Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/06/02 00:00

Su majestad el ‘rock’

Breve recorrido por el casi infinito mundo del ‘pop’ británico, uno de los principales pilares de la cultura del siglo XX.

Su majestad el ‘rock’

En siglos pasados los grandes embajadores de Inglaterra (y luego de Gran Bretaña) fueron sus navegantes, sus constructores de ferrocarriles, el fútbol. En tiempos de la reina Isabel II también han contribuido de manera importante sus músicos de pop y rock, hasta el punto de que podría decirse que si el reinado de Isabel I se recordará por Shakespeare el de Isabel II lo será por los Beatles.

Estos fueron tan importantes que a mediados de los años 60 se les consideraba como el principal producto de exportación del país. Esto era algo inimaginable a comienzos de aquella década. Aunque entonces ya había algunas estrellas locales, como el eterno ídolo pop Cliff Richard, Lonnie Lonnegan (cultor del skiffle, muy influenciado por la música del sur de Estados Unidos), Gene Vincent (un rocanrolero al mejor estilo de Eddie Cochran y Jerry Lee Lewis) y grupos instrumentales de guitarras como los Shadows, Estados Unidos mandaba la parada.

Los marineros norteamericanos llegaban a los puertos británicos con los últimos discos de rhythm n’blues y rock n’roll y los jóvenes británicos (Animals, Yardbirds, Rolling Stones) emulaban a estos músicos, muchos de ellos segregados y vetados en su país de origen.

En 1963 los Beatles eran la sensación en Gran Bretaña y en algunos países de Europa. Pero la verdadera explosión comenzó en 1964, más exactamente el 8 de febrero. Ese día los Beatles llegaron a Nueva York y la beatlemanía se expandió por todo el planeta en un abrir y cerrar de ojos. La invasión inglesa llegó a Estados Unidos, a Europa, el mundo comenzó a ver banderas británicas por todas partes: en las chaquetas de los Who, en calcomanías, en guitarras... Hacia 1966 Londres se convirtió de pronto en la capital cultural del mundo. James Bond, Twiggy, Mary Quant… el pop británico era mucho más que música. El swinging London estaba en todo su apogeo.

En 1965 los Beatles iniciaron una segunda revolución mucho más importante que la propia beatlemanía. Su contacto con Bob Dylan traería como consecuencia canciones más profundas, el uso de nuevos instrumentos, como el sitar de la India, y la experimentación en el estudio debido al apoyo de su productor George Martin. Gracias a ellos, y también a los vientos de sicodelia que soplaban desde San Francisco, el pop ya era algo mucho más complejo y diverso que en tiempos de Elvis.

Comenzaron a aparecer toda suerte de géneros. Los Rolling Stones y The Who se mantenían firmes mientras que agrupaciones como Cream y Ten Years After le agregaban al blues un sonido más fuerte. Pink Floyd y Soft Machine llevaron a extremos insospechados las experimentaciones que habían insinuado los Beatles en Revolver y Sgt. Pepper. La rápida salida de Syd Barrett, primer líder de Pink Floyd, le quitó magia al grupo pero éste se transformó en el gran laboratorio de sonidos del rock británico y dejó una obra cumbre: The dark side of the moon. Procol Harum, The Nice y los Moody Blues comenzaron a coquetearle a la llamada música clásica. Traffic, Joe Cocker, The Move… la lista de estrellas se hacía infinita.

La separación de los Beatles en 1970 no frenó para nada el impulso. En 1969 Led Zeppelin inició un nuevo capítulo en la historia del rock. A su lado dos bandas tan sólidas como legendarias (Deep Purple y Black Sabbath) los ayudaron a inventar el nuevo alfabeto del llamado rock pesado, que luego derivaría en el heavy metal.

Pero no todo era blues y rock. Por los lados del pop emergieron nombres gigantes como los de Elton John, David Bowie, el ex beatle Paul McCartney y Rod Stewart, aún vigentes en nuestros días.

En la primera mitad de los 70 llegaron las lentejuelas del glitter rock, que dejó para la historia el nombre de Marc Bolan, cabeza visible de T. Rex, uno de los grandes ídolos del pop británico, y la sofisticación estilo Hollywood de Roxy Music y su cantante Bryan Ferry, por donde pasó Brian Eno, muy reconocido por sus experimentos musicales y sus aportes como productor de David Bowie, Talking Heads y U2.

De la escena del glitter rock surgió Queen, una banda que, gracias, a su eclecticismo y carisma, se convirtió en uno de los grandes pilares del rock inglés de todos los tiempos.

Al mismo tiempo los herederos de The Nice y los álbumes conceptuales de The Who (Tommy, Quadrophenia) y Pink Floyd (en especial Atom heart mother) inventaron el llamado rock sinfónico, o progresivo, cuyos representantes más característicos —y vilipendiados por la crítica— fueron Emerson, Lake and Palmer y Yes, exponentes de un virtuosismo de conservatorio nunca visto. Genesis (en tiempos de Peter Gabriel), King Crimson, Van Der Graaf Generator, Jethro Tull y las bandas de la llamada ‘escuela de Canterbury’ (Caravan, Robert Wyatt, Gong, Steve Hillage) dejaron para la historia álbumes no muy conocidos pero que son verdaderas joyas.

A mediados de aquella década Inglaterra recibió otra influencia determinante. Gracias al sello Island, fundado por Chris Blackwell, la música y las técnicas de grabación inventadas en Jamaica llegaron al mundo entero. Bob Marley y un largo etcétera de músicos provenientes de las Indias Occidentales llevaron a públicos masivos ritmos como el reggae y el ska. En Gran Bretaña no tardaron en aparecer exponentes: UB40, The Beat y The Specials.

Pero el fenómeno más determinante de los 70 corrió por cuenta de los punks, quienes le dieron un vuelco total a la música. Enemigos acérrimos del rock corporativo y los megaconciertos en grandes estadios, no al virtuosismo, no al star system, presentaciones provocadoras en pequeños locales, una música violenta y directa que tuvo en los Sex Pistols a sus líderes y Never mind the bollocks —su único álbum oficial— resultó tan fundamental en la historia del rock como el Sargento Pimienta de los Beatles. Tras ellos mil agrupaciones más, casi todas de efímera vida pues muy pronto el punk se convirtió en una parodia de sí mismo y sólo las bandas que lograron evolucionar a tiempo (en particular The Clash y The Jam, que en realidad nunca fueron del todo punk) consiguieron superar aquel verano de 1977.

Detrás de la explosión punk llegaron el new wave, el after-punk, estrellas muy diversas como Elvis Costello y su banda The Atractions; los muy exitosos Police y su eficaz mezcla de pop y ritmos jamaiquinos; los míticos Joy Division; los pioneros Bauhaus, creadores del llamado rock gótico; Ultravox, Gary Numan, Depeche Mode y demás, cultores de música hecha a base de sintetizadores… una segunda invasión inglesa a los listados de Estados Unidos en la que nunca faltaban las canciones pegajosas de Culture Club y Phil Collins.

Una figura determinante en los 80 fue Peter Gabriel, quien se interesó en traer al Primer Mundo los sonidos y ritmos de Asia, Africa, el este de Europa y América Latina. La llamada música del mundo le abrió al pop nuevos horizontes y además sirvió para que Gabriel y otras personalidades lideraran conciertos a beneficio de los derechos humanos y la ecología. Década de grandes bandas, como The Cure y The Smits, Heaven 17 y Human League, Stone Roses, Happy Mondays y Charlatans UK.

A finales de los 80 el house, el techno y otras variantes de la música electrónica y dance abrieron un nuevo capítulo que ha caracterizado la escena británica del pop, en la que músicos y DJ han desarrollado gran cantidad de variables. A mitad de camino entre la música electrónica y sonidos más afines al pop y al soul están Chemical Brothers, Underworld, Roni Size, Massive Attack.

En estos tiempos de globalización muchas barreras se han borrado pero ‘lo inglés’ perdura en bandas inspiradas en aquellos sonidos de los 60, como Oasis y Blur. Mientras tanto Robbie Williams, como Bryan Ferry hace 30 años, juega a ser Frank Sinatra. Y esta historia de casi medio siglo apenas comienza...

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