Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/07/15 00:00

Sueño americano

Como a miles de colombianos, la crisis económica llevó a Jorge y a Victoria a dejar su país e irse a empezar de nuevo en Estados Unidos.

Sueño americano

En 1999 Jorge Forero sin

tió que había tocado fondo. La empresa de construcción que había fundado y les había permitido tener durante años un buen estándar de vida a él y a su familia estaba a punto de quebrar. La crisis generalizada del sector lo había obligado a reducir la planta de personal de 90 empleados a tres. "Yo me convertí en secretaria, chofer, gerente y operario. Lo peor del cuento es que hacíamos uno o dos trabajos en el año", recuerda Jorge, un arquitecto caleño.

A la recesión se sumó la inseguridad. Como muchos de sus coterráneos, Jorge y su familia no pudieron volver a la finca pues cada vez eran más frecuentes los casos de secuestros de gente conocida o de víctimas de atracos comunes. La gota que rebosó la copa fue la escena que tuvo que vivir en una cita con uno de los pocos clientes que le quedaban. Hombres armados hasta los dientes ingresaron al lugar donde estaban hablando, los amenazaron y se llevaron a su interlocutor. "Sentí la gravedad de la crisis del país y pensé en el futuro de mis hijos", dice Forero.

No necesitó más motivaciones para ponerse de inmediato en la tarea de buscar nuevos horizontes. Estando en esas un amigo de su familia, dueño de una empresa de transportes, le propuso que viajaran a Miami a montar una filial de dicha compañía. Dar el salto no era fácil pero tampoco parecía haber otras alternativas. Para ese momento Jorge ya había perdido las pocas propiedades que tenía, incluida su casa. "Fue muy duro cuando me di cuenta que después de 11 años de trabajo estaba en ceros otra vez", recuerda.

Es cierto que había estudiado la carrera que quiso y en la universidad de su preferencia. Pero a los 27 años, cuando se casó con Victoria, tenía como todo capital un Renault-4 y un televisor. Trabajaron duro y en pocos años ya tenían casa y empresa propia, una acción de un club, podían pagar buenos colegios privados para sus dos hijos y se daban vacaciones una vez al año.

A partir de 1997 Cali entró en crisis. La burbuja que había creado la prosperidad de pies de barro del narcotráfico se pinchó con la caída del cartel. La constructora de los Forero tenía casi todos sus negocios con el Estado y con grandes industrias y no se vio afectada directamente por la depresión en el mercado de viviendas de lujo. Pero pronto la competencia de las constructoras que se habían quedado sin otros frentes de trabajo se hizo sentir en su nicho de mercado. "En 1995 yo licitaba para un contrato de construcción y máximo había cuatro empresas compitiendo. Tres años después eran 15 las que peleábamos un mismo contrato", recuerda Forero, quien poco a poco fue quedándose por fuera del mercado ante la arremetida de las compañías más grandes que competían a veces ofreciendo precios a pérdida para sostenerse en el mercado. Para Forero la Ley Paez, que liberó de impuestos a las empresas que operaran en la región del Cauca afectada por el terremoto, tampoco lo benefició porque permitió la entrada a la región de multinacionales con esa gran ventaja competitiva.

Fue a comienzos de 2000 cuando Jorge ya no dio más y resolvió emigrar. Con el trabajo en la empresa de transporte sacó visa de trabajo en Estados Unidos, pero el negocio no funcionó. Así que volvió a lo suyo, pero desde bien abajo: pintaba paredes y mantenía zonas verdes como subcontratista de una constructora grande. Eso por las mañanas. Por las noches hizo turno de ayudante de cocina en una pizzería. "Sacrifiqué el orgullo por mi familia y trabajé allí durante cinco meses", dice Jorge. Su idea era ahorrar lo suficiente para recibir bien a su familia ?que se había quedado en Cali a liquidar lo que quedaba de la empresa? y luego independizarse. A los pocos meses todo salió como lo había planeado. El sueño americano se hizo realidad. Reunió la plata para alquilar un buen apartamento, en el que se instalaron Victoria y sus dos hijos, compró los seguros necesarios y, en asocio con otro colombiano, montó su propia oficina de construcción. Hoy ya tienen seis empleados permanentes y trabajo de sobra.

A veces sienten nostalgia de Colombia. Les hacen falta la familia, los amigos y la empleada del servicio. Sin embargo el sentimiento les dura poco. En apenas dos años han vuelto a recuperar casi todo lo que perdieron en su país, con la ventaja de que viven tranquilos y sin angustia por la inseguridad. Además son tantos los colombianos que se han ido a vivir a Miami en los últimos años, y en especial a su vecindario en Key Biscayne, que cada vez se sienten más en casa. El arquitecto Forero quiere consolidar su compañía y todavía sueña con la posibilidad de volver a Colombia a hacer empresa. Claro que es realista y sabe que el proyecto se desvanece con la misma rapidez con la que su familia se adapta a la vida en Estados Unidos y puede también que jamás regrese.

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