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| 1/22/1996 12:00:00 AM

TODO DEPENDE

Las inquietudes en 1996 están más relacionadas con la crisis política que con las variables económicas.

Aunque lo usual sería que el próximo año económico colombiano se decidiera en las oficinas del Ministerio de Hacienda, Planeación Nacional o el Banco de la República, lo cierto es que mucho de lo que pase en el Año Nuevo dependerá de lo que suceda por los pasillos de la Fiscalía General de la Nación o el mismo Congreso de Estados Unidos.
En manos del fiscal Alfonso Valdivieso y sus sabuesos, y del Departamento de Estado norteamericano y su informe al presidente Bill Clinton sobre la colaboración colombiana en torno de la lucha contra el narcotráfico, reposará el desempeño político y económico nacional durante la primera mitad del próximo año
Por una parte, al comenzar el año la Fiscalía deberá llamar a juicio a las personas que han sido detenidas en el marco de las investigaciones recientes, con lo cual el proceso debería entrar en la etapa de las definiciones.
Pero un hecho que demandará muchos esfuerzos diplomáticos y probablemente desgastará la imagen del gobierno colombiano, tendrá lugar cuando a finales del próximo mes de febrero se decida si Estados Unidos certifica o descertifica los esfuerzos de Colombia en la lucha antidrogas. "La cuestión de la certificación será difícil", aseguró recientemente Myles Frechette, embajador estadounidense en Santafé de Bogotá.
Aunque las investigaciones que se han desarrollado en Colombia han contribuido a oscurecer ese panorama, un factor fundamental que es necesario tener en cuenta es la llegada de la campaña presidencial a Estados Unidos. Por primera vez en la década el tema de la droga es el segundo problema en importancia para los votantes del país del norte. De tal manera que las implicaciones políticas del tema son evidentes y en ellas está envuelta la suerte de Colombia.
No hay que ser mago para descubrir las graves implicaciones que tendría un concepto negativo para el país. Las ayudas de todas las entidades gubernamentales estadounidenses a Colombia serían bloqueadas, las decisiones de las entidades multilaterales de crédito serían torpedeadas, las preferencias arancelarias Atpa quedarían suspendidas, y hasta el mismo intercambio de mercancías o de pasajeros podría verse afectado.
Aunque hay hechos evidentes, como la captura y entrega de la mayoría de la cúpula del cartel de Cali que el gobierno Samper presentará como trabajo efectivo en materia de combate al narcotráfico, semejante éxito no garantiza un resultado positivo. Al menos durante un mes la actividad diplomática y económica estará en vilo, pendiente de lo que se diga en Washington. A nivel interno es probable que el precio del dólar se vea afectado por movimientos especulativos.
Todos esos factores influirán con seguridad sobre el estado de la economía, que a finales de 1995 empezó a perder algo de vapor. Aunque las cifras globales son satisfactorias, tanto las proyecciones oficiales como las independientes coinciden en que el año que viene va a ser menos bueno que el que se acaba. De allí la importancia de las noticias que provengan del extranjero, en la medida en que las expectativas sigan siendo afectadas por el clima político.
Pero más allá de las especulaciones sobre la que pueda ser la actitud de la Casa Blanca, vale la pena examinar las condiciones internas de la economía.
Para comenzar, el año va a estar ligado a la suerte de la batalla contra la inflación, cuya nueva meta es del 17 por ciento. Después del éxito relativo del Pacto Social de 1995 habrá una mayor presión para consolidar resultados en ese campo. El problema, sin embargo, radica en las presiones que existen en diversas áreas. No sólo el salario mínimo va a subir por encima de la meta de inflación, sino también algunas tarifas oficiales, al igual que el precio de la gasolina en ciudades como Bogotá, debido a la llegada de la sobretasa. Por otra parte, hay dudas sobre el comportamiento de los precios de los alimentos que estuvieron bastante aconductados en el año que termina. Eso sin contar a los sectores difíciles de meter en cintura, como la educación o algunas actividades industriales que se verán golpeadas por la mayor devaluación.
Precisamente ésta forma parte de las incógnitas. Si la lógica funciona, el precio del dólar dentro de 12 meses no debería superar la marca de los 1.150 pesos. Sin embargo el clima político es definitivo para la tranquilidad en el mercado cambiario.
Otra gran incógnita tiene que ver con el nivel de las tasas de interés. A pesar de la caída en la demanda de crédito, todo indica que el Banco de la República desea seguir apretando el cinturón con el fin de contribuir en la lucha contra la inflación. Semejante posibilidad ha creado alarma en un sector productivo que se resintió de los golpes de 1995 y esperaba mejores condiciones en 1996.
Un escenario de altas tasas de interés y de incertidumbre política no es la mejor perspectiva para el sector real de la economía. Sin embargo, es probable que aunque se presenten problemas en diversas áreas, las cifras globales muestren apenas una recesión a la colombiana. Es decir, un crecimiento menor al promedio pero todavía positivo. Al fin de cuentas la producción petrolera y minera continúa en aumento. De la misma manera, el elevado nivel de gasto público debe servir para jalonar la demanda interna.
A mediano plazo, las dudas en materia de crecimiento son menores. Por ahora se cree que en 1997 las cosas volverán a reverdecer y que las perspectivas para el resto del siglo son buenas. Pero para llegar allá hay que sortear algunos obstáculos, incluyendo la prueba de fuego de comienzos del año.
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