Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/01/08 00:00

SIGUE SIENDO EL REY

SIGUE SIENDO EL REY

CARLOS MUÑOZ
Primero, al despuntar la década, fue su personaje del escribidor de la tía Julia en la historia de Mario Vargas Llosa. Después interpretó al abusivo Adán Corona, el rey de "Pero sigo siendo el rey". Más tarde hizo del padre Pío Quinto, desmoronándose durante más de cuarenta años--en la ficción--ante los ojos de los televidentes que lo contemplaron durante meses todas las noches. Luego vino el tío celoso y erotizado de "Caballo viejo", y finalmente, ya terminando la década, el doble personaje lleno de magia e ilusiones de "Calamar". Todos ellos personajes complejos, repletos de matices y trampas sicológicas. Todos ellos, en el momento en que han aparecido en la pantalla chica, han sido los más célebres y controvertidos de la televisión colombiana. Y todos han sido interpretados por el mismo actor: Carlos Muñoz.

Maniático de la perfección, lector incansable de libros revistas y documentos relacionados con el personaje, la historia y la época que debe interpretar, Muñoz cumplirá dentro de poco 50 años de actuación en el teatro, en el cine, en los café-conciertos y en esa televisión en donde es capaz de hacer levantar a los espectadores cuando camina tembloroso, haciendo de un anciano sacerdote que ya no oye, que se queda dormido dando misa y que sólo espera la muerte.

Alguien decia que con Muñoz ocurre lo mismo que con Marlon Brando o Jean Louis Trintignant: que cada personaje parece ser la culminación de su carrera, la expresión máxima de su sentido de la interpretación.
Pero esa observación se viene abajo cuando aparece en otra novela, cuando del necio cura del pueblo salta el tío que tiende un cerco alrededor de su sobrina.

Eso en cuanto a su trabajo. En lo personal, también sucede con él algo muy curioso. En un país en el que a cualquiera se le sube la fama--grande o pequeña--rápidamente a la cabeza, Carlos Muñoz parece ir en contravía: a medida que se hace más famoso, a medida que se convierte en un personaje más popular (es de los que detienen el tráfico en cualquier esquina porque sus admiradores no quieren dejarlo ir sin intercambiar un par de palabras o pedirle un autógrafo), se hace más sencillo, más accesible, más risueño. Y la única razón por la que no asiste a más eventos entre los muchos a que es invitado, es que prefiere quedarse en casa con su esposa Luz Helena y su hija Manuela, las dos mujeres de su vida hoy.

Entonces, en la intimidad de su hogar apela al buen humor que lo caracteriza y juega con la hija a que es su caballo y, a veces, que se disfraza con los trajes del personaje que está interpretando pero sólo por diversión, porque al pasar la puerta de su apartamento se olvida del mundanal ruido y sigue siendo sólo eso, el marido y el padre, en quien desaparecerán la impaciencia y el eventual mal genio que el cansancio pueda producirle.

Para él la actuación fue siempre cosa del destino. Su padre, José Antonio Muñoz, "Muñocito", trabajaba en la Radio Nacional con el grupo que dirigía Bernardo Romero Lozano. Carlos comenzó a actuar a los siete años y desde entonces, como él mismo lo confiesa, "es lo único que hago porque es lo único que sé hacer". Su carrera ha ido paralela a la de la televisión nacional. La primera vez que apareció en pantalla, la T.V. colombiana tenía cuatro días de nacida. Años después se haria famoso como el sobrino médico de Alicita, en la comedia costumbrista de Alicia del Carpio, "Yo y tú".

A los 54 años es uno de los actores latinoamericanos más activos. Y a pesar de las múltiples ofertas en ese sentido, ha mantenido dos principios que considera fundamentales en su trabajo: no aparecer en comerciales de televisión--salvo cuando su voz aparece en off--ni aceptar el encargo de dirigir telenovelas o demás dramatizados, porque para él "dirigir requiere de un aprendizaje especial. Yo sé hasta dónde puedo llegar como actor y no veo por qué tengo que improvisar en un oficio que no es el mío. Nunca seré director. Es una decisión irrevocable".

Sí. El prefiere quedarse ahi, como intérprete que ha sido de personajes creados por autores que van desde Shakespeare a Sánchez Juliao. Carlos Muñoz también ha estado en el cine, en papeles importantes o pequeños, buenos y malos, en películas colombianas o en extranjeras como las comedias filmadas en Cartagena con Bud Spencer o Terence Hill, o la película venezolana que hizo con su gran amigo Ciro Durán.

Enemigo de la bebida, fumador empedernido, hogareño como el que más, tiene según sus amigos dos virtudes que en este país tropical e improvisador se convierten prácticamente en defectos: es maniático del orden y de la puntualidad, y perfecciona a tal grado sus papeles que directores que lo conocen muy bien prefieren dejarlo desarrollar su personaje libremente. Lo hace tanto y de manera tan intensa, que en ocasiones la compenetración del Muñoz de la vida real con el de la ficción resulta inevitable, y quienes lo ven "de civil", fuera de los estudios o en su casa, en ocasiones no saben si están tratando con él o con su personaje del momento. Ese es, pues, Muñoz, el actor colombiano de los ochenta y alguien que, a juzgar por los éxitos que sigue cosechando, puede seguir dando qué hablar en los noventa.-

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