Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/06/25 00:00

Somos la tele que hemos visto

Las memorias y los afectos que en medio siglo ha generado la televisión reflejan la idiosincrasia nacional.

No es patrimo- nio materia como Cartagena de Indias. No es patrimonio inmaterial como el Carnaval de Barranquilla. La televisión es patrimonio afectivo, sentimental, existencial. Patrimonio efímero tal vez, contradictorio de seguro; pero memoria que se queda pegada a nuestro cerebro cultural. Somos más la televisión que hemos visto, que Cartagena de Indias o Carnaval de Barranquilla; esa es la vitalidad y la potencia simbólica de la televisión.



Lo patrimonial está ligado a la memoria, aquello que hace parte de nuestros modos de sentir, ser y habitar el mundo de la vida; lo patrimonial está ligado a la identidad, aquello que nos marca en la diferencia, para hacernos parte de un imaginario, una historia y unos símbolos. Y es ahí, en la memoria y en la identidad donde los colombianos somos nuestra televisión.



Los colombianos somos ese gusto popular musical de Jorge Barón, esa cultura turística de Héctor Mora, ese estilo extrovertido de Juan Guillermo Ríos, esa feria de apariencia llamada José Gabriel, ese entretenimiento informativo de Julito. ¿No les gusta? Ni modo, les juro que eso somos.



Somos, también, de esta tierra que ha elevado a referente de diferencia nuestro humor ácido y retórico llamado Yo y tú, Don Chinche, Dejémonos de vainas,



Vuelo secreto, Zoociedad, La Tele. Somos eso, pero también humor tonto y patético. Sí, ya sé que nuestro patrimonio no es la ironía, sino el cuenta chistes de Jotica y Sábados Felices. ¡Ni modo!



Querido lector, lo que sí no puede negar es que somos esa gente que pertenece de cuerpo y alma a Pedro, el escamoso; Yo soy Betty, la fea; Café con aroma de mujer; Escalona, Caballo viejo, Azúcar, Gallito Ramírez, San Tropel, Pero sigo siendo el rey. Es ahí donde uno puede cantar "¡Ay qué orgulloso me siento de ser colombiano!".



Puede que usted no sienta que por ahí pasa su identidad, puede que usted diga que nunca vio nada de esto, puede que usted sea muy culto porque no se reconoce de por aquí; pero le juro, que aunque sea de oídas, estos modos de hacer televisión, estas historias y afectos se le han metido en su memoria cultural.



Eso es patrimonio cultural, ese patrimonio que nos sirve a todos como referente, imaginario, encuentro. Patrimonio afectivo, frágil y débil pero emocionante.

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