casa, monja, pintora ni astronauta. Yo iba a ser cantante". La oportunidad de volverse a lanzar al ruedo la tuvo con la grabación del tema Dónde estás corazón, que apareció en un trabajo colectivo llamado Nuestro rock. Fue la única canción que pegó de este disco, pero lo más importante fue que a través de este proyecto conoció a Luis Fernando Ochoa, el hombre que habría de cambiarle la vida. Este paisa roquero fue el primero que vio la mina de oro que era esta adolescente inexperta y tozuda. Y aquí es donde de la noche a la mañana la niña Shakira se convierte en el fenómeno Shakira. La química entre productor y cantante prendió la chispa de este éxito musical. Shakira empezó a buscar y a encontrar su estilo. Dejó los tics anticuados de baladista de hace 15 años, cambió el lenguaje melodramático del despecho mexicano y se quitó los zapatos para andar fresca sobre sus propias palabras, sintonizándose así con la sensibilidad de su generación. La música de Ochoa le cayó como anillo al dedo a sus letras cotidianas, frescas, que no le juegan al rosa de la balada pero que tampoco se hunden en el negro escabroso del rock. Así, con esta mezcla agradable, aséptica y comercial, maquillada sólo exteriormente con la parafernalia dura del rock, entró a llenar un lugar que estaba vacío: el de una juventud poco agresiva que no se va por las drogas ni los excesos, pero tampoco se conforma con los sueños azucarados de la balada. A ellos les habla con un lenguaje urbano, cotidiano, en el que en vez de hacer metáforas con las rosas acude a lugares tan poco comunes como "los cuadros de Botero, los dinosaurios o la ley del magneto". Y ellos la escuchan.

Fenomeno multinacional
Shakira había encontrado su color, tanto a nivel musical como físico, y sus canciones empezaron a venderse como un producto integral que incluía sus pies descalzos, sus pantalones de cuero, sus bluyines de bota ancha, su pelo y camisas a lo Woodstock y su sonrisa fresca de niña-mujer: apenas tenía 19 años.
Shakira, a esa edad, no sólo se ha convertido en un fenómeno musical sino en una verdadera multinacional del espectáculo.
El disco Pies descalzos, que fue producido sólo con 100.000 dólares y del que apenas esperaban vender 100.000 copias se disparó. En agosto de 1996, después de 10 meses de promoción, alcanzó la cifra de un millón de copias vendidas, por las que obtuvo el prisma de diamante. Pero la cosa no paró allí. A finales del año pasado el disco alcanzó los dos millones y esta semana la cifra de sus ventas en Latinoamérica, Europa y Oriente llegó a los tres millones. Con sus conciertos ha estado en Venezuela, Perú, Chile, Estados Unidos, Puerto Rico, Centroamérica, México y Brasil, en donde ha llenado escenarios de todos los tamaños. Y donde también ha recogido todos los premios: 21 discos de oro, 54 de platino, tres de la revista Billboard y dos de Lo Nuestro, entre otros. El próximo eslabón de esta cadena se encuentra en Oriente. Su música ya se empezó a vender con éxito en Filipinas, Corea, Tailandia y Japón. Ya empezó a cantar en portugués y muy pronto lo hará en italiano y en inglés.
Pero los premios no son el único termómetro para medir el éxito de Shakira. Las cifras de su carrera hablan por sí solas: la cantante barranquillera cobra un promedio de 20 millones de pesos por concierto. Este año, en su gira mundial, ofrecerá cerca de 70 presentaciones en público, lo que arroja por ese rubro unas entradas cercanas a los 1.400 millones de pesos. De esa suma -después de pagar a la banda y a su equipo de colaboradores- cerca de un 40 por ciento queda, finalmente, en manos de la artista.
Su otra fuente de ingresos está en la venta de discos. De los tres millones de copias, cerca de 10 por ciento le corresponde por concepto de regalías. Si se toma un promedio de 15.000 pesos por disco, Shakira ha ganado cerca de 4.500 millones de pesos. En ese sentido el fenómeno Shakira ha llamado la atención de los expertos en asuntos de mercadeo musical en el mundo. Un dato que sirve para ilustrar esa sorpresa es que, por ejemplo, el supergrupo irlandés U2 vendió 2.500.000 discos de su primer trabajo, 500.000 menos que Shakira. En este momento sólo Enrique Iglesias, hijo de Julio Iglesias, supera las ventas de la colombiana en el mercado de la música hispana con cuatro millones de copias de su primer trabajo y dos millones de su segundo disco en los primeros tres meses de ventas. Queda claro que son muy pocos los cantantes en el mundo que logran vender esta cifra de un solo disco, y mucho menos en español. Se trata de un lujo que solamente se pueden dar las grandes figuras latinas como Luis Miguel y Enrique Iglesias.
Pero, ¿cuál es la gracia de Shakira? Los especialistas insisten en que tiene que ver con su carisma, el timbre poco común de su voz, una producción que le ha dado el color exacto y un profesionalismo inusual en una artista tan joven. Acompañado todo, claro está, de un buen manejo comercial. Este producto que hoy es Shakira no ha dejado de recibir comentarios elogiosos, como el de Tony Motola, presidente general de Sony, quien asegura que Shakira tiene madera para convertirse en una de las figuras femeninas más importantes de la escena mundial. Bruno del Granado, de MTV, la ve como una especie de Alanis Morissett, la sacerdotisa del rock de los 90. Fernán Martínez Mahecha, el manager de Enrique Iglesias, está seguro por su parte de que pronto entrará a las grandes ligas de la música mundial. Para nadie es un secreto que un ingrediente importante de la fórmula de su éxito es el apoyo de Caracol, de la que es artista exclusiva, y la presencia de su apoderada y amiga Patricia Téllez, con quien ha conformado un equipo muy especial.

Niña de su casa
Toda esta suma de éxitos haría pensar que Shakira, a su corta edad, se habría 'comido el cuento' de la fama y el dinero. Pero la realidad es otra. Cuenta un joven que salió con Shakira hace algunos meses que la noche de su primera cita se encontró con varias sorpresas. Llegó al conjunto de apartamentos donde vive la cantante (cerca de la calle 127, abajo de la carrera 19, en Bogotá), se anunció y se recostó en el carro esperando a que bajara. Primera sorpresa: el vigilante le dijo que subiera, que lo estaban esperando. Entró al apartamento y lo invitaron a sentarse en la sala. Segunda sorpresa: don William Mebarak y doña Nidia Ripoll, los padres de Shakira, indagaron -con el tradicional desparpajo costeño- sobre su trabajo, sus aficiones y le preguntaron finalmente sobre el lugar que había elegido para la cena. Tercera sorpresa: aclararon que la niña debería regresar antes de las 12 y media y se despidieron muy amablemente. Shakira aceptó con dulzura las sugerencias y el pretendiente entendió claramente que la sensual superestrella del pop era una 'niña de su casa'.
Los indicios sobre el recato y las costumbres tradicionales de Shakira provienen, además, de otras anécdotas. Hace poco más de tres años, cuando grababa El Oasis -por la misma época en que fue proclamada por la revista TV y Novelas como la dueña de la cola más linda del país-, Shakira expresó enfáticamente su disgusto por las escenas de besos románticos. Ese carácter discreto y prudente es reconocido por sus vecinos de Barranquilla, por sus amigas de colegio, por sus compañeros de actuación y por quienes la han acompañado en su carrera musical. Shakira es, ante todo, romántica y soñadora. Entiende el amor como un "ejercicio puro, como uno de los legados más importantes de Dios, como un instrumento de inspiración y de creación". De hecho, hay personas cercanas a ella que se atreven a afirmar que sólo se entregará en cuerpo y alma el día de su matrimonio. Y precisamente por ese carácter romántico que marca a Shakira ha llamado la atención el hecho de que haya establecido una relación con el actor puertorriqueño Osvaldo Ríos, un hombre mucho mayor y dueño de un pasado sentimental turbio. En su país enfrentó hace poco un juicio por haber agredido a su ex mujer.
El éxito de su disco Pies descalzos desató una verdadera tormenta sobre la vida de Shakira. El ritmo cotidiano de su existencia se trastornó por completo y desde entonces los hoteles y los aviones se convirtieron en su hogar. Pero en ese hogar ambulante se mantienen siempre presentes sus padres. La acompañan a todas partes, siguen paso a paso cada una de sus actividades. Son su sombra. No dejan que la fama haga levantar sus pies descalzos del piso y, de paso, se ocupan de todos los detalles: la ropa, la comida, las entrevistas e incluso del manejo de su dinero de bolsillo. Hace poco Shakira llegó a una estación de gasolina y se dio cuenta de que no tenía dinero para pagar. El bombero resultó ser uno de sus fans y le fio. Ella, por su parte, reconoció que si su madre no le pone el dinero en la cartera se le olvida por completo hacerlo.
El gran interrogante es saber hasta dónde llegará este pequeño huracán con bluyines. ¿Qué le puede esperar a una niña que antes de cumplir los 20 años conoció los niveles de fama ajenos a cualquier otra artista colombiana? Si su carrera terminara hoy -de por sí- sería la más grande artista de Colombia. Pero, sin duda, todavía no ha terminado. Va a durar mucho tiempo más. Y si las cosas siguen con la dinámica con la que empezaron, podría llegar a convertirse en uno de esos extraños especímenes colombianos que triunfan en todo el mundo.
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