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| 11/25/1991 12:00:00 AM

TURISMO Y VACACIONES

LA ISLA DEL PIRATA
AL PRINCIPIO NO HABIA VOCES, NI PISAdas, ni el canto del hombre sobre el aire. Al principio era un imperio de la naturaleza al que llegaban de vez en cuando algunos indígenas misquitos para pescar. Al principio lanzaban sus anzuelos y se iban. Entonces, la isla quedaba de nuevo en poder de la naturaleza y así, día tras día, el festín de la luna y el sol, de la playa y el mar, de los árboles y los animales, comenzaba.
Eran épocas en que este trozo de tierra que mágicamente esparcía sus encantos sobre el aire, estaba atento al diálogo casi imperceptible de los seres vivientes que en ella permanecían.
Pero un 25 de noviembre, la magia de la isla llegó al oído de don Diego de Nicuesa. Dicen algunos historiadores que en ese entonces corria el año 1510 cuando la isla recibió por vez primera la huella de una bota conquistadora.
Otra versión atribuye el descubrimiento de tan embrujador lugar, al almirante Cristóbal Colón en su primer viaje en el año 1492, quien la denominó Abacoa, nombre de la familia de misquitos que tenían al archipiélago como base para sus faenas de pesca. Los historiadores coinciden en afirmar que supuestamente estos indígenas de procedencia centroamericana, fueron los primeros pobladores de las islas.
Lo cierto es que una vez descubierto el archipiélago de San Andrés y Providencia, el hombre no pudo resistir la tentación de ser parte de esta exótica tierra del Caribe.
Por eso, durante la conquista y la colonia el San Andrés fue base de los diferentes marineros y piratas que surcaban el Caribe Ellos usaban las islas como sede de sus cuarteles, lugar de aprovisionamiento y descanso. Un lugar que aun permanece impregnado por el sabor a leyenda que dejaron personajes como sir Francis Drake, Edward Mansfield y el conocido Henry Morgan quien dejó instalado un fuerte en la isla de Santa Catalina, una de las mayores atracciones turisticas para visitar.


De piratas a puritanos
Pero la historia de las islas no se detiene allí. Hacia el año 1631 a bordo del buque Sea Flower se estableció un grupo de ingleses puritanos en el sector llamado Santa Isabel de la isla Providencia Se puede considerar que este fue el primer asentamiento estable de población en el archipiélago. Así lo demuestran algunos datos que registran que para el año 1635 residían en las islas, 500 hombres blancos, 40 mujeres y algunos niños.
Y dada su importancia estratégica y su buena ubicación, el archipiélago fue tomado por españoles e ingleses en multiples oportunidades manteniéndose en poder de estos últimos y de algunos holandeses, el mayor número de años. Por eso, la cultura y el lenguaje del pueblo raizal son absolutamente diferentes a las raices españolas del resto de la comunidad colombiana. El control de las islas estuvo en manos de conquistadores franceses desde 1820 hasta 1822, año en el cual en un histórico 23 de junio un grupo de ciudadanos isleños adhirieron voluntariamente a la Gran Colombia a través de un memorial entregado a la Convención de Cucuta De esta manera el archipiélago pasó a ser el sexto cantón de la Provincia de Cartagena.
A partir de este momento las islas estrecharon relaciones con el país continental sin romper los fuertes lazos tanto comerciales como de índole cultural que lo unían con la costa centroamericana y Jamaica.


Una leyenda eterna
Adicional a su historia, a la leyenda eterna de piratas y corsarios en la que se ha convertido este trozo de tierra sobre el mar, los expertos en turismo no han dudado en clasificar el lugar como un territorio estratégico por excelencia.
Si algún lugar del país tiene potencial turistico es el archipiélago. Un conjunto de islas e islotes situados aproximadamente a 800 kilómetros de la costa norte de Colombia y a 150 de la costa de Nicaragua.
Haciendo un recorrido a vuelo de pajaro por las islas desde el mismo momento en que se dirige la mirada hacia el mar a ese mar de siete colores y del cual quienes tienen mas sensibilidad han dicho haber encontrado el arco iris reflejado en sus tibias aguas se observa como emergen como sirenas de blanca piel. Johnny Cay, Haines Cay y Cotton Cay, cayos en donde los turistas se tumban bajo el sol caribe a olvidarse del tráfago de sus ciudades.
Recorriendo la isla de norte a sur se encuentra la playa de Rocky Cay en el sector de Cocoplum Bay, a decir de muchos la piscina más grande y más bella del Caribe.
El viaje continua sobre el sector nativo de San Luis, asentamiento urbano que despide un olor a coco de las cocinas de sus tipicas, singulares y vernaculas viviendas. Y al sur recorriendo descalzos los dos kilometros de la playa más blanca y suave del mundo, con arenas coralinas bañadas por aguas multicolores, se encuentra Sound Bay.
En la punta sur o South End esta el milagro de la naturaleza, el geiser marino denominado Elow Hole, conocido por los turistas latinos como el
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