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| 3/12/2011 12:00:00 AM

Superar las limitaciones

La educación media debe preparar a los jóvenes para afrontar los retos de la academia. Y para eso faltan investigación, pensamiento crítico y habilidades comunicativas.

Las dificultades de los estudiantes universitarios colombianos empiezan desde la educación básica. El gobierno nacional lo tiene claro. Por ello está desarrollando acciones constantes para mejorar y fortalecer las instituciones educativas, sus docentes y los métodos de enseñanza.
 
Pero esto no parece suficiente. Los estudiantes colombianos siguen rezagados y, a la hora de entrar a la educación superior, sufren grandes dificultades para adaptarse y generar conocimiento.
 
Y una de las razones es que carecen de competencias matemáticas. Así lo reveló un informe del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (Icfes), publicado en 2008, sobre los resultados de la participación de Colombia en la prueba Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (Pisa, por su sigla en inglés).

De 4.478 estudiantes evaluados de 168 planteles educativos, tanto privados como públicos, el 45 por ciento se quedó en nivel 0 de la evaluación y el 27 por ciento, en el 1. El concepto técnico del programa sentenció: “Los estudiantes no cuentan con capacidades suficientes para desarrollar actividades propias del conocimiento para acceder a estudios superiores”.
 
Este panorama poco halagüeño no mejora mucho con el porcentaje de estudiantes evaluados que superaron el nivel 2 y 3: el 18 por ciento se ubicó en el nivel 2; el 8 por ciento en el 3; el 2 por ciento en el 4 y el 0 por ciento en los niveles 5 y 6.
 
Son muchas las razones para estos resultados. Algunos expertos afirman que se debe al énfasis en aspectos didácticos y pedagógicos y al descuido de los aspectos conceptuales, lo cual traslada el asunto a los docentes. La falta de preparación de los profesores para enfrentar los cuestionamientos y la creatividad de sus estudiantes y las ideas preconcebidas sobre las matemáticas, como que es solo para los más pilos, dificultan la labor. De otro lado, están los padres de familia, quienes deben vigilar y controlar el desempeño académico de sus hijos. Sin este apoyo, los esfuerzos de los docentes no serán suficientes.
 
Para Matilde González de Salazar, rectora del colegio La Quinta del Puente, de Floridablanca, Santander, “es fundamental que los objetivos de los niños estén trazados desde el principio, es decir, lograr que con el desarrollo de buenos hábitos, competencias y actitud positiva lleguen a la universidad”.
 
Según la docente, si los estudiantes se ven enfrentados a hacer trabajos, exposiciones, presentaciones en público e investigaciones, cuando lleguen a la universidad no encontrarán novedad o choque alguno. “La universidad es un cambio de reglas de juego para la mayoría de los estudiantes. Algunos salen de su hogar, cambian de clima, de casa, de amigos y adquieren un compromiso que los abruma, y esto genera dificultades e incluso deserción si no se tienen hábitos de estudio desde la infancia”.
 
Para Fernando Hinestrosa, rector de la Universidad Externado de Colombia, “es deseable una comunicación funcional entre las dos etapas de la formación, especialmente para promover la capacitación del estudiante de bachillerato en la metodología del trabajo intelectual y científico, para que forme hábitos de estudio y de investigación”.
 
Una vez en la universidad, los jóvenes no solo deben considerar tener 12 años de formación académica. Según Patricia Martínez Barrios, rectora de la Universidad Tecnológica de Bolívar, “la sociedad del conocimiento exige 14 años o más de formación académica para poder desempeñar su ámbito laboral a cabalidad”.
 
Así como el colegio debe preparar para la universidad, la universidad debe abrir el espacio para la educación posgradual. Por ello, los coterminales se han vuelto la mejor opción. La Universidad de los Andes es un ejemplo de ello. Los estudiantes tienen la posibilidad de cursar seminarios de maestría siempre y cuando hayan aprobado un mínimo del 80 por ciento de los créditos de un programa de pregrado y tengan un promedio acumulado igual o superior a 3,75.
 
A través del programa Plan de Estudios Coterminal, el estudiante, al finalizar sus estudios de pregrado, puede cursar hasta 16 créditos (cuatro materias de maestría). Estas cuatro materias serán homologadas en el programa de maestría que haya elegido y en el programa de pregrado correspondiente.
 
Los estudiantes que cumplan el programa Plan de Estudios Coterminal solo podrán solicitar su admisión formal a la maestría una vez hayan obtenido su título de pregrado.
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