Domingo, 22 de enero de 2017

| 2004/10/10 00:00

Sólo para su ojos

El oftalmólogo César Carriazo hace ciencia y tecnología de talla mundial en Barranquilla.

A pesar de haber tenido importantes ofertas para crear sus aparatos de cirugía refractiva en el mundo, Carriazo le apostó por hacerlo desde Barranquilla.

César Carriazo se ha convertido en una referencia de la oftalmología en Latinoamérica y el mundo. Conocido por sus técnicas innovadoras y su ingenio para elaborar instrumentales que han revolucionado la cirugía refractiva, le apostó a hacer ciencia y tecnología desde Barranquilla.

"Si fuera por las ofertas ya me hubiera ido del país", señala este oftalmólogo de 37 años que gracias a sus investigaciones y desarrollos ha hecho que Barranquilla y Colombia se conviertan en un punto de referencia mundial.

Carriazo investigó, creó y patentó con el doctor Ignacio Barraquer el microquerátomo Carriazo-Barraquer, con el que hoy se hace cirugía refractiva. También desarrolló el microquerátomo pendular y una técnica quirúrgica con la que se evita en un alto porcentaje el trasplante de córnea. De la mano con su vocación científica también se ha dado a conocer por su decidida defensa del quehacer científico desde Colombia.

El porqué quedarse en el país cuando se tienen las oportunidades y la fama que él ostenta fue una decisión tomada como un asunto patriótico y a la vez práctico. "Cuando te vas no trabajas para ellos sino para unos monopolios; soy un patriota arraigado aquí y me parece que irse es traicionar a la patria. A escala internacional es mejor ser cabeza de ratón que cola de león".

De hecho, desde que decidió establecerse en el Caribe lanzó una campaña de siete razones para poner el alma en Colombia: "Construir la Colombia deseada y soñada, la Colombia merecida y anhelada. Es posible si tu compromiso individual deja una huella noble de entrega y devoción digna de ser imitada por todos los que viven cerca de ti".

Consecuente con este espíritu, Carriazo procesa y envía los protocolos de sus inventos a laboratorios franceses y alemanes que se encargan de introducirles la alta tecnología. "Es una forma de hacer patria", repite convencido, y asegura que desde un rincón en el Caribe también se puede ser competitivo.

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