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| 12/19/1988 12:00:00 AM

SOBREVIVIENTE

Acaba de aparecer la única guerrillera del M-19 que salió con vida del holocausto del Palacio de Justicia. ¿Quién es, qué hizo, qué vio? Esta es su historia.

"Detengan a esa", gritó un soldado en el momento en que una fila de mujeres evacuaba el Palacio de Justicia. En ese instante a Clara Helena Enciso se le paró el corazón. Pensó que la habían identificado y que había llegado su fin. Cuál no se sería su sorpresa al ver que los soldados en vez de detenerla a ella le echaban mano a su compañera, Irma Franco, que venía a su lado. El shock hizo que se desvaneciera y un soldado, creyendo que se trataba de una rehén corrió a ayudarla, la cargó y la puso en una camilla. En cuestión de segundos se encontraba en una ambulancia en medio de dos enfermeros y un P.M. rumbo al Hospital Militar. Consciente de que la llegada al hospital era captura segura, pidió que, como no estaba herida, en lugar de llevarla al hospital la dejaran en su casa. El enfermero después de tomarle el pulso dio el visto bueno. El soldado, luego de vacilar, ordenó al conductor que desviara la ambulancia hacia la dirección que ella daba en el barrio Bavaria.

Con esta versión Clara Helena Enciso, guerrillera del M-19 de 37 años, explica cómo logró ser la única sobreviviente del comando guerrillero que el 6 de noviembre de 1985 se tomó el Palacio de Justicia. La cosa no es de poca monta. En los tres años que han transcurrido desde la tragedia ha existido un misterio que hasta ahora no ha sido resuelto: ¿qué pasó con los "desaparecidos" del Palacio de Justicia? Por desaparecidos se entiende las 11 personas de las cuales se afirma que salieron con vida y nunca se volvió a saber de ellas. Una de estas personas es Irma Franco, la guerrillera que iba al lado de Clara Helena y que según varios testigos lo último que se supo de ella fue que los militares la detuvieron en la Casa del Florero, sitio a donde eran conducidas todas las personas que no estaban heridas, con el fin de interrogarlas.

El tema es muy delicado porque la palabra "desaparecido" en Colombia, al igual que en el Cono Sur, es inevitablemente asociada con ejecuciones. Para los familiares de estas personas, así como para los militantes de la izquierda, eso fue exactamente lo que ocurrió. Consideran que terminado el holocausto, todo aquel que en el interrogatorio dejara sospechas era hombre muerto. El Ejército colombiano se indigna con esta versión. Piensa que la toma del Palacio de Justicia fue un acto de violencia de la guerrilla contra el Estado y que es inaudito pretender convertirlo en un acto de violencia de los militares contra la guerrilla. El tema de los desaparecidos para ellos no es más que un "caballito de batalla" de la subversión para desprestigiar a las Fuerzas Armadas. A la opinión pública en general el tema le ha sido indiferente y el cuento de los desaparecidos, o no lo cree o no le importa. Sobre todo, si se tiene en cuenta, que fue precisamente a partir de la toma del Palacio de Justicia que el péndulo de la opinión se fue radicalmente en contra de la guerrilla.

Tal vez esa indiferencia de la opinión pública pueda ser la explicación de que la reciente aparición de Clara Helena haya pasado casi inadvertida. Su historia tiene todos los ingredientes de una novela de intriga y su aparición está rodeada de tanto misterio como su desaparición. Para comenzar nadie sabía que existía. Como en la ambulancia en que se salvo dio su cédula, quedó registrada a partir de ese momento, no en la lista de desaparecidos sino en la de sobrevivientes. El M-19 apenas se enteró que estaba viva la escondió para ponerla a salvo. En un momento dado pensó en hacer una gran denuncia y decidió invitar a un periodista que escuchara de sus labios toda la historia. El elegido fue Ramón Jimeno quien contaba con el respeto del grupo guerrillero por haber sido el autor de la última entrevista con Jaime Bateman.

En junio de 1986, dos personas que dijeron ser del M-19 visitaron a Ramón Jimeno y le comunicaron que le tenían una chiva para que la publicara en la revista `Proceso, de Méjico' de la cual era corresponsal en ese momento. "En un principio no creí mucho el cuento, sin embargo acepté ir con ellos. Me vendaron y me subieron a un carro y luego de un recorrido de aproximadamente una hora llegamos a un apartamento bastante modesto donde se encontraba Clara Helena Enciso". La chiva estaba prefabricada. Tan pronto llegó el periodista la "aparecida", comenzó a leer un extenso autorreportaje realizado con la asesoría de la dirección del Eme. Jimeno al sentirse que le estaban dando tratamiento de idiota útil les manifestó que periodísticamente ese documento no tenía ninguna validez y que él aceptó ir porque lo que le habían prometido era una entrevista. "Después de una pequeña discusión ellos acogieron mi propuesta y durante dos horas hablé con Clara Helena. Hubo muchas interrupciones porque ella estaba muy nerviosa y lloraba cuando recordaba a sus compañeros y en especial a su novio" (el guerrillero muerto Helvencio Ruiz). Al concluir, el periodista solicitó que le dejaran tomar algunas fotos a la sobreviviente ya que esto sería lo único que le daría credibilidad al reportaje. Después de otra pequeña discusión aceptaron y le facilitaron una cámara. Jimeno tomó las fotos, una de las cuales es la que aparece publicada en la portada de esta revista. La confrontación de esta fotografía con una de las encontradas por el Ejército en el allanamiento a la casa donde se planeó la toma del Palacio, confirman la autenticidad de la sobreviviente.

La foto había sido tomada en la víspera del asalto al Palacio y mostraba a Clara Helena Enciso al lado de otra guerrillera posando para lo que consideraban un documento gráfico que pasaría a la historia. Aunque para la época de la entrevista Clara Helena había pasado de mona a pelinegra, salta a la vista que se trata de la misma persona. Hasta que no se confirmaron las dos fotos, se llegó a pensar que podría ser de un embuchado y que se trataba de algo parecido al caso de la mujer que pasó 50 años diciendo que era Anastasia. la hija del Zar de Rusia, sobreviviente de la ejecución colectiva de que fue objeto su familia a manos de los bolcheviques.

Una de las condiciones que puso el M-19 al periodista fue la de que la entrevista sólo se podría publicar, previa revisión del texto, cuando ellos le avisaran. Por razones de seguridad este testimonio tendría que mantenerse en secreto hasta tanto ella no hubiera sido sacada del país. Jimeno quedó a la espera del aviso, el cual sólo se produjo casi un año después.

Por esa misma época a mediados del 87, un contacto similar se realizaba en otra parte del mundo. Esta vez era en Méjico y la escogida era la periodista Olga Behar, quien a raíz del allanamiento a su apartamento y de la publicación de su libro "Las Guerras de la Paz", decidió autoexiliarse y se radicó en ese país. Antonio Navarro Wolf, el segundo a bordo del M-19, quien se encontraba por esos días en Méjico, le propuso a la periodista una entrevista con la "única sobreviviente" del grupo que se tomó el Palacio de Justicia, quien en ese momento se encontraba en Alemania. "No vacilé ni un momento. Compré mi tiquete y empaqué mis maletas. Cuando me entrevisté con ella y después de escuchar la historia pensé que esto no daba para una simple entrevista y decidí que lo que había que hacer era un libro". Durante más de un mes la periodista trabajó con la guerrillera todos los días, con jornadas hasta de 12 horas. "Hacíamos pausas sólo para comer y para hacer un poco de ejercicio. Hicimos un buen equipo. Mientras yo transcribía las grabaciones, ella iba recordando detalles que enriquecieron la historia". A diferencia de la entrevista con Jimeno, esta vez Clara Helena Enciso se mostró tranquila y en ningún momento dejó ver sus lágrimas.

Estas dos entrevistas, al contrario de lo que todo el mundo podría imaginarse, no se convirtieron en ninguna primicia mundial. La verdad es que la aparición de la guerrillera, a pesar de ser auténtica, no significa ninguna bomba. Probablemente, si la sobreviviente hubiera sido testigo de algo diferente a lo que vieron los demás sobrevivientes del Palacio, su testimonio podría ser algo explosivo. El M-19 hubiera podido montar un show internacional, con el apoyo de Amnistía Internacional, las Naciones Unidas y hasta el Papa.

Aparte de convertirse en un testimonio más de que Irma Franco (la guerrillera que se convirtió en símbolo de los desaparecidos) salió con vida del Palacio, su versión no tenía nada de donde se pudieran sacar dividendos políticos. El propio grupo guerrillero fue entendiendo poco a poco que el cuento de Clara Elena Enciso no cambiaría, ni mucho menos, el rumbo de la historia y en cambio sí podría cambiar el rumbo de su vida, ya que a partir de ese momento las autoridades comenzarían a buscarla.

Así mismo lo entendieron los dos periodistas que en algún momento llegaron a pensar que tendrían la chiva del siglo y terminaron escribiendo cada uno el libro que, con sobreviviente o sin sobreviviente, de todas formas quería escribir sobre los episodios del 6 y 7 de noviembre de 1985.

El libro de Jimeno "Noche de lobos" toma el testimonio de Clara Helena Enciso como complemento de las declaraciones que hacen parte de más de 50 mil folios del expediente del Palacio de Justicia, para hacer un escueto recuento de los hechos y al final realiza un análisis de los errores militares de ambos bandos. Olga Behar por su parte, en su libro "Noches de humo" desarrolla lo que ella considera una novela testimonio alrededor de la toma del Palacio de Justicia.

A pesar de que en los libros no hay grandes chivas, ambos revelan algunos detalles interesantes hasta ahora desconocidos, sobre la forma como se planeó la toma y acerca de los elementos de análisis y los conceptos estratégicos que llevaron al M-19 a realizar ese operativo.


"Un buen día en Bogotá, el turco Fayad le dijo a uno de sus colaboradores: `Hermano, ¿por qué no enjuiciamos a ese señor (Belisario Betancur) que está incumpliendo los pactos? Enjuiciarlo significa un Tribunal. Yo he visto que la Corte es un edificio que se puede tomar'." Así surgió la idea de la toma del Palacio, según el libro de Olga Behar.

"Antes de escoger el Palacio de Justicia el M-19 contempló la toma del Congreso", dice Ramón Jimeno en su libro. Según la versión desarrollada fue descartada por "la magnitud del edificio y por los imprevisibles horarios de los congresistas" y agrega que Fayad en uno de sus escritos decía: "Este operativo era darle la oportunidad al Ejército de acabar con la subversión y los congresistas al mismo tiempo". En cuanto a las dimensiones del operativo y la forma como se realizaría la negociación, en la novela de Olga Behar se lee: "Se pensaba en una acción de dos meses de duración, luego de los cuales el comando se trasladaría al Cauca. Dentro del plan tendría que pensarse en helicópteros que recogieran a los miembros del comando y a los civiles en la azotea del edificio". Y agrega la periodista que la negociación no se realizaría en la Corte sino en el Cauca y que los guerrilleros que salieran del Palacio serían trasladados a Siloé y aguablanca, barrios populares de Cali donde el M-19 tenía gran influencia. Pero talvez más impactante que los detalles, es la descripción sicológica de los integrantes en la víspera de la toma (ver artículo siguiente).

En todo caso, la aparición de la única sobreviviente del comando del M-19 que se tomó el Palacio de Justicia no aporta ningún elemento como para que haya una sola persona que cambie su opinión sobre lo que sucedió en la nefasta noche del 6 de noviembre de 1985. Su historia, por tener dos testigos, se convirtió en dos novelas y, como era previsible, el costo de su aparición fue el que el juez 30 de Instrucción Criminal, encargado de la investigación de los hechos del Palacio, la vinculara al proceso y la declarara reo ausente.

"MONA, CUENTALE AL MUNDO LO QUE PASO..."
(Ultimas palabras de Andrés Almarales)
El amor y la guerra han sido las constantes en la vida de Clara Helena Enciso . Nació en 1951 en Nocaima (Cundinamarca) en un hogar modesto, con 10 hermanos. Cuando ella era muy pequeña, sus padres se trasladaron a vivir en Bogotá. En 1968 terminó su bachillerato en un colegio oficial y entró a estudiar economía en la Universidad Nacional, pero salió al año siguiente por los paros. De ahí pasó al Sena a estudiar comercio y en 1974 entró a trabajar a los Laboratorios Farmacéuticos Ciba. Allí realizó cuanto curso de capacitación se dictaba, y trabajaba hasta los sábados y domingos.

Pero su vida cambió cuando en 1979, su hermano menor, Alejandro, miembro del M-19, le presentó a Guillermo Elvencio Ruiz, uno de los fundadores de esta organización. Fue amor a primera vista. Elvencio Ruiz hacía un par de meses había terminado su relación amorosa con Carmenza Cardona Londoño, la famosa "Chiqui", negociadora en la toma de la Embajada de la República Dominicana, y decidió cortejar a Clara Helena. Del amor se pasó a la militancia y Clara Helena se convirtió en una más del puñado de mujeres integrantes del M-19. Le pusieron como nombre de combate "Claudia", pero la conocían con el apodo de "Mona". Aunque tuvo entrenamiento militar, su labor siempre fue logística. Una de las razones por las que se salvó del Palacio de Justicia fue porque en sus dedos no había olor a pólvora, que era la forma para detectar guerrilleras. Mientras las otras mujeres participaron, a la par con los hombres, ametralladora en mano, ella estaba encargada de las comunicaciones con walkie-talkies. Fuera de haber hecho parte del operativo del Palacio, nunca estuvo en la línea de combate aunque su novio era uno de los tesos del Eme. Elvencio Ruiz fue uno de los secuestradores de Martha Nieves Ochoa, hija del caballista Fabio Ochoa, episodio que dio lugar a la fundación del MAS. Los hermanos de la secuestrada se reunieron con Pablo Escobar, Ledher, Rodríguez Gacha y otros colegas, y decidieron montarle una contraofensiva a la guerrilla. Esta consistió en secuestrar en una noche a todos los guerrilleros que habían participado en el secuestro de Martha Nieves y amenazaron con ejecutarlos a todos si no la devolvían inmediatamente. Uno de ellos fue Elvencio Ruiz. Durante su desaparición Clara Helena lo dio por muerto. Posteriormente, cuando Martha Nieves fue liberada, apareció encostalado en el aeropuerto de Guaymaral. Lo encontraron las autoridades y del costal pasó a la Picota, en donde ella lo visitaba religiosamente cada vez que se lo permitían. Tan pronto salió de la cárcel volvió al monte, pero esta vez no se fue sólo sino con Clara Helena.

Dos años después fue escogido por Fayad como jefe militar de la toma del Palacio. Clara Helena dijo que si él iba a arriesgar la vida, ella quería estar a su lado. Inicialmente la descartaron, pero su tenacidad acabó imponiéndose. Quedó encargada de las comunicaciones, con la orden de estar siempre al lado de Almarales. En los últimos momentos de la balacera, cuando éste vio que todo estaba perdido, le dijo en el baño donde estaban atrincherados: "Mona, sal camuflada en el grupo de las rehenes que vamos a liberar. Tú eres la encargada de contarle al mundo lo que ha pasado aquí".
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