Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/05/22 00:00

UN AÑO COMO PARA NO OLVIDAR

Las 1OO empresas se montaron en la cresta de la ola de la economía en 1994, pero muchos se preguntan si después de la fiesta le va a llegar el turno al 'guayabo'.

UN AÑO COMO PARA NO OLVIDAR

LOS QUE SABEN DE INGEniería dicen que para apreciar el buen resultado de una obra, lo mejor es mirar en los cimientos. Y así sucede con la muestra de las 100 empresas más grandes de Colombia. Porque si alguna circunstancia tiene el mérito de que el sector empresarial colombiano siga disfrutando de la bonanza de las utilidades, éste le corresponde a la economía colombiana.
Semejante afirmación suena increíble cuando se habla de un país con problemas de seguridad tan agudos y con desafíos tan fuertes en materia de pobreza, justicia y narcotráfico. Sin embargo, lo cierto es que junto a todos estos obstáculos, la economía nacional se las sigue ingeniando para crecer a un ritmo que sin ser espectacular es prácticamente el mejor de la región en los últimos 25 años.
La característica que se adapta mejor al país, casi que exclusivamente en estas materias, es la estabilidad. Desde comienzos de los 70 hay un mejoramiento constante, pero sin saltos espectaculares. La inflación se mantiene en rangos manejables, sin salirse de madre, pero tampoco sin desplomarse. Existe una larga tradición de manejo ortodoxo de la economía que ha contribuido a que los sobresaltos no sean demasiados, en particular en comparación con lo que ha ocurrido en el vecindario.
El año 1994 no fue la excepción a esa regla. Según los estimativos del Departamento Nacional de Planeación, el crecimiento económico llegó a 5,7 por ciento durante el año, la tasa más alta de la década. De acuerdo con Planeación, "este crecimiento ha estado acompañado por un aumento importante de la capacidad instalada del aparato productivo nacional, resultado de las altas tasas de inversión, tanto pública como privada, que ha experimentado el país desde 1992".
Por su parte, Fedesarrollo sostiene que "el vigoroso crecimiento de la demanda interna y la abundancia de divisas fueron las dos fuerzas macroeconómicas dominantes en 1994". Para esta última entidad lo ocurrido "estimuló el crecimiento del Producto Interno, profundizó el proceso de revaluación de la tasa de cambio real, abarató en términos relativos los bienes importados y sus sustitutos nacionales, estimuló la producción de los sectores no comercializables, en particular la construcción y los servicios, y limitó la efectividad de las políticas dirigidas a reducir la inflación".
Semejante conjunción de circunstancias dejó en los analistas una sensación de llenura pero no de satistacción. A pesar de que muchos países se hubieran contentado con una cifra inclusive menor, lo cierto es que el año trajo consigo varios campanazos de alerta que pueden ser el anuncio de problemas serios en ciertos sectores empresariales.
Probablemente lo más llamativo fue la disparidad en las cifras de diferentes actividades. De acuerdo con la más reciente encuesta manufacturera del Departamento Nacional de Estadística -Dane-, la producción industrial creció 5,9 por ciento en los 10 primeros meses del año pasado, excluyendo el ramo de trilla de café. Esa cifra satisfactoria, esconde sin embargo, profundas disparidades. Mientras subsectores como el de muebles de madera crecieron a un ritmo real del 21 por ciento, otros como el de prendas de vestir cayó a una tasa del 20 por ciento. Tal como dijo a SEMANA el Presidente de la Asociación Nacional de Industriales, Carlos Arturo Angel, "el año fue bueno en general, pero el crecimiento fue totalmente desequilibrado".
Frente a esas disparidades, se cree que 1995 puede traer consigo algunas mejorías desde el punto de vista macroeconómico. Por una parte, la meta oficial de crecimiento se sitúa en el 6 por ciento, pero la aspiración del gobierno es que esa cifra se logre de manera más balanceada. Un caso típico es el del sector externo que se ha resentido por la revaluación real del peso. Tal como queda demostrado en los resultados de las 100 empresas, aunque las exportaciones aumentaron, esto se logró a costa primordialmente de los mejores precios en materia de café y petróleo. En cambio, aquellas compañías que no vendieron materias primas vieron contraerse en general sus mercados externos.
Esa situación podría empezar a revertirse si el peso sale de su postracion. En ese sentido, la meta oficial se ha beneficiado de la crisis mexicana que asustó a los dueños de los capitales de corto plazo de venir a especular a América Latina.
No obstante, con el transcurrir de los primeros meses del año, ha quedado claro que el logro de los demás objetivos oficiales no va a ser tan sencillo. El principal tropiezo ha sido el nivel de las tasas de interés, que ha alcanzado una de sus cotas más altas en términos reales durante los últimos años. El Banco de la República ha sido el principal instigador de la situación porque considera que es necesario moderar el ritmo de crecimiento de la cartera de crédito de las instituciones financieras, para a su vez contribuir en el logro de la meta de inflación, fijada en 18 por ciento por obra y gracia del Pacto Social.
Aunque es probable que la lógica del Emisor sea la correcta, eso no quiere decir que sea la más indicada para el sector empresarial. Si bien es demasiado prematuro sacar conclusiones, algunos empresarios confiesan que han pospuesto planes de inversión o han tenido dificultades de demanda como resultado del alto costo del dinero. "Los intereses van a terminar con la bonanza del sector automotor y de la construcción, porque la gente no va poder pagar las cuotas", dice Carlos Arturo Angel Angel, presidente de la Andi.
Y ese frente no es el único difícil. Para sólo citar un caso más, a pesar de que la recuperación de la tasa de cambio es un alivio para los exportadores, es preocupante la situación de algunos mercados. En el estadounidense hay temores por las difíciles relaciones entre la Casa Blanca y la Casa de Nariño. La semana pasada el propio presidente Bill Clinton se encargó de mostrarle el garrote a los bananeros, en el marco de la pelea con la Unión Europea sobre el tratamiento a la fruta. Esto, sin llegar al escenario apocalíptico que al parecer busca el senador Jesse Helms, quien a comienzos del mes presentó un proyecto de ley que, de ser aprobado, bloquearía económicamente al país.
A lo anterior hay que agregarle los problemas con Venezuela, que no ha podido salir de su atolladero y está sacando del mercado a los productores colombianos. La región no pinta mucho mejor, con la crisis de México todavía fresca en la memoria de los inversionistas y presente en los mercados de exportación.
Tales sucesos y otros más, dan la impresión de que va a ser difícil para las 100 empresas repetir la fiesta de 1994: 19 billones de pesos de ventas y 1.6 billones de utilidades (un billón excluyendo a Ecopetrol y al Fondo del Café). Además está la reforma tributaria que aparte de muchas incógnitas, genera una buena dosis de incertidumbre (ver siguiente artículo).
De tal manera que los saldos favorables que dejó el año pasado, deberían servirle a los empresarios para mirar hacia adelante y examinar si el camino escogido es el correcto. Según el presidente de la Andi, aún hay tiempo de reaccionar y no quedarse en las apariencias. Para Carlos Arturo Angel "estamos pintando muy bien la fachada, pero de pronto la casa está revolcada por dentro".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.