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| 11/23/1992 12:00:00 AM

TURISMO Y VACACIONES

CUBA POR DENTRO
DURANTE LOS AÑOS 50 CUBA ERA EL "Montecarlo del Caribe". La alegre y bulliciosa isla caribeña donde se refugió Hemingway, donde los norteamericanos satisfacían todos sus deseos y el lugar favorito de millonarios de todo el mundo para pasar vacaciones. Hoy Cuba pretende mostror a los ojos de los turistas el mismo espectáculo que ofreció durante aquella época dorada, pero lo cierto es que en la isla todo ha cambiado.
La caída del muro de Berlín y la desaparición del comunismo en la Unión Soviética y el este de Europa agravaron las presiones políticas sobre Fidel Castro. Y las repercusiones del bloqueo afectan directamente al pueblo cubano que hoy se muestra más cansado y agobiado que nunca. Los alimentos escasean, no hay materias primas como consecuencia de la falta de gasolina, el transporte motorizado es un lujo que pocos se pueden dar, los sueldos a duras penas alcanzan para comer algo todos los días y el descontento de la población ya no es el secreto que no se atrevían a confesar a principios de los 70.
El turismo, casi nulo hasta hace un par de años, ha recuperado la importancia que tuvo antes de que Fidel Castro tomara las riendas del país. Hoy por hoy es uno de los principales renglones de la economía y de él viven cientos de cubanos.

EL PARAISO DE DU PONT
En el área de Varadero, antes propiedad del industrial Irenée Du Pont, se ha adelantodo un complejo turistico similar al de cualquier lugar del mundo capitalista.
En estas playas de arenas blancas y suaves, y aguas cristalinas, renombrodas firmas extranjeras como "Melia" de España, "Super Clubs" de Jamaica y otras tantas, han construido en los últimos años importantes hoteles. El Estado cubano se hace cargo de su administración.
Los modernos hoteles cuentan con cabañas y elegantes suites. Tienen aire acondicionado, en los baños hay canastas con artículos que no tiene el cubano promedio: champús, jabones, colonia, gorros de baño. Tienen piscinas, bares con música en vivo, restaurantes, veleros, buceo, alquiler de carros, bicicletas y motocicletas, y un souvenirshop donde se venden camisetas con logotipos de Cuba, chocolates norteamericanos y europeos, y tabacos de todas las marcas que se exhiben al lado de los cigarrillos norteamericanos. .
El turista promedio -la mayoría son europeós y canadienses suele recluirse en los hoteles . Por un precio fijo tiene acceso a todas las actividades y a las comidas que se sirven en un buffet donde el visitante puede consumir todo lo que desee. Pero es afuera donde está la verdadera Cuba. Alla la población menos privilegiada -los que no tuvieron la suerte de ser contratados para ser anfitriones en los hoteles o para servir en un restaurante (en algunos lugares hay hasta cuatro meseros por mesa)-se enfrenta diariamente a la lucha por la supervivencia.

LA HABANA DE AYER
La Habana, que durante años fue considerada la capital y el principal puerto de las Antillas, se encuentra a sólo una hora de Varadero. Está dividida en dos sectores: La Habana antigua y el Vedado, zona donde estan las residencias de mayor categoría. Los une el Malecón, una ancha avenida que bordea el mar y la ciudad antigua. Las edificaciones que dan contra el Malecón son de las pocas que han sido restauradas. Ahí mismo están las "heladerias". Una especie de cafés al aire libre donde los cubanos consumen la gaseosa local -que se sirve en cucuruchos de papel-, y unos panecillos. En esos lugares la diversión corre por cuenta del rap y la música house que tocan unos equipos de sonido colocados en la calle.
Detrás de esta falsa fachada se esconde la verdadera Habana, donde el deterioro del tiempo es evidente: las barandas de los clásicos balcones están oxidadas, las fachadas carecen de pintura y los techos están a punto de caerse . Ahí están las estrechas callejuelas -muchas adoquinadas- por donde transitan grupos de ciclistas y muy esporádicamente uno que otro Chevrolet, Plymouth, Packard, Studebaker, verdaderas reliquias de los años 50. El toque moderno corre por cuenta de los Moskovitchs y Ladas soviéticos. En las calles más anchas se ve uno que otro bus, camión o trailer tirado por tractor, desde donde cuelgan verdaderos racimos humanos.
Es en esta zona donde los niños asedian al turista en busca de un trozo de chicle o un esfero, mientras los adultos ofrecen cambiar dólares por cifras muy por encima del cambio oficial. Ahí tiene lugar el "trapicheo", el mercado negro, donde los cubanos hacen contactos por debajo de cuerda para conseguir desde alimentos hasta bicicletas por un precio más alto al del mercado.
Entre los lugares históricos que vale la pena visitar en el centro de La Habana están el Paseo Martí, que está inspirado en el Paseo del Prado de Madrid. El Palacio Presidencial, donde está el Museo de la Revolución. La Plaza de Armas y la de la catedral, donde durante años se resguardaron los restos mortales de Colón. El Palacio de los Capitanes Generales, la Calle del Obispo (la más antigua de la ciudad) y el Castillo de la Real Fuerza.
Pero nadie puede hablar de La Habana si no visita el renombrado Tropicana, el tradicional cabaret donde 200 bailarines ejecutan un variado espectáculo en medio de una exótica vegetación y bajo las estrellas. Hay otros tantos cabarets más pequeños, la mayoría funcionan exclusivamente en función del turismo. De ahí se desprende la prostitución. Las jóvenes mulatas se involucran con cualquier turista a cambio de un par de "verdes", y las más ambiciosas esperan a que les suene la flauta para desertar casándose.
En La Habana hay también varios restaurantes sólo para turistas. En algunos se sirve comida internacional, en otros la criolla: carne mechada con "moros y cristianos" (arroz con fríjoles negros) y otros platos típicos de la cocina cubana.
Para cerrar con broche de oro una visita a la ciudad hay que hacer como Hemingway: tomarse un "Mojito" (ron, soda y ramitas de yerbabuena) en "La Bodeguita del Medio" y un daiquiri en "La Floridita".
LA TIERRA DE LA REVOLUCION
Santiago de Cuba es la segunda ciudad del país, la capital de la provincia de oriente y donde se celebra uno de los carnavales más auténticos de América Latina. Allá está el Cuartel Moncada, el del fallido golpe de Fidel Castro y los demás rebeldes de la Sierra Maestra. Hoy las paredes abolladas por los proyectiles que se dispararon contra el ejército de Batista resguardan los recuerdos de la rebelión: fotos de los héroes de la revolución, recortes de periódicos, trajes que vestían y las armas que utilizaron.
En el centro de Santiago hay otros atractivos como la fábrica del ron "Havana Club", el Parque Céspedes, la Plaza Marti, la Casa de la Trova y las calles comerciales. Aunque la mayoría de los locales están cerrados y vacíos, permanecen intactos desde el día en que los sellaron. Hay algunas tiendas sólo para cubanos donde se venden muñecos, zapatos con el mismo diseño y color (a los que tienen acceso sólo una vez al año) y artículos para la casa.
Esta es Cuba, donde los mulatos con cuerpos esculturales y ojos claros reciben al turista con una sonrisa en los labios. Allí el son, la rumba y el cha-cha-chá retumban en los pintorescos lugares donde el tiempo se ha detenido.
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