Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/11/20 00:00

SOMBRAS DE RESECION

SOMBRAS DE RESECION

El letrero no podía ser más expresivo. En una vitrina de un almacén de Bogotá se anunciaba con grandes titulares que el pan que allí se vendía estaba rebajado en un 20%. ¿Algún caso aislado de locura comercial? Nada de eso. Durante la misma semana los hoteles de Cartagena anunciaron que habían reducido sus tarifas hasta la mitad y centenares de almacenes en las principales ciudades del país empezaron a ofrecer descuentos y promociones. Ese hecho extraordinario en un país en donde todo subele confirmó al ciudadano de la calle una impresión que los especialistas tenían desde hace algún tiempo: Colombia ya no es ni será la misma de antes. No sólo en el campo del orden público ha habido desarrollos profundos y definitivos, sino que en el económico hay un escenario nuevo que determinará la suerte del país en la próxima decada.

Así de sencilla es la conclusión a la que se llega cuando se revisan los eventos de las últimas semanas. Los cambios en el mercado internacional del café y la declaración de la guerra contra el narcotráfico son hechos que individualmente habrían puesto en aprietos a la economía. Pero si se toman en conjunto es innegable que la crisis si no se hace nada sería inevitable. Por esa razón el clima de incertidumbre que actualmente existe en el país es, desde ese punto de vista, justificado. Los rumores están a la orden del día y van desde una supuesta devaluación masiva, hasta alzas en las tarifas de los servicios públicos y en los precios de los artículos de primera necesidad.

Al elemento anterior se le agrega la aparente pasividad del gobierno.
Concentrado en la guerra, este parecía haber descuidado el frente económico, contribuyendo así a acentuar todavía más el ambiente de dudas y temores.
No obstante, todo indica que esa impresión resultó errada. SEMANA pudo establecer que desde comienzos de septiembre el equipo económico empezó a hacer un estudio a fondo de la situación bajo las nuevas circunstancias. Con base en este diagnóstico se ha diseñado todo un paquete de medidas con el fin de salvaguardar la salud de la economía. Aunque este dista de ser tan drástico como el que adoptó la administración Betancur en 1984, es lo suficientemente fuerte para corregir los desbalances que se anunciaban. Más aún, resulta sorpresivo que en vísperas de elecciones se adopten medidas que incidirán sobre la calidad de vida del pueblo colombiano. Bajo los nuevos parámetros el gobierno estima que la economía se recuperará a partir de 1991, sin temor a que se presenten las crisis que algunos especialistas han anunciado.

SOMBRAS NADA MAS
Porque la verdad es que, si el gobierno se cruza de brazos, el panorama no es nada halagador. Entre otras cosas, se prevé un aumento sustancial en el déficit fiscal, una caída en las reservas internacionales que podría de sembocar en una eventual crisis cambiaria, una recesión generalizada y aumentos en la tasa de desempleo, para sólo nombrar los males más grandes. Tales expectativas han sido alimentadas por una situación económica que ya era poco alentadora (ver recuadro), y cuyos problemas se han agudizado en los primeros meses de la guerra. Los efectos de esta sobre el comercio y el turismo han sido más serios de lo que se creía, lo cual, sumado a la destorcida cafetera, da un panorama poco alentador. Debido a ello, el gobierno se vio obligado a revisar, hace unos días, la meta de crecimiento para el año. Un documento presentado en la Junta Monetaria estimó en 3.1% el aumento en la producción interna en 1989. Hace nueve meses, esta cifra se había calculado en 4.6%.

Esa rápida desaceleración es consecuencia directa de dos fenómenos que llegaron para quedarse. Por una parte, lo sucedido en el plano cafetero ha demostrado que Colombia tiene que ajustarse a la realidad del mercado libre. Esto significa que el país va a vender el grano a precios mucho más bajos que los de hace unos meses y que, en consecuencia, la caficultura interna y el país en general deben ceñirse a esta situación.

El otro hecho tiene que ver con la guerra contra la droga. Esta no sólo ha afectado la actividad económica, sino que se cree que habrá menos ingresos para el país, cercanos a unos 200 millones de dólares al año.

La pérdida de esos recursos va a producir un cambio estructural en la economía que debe ser identificado a tiempo. Por esa razón, el gobierno decidió actuar con rapidez a partir de la semana pasada. Eso quedó demostrado en la negociación del nuevo precio interno del café, el cual se aumentó en menos del 5%, a pesar de las protestas de algunos cultivadores.
Como complemento, se recortó en 40.000 millones de pesos el presupuesto de gastos del Fondo Nacional del Café (FNC). Los caficultores, no sin razón, alegaron que el mayor valor por carga de 125 kilos fijado en 67.700 pesos no es suficiente para compensar los costos crecientes de producción. Por su parte, el gobierno respondió que simplemente había que adaptarse a las nuevas circunstancias del mercado del grano y que estas no permitían un aumento. Incluso hubo gente que propuso una reducción en el precio interno, pues en su nuevo nivel este es equivalente a 78.5 centavos de dólar por libra, en momentos en que la cotización internacional apenas supera la marca de los 70 centavos (si se agregan los costos de comercialización el subsidio es de unos 17 centavos de dólar por libra).

No obstante, los caficultores colombianos se van a beneficiar de los ahorros que hizo el Fondo Nacional del Café en épocas pasadas de bonanza. Gracias a que este cuenta con unos 170.000 millones de pesos, se podrá financiar el nuevo precio por espacio cercano a un año. Los cálculos hechos hasta ahora indican que, si el precio externo se mantiene en cercanías de los 70 centavos de dólar por libra, para septiembre de 1990 el déficit del FNC será de unos 185.000 millones de pesos, una cifra considerada manejable, puesto que habría que financiar "sólo" 15.000 millones. Quizás por esa razón la mayoría de los especialistas estuvo de acuerdo con el resultado de las negociaciones entre cafeteros y gobierno. Según el ex ministro Roberto Junguito, presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Café, "la medida adoptada (...) refleja un adecuado equilibrio en la distribución de los costos que ha implicabo para el país y los caficultores la baja en las cotizaciones internacionales. A pesar de aparecer como reducido el aumento los caficultores deben reconocer que en su favor Colombia, de manera excepcional en el ámbito latinoamericano, sigue manteniendo un esquema de estabilización de ingresos con precios internos superiores a los internacionales".

Entre las víctimas de ese ajuste, la más notoria fue el equipo ciclístico Café de Colombia, cuya desaparición era un hecho al final de la semana pasada. Según un observador, la decisión se tomó debido a que "no es justo que se gasten cuatro o cinco millones de dólares en un equipo que tiene una figuración internacional mediocre".

Pero aparte del desempleo para Lucho Herrera y sus compañeros, lo ocurrido la semana pasada dejó en claro que el gobierno desea templar las riendas, por más impopular que esto sea. Esa voluntad surge de la seguridad de que la baja en los ingreso cafeteros y la menor actividad productiva se van a reflejar en otras áreas de la economía. En particular, se han calculado los efectos posibles sobre las finanzas del Estacio y el sector externo, con el fin de tomar los remedios del caso.

CINTURON APRETADO
Estas medicinas, según estableció SEMANA, van a tener sabor amargo No obstante, el gobierno insiste en que todo se hace por la futura salud del paciente. En consecuencia, se desea controlar el crecimiento de los gastos del gobierno ante la seguridad de que los ingresos no aumentarán en la forma esperada. Por lo tanto, el ministro de Hacienda, Luis Fernando Alarcón, ha insistido en que los salarios de los funcionarios del Estado no superarán el 19% ponderado para el próximo año (ver entrevista).

Dentro de la misma línea de pensamiento, se ha insistido en la necesidad de aumentar el precio de los combustibles entre un 20% y un 25% a partir del próximo primero de enero. Esta medida es clave para la estabilidad financiera de algunas entidades descentralizadas, particularmente Ecopetrol.

También se han estudiado posibles medidas para incrementar los recaudos del Estado, que han venido perdiendo dinámica en los últimos años.
Entre las alternativas se encuentran mejorar la administración tributaria y algunos llegan a proponer la adopcion de nuevos impuestos. No obstante, el ministro Alarcón considera que no existe el ambiente político para presentarle al Congreso un proyecto de ley que aumente las cargas tributarias.
A nivel de política, son pocos los cambios que se van a hacer. El más llamativo es el de aumentar ligeramente la devaluación real del peso a un nivel cercano a los cinco puntos porcentuales. En cualquier caso, se asegura que esta no pasará del 30% anual ni en 1989 ni en 1990. Igualmente se ha hecho énfasis en que no habrá aumento del déficit fiscal con respecto a los niveles actuales (2.4% del producto interno). Para llegar a esta meta fue necesario, por ejemplo, recortar en 60.000 millones de pesos los planes de inversión para 1989.
Adicionalmente, se ha pensado en un monitoreo mucho más estrecho de los números de la economía. Si antes era tradicional que se hiciera un examen semestral del cumplimiento de las metas macroeconómicas, ahora este se quiere hacer en forma mensual. Tal como le dijo a SEMANA la jefe del Departamento Nacional de Planeación, María Mercedes de Martínez, "hay que estar encima de las cifras".

LA PAZ EXTERNA
Toda la estrategia anterior tiene como objetivo allanarle el camino al próximo gobierno para que pueda moverse con más holgura tanto en el frente interno como en el externo.
Incluso se ha analizado posponer decisiones de fondo, como la nueva refinería de Ecopetrol, por considerar que su costo --entre 800 y 1.000 millones de dólares-reduciría el margen de manejo de la próxima administración.

No obstante, también es claro que con el nuevo paquete de medidas se quieren resultados a corto plazo.
Aparte de asegurar la estabilidad de la economía interna, se busca normalizar la relación de Colombia con entidades multilaterales como el Banco Mundial. En particular, se desea un préstamo de 200 millones de dólares, el cual debería ser desembolsado el próximo año.

Aunque el país podría desenvolverse sin el dinero, lo cierto es que con el Banco Mundial está en juego mucho más que un simple préstamo.
Por una parte, algunos funcionarios de la entidad están disgustados con Colombia debido a los incumplimientos en los planes de ajuste del sector eléctrico y a que--según ellos--no hay derecho a que el país tenga "corona". Como se sabe, desde hace rato se ha insistido en que Colombia es una caso especial en el contexto latinoamericano porque ha podido crecer durante esta década y no ha tenido necesidad de reprogramar su deuda externa. Sin embargo, para los funcionarios del Banco, a quienes no les importan tanto las cifras globales, el país está en mora de hacer una reforma profunda de su economía, particularmente en el área comercial.
Mientras que en el continente paises como México, Chile y Venezuela han abierto sus economías al extranjero, en Colombia se sigue con el proteccionismo de antes. Un plan de apertura gradual fue pospuesto el pasado mes de agosto por el presidente Barco, quien consideró que el palo no estaba para cucharas.

Esa situación, según algunos funcionarios del Banco Mundial, lleva a que Colombia tenga una economía ineficiente, lo cual se ve en una tasa de crecimiento que disminuye año a año. En consecuencia, hay gente que se opone a que se le preste al país, a menos que este se muestre dispuesto a cambiar.
Es con esa limitante que el equipo económico debe convencer a la entidad multilateral de que se le otorgue el préstamo a Colombia. Aparte de un programa macroeconómico coherente--que ya fue aprobado por el Fondo Monetario Internacional--, es posible que se adopten medidas de buena voluntad, como la liberación de importaciones para una lista de productos que hoy en día se encuentran bajo el régimen de licencia previa. Para quienes hilen delgado, esto implicaría que Colombia se habría enrutado en la senda de la apertura.

Si en el peor de los casos tales gestos no logran ablandar al Banco Mundial, la situacion para el próximo gobierno no sería la mejor. Los expertos afirman que internacionalmente una negativa a una solicitud de préstamo sería vista como un signo de desconfianza hacia el país y podría indisponer a los banqueros privados a considerar nuevas peticiones de dinero a partir de 1991. No obstante, la verdad es que el equipo económico confía en que no será difícil ablandar al Banco Mundial en las próximas semanas. En el peor de los casos, siempre está la posibilidad de acudir a las "palancas", pues no hay que olvidar que Estados Unidos lleva la voz cantante en ese organismo y en estos momentos las relaciones entre el Palacio de Nariño y la Casa Blanca pasan por un muy buen momento.

EL AÑO QUE VIENE
La consecución eventual de préstamos externos va a hacer solamente menos duro el año que viene. Porque la verdad es que son pocos quienes suenan optimistas para 1990. Lo importante, claro está, radica en saber si 1991 va a ser todavía peor, a lo cual los economistas del gobierno responden con un enfático no. Los cálculos hechos hasta ahora indican que si las medidas anunciadas se adoptan y no pasa nada realmente increíble--como que los precios del café bajen hasta 40 centavos de dólar por libra--, la situación será manejable. Sin embargo, a pesar de esa certeza, se estima que el crecimiento estará cercano al 3% en 1990 y podría subir a 4% en 1991 .
Con esa cifra en mente, las perspectivas en algunas áreas no son alentadoras. Aparte de que habrá recesión en varios sectores, se anticipa un aumento importante en la tasa de desempleo, que en septiembre alcanzó a ser la más baja de los últimos diez años (8.7% para las cuatro ciudades más grandes del país).

Pero lo cierto es que a nivel de otros agregados de la economía el gobierno no prevé mayores cambios. Se estima que la inflación se podrá reducir al 22% anual, las tasas de interés bajarán marginalmente y el nivel de reservas internacionales se mantendrá constante. En consecuencia, se afirma que no hay posibilidad de que haya una crisis cambiaria, pues Colombia tiene un "colchón" de reservas suficiente para resistir un bajón eventual en los ingresos externos.
Lo anterior, claro está, no quiere decir que el futuro esté asegurado.
Siempre es posible que haya eventos inesperados que cambien radicalmente el escenario de la economía, pero bajo los parámetros previsibles el gobierno ha hecho una planeación cuidadosa que debería desactivar los temores que existen ahora.

LAS FALLAS
Con todos esos aspectos cubiertos, parece increíble que el gobierno esté fallando en factores relativamente elementales. Porque la verdad es que, si bien técnicamente el nuevo programa macroeconómico funciona, hay otros aspectos que se han desatendido. El más importante quizás es el del manejo de la opinión. En medio de un clima de tanto nerviosismo es indudable que el silencio de los funcionarios contribuye a aumentar la incertidumbre. Por lo tanto, no estaría de más que los principales miembros del gobierno salgan a desmentir los rumores que se escuchan de tiempo en tiempo .

Simultáneamente, se tiene la impresión de que el gobierno ha desatendido ciertos proyectos de ley que son claves a mediano plazo. Un caso tipico es el de la inversión extranjera en el sector financiero que, según los especialistas, es definitivo para el crecimiento futuro del pais. Aunque la explicación reside en la atención que está recibiendo la reforma constitucional, eso no justifica que no se impulse el trámite de ciertas iniciativas.

Pero si la coordinación con el Congreso está fallando, también requiere atención la definición de un frente común dentro del propio gobierno. Una de las consecuencias de la guerra ha sido que, en el orden económico, se ha perdido la coherencia a nivel ministerial. Tal es el caso de la estrategia para pedir ayuda internacional, en donde han terciado el Ministerio de Defensa, el de Justicia, el de Relaciones y por supuesto el de Hacienda, pero cada uno con una idea muy particular de lo que se está buscando .

La presentación de un frente coordinado es definitiva para atacar el área de la ayuda internacional, ahora que las acciones de Colombia ante el mundo están en alza. Aunque en este campo nadie puede asegurar que al país le vayan a hacer donaciones cuantiosas, vale la pena recordar ese refrán que dice que la peor diligencia es la que no se hace.

ABRETE COLOMBIA
Pero, aun asumiendo que en ese aspecto el país no vaya a recibir nada, lo que no se puede negar es que la coyuntura actual ha demostrado que Colombia depende mucho de la evolución de su sector externo. Este, a pesar de los avances de los últimos años, es todavía muy pequeño y se ha convertido en uno de los factores que más limita el crecimiento económico.

Por esa razón, prácticamente todos los especialistas que estudian la economía colombiana coinciden en que tarde o temprano habrá que enfrentarse a la necesidad de la apertura económica. Esta se puede hacer de manera intempestiva, como le ocurrió a México o Chile pero también de manera gradual como se propoma en un documento del gobierno que se le alcanzó a presentar al presidente Barco.

En cualquier caso, el objetivo es inlegrar la economia nacional con el resto del mundo. La diferencia radica en que, si la apertura se hace en forma gradual, se pueden minimizar los costos del cambio que se tendría cuando las empresas que ahora ven protegida su producción se vean enfrentadas a competir con los bienes importados .

Toda la discusión se basa en la relativa certeza de que el modelo de desarrollo escogido por Colombia se está agotando. A pesar de no haber tenido sobresaltos, la verdad es que la realidad ha demostrado que un buen manejo macroeconómico no garantiza el crecimiento acelerado de la producción. En toda esta década el país no ha alcanzado, ni siquiera una vez, una tasa de crecimiento del 6% anual, algo considerado apenas mediocre en el sudeste asiático.

Debido a ello, algunos piensan que, una vez superada la crisis del próximo año, la siguiente administración debería adoptar un esquema de manejo económico mucho más audaz. Todo eso es posible, claro está, solamente si los ajustes que se le están haciendo a la política actual tienen éxito.

En este escenario hay que asumir que en el futuro el nivel de la guerra no será muy superior al actual. No obstante, si los ataques terroristas aumentan radicalmente, el golpe a la confianza del sector privado puede ser mucho más duro que la tranquilidad que pueda brindar cualquier programa macroeconómico. Pero si las hostilidades duran poco y el gobierno triunfa, la sombra de la recesión no pasaría de ser un susto pasajero restringido a 1990, que serviría de preludio a la recuperación de 1991.
De ahí en adelante habrá que revisar a fondo la política económica para buscar que en lo sucesivo se disminuya el impacto que puedan tener crisis sectoriales como la cafetera. La decisión no será fácil, pero para tomarla, quien lo haga debe tener en cuenta que la economía es como un gallinero: quien no arriesga un huevo, no saca un pollo.-

LAS VERDADERAS DIMENSIONES DE LA CRISIS
·Aunque es demasiado pronto para hablAr de recesión, es innegable que el ritmo del crecimiento se ha frenado en forma sustancial.

·La ruptura del Pacto Cafetero traerá consecuencias más profundas y, sobre todo, más permanentes de lo que inicialmente se pensó.

·Los datos preliminares sobre la guerra indican que esta, finalmente ha terminado por golpear en forma seria a la economia.

·A pesar de que la última cifra de desempleo es la más baja en una década, todos los cálculos apuntan hacia un deterioro en este campo.

·No obstante la anterior, si algo es alentador es que las posibilidaes de una crisis cambiaria parecen aun demasiado lejanas.

·La inflación, del deficit fiscal y el nivel de las tasas de interés están bajo control.

LAS CLAVES DEL AJUSTE
·Aumento de menos del 5% en el precio interno del café, compensado con ahorros en los gastos del Fondo Nacíonal del Café
·Alza de la gasolina entre el 20% y el 25% para el año 90
·Devaluación anual promedio inferior al 30% para este y el próximo año
·Moderación en el gasto público y alza cercana al 19% en los salarios de los funcionarios del Estado
·Aumento en los ingresos del Estado, ya sea a través de una optimización de la administración tributaria o, eventualmente, de más impuestos
·Mantener, en un alto porcentaje, los planes de inversión social
·El déficit fiscal no debe subir del 2 5% del Producto Interno

EL CREDITO "CHALLENGER"
MAS VALE TARDE
Hacía rato que un giro del exterior no se esperaba con tanta gana. Pero por fin, esta semana, llegarán al Banco de la República 865 millones de dólares correspondientes a los dos primeros tramos del crédito Challenger, firmado el pasado mes de julio en la ciudad de Nueva York. Ya con ese dinero, el gobierno sale de dos cuellos de botella. En primer lugar, obtiene las contrapartidas para los giros de inversión pública que se habian atrasado repetidamente. Por otra parte, el pais consigue una recuperación importante en su nivel de reservas internacionales, un hecho que habia venido preocupando a algunos.

Ahora, el próximo "calvario" con la banca externa privada le corresponderá al siguiente gobierno, pues Colombia ya tiene la financiación para 1990. En este escenario, y a pesar de su tradición de buen deudor, el país va a depender del ambiente internacional para poder continuar con la estrategia que hasta ahora ha resultado exitosa, consistente en obtener créditos frescos de la banca comercial, algo excepcional en América Latina.
Pero si las puertas están cerradas, Colombia tendrá que enfrentarse a la eventualidad de una reestructuración de su deuda. Una posibilidad como esta no es la ideal, pero es la única para que el país asegure que la banca comercial no reciba más capital del que entregue .

EL DIAGNOSTICO
DE MAL EN PEOR
El hecho de que ahora haya tanto pronóstico oscuro se basa en una situación que, por decir lo menos, ya era mediocre. Porque desde mediados de 1988 la economía había comenzado a tener problemas. Hechos ajenos al control del gobierno, como los atentados terroristas contra los oleoductos, el contrabando proveniente de Venezuela o el clima, se conjugaron con una política económica restrictiva que tenía como meta el control de la inflación. Aunque este último objetivo se consiguió, el crecimiento de la economía se redujo. De una meta inicial de aumento del 5% en la producción interna en 1988, el gobierno tuvo que contentarse con un 3.7% .

Para 1989 las cosas pintaban mejor. Por una parte, la actividad terrorista y el contrabando habían disminuido, al tiempo que había signos que sugerían que desde diciembre había comenzado una recuperación. Esa esperanza, sin embargo, se truncó cuando se vieron los datos para el primer trimestre del año, los cuales demostraban que había ocurrido una nueva caída. Sectores como la industria, el comercio y la construcción mostraron porcentajes de crecimiento negativos. A pesar de esto, el gobierno se mantuvo en su meta de crecimiento original del producto interno, estimada en 4.6% anual a comienzos de 1989.

En el segundo trimestre del año las cosas empezaron a mejorar, sin ser maravillosas. En el caso de la industria, un documento del gobierno anotó que "esa recuperación no fue vigorosa ni general. Para el total de la industria, sin trilla de café, la producción real del período enero julio de este año fue marginalmente inferior a la de igual período de 1988, lo que representa una mejoría con respecto a la caída de 2.1% registrada hasta abril". La causa principal del problema fue identificada como la débil demanda interna, en la cual los propios industriales tuvieron mucho que ver.
Las cifras del gobierno sugieren que los aumentos en los precios de los productos manufacturados fueron muy superiores al crecimiento de la inflación. En otras palabras, ante una demanda débil se quiso compensar la caída en ventas cobrando más caro y dando origen a un círculo vicioso.

Algo similar le pasó al comercio, el cual se recuperó en forma significativa en el segundo trimestre, con excepción de las ventas de vehículos. Para julio las ventas reales en los siete primeros meses del año habían aumentado en 1.5% al excluir los vehículos (al incluirlos la caída era del 1.2%), cifra muy superior a la registrada en marzo, cuando la disminución era de 2.2% .

También a la construcción le comenzó a cambiar la suerte, pero no lo suficiente para borrar los problemas de comienzos del año. La confusión que creó la ley de reforma urbana, que entró en vigencia en enero, paralizó un buen número de proyectos y sacó del mercado a la vivienda popular al prohibirle a las corporaciones de ahorro y vivienda financiar la llamada "vivienda de interés social".
Como resultado de esa situación, hasta el mes de agosto el sector de la edificación mostraba una caída del 7% en el área licenciada para construir.
Aunque ese dato era sustancialmente superior al 22.6% de disminución registrado en el primer trimestre de 1989 es evidente que la salud de la construcción seguía siendo pobre.

Como no todo podía ser malas noticias, hay sectores que hasta mediados del año se comportaron mejor que lo esperado. Dentro de estos se destaca el agrario que, con excepción del café, ha tenido su mejor año en esta década. Según el gobierno "para los cultivos transitorios se estima un aumento promedio de 7.2% y para los anuales y permanentes un aumento del 6%". También le ha ido bien a la minería, que se ha beneficiado de mejores precios y mayor producción en los casos del carbón y del petróleo.
En este último caso ha sido clave la disminución de atentados terroristas a partir del segundo semestre del año.

La mayor producción de petróleo y carbón se reflejó en un aumento del 36% del valor de las exportaciones de estos productos en los primeros siete meses del año. De las misma manera, el resto de exportaciones diferentes al café creció al 14.5%, lo cual confirma la relativa solidez alcanzada por el sector externo en los últimos años.

Tal era la situación cuando en agosto se confirmó que la debacle en el mercado cafetero internacional resultó ser mucho más seria de lo que se pensó inicialmente. Esa coyuntura hizo que se revisaran las metas de crecimiento ante la seguridad de que el país iba a perder ingresos cuantiosos en un futuro inmediato. Pero no fue sino hasta finales de agosto, con la declaración de guerra al narcotráfico, que los verdaderos temores comenzaron.
Las bombas y demás atentados hicieron más incierta una situación que ya era difícil.. En ese momento Las sombras de la recesión empezaron a tomar forma.-

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