Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/10/06 00:00

Sin salir de casa

Los simuladores de vuelo, cada vez más sofisticados, recrean en un computador personal la experiencia de un vuelo en tiempo real.

Pilotear un avión es una experiencia a la que muy pocos tienen acceso. Sin embargo, desde que aparecieron los computadores personales, cada vez más gente lo hace de manera virtual.

Al principio eran simples juegos de épocas tan lejanas como el Spectrum y el Commodore 64, que distaban mucho de ser auténticos simuladores. Pero a medida que los computadores se han vuelto más potentes los simuladores de vuelo se parecen más y más a las cabinas de un avión de verdad.

Este grado de realismo ha logrado también que aumente la dificultad para aprender a manejar algo que se puede considerar un juego, y esto hace que muchos de éstos sean programas para un público minoritario, no sólo por sus precios sino también porque exigen conocer unos manuales de instrucciones que son verdaderos mamotretos.

Los hay para todos los gustos. Desde personas sosegadas capaces de mantenerse en piloto automático las 16 horas que toma un vuelo de Los Angeles a Sydney, hasta espíritus cargados de adrenalina que prefieren medírsele a derribar aviones enemigos a bordo de aparatos virtuales tan disímiles como el Triplano Fokker del Barón Rojo y un F/A -18 Hornet. Da igual, aprender a manejarlos de manera eficiente requiere muchas horas de dedicación ya que hay que saberlo todo, comenzando por las propiedades físicas que mantienen en el aire a un avión.

En modelos muy recientes se logra una simulación muy buena de aeronavegación, hasta el punto de que ésta se utiliza para dar clases de pilotaje. Hoy en día los aviadores virtuales que quieran hacer un vuelo, por ejemplo, entre Londres y Moscú, pueden bajar por Internet las condiciones del clima reales durante el recorrido virtual.

En el tema de las radiocomunicaciones con torres y centros de control aún falta un trecho para recrear las condiciones de un vuelo real. Y donde la simulación está muy atrasada es en el campo de las sensaciones, aunque ya se consiguen joy sticks e incluso asientos que imitan las turbulencias y el golpe del tren de aterrizaje al tocar pista.

Una fiebre que convoca a muchos gomosos es la de las aerolíneas virtuales que, a través de Internet, se reparten entre diversos usuarios las tareas de piloto y control aéreo. A los aviadores que la embarran los echan y, de la misma manera, se les otorgan certificados a quienes lo hacen de manera correcta.

Uno de los simuladores más populares, el Flight Simulator de Microsoft, en su versión 2004: A century of flight, le rinde homenaje a los 100 años de la aviación.

Entre otras cosas incluye nuevos gráficos y aviones míticos como el de los hermanos Wright, de 1903, protagonista del primer vuelo a motor de la historia; el Ryan Spirit of St. Louis, con el que Charles Lindbergh voló entre Nueva York y París en 1927, y el Douglas DC-3.

Un pasatiempo no apto para todos los públicos por sus cada vez mayores grados de sofisticación pero que les permite paliar, al menos en parte, la frustración a quienes no pudieron o no se atrevieron a seguir la carrera de aviador.

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