Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/04/07 00:00

Un grito de auxilio

El ataque a Irak podría desatar una crisis humanitaria sin precedentes en la historia reciente.

Estados Unidos esta provocando la más catastrófica crisis humanitaria de la historia reciente" le dijo el presidente ruso, Vladimir Putin, a su homólogo estadounidense, George W. Bush, en una tensa llamada telefónica la semana pasada. En la misma conversación Putin le pidió que detuviera el ataque y le recordó que Irak era un pueblo debilitado por las sanciones económicas y las guerras previas y que con el nuevo conflicto las perspectivas serían aún peores.

En efecto, en menos de 25 años Irak ha afrontado dos grandes guerras: en los 80 contra Irán y la primera Guerra del Golfo en 1991. Estos conflictos llevaron al país a sufrir una profunda crisis humanitaria y a depender de la ayuda internacional. Sarah Zaidi, autora del informe Los costos de la guerra en Irak, le dijo a SEMANA que las sanciones económicas contra este país ya han causado una emergencia sanitaria que ha afectado a 500.000 personas.

Debido al bloqueo económico impuesto desde el año 1991 el acceso a alimentos y a medicamentos es muy restringido para los iraquíes. Bert Sacks, un activista estadounidense, contó a SEMANA que hace un año el gobierno de su país le impuso una multa de 10.000 dólares por llevarles medicamentos a los niños iraquíes en violación a las sanciones. Algo polémico si se tiene en cuenta que, según un informe de la Unicef, uno de cada cuatro menores de 5 años sufre de malnutrición en Irak.

Debido a esta situación en 1997 se inició el programa Oil- for-food (petróleo por alimentos), que le permitía recibir comida al 60 por ciento de los iraquíes. Pero, el mes pasado, la ONU lo suspendió por los ataques. Desde entonces la Unicef, a través del World Food Program, ha intentado llevar toneladas de harina y arroz a Irak. Este nuevo sistema tendría la capacidad de transportar alimentos para toda la población necesitada del país si tan sólo pudiera llegar a ella.

El problema es que la repartición de alimentos y medicinas no ha sido fácil ya que, por motivos tácticos, el ejército estadounidense quiere ser el único portador de la ayuda. Pero esto puede traer graves problemas. James Jennings, presidente de Conciencia Internacional, dijo a SEMANA que: "Si los soldados se acercan a los civiles con pan en una mano y un arma en la otra, esto pondrá a los trabajadores humanitarios en grave peligro porque los identifica con los combatientes".

El gobierno de Hussein también ha retrasado la entrega de la ayuda. Por ejemplo, en el sur de Irak la falta de agua se ha vuelto un tema crítico. El preciado líquido sólo puede ser llevado a zonas que están bajo el control de las tropas estadounidenses o británicas ya que el ejército iraquí suele atacar las unidades de suministros.

Por eso Ross Mountain, coordinador de ayuda de emergencia de la ONU, dijo que una crisis humanitaria de gran escala podría evitarse si los dos bandos permitieran que la ayuda fuera entregada en las zonas más necesitadas. Pero esa no parece ser la intención de ninguno de ellos: la ayuda proveniente de Kuwait no ha podido ser suministrada ya que ni el ejército aliado ni el gobierno iraquí han dado la autorización. Mountain cree que la mayoría de las familias iraquíes tienen aún reservas de comida, pero éstas no durarán más de cinco o seis semanas.

Por otro lado, las secuelas de la guerra en el medio ambiente también podrían ser graves. La destrucción de plantas petroquímicas y farmacéuticas puede representar un peligro para el ecosistema. Así mismo, la polución causada por el incendio de reservas de petróleo y la destrucción de plantas de tratamiento de agua son preocupantes. Wivina Belmonte, de la Unicef, cree que: "Es claro que Irak está al borde de una crisis humanitaria sin precedentes y la Unicef está asumiendo posiblemente la más grande y compleja operación humanitaria que jamás haya afrontado".

Esta emergencia anunciada hizo que la ONU tuviera listo un plan de contingencia mucho antes de que el ataque se iniciara. Este documento era confidencial pero la semana pasada se hizo público. El informe plantea la hipótesis de que después de la guerra habrá alrededor de 900.000 civiles heridos y 100.000 de ellos necesitados de servicios médicos inmediatos. También, se anticipa que el país estará sumido en una parálisis casi total. Las redes de energía y los acueductos no funcionarán. El informe predice que: "El puerto de Umm Qasr quedará destruido; la producción y exportación de petróleo crudo se detendrá y las plantas de refinación quedarán inservibles".

En cuanto a la situación sanitaria, las expectativas tampoco son muy alentadoras. La Unicef estima que 39 por ciento de la población no tendrá ningún acceso a agua potable. Esto hace que los sectores altamente vulnerables (niños menores de 5 años y mujeres embarazadas) puedan sufrir enfermedades contagiosas. Además, la falta de un sistema de salud hará que algunas epidemias, como el cólera, la disentería, la meningitis y el sarampión, puedan aparecer. En efecto, según dijo a SEMANA Zaidi, la situación seguirá empeorando con la guerra. No sólo porque las epidemias aumentarán sino por el trauma sicológico que traen los bombardeos diarios.

Finalmente, el informe hace una proyección de necesidades a largo plazo. Estas podrían ir desde comida y medicamentos para 23 millones de habitantes (casi la totalidad de la población, que asciende a 25 millones), servicios de refugio para dos millones de desplazados y medicamentos de emergencia para otros tres y medio millones. El precio de estas ayudas podría ser de 150.000 millones de dólares (más de dos veces el PIB colombiano). La ONU, desde ahora, está preparando una resolución para iniciar esta ayuda y el gobierno de Estados Unidos se comprometió a llevar a cabo una reconstrucción del país.

Lo que todavía no es claro es quién pagará por ella. El jueves pasado el secretario general de la ONU, Koffi Anan, dijo que, mientras dure la guerra, la coalición debe responsabilizarse de la situación humanitaria. Así mismo, los gobiernos de Francia, Rusia, Alemania y China insisten en que el que debe pagar la reconstrucción es el gobierno de Estados Unidos y no la ONU. Por otro lado, la semana pasada se reveló que varias compañías estadounidenses ya tienen contratos para explotar y controlar la distribución del petróleo iraquí, con lo que se pagaría buena parte de la reconstrucción. Esto hace pensar que, en últimas, el que terminará pagando la factura de la crisis humanitaria será el propio Irak.

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