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| 4/15/1996 12:00:00 AM

SOLO PARA VIAJEROS

LA UNIDAD PREVENTIVA DEL VIAJERO, DE LA FUNDACION SANTA FE DE BOGOTA, PREVIENE AL TURISTA SOBRE POSIBLES RIESGOS DE SALUD EN LUGARES EXOTICOS.

El canto lúgubre y persistente en las noches oscuras. El rojo luminoso del cielo al caer la tarde. El olor a hierba, a aire fresco. Ese pedazo de tierra que se rehúsa a ser dominado y transformado por el hombre es el lugar donde cualquier habitante de las grandes metrópolis, agobiado por la congestión, el humo y el estrés, desearía refugiarse por algún tiempo. De hecho, más de 15 millones de personas en el mundo viajan anualmente a países como Colombia en busca de naturaleza exótica y paisajes exuberantes. Al Africa, a Tanzania, Burundi, Kenia. A Machu Picchu. Y ahí, en medio de desiertos, selvas tropicales, aguas saladas o dulces, ahí donde la aventura y el riesgo ocupan un lugar fundamental, son más altas las probabilidades de contraer enfermedades e infecciones. Sin embargo no hay por qué privarse del contacto con la naturaleza y, por el contrario, hay que conocer el lugar a donde se viaja y prepararse para afrontar eventuales riesgos que afecten la salud.Y es precisamente ese el principal servicio que presta la Unidad Preventiva del Viajero _UPV_, un programa creado desde hace cuatro meses por la Fundación Santa Fe de Bogotá. Mediante una consulta dirigida por un especialista en enfermedades infecciosas y salud internacional, la UPV se encarga de suministrar toda la información cultural del lugar a donde se viaja y previene sobre posibles complicaciones sanitarias a las que se está expuesto.A pesar de la importancia que tienen en el mundo las clínicas del viajero, en Colombia la UPV es el primer programa que se lleva a cabo en esta especialidad. En Estados Unidos, por ejemplo, está localizado el 59 por ciento de las 333 clínicas que trabajan en este campo a nivel mundial. En Canadá el 6 por ciento, en el Reino Unido el 5 por ciento, en Nueva Zelanda y Australia el 5 por ciento, 2 por ciento en Escandinavia, 2 por ciento en Asia, 16 por ciento en Europa y 2 por ciento en Africa, el Medio Oriente y América Latina. En la mayoría de estas clínicas atienden alrededor de mil pacientes al año y todas están enmarcadas dentro de los mismos parámetros de servicio.La UPV inicia su labor con una consulta en la cual la persona, además de suministrar toda la información acerca de su futuro viaje, como la fecha de partida, la duración y características de hospedaje, debe también llenar un formulario en el que hace constar los antecedentes médicos. Después, con toda esta información, se planea una reunión que dura usualmente entre 30 y 45 minutos y en la cual se discuten temas como el consumo de alimentos y bebidas, posibles riesgos en la transmisión de infecciones por insectos o zonas maláricas, descripción de los síntomas y formas de prevenir enfermedades. Además se asesora al viajero con la información cultural necesaria _costumbres y lugares turísticos_ y se le ofrece un listado con todas las direcciones de embajadas y consulados, médicos especialistas de habla inglesa o española y, allí mismo, se aplican las vacunas requeridas por algunos países a inmigrantes y las sugeridas por la unidad según el destino. Los cada vez más frecuentes casos de malaria, diarrea, dengue y hepatitis, contraídos muchas veces en lugares remotos, hacen patente la necesidad de las clínicas del viajero, tan poco comunes en países como Colombia.Es por esto que, mediante la educación y la prevención, la UPV hará posible que el turismo ecológico prospere en medio de ese canto lúgubre y persistente de las noches oscuras.
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