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| 7/15/2002 12:00:00 AM

Todavía reímos

Aunque han cambiado muchas cosas en el humor colombiano el país conserva su sentido mamagallista.

Detras de los titulares usualmente dramáticos y de los editoriales habitualmente serios que anuncia la primera pantalla de la versión cibernética de El Tiempo se esconde una regocijada trastienda. Para llegar a ella es preciso buscar en las columnas laterales de la página un recuadro desde donde nos mira un ojo atacado de conjuntivitis con un simple título: 'Humor vítreo'.

Si el lector curioso hace doble clic sobre esta ventana, podrá asomarse a un mundo de imágenes satíricas y fotomontajes implacables que dejan en cueros a todos los personajes colombianos y algunos de otros municipios, desde el presidente Andrés Pastrana (blanco favorito de las burlas) hasta el profesor Elkin Patarroyo, pasando por todos los candidatos presidenciales, los ex presidentes, Pacho Maturana, 'Tirofijo', el 'Mono Jojoy', actores y actrices, Carlos Castaño, Julio Mario Santo Domingo, la Señorita Colombia, George W. Bush (un chiste en sí mismo), Hugo Chávez (un pomposo autogol humorístico) y hasta el propio Santo Padre. En abril de este año, un fotomontaje sugería que a Juan Pablo II se le iba la mano en vino y por eso era imposible entenderle.

No digo que todo sea gracioso, pero muchos cuadros lo son; y hay una actitud general de osadía que atrae.

'Humor vítreo' no respeta ni las firmas de El Tiempo. Cuando Yamid Amat publicó en ese diario una entrevista virtual con Andrés Pastrana, 'Humor vítreo' respondió con una 'entrevista virtual de Andrés Patraña a Yamil Amac'. La pieza empezaba de esta manera:

A.P.: Claramente, aquí entre ex periodistas, quisiera preguntarle ¿de dónde salió eso de inventarse entrevistas?

Y.A.: La verdad, no he tenido que inventar nada. Siempre he estado tan cerca de los presidentes que ya pienso como uno de ellos. Además, no entiendo el alboroto: si siempre he dicho lo que los presidentes quieren, ¿por qué no ponerlo en sus propias palabras?

Ni siquiera los propios directores del periódico escapan a la mamadera de gallo. Al referirse a una portada de SEMANA en la que se proclamaba a Julio Sánchez Cristo como "vocero de la clase dirigente colombiana", 'Humor vítreo' mostró en un fotomontaje el desconsuelo de Enrique y Rafael Santos Calderón, que pensaban: "Le dimos confianza y nos corrió la butaca".

La punzante sección nació en diciembre de 2000; la elaboran cuatro periodistas bajo el comando de Guillermo Franco, director de eltiempo.com. Cada día recibe miles de visitas y ha sorteado con éxito distintas arremetidas de personas y empresas ofendidas.

No hay duda de que 'Humor vítreo' sólo podría existir en el libérrimo territorio de Internet, donde flotan juntas las más delirantes, graciosas, irreverentes, enfermizas, ingeniosas, estúpidas, perversas, pervertidas y novedosas expresiones de humor.



Satirando piedras

Hace 20 años ?hace 50, hace 100, hace 153, cuando se publicó por primera vez El Alacrán, "reptil rabioso que hiere sin piedad ni compasión"?ya existía el humor satírico en la prensa colombiana. Pero no había pasado a convertirse en la más importante manifestación del humor nacional, como es ahora.

'Humor vítreo' me parece la más moderna y una de las más exitosas formas de este humor que no deja títere con cabeza ni titiritero con títere. Pero no es la única. También están los representantes de la caricatura tradicional ?Osuna, Vladdo, Mico, Pepón, etc.-?, y los que insertaron en la programación de radio una ingeniosa escuela de sátira política, al frente de la cual se halla Guillermo Díaz Salamanca.

Es difícil pensar que hace cuatro lustros este género, aunque existía en radio y prensa, era poco menos que un tabú en televisión. Los encargados de demoler el muro fueron Jaime Garzón y sus compañeros de Zoociedad, que acabaron con la intangibilidad del presidente y el gobierno en la televisión. Las parodias y caricaturas de personajes que inventó Garzón ?algunos tan entrañables como el embolador Heriberto de la Calle? fueron durante algunos años lo más novedoso y sensacional del humor colombiano.

La vena no tiene actualmente herederos importantes en la llamada pantalla chica (necesitamos más sinónimos, por favor, para evitar esta cursilería), pero sí en la del computador.



La gracia de 'Betty, la fea'

Muchas otras cosas han cambiado en el panorama colombiano de la sonrisa. En los años 80 se produjo una florescencia de comedias en los canales de televisión. Hoy no queda ninguna de ellas; es difícil encontrar en la programación nacional una comedia, y la mayoría de las que salen al aire son made in USA, un país tan prolífico en la producción de excelente humor que hasta los presidentes parecen broma.

Tras el asesinato de Garzón, también el humor político y la crítica social son especies en vías de extinción en nuestra televisión. Sin embargo, no puede decirse que el humor haya desaparecido del sistema-de-visión-a-distancia-alimentado-por-tubo-catódico. El fenómeno que ha ocurrido es muy interesante y positivo: los espermatozoides del humor penetraron en el interior de las telenovelas, las fecundaron y de allí nació una nueva especie de criatura que conserva la técnica y la esencia del melodrama, pero lo enriquece y le alivia la cursilería mediante el efecto dilusivo de la sonrisa. Caballo viejo y Pero sigo siendo el rey anticipaban ya ese género que Betty la fea ha convertido en fenómeno mundial.

En mi opinión, el aporte humorístico de las telenovelas colombianas al género aún no ha sido suficientemente justipreciado. Si algo distingue a nuestros culebrones ?como se les llama en España-? y los hace dignos de estudio y respeto es la manera como han sabido introducir un elemento risueño en materiales narrativos que, en poder de las fábricas mexicana y venezolanas, no pasaban de ser dramonones cursis.

Al inyectar una vena paródica, graciosa y mamagallista en las telenovelas, los libretistas, directores y artistas colombianos produjeron un cambio fundamental en el género. Su lenguaje (en contraste con el castellano neutro que intentaron las telenovelas regulares de exportación) pasó a ser asunto de interés incluso para las audiencias que no lo comprendían completamente. Sus personajes adquirieron una dimensión mucho más interesante.



El gran genero

El género mismo adquirió una deliciosa levedad que amplió su espectro: si Los ricos también lloran mesmerizaban a las amas de casa de todo el mundo, Betty la fea no sólo mantuvo los espectadores habituales sino que se convirtió en objeto de fascinación de intelectuales, ejecutivos y personas 'serias' que antes no veían telenovelas. La clave ha estado en el humor. No creo equivocarme al atribuir parte del éxito de Café a escenas tan pintorescas como los diálogos entre Gaviota y su señora madre.

La telenovela es el gran género latinoamericano. Se podrá hacer bien o mal (hay óperas buenas y malas, novelas buenas y malas, poemas buenos y malos), pero nadie lo hace como nosotros. Así como los brasileños son maestros en telenovelas con exteriores e historias de época, a los realizadores colombianos hay que abonarles la inteligencia y la destreza para introducir altas dosis de humor en ellas. Es una manera de no tomarse la cuestión tan en serio, y, al hacerlo, multiplicar su impacto.

Al mismo tiempo, la aparición de exitosos culebrones con elementos de humor

?Las Juanas, Pedro el escamoso, El inútil, por citar tres ejemplos? significó que estas series ocuparon el sitio que antes ocupaban las comedias en nuestra televisión. Es la única explicación de que unos canales que hace menos de 20 años ocupaban los puntos más altos de sintonía con comedias de situación hoy prácticamente no tengan programada ninguna del renombre de Yo y tú, El Chinche, Dejémonos de vainas o Vuelo secreto.



La estrategia de hacer reir

Aunque limitado por sus precarias condiciones económicas, el cine colombiano también se ha dejado tocar por la varita del humor. Después de las películas de la posviolencia, duras y trágicas, aparecieron en los últimos años las que tratan temas sociales y humanos en clave de humor. Y lo han hecho gran suceso. La estrategia del caracol y Estadio de sitio (Sergio Cabrera), El embajador de la India (Mario Ribero) y La gente de la Universal (Felipe Aljure) lo demuestran. También lo demuestra el hecho de que las películas del Gordo Benjumea han sido las más taquilleras de nuestra industria.

No es posible dejar de mencionar que el teatro ha ofrecido también una buena cuota de humor en escena. En los festivales que organiza Fanny Mikey, por ejemplo, nunca faltan obras que despiertan la sonrisa de los espectadores. Aunque el boom del café concierto realmente terminó hace algunos años, todavía es posible divertirse con las creaciones de Benjumea y de otros comediantes. De allí el éxito merecidísmo que tuvieron en Colombia y Nueva York Julián Arango y Antonio Sanint. Dos nombres vinculados, además, a otra forma de humor relativamente nueva en Colombia, que es el monólogo.

Llamada stand up comedy (comedia de pie) en la Meca de este formato, que es Estados Unidos, ha sido territorio de grandes humoristas como Bob Hope, el primer Woody Allen y Lenny Bruce. Ahora se detectan prometedoras metástasis suyas en la Zona Rosa de Bogotá y en otros cuantos sitios.

La sátira política sin cortapisas, en alas de Internet, la telenovela con humor y el cine en la misma clave son, quizá, los hechos sobresalientes de la risa nacional en los últimos 20 años.

Entretanto, ha transcurrido el ineluctable tiempo sobre otros de nuestros motores de humor. Murieron, desaparecieron o se disolvieron en el último tercio del siglo XX varios de los que habían sido grandes maestros de la gracia. Cito a algunos pese al riesgo de cometer graves omisiones. En la prensa, Klim, Alfonso Castillo Gómez, Fraylejón, Ricardo Arbeláez, Luis Lalinde Botero; en la narrativa y el verso, Alvaro Salom Becerra y Hernando Martínez Rueda (afortunadamente se consolidan los libros de Alfredo Iriarte y las originales aventuras de Eduardo Arias y Karl Troller); en la radio, Los Chaparrines, Montecristo, el colombo-uruguayo Hebert Castro y Los Tolimenses; en la caricatura, Chapete, Adolfo Samper y Merino; en la televisión, Víctor Mallarino, Alicia del Carpio y Humberto Martínez Salcedo.

***

Tiene mucho mérito que este país siga produciendo humoristas, buenos o malos, en todos los campos. Es conocida la historia del caballero que llevaron al médico con una espada atravesada en el tórax. Alguien se la había clavado en una riña.

El doctor lo examinó, vio que se estaba desangrando y le preguntó:

?¿Le duele?

? Solamente cuando me río? contesto el moribundo.

Colombia también se ríe. Aunque le duela.
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