Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/12/12 00:00

TODOS LOS AñOS A LA MISMA HORA

TODOS LOS AñOS A LA MISMA HORA

Como todos los años, este año el reinado no fue como los anteriores. El pasado no fue como todos los años porque había muchas bonitas y el antepasado tampoco porque había muchas feas. Y éste, porque estaban repartidas. Pero la verdad es que, como todos los años, este tipo de afirmaciones responden a tantas interpretaciones subjetivas como fotógrafos y periodistas llegaron a Cartagena a "cubrir" el reinado. A cubrir de calificativos porque tal vez no hay en el país un evento en donde se dé más rienda suelta a los conceptos apresurados y a las apreciaciones particulares que existen alrededor del tema de la belleza. "La de Antioquia es la más opcionada para ser señorita Colombia", "La señorita Guajira se va a llevar la corona", fueron las frases que sonaron casi desde el mismo momento en que se bajaron del avión, el 4 de noviembre, las primeras candidatas. Y estos nombres prácticamente reinaron durante la primera semana de fiestas en Cartagena. De la misma manera se descalificaba a otras candidatas "La de Bogotá es la más antipática", "La de Santander tiene la quijada muy grande", o "La del Tolima tiene los ojos muy separados", fueron algunos de los comentarios que hicieron carrera en esos mentideros del reinado en que se convierten anualmente la sala de prensa, la sala de maquillaje y el lobby del hotel donde se hospedan las candidatas.
Otro tanto se escuchaha en el "radio bomba", como se llama en Cartagena al comentario popular. Los taxistas, los maleteros, de los hoteles y los vendedores en la playa decían "Esa de Chocó ta'buena"; "Lástima que la de San Andrés sea tan chiquita porque tiene un cuerpazo",. "Pero además como nunca nombran una reina morocha. No hay nads que hacer", dijeron espontáneamente un taxista y un vendedor. "Como siempre tiran p'al lado de las cachacas y las paisas, esas blandengues, y a las costeñas, que tienen unos cuerpos hermosos, las dejan por fuera. Vamos a ver qué pasa este año", afirmó una palenquera vendedora de frutas, unos días antes de la coronación.
Lo cierto es que cada quien tenía su candidata, cada cual tenía su propio concepto de lo que debe ser una soberana de la belleza en Colombia y cada uno de los habitantes o visitantes de la Ciudad Heroica se encarretó con una de las aspirantes, le hizo propaganda y barra hasta el último momento. Pero no fue menos cierto que todo el mundo tuvo que enfrentarse a una serie de situaciones que hacen inevitable que aún el propio jurado se vea en apuros a la hora de elegir a la reina.
La primera situación que atenta contra la objetividad en materia de belleza, según algunos de los que se pueden llamar expertos a fuerza de haber participado en por lo menos 10 ó 15 reinados, es una especie de "camaleonismo" en el que permanecen las candidatas durante toda la temporada. En sólo 10 días se cambian por lo menos 30 veces de traje, peinado y accesorios. Además de las casi 20 veces que las maquillan y desmaquillan durante el tiempo que dura el reinado. Este cambio permanente que sufre cada una de las candidatas hace que una niña que por la mañana lucía hermosa, en la noche esté perfectamente ubicadas dentro de las feas. Porque la misma capacidad que tiene un maquillador o un diseñador para embellecer a una fea, la tiene para afear a una bella.
La otra situación que atenta contra la objetividad es que, a pesar de la crítica despiadada que ejercieron algunos comentaristas, la mayoría de las candidatas eran mujeres bonitas, en ocasiones con rasgos parecidos y en algunos casos con coincidencias en el vestuario. No era raro que en medio de una fiesta o de un acto público surgieran las confusiones. "Esa es Quindío", "No esa es Norte de Santander" era el típico debate que se escuchaba entre los más veteranos fotógrafos en materia de reinados. Por eso no fue raro que el viernes 11 de noviembre, el enviado especial de uno de los principales diarios del país, hubiera colocado en primera página la foto de la señorita Antioquia con el nombre de la candidata del Meta. Por esa misma razón, para los lectores también resultaba prácticamente imposible identificar muchas veces a las candidatas cuando se las presentaban en ramillete.
Pero hay además otro tipo de factores que inciden en la "belleza" de una reina. Uno de ellos es la imagen que le da el tipo de propaganda desplegada. Este año la publicidad incluyó afiches, pancartas, plegables, víceras, adhesivos, camisetas, escarapelas, busos y toda suerte de elementos que parecen sacados de una campaña presidencial.
Y también hay que tener en cuenta la forma como "registre" la candidata frente a las cámaras, tanto las fotográficas como las de televisión, porque no son pocos los casos en los que una reina se ve completamente divina en una foto y en carne y hueso ocurre todo lo contrario. Este fenómeno, que también sucede a la inversa juega un papel importante, no tanto en la decisión del jurado sino en su relación con el público.
El público y la imagen son dos cosas que aparentemente determinan el éxito de una reina. Esto hace que muchas personas que asisten a los diferentes eventos del reinado de Cartagena tiendan a confudir los aplausos a la simpatía con los elogios a la belleza. Las mismas candidatas, en algunas oportunidades, confunden esto y no es raro que algunas de ellas se sientan coronadas por el hecho de que su coquetería o su modo de caminar despierte verdaderos momentos de euforia entre la gente. Aparentemente determinante resulta también el comportamiento de los diarios locales, las emisoras y los canales regionales que sin querer queriendo, se dedican a inflar las expectativas de la candidata de su departamento y a desilusionar a las otras.
La verdad es que todos los años el reinado de Cartagena tiene sus nuevas. Y las épocas de la señorita Colombia 1934, Yolanda Emiliani Román, casi nada tienen que ver con estas épocas, en que se corona a la reina nacional de belleza un lunes de la famosa ley de Raimundo Emiliani Román. Este año, hasta el padre García Herreros coronó. Apoyado en el lema, que se institucionalizó a partir de 1979, "Belleza con un propósito", según el cual se destina una buena cantidad de dinero para el impulso de instituciones en favor de la comunidad, el sacerdote del Minuto de Dios, realizó su tradicional Banquete del Millón. Los fondos obtenidos este año servirán para desarrollar el barrio llamado "Las Reinas", destinado a los damnificados de las inundaciones y del huracán Joan.
Como en los años anteriores cuando el reinado apoyó a Solidaridad por Colombia, el Banco de Sangre de la Cruz Roja, el Instituto de Rehabilitación de Inválidos y Damnificados del sur de Bolívar, los damnificados de Armero, la Liga contra el Cáncer y algunas otras entidades con sede en Cartagena, este año los fondos serán destinados a los damnificados de las inundaciones de la Ciudad Heroica.
En cuanto a los detalles nuevos, este año el reinado no contó con la presencia de Sonia Osorio y su ballet, quienes llevaban más de tres décadas acompañando este evento, pero las especulaciones y decires que se armaron alrededor de este episodio fueron de todo orden. Ella se limitó a decir: "30 años con el reinado son suficientes". Como todos los años desde que se decidió que el reinado fuera anual en 1962, la legendaria, Teresa Pizarro de Angulo, Doña Tera, estaba de cuerpo presente en las actividades de organización y promoción del reinado. Este año, decidió delegar funciones y poco tuvo que ver con la señorita 88.
Tal vez el episodio que si merece realmente un comentario porque no fue "como todos los años" es el que tiene que ver con la "democratización del reinado". Los eventos que tradicionalmente se celebraban en recinto cerrado, como el desfile de las candidatas en vestidos de fantasía, se realizaron en la Plaza Banderas del Centro de Convenciones a la vista de todo el público cartagenero. Otro acto que hasta ahora se llevaba a cabo en la sala de recibo de la Alcaldía era la entrega de las llaves de la ciudad. Este año se hizo también al aire libre en presencia del pueblo cartagenero. "No joda... este año sí las pudimos ver de cerquita, porque antes sólo las podían mirar los edecanes. Si uno quería ver las reinas le tocaba a 500 metros en las balleneras", dijo un vendedor de pescado.
Los edecanes tambien pusieron su cuota de novedades. Aunque no precisamente por voluntad propia sino por mandato del antiguo ministro de Defensa, general Rafael Samudio Molina, ninguno de los impecables edecanes que acompañan a las candidatas podía darse pantalla. En más de una ocasión hubo petición expresa de los jóvenes de la Escuela Naval para que los fotógrafos y los camarógrafos no les hicieran tomas. Un periodista costeño dijo cuando el edecán se disgustó con el fotógrafo por intentar retratarlo al lado de la reina: "Eche, ¿y Samudio va a seguir reinando después de que se fue?"
Pero Samudio no fue el único que siguió reinando después de su período. Algunas de las reinas de belleza de los años pasados, demostraron que no se han olvidado de Cartagena y se las ingeniaron para llegar a la Ciudad Heroica a mostrar otras cualidades; la de reinas periodistas en el reinado: Rosaura Rodríguez, señorita Bolívar y virreina nacional 1978, estuvo encargada de la información para el Noticiero Nacional; Susana Caldas Lemaitre señorita Bolívar y Colombia 1983 cubrió el reinado para el Noticiero 24 Horas; Maria Mónica Urbina, señorita Guajira y reina nacional en 1985, y Diana Patricia San Miguel señorita Bogotá en 1985, hicieron parte del equipo de Cromos y Sandra Borda Caldas, señorita Bolívar y reina nacional en 1984, estuvo encargada del cubrimiento para Telecaribe. Aunque la modalidad se la inventó el año pasado Karina Gómez, señorita Nariño y Modelo del Año 1984, las de Bolívar fueron las que más representación tuvieron en este año en los medios de comunicación.

Lo demás fue como todos los años. No faltaron los buscapiés que quemaron a varias de las candidatas, el agua y la maizena y los piropos decentes y los morbosos. No faltó quien asaltara las carrozas y los carros en que se desplazaban las comitivas. A la del Meta le robaron las camisetas y el aguardiente que iba a repartir entre quienes se las robaron. Y como todos los años, los vendedores, los pescadores, las palenqueras y los taxistas, aprovecharon las fiestas de noviembre para hacer su agosto. La policía también hizo su agosto y no faltó quien le exigiera a las comitivas algo a cambio de dejarlos movilizar libremente. No faltaron tampoco las llamadas obscenas a las habitaciones de las reinas. Inclusive hubo telefonazos con cierto toque de terrorismo. No faltaron las peleas entre los periodistas y los miembros de las comitivas y los disgustos de una que otra madre con la prensa.
Como todos los años, el jurado se descompletó a última hora, y así como nunca llegaron Jacqueline Kennedy y el hijo de Teodoro Roosevelt en 1966, esta vez no llegó la cubana Lucy Pereda, quien fue remplazada por el norteamericano, James Beardley, ejecutivo hotelero de 37 años, quien hizo parte del jurado que eligió a Miss Chicago para el concurso de Miss América el año pasado. Los demás miembros fueron Monique Van Vooren de Bélgica, autora del libro "Santuario Nocturno"; Timothy Jones, actor y director de cine nacido en Estados Unidos; Luis M. Pescarona, empresario argentino y el inglés Robert A.J. Fairfax of Cameron. Todos ellos se expresaron aclarando que "un concurso de belleza era un concurso intelectual".
Y para casi nadie es un concurso intelectual. El problema era de belleza y de eso se habló, porque el pueblo cartagenero sabe más de belleza que cualquier jurado internacional. Las niñas de esta ciudad, desde pequeñas, se preparan para esto. El juego infantil en Cartagena no son las muñecas sino los reinados y todas las niñas desfilan y aprenden a manejar las pasarelas casi antes de aprender a leer y escribir.
Claro que algunas candidatas de este año no quisieron descuidar ese aspecto y por ello no tuvieron ningún problema en acercarse a los periodistas y preguntarles quién ganó las elecciones en los Estados Unidos, quién fue el ministro de Defensa que Barco tumbó, si lo tumbó o no, quién lo remplazó y cuál fue el campeonato que ganó Colombia en estos días.
Pero sobre la belleza que era al fin y al cabo el tema que le interesaba a todo el mundo, se decía que las más lindas sin maquillaje eran Atlántico, Antioquia y Bolívar, que la del Valle era la mas guapachosa y simpática y se robó el corazón de los cartageneros, que una se había hecho la liposucción en la cadera; que la de Atlántico tenía un defecto en el labio superior pero era uno de los mejores cuerpos que había llegado a Cartagena durante en los últimos cinco años; que la del Magdalena tenía una belleza antigua, al estilo de las películas de los años 20, que otra tenía una cicatriz en la cara. Y se decía tanto de cada una de las candidatas, que al final terminaban repitiendo los chismes de una en cabeza de otra.
A medida que se iba acercando la hora crucial, los fotógrafos, los peluqueros, los maquilladores y los periodistas, llegaban a la sala de prensa con nuevos chismes, nuevas chivas, nuevas cábalas. Los fotógrafos iban por la señorita de Antioquia y compartían sus inclinaciones hacia la del Atlántico. El miércoles ganaba Antioquia, el jueves Guajira, el viernes Atlántico, el sábado Quindío, y el domingo Bolívar. Los más experimentados decían que para Miss Universo no se podía mandar una niña bajita y que, por lo tanto, la de Antioquia había que descartarla. Que para Miss Mundo se podía mandar una niña como la de Quindío, porque tenía el tipo de facciones que triunfan en Londres. Que la niña del Meta servía para concursos como el de Miss Juventud y otros de esa índole que se realizan en Japón.
Lo cierto es que quienes más aplausos se llevaron, por donde quiera que pasaban, eran las morenas de San Andrés y Chocó, por cierto muy parecidas a la reina popular, Luz Helena Sierra Benítez. Bolívar, por ser la reina anfitriona y por tener cierto porte de reina internacional, se daba como una de las más opcionadas, aunque en la familia ya estaban contentos porque su madre, Alba de Camargo, se llevó el título de Reina Madre con el disfraz de chica punk. La virreina madre fue la de Atlántico Graciela Sierra de Alejo, quien se disfrazó de Loca Margarita, como homenaje a los 450 años de Bogotá.
Los chistes y apuntes alrededor de la belleza estuvieron presentes. En relación con la candidata de Antioquia se decía que era "como de porcelana y para colección"; que la de Guajira tenía la caracteristica de las hormigas santandereanas y que la del Cauca era la que mejor nos representaría en el mundo porque no negaba sus ancestros indígenas. Tampoco faltaron los comentarios sobre sus atuendos: "A la señorita Bolívar le tocaba echar reversa como un camión con ese vestido que no la dejaba mover sino en una dirección" dijo un asistente a la fiesta del Club Unión de Cartagena. Allí, en esa fiesta no fueron pocos los vasos y botellas que volaron en pedazos por cuenta de los inmensos e inamovibles vestidos.
Lo que quedó demostrado es que cada año el reinado tiene una sorpresa. Pero esta vez la sorpresa no fue la elección de la señorita Guajira, sino el hecho de que hubiera sido su paisana, María Mónica Urbina, quien lo consiguió. Poniendo en práctica aquello de que "una imagen vale más que mil palabras", la ex reina nacional de la belleza se impuso sobre las campañas y el respaldo que con su presencia hicieron los alcaldes de Medellín y Bogotá por sus respectivas candidatas.
Con inteligencia, contrarrestó las millonarias sumas que derrocharon en regalos, afiches y trago, las comitivas del Valle, Antioquia y Meta para promocionar a sus reinas. Con su experiencia, acabó con las pretensiones de las nuevas damas del concurso Sandra Borda Caldas y Susana Caldas Lemaitre, de que la corona se quedara en Bolívar. Con su habilidad para las relaciones públicas, María Mónica aplastó las mordaces críticas de algunas periodistas radiales y, como si fuera poco, se robó el show.
En todo caso, lo que parece vislumbrarse es que se va a imponer el "eterno reinado". Las señoritas Colombia terminarán mandando en Cartagena y las demás participantes en el concurso estarán en los próximos años remplazando a los periodistas en el cubrimiento del más importante evento nacional de belleza. -
Fotos: Lope Medina

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