Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/04/28 00:00

¡Swap!

Los empresarios que tienen deudas en dólares aprendieron a defenderse de la devaluación, recurriendo a mecanismos bastante ingeniosos.

No hay peor dolor de cabeza que la devaluación para el gerente de una empresa que tiene deudas en dólares. La buena noticia es que para este mal, que ha sido tan común en Colombia en los últimos años, ya se están aplicando remedios bastante ingeniosos que alivian las angustias financieras de las compañías y les garantizan la estabilidad. Se trata de las compras y ventas de divisas a término (llamados forwards) y, más recientemente, las permutas de deuda, o swaps, con las que se puede pasar una obligación de dólares a pesos.

Un ejemplo ilustra mejor estas cosas. A principios del año pasado Empresas Públicas de Medellín (EPM) tenía entre sus pasivos una obligación por 98,7 millones de dólares con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con el Jbic de Japón. Durante cinco años EPM tenía que pagar los intereses en moneda norteamericana y, al final, reembolsar el capital. El riesgo de un crédito así es que si el dólar se dispara, como en efecto ocurrió en 2002, se vuelve costosísimo de pagar. Por eso EPM quería protegerse frente al riesgo de la devaluación.

¿Cómo lo hizo? El primer paso fue buscar alguien que tuviera el problema contrario. Es decir, alguna empresa o entidad del extranjero que tuviera deudas en pesos colombianos. Ese era precisamente el caso de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), que es una filial del Banco Mundial. El año pasado la IFC, como parte de su plan de captación de fondos, resolvió emitir bonos de deuda en Colombia (decidió contraer una deuda en pesos). Para la IFC el riesgo de un crédito así es que, si el día que lo vaya a pagar el peso está revaluado, le sale muy caro. Por eso quería protegerse frente al riesgo de la revaluación de la moneda colombiana.

EPM y la IFC se juntaron para hacer un cambalache de deudas en marzo de 2002. El día 12 de ese mes la IFC se endeudó en 225.000 millones de pesos mediante una emisión de bonos en Colombia, con un plazo de cinco años y una tasa de interés fija de 13,7 por ciento. Apenas terminó de captar ese dinero lo pasó a dólares y se lo llevó.

Lo interesante es que los bonos que emitió la IFC en Colombia tienen exactamente el mismo plazo que el crédito en dólares de EPM. El cambalache consiste en que durante los próximos cinco años la Corporación Financiera Internacional paga los intereses de la deuda de EPM en el exterior y la empresa antioqueña, por su parte, atiende la obligación que tiene la IFC en pesos colombianos. Ambos quedan tranquilos y protegidos frente a los vaivenes de la tasa de cambio.

Cuando se hizo este canje el dólar valía 2.278 pesos, recuerda Gustavo Jiménez, gerente financiero de EPM. Un año más tarde estaba alrededor de los 2.900 pesos. Lo que esto muestra es que EPM hizo un excelente negocio pues convirtió su deuda externa a pesos cuando el dólar estaba barato. De no haberlo hecho se le habría disparado el costo de su obligación en el exterior. Para la IFC, en cambio, el negocio a primera vista no pareciera tan bueno. Hace un año un dólar compraba 2.300 pesos. Hoy compra 2.900. Con menos dólares habría podido pagar los pesos que debe en Colombia.

Esta forma de ver el asunto, sin embargo, es equivocada. Con el canje ambas partes ganaron. "Lo importante aquí es que compraron un seguro. Cuando una persona adquiere un seguro para su carro, y nunca se choca ni le pasa nada, no dice que hizo un mal negocio. En todo momento estuvo cubierto", explica Alejandro Piedrahita, jefe de investigaciones económicas de Corfinsura, entidad que ha venido trabajando el tema de los swaps con varias empresas colombianas.

La permuta de deuda de EPM y la IFC es una de las más sofisticadas que se ha hecho en el país, pero no es la única. ISA, por ejemplo, hizo otra a fines de 2002, también con la IFC. En los últimos años, por la necesidad, las empresas colombianas se han ido familiarizando con estos seguros, que se usan mucho en países más desarrollados.

Los datos de las 100 más grandes muestran que, en general, se perjudicaron mucho por la devaluación en 2002 (sobre todo aquellas que no exportan, como las de servicios públicos). No obstante muchas de ellas pudieron amortiguar el golpe mediante mecanismos de cobertura como los swaps, u otros más sencillos como los forwards. Estos consisten, básicamente, en reservar los dólares que se van a necesitar en el futuro, negociando su precio con varios meses de anticipación. Otra cosa que han hecho los empresarios colombianos para no dejarse quebrar por la devaluación ha sido contraer deudas en pesos para prepagar sus obligaciones externas. Por eso la deuda externa del sector privado ha venido bajando en los últimos años. Queda claro que las lecciones de la crisis están muy bien aprendidas y la devaluación no volverá a tomar a las compañías colombianas por sorpresa.

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