Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/03/10 00:00

SI POR QUITO LLUEVE...

Muchos se preguntan si las protestas que terminaron en un descalabro para Bucaramen Ecuador pueden repetirse en Bogotá.

SI POR QUITO LLUEVE...

No deja de llamar la atención que, tras los problemas derivados de la narcofinanciación de su campaña, Ernesto Samper mantenga niveles de popularidad del 40 por ciento, mientras que Abdalá Bucaram en apenas cinco meses ha logrado autodestruirse como una casete de Misión Imposible. No se sabe cuál de los dos es más difícil de explicar, porque ni queriéndolo es fácil destruir a un país en cinco meses.Es claro que Samper tiene un rechazo entre la clase dirigente, indignada por lo que pasó en su campaña. Pero no pasa lo mismo con los factores de poder, que cuida con especial esmero: los grupos económicos, los medios de comunicación, el Congreso, el Partido Liberal, los militares, etc. Todos ellos son objeto de cuidadosa atención presidencial y casi todos lo agradecen. A diferencia de Samper, Bucaram literalmente les escupió en la cara.En relación con el paro nacional ecuatoriano, era claro que existía una obsesión nacional por tumbar al presidente. Todos los manifestantes salieron a la calle con ese objetivo. En cambio en Colombia lo que quieren hacer los promotores del paro es 'ordeñar' al Presidente para obtener unos beneficios propios, como lo hacen todos los demás, ya sean Estados Unidos, la clase política, las Fuerzas Armadas y los medios. Lo que es claro es que el paro no está formado por masas iracundas contra Ernesto Samper.Después de lo que pasó con el vecino del sur quedó claro que soldado avisado no muere en guerra. Y esa parecía ser la bandera del gobierno la semana pasada cuando, mientras hacía todos los esfuerzos posibles por evitar el paro de trabajadores estatales anunciado para esta semana, se le descuadernó el Ecuador a Abdalá Bucaram. Por un lado el ministro del Interior, Horacio Serpa, aseguraba que el paro sería infiltrado por la guerrilla y el narcotráfico. Mientras tanto la posición negociadora del gobierno con los sindicatos se debilitaba cuando las protestas populares en el vecino país desembocaban en la revocatoria del mandato de Bucaram por parte del Congreso.La estrategiaEl plan del gobierno colombiano para evitar el paro se concentró al principio en comprometer a algunos líderes sindicales para frenar cualquier movilización. A mediados de la semana pasada esto parecía un hecho cumplido, pero decisiones judiciales tomadas contra dos líderes sindicales obligaron a los aliados del gobierno a romper el compromiso. De modo que fue necesario darle un giro a la estrategia y persuadir a los sindicalistas sobre lo grave que sería irse al paro, a punta de información de inteligencia elaborada por agencias de seguridad estatales en la cual se evidenciaban los planes de la guerrilla para aprovechar la movilización popular y crear inestabilidad con actos violentos. De insistir en el paro _argumentó el gobierno_, los líderes sindicales acabarían señalados como responsables de los destrozos causados. El Presidente también amenazó con sanciones a los trabajadores estatales que pararan de trabajar, paralizando la prestación de servicios esenciales como la salud, la educación y el transporte. Hasta ahí era el garrote.En cuanto a la zanahoria, el gobierno se limitó a estudiar las exigencias de los sindicatos. Los trabajadores exigieron, además del aumento salarial, que el gobierno se comprometiera a no privatizar Telecom y Ecopetrol y a crear una mesa concertada donde participarían los trabajadores con voz y voto. Esta mesa se encargaría de aprobar todas las privatizaciones de ahora en adelante, siempre y cuando sean graduales y no impliquen recortes de nómina. Al cierre de esta edición el gobierno aún no había llegado a un acuerdo pero se estudiaba la posibilidad de conceder todas las peticiones para evitar el paro.Y no es para menos. Un posible contagio del fenómeno Bucaram en Colombia no es la única preocupación de Ernesto Samper y su gobierno. El entusiasmo de los dirigentes sindicales por la adhesión al paro del sector transportador y de varios líderes conservadores fortaleció la posición de los trabajadores a corto y mediano plazo. Algunas movilizaciones en el Viejo Caldas también les dieron fuerza. Telecom amenazó con paralizar las comunicaciones, lo que dejaría al país completamente aislado. Por otro lado, la tensión diplomática con Venezuela aumentó con el incidente fronterizo provocado por la muerte de un niño durante un ataque a civiles colombianos por parte de la guardia venezolana. Todo eso sin olvidar la amenaza de una descertificación con sanciones de Estados Unidos.Lo cierto, sin embargo, es que la comparación entre Samper y Bucaram es bastante forzada. Es verdad que los dos presidentes son amigos cercanos y que incluso hablaron en varias oportunidades el jueves y viernes pasados mientras se desarrollaba la crisis en Quito. Pero no más. Samper, a diferencia de Bucaram, no usó el poder para nombrar y enriquecer a su familia y jamás tuvo un desplome de popularidad hasta alcanzar un 80 por ciento de opinión negativa. Las medidas económicas de Samper nunca han sido tan drásticas ni tan impopulares como las de Bucaram, y en general ha sido consistente con la mayoría de sus iniciativas de gobierno, excepto las propuestas que fueron producto del desespero como la pena de muerte, el Congreso unicameral o el canal interoceánico.Definitivamente Samper no es Bucaram, y la opinión pública colombiana no se parece en nada a la ecuatoriana. nVeinte años no es nadaEl único paro nacional de la envergadura del anunciado para esta semana se llevó a cabo el 14 de septiembre de 1977. Hace 20 años Bernardo Gaitán Mahecha era alcalde de Bogotá y tuvo que enfrentar los hechos violentos que amenazaban con desembocar en una especie de 9 de abril."Desde las primeras horas de la mañana en la periferia de la ciudad salieron grupos de revoltosos a quemar llantas para obstaculizar el transporte, ya que los transportadores se negaron a participar en el paro", recuerda Gaitán Mahecha. "No fue que la gente tomara la decisión de sumarse, sino que muchos por precaución permanecieron en sus casas, y los que salieron encontraron el transporte paralizado". El entonces alcalde decidió decretar el toque de queda a las 5:00 de la tarde debido a que en el barrio Quirigua se presentaron asaltos y saqueos. "En aquel entonces los motivos del paro también fueron salariales, protestas contra el gobierno y sus medidas económicas, y la presencia de jefes conservadores apoyando el paro. El mismo modelo de ahora", dijo a SEMANA el entonces burgomaestre de la capital. "Igual que ahora, paro pacífico no hay. Siempre hay gente violenta interesada en capitalizar la protesta".

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