Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/03/10 00:00

UN LOCO EN APUROS

Cansados con sus payasadas, los ecuatorianos le pasan la cuenta de cobro a su presidente Abdalá Bucaram.

UN LOCO EN APUROS


EL ARSENAL DE FUEGOS ARTIFICIAles con que el presidente Abdalá Bucaram mantuvo hipnotizados a los ecuatorianos se le terminó la semana pasada. La magnitud del cansancio popular con el "Loco que ama" quedó claro cuando la misma gente que votó por él para "derrotar a las oligarquías" convirtió el paro nacional contra la política económica en un verdadero golpe de opinión contra el mandatario, algo que tal vez no imaginaron los organizadores del movimiento.
La presión popular desencadenó un proceso político que produjo la destitución de Bucaram por parte del Congreso, la negativa de éste a dejar el poder y la proclamación de dos presidentes más, el diputado Fabián Alarcón, elegido por sus colegas, y la vicepresidenta Rosalía Arteaga, en la peor crisis institucional de los últimos años en ese país. ¿Qué condujo a que el gobierno de Bucaram llegara a ese extremo?

NADA NUEVO
La furia de los ecuatorianos, que los sacó multitudinariamente a la calle, es en parte contra ellos mismos porque nadie en Ecuador puede declararse sorprendido por las locuras, excentricidades y mentiras de Bucaram. Hace seis años y medio él estaba escampando en Panamá a la espera de que se le formularan en su país acusaciones penales por actos de corrupción cometidos entre 1984 y 1985 como alcalde de su natal Guayaquil. Su carrera política parecía sepultada y por eso Jaime Nebot, uno de sus detractores más severos, no tuvo inconveniente en ayudar para que se le otorgara un perdón judicial. Paradójicamente, en julio de 1996 Bucaram se convirtió en presidente al derrotar al mismo Nebot.
Y es que para entonces los ecuatorianos habían olvidado al Bucaram que cuando fue intendente de policía de Guayas, a comienzos de la década de los 80, armó una cruzada de moralidad que le permitía seguir a las muchachas en una motoneta para medirles la minifalda y, si era del caso, romperles el dobladillo. El mismo que unos años más tarde, como alcalde, exigía 'donaciones' a los empresarios. El mismo que entonces pregonaba que su minúsculo bigote era un reflejo de su admiración por Adolfo Hitler.

AMNESIA COLECTIVA
Esa amnesia colectiva permitió que Bucaram aplicara en tres intentonas electorales un populismo sin tapujos para tratar de llegar a la presidencia. Por fin logró un sorpresivo triunfo el 7 de julio de 1996 al explotar las dificultades dejadas por el programa neoliberal de Sixto Durán Ballén. Ya desde su campaña mostraba evidencias de lo que sería su presidencia: cantaba en sus propios comerciales, acompañado por un grupo de rock uruguayo llamado 'Los Iracundos', y cuando llegaba a las manifestaciones preguntaba a la gente: "¿Quieren que hable o que cante?". Sus promesas dichas en lenguaje abierto y claro, bajo el título de campaña de 'La Fuerza de los pobres', hicieron que el país mordiera el anzuelo. "El calificativo de Loco me lo merezco en tanto y en cuanto soy un hombre apasionado que ama a su pueblo exclusivamente", decía. Y para ganar el voto femenino trajo a su fórmula electoral a Rosalía Arteaga, una ex ministra de Educación que gozaba de buen prestigio y quien sería la primera mujer en llegar a esa posición en Ecuador.
Poco después de su triunfo ya comenzaron las suspicacias. A la posesión asistió su hermana Elisa, quien regresó después de varios años de permanecer en Panamá para evitar ir a prisión por acusaciones de peculado por varios millones de dólares cuando =ella también= fue alcaldesa de Guayaquil. Sólo tres semanas más tarde la Corte Suprema archivó el proceso en su contra en un fallo calificado de sospechoso. Para empeorar las cosas su lugarteniente Alfredo Adum (nombrado después ministro de Energía) sacó de una estación de policía a Gustavo Bucaram, otro hermano del presidente, arrestado en un vehículo robado que a su turno había sido usado en la campaña presidencial.

AL PODER
Una vez posesionado, Bucaram dividió la imagen de su gobierno en dos, una para el consumo interno y otra para el externo. Formó su equipo económico para complacer a los organismos internacionales de crédito, con el multimillonario bananero Alvaro Noboa a la cabeza, para convencerlos de que su política no distaría mucho de la de su antecesor.
Con su primera medida de ajuste comenzaron los problemas, pues la gente percibió la eliminación de los subsidios a los combustibles y el alza de los transportes como una traición a sus promesas. El cilindro de gas, por ejemplo, subió de 2.900 a 15.000 sucres, y la temperatura social se calentó en la misma medida.
La imagen para consumo interno, la del hombre desabrochado y hablador, logró conformar una espesa columna de humo, pero los ecuatorianos poco a poco se sintieron engañados por la personalidad del presidente. Medidas como militarizar las aduanas o amenazar con expulsar a la transnacional petrolera Maxus fueron las más efectistas y con apariencia de seriedad. Porque fueron muchas las excentricidades que al principio distrajeron pero que terminaron por cansar y enfurecer a los agobiados ecuatorianos.
Puesto que el hablar directo y sencillo le dio tan buen resultado en campaña, cuando asumió el poder decidió no dejar descansar su lengua: llamó burro al ex presidente Rodrigo Borja, mafiosos a los líderes sindicales, ladrón al médico Luis Macas, líder del bloque indígena parlamentario. A sus habilidades como cantante sumó las de futbolista y se autonombró presidente del club Barcelona de Guayaquil, desde donde invitó al argentino Diego Maradona para que jugara un partido de exhibición por la suma de un millón de dólares.
A los dos meses de posesionado presentó su disco Un loco que ama. Para entonces ya había jugado al fútbol, piloteado un avión de combate, apostado en público su bigote y lanzado sus productos populares Abdalact y Abdalagua, leche y agua embotelladas a bajo precio.
Junto a ellos el 'abdaláfono', o teléfono para los sectores tuguriales, 'La mochila', 'El desayuno escolar' y las 50.000 viviendas populares de ''Un solo toque" eran otros voladores de colores con los que el presidente monopolizaba el interés de la fiesta.
Pero se estaba quedando sin cohetes, pues para la gente era cada vez más claro que les estaba quitando el pan para dejarles el circo. A comienzos de diciembre pasado anunció su plan económico, que incluía la convertibilidad de la moneda ecuatoriana al estilo de Argentina. Un plan que iba mucho más allá de los ajustes de Sixto Durán Ballén, suponía el respaldo integral en reservas internacionales del dinero circulante en moneda nacional y el tipo de cambio fijo como ancla de la estabilización económica, e implicaba fuertes sacrificios para la población.

DESENCANTO
Eso ya se alejaba demasiado de las "casas de un solo toque" y "la victoria de la gente pobre". Las organizaciones sociales y laborales, ante el aumento descomunal de los precios de los servicios públicos, rechazaron el plan apoyadas en los enormes costos en términos de recesión económica y desempleo que produjo en la Argentina. Y la ruptura con la vicepresidenta Arteaga, quien había basado su presencia en el gobierno en la defensa de los planes sociales, era inevitable. Mientras tanto Bucaram iniciaba un gran debate para decidir el nombre de la nueva moneda que, a partir de julio de este año y tras perder tres ceros, reemplazaría al sucre. El roldós fue su propuesta, en alusión al fallecido presidente Jaime Roldós, su mentor político. La familia de éste fue la primera en protestar: "No me parece bien que se pretenda utilizar el nombre de mi padre para promocionar un sistema económico que debe sustentarse por sí mismo", comentó Santiago Roldós.
Y a mediados de enero Bucaram cometió otro error crucial al viajar a Perú para hacer migas con el presidente Alberto Fujimori. La gira hubiera sido un gesto de estadista si no hubiera sido porque Bucaram propuso el perdón mutuo como paso previo a la terminación del diferendo limítrofe entre los dos países, con lo que hirió el honor de los ecuatorianos. Al regresar le esperaba una salva de críticas que calificaban su propuesta de "error histórico ", pues como dijo el ex ministro de Defensa José Gallardo, "no hay un solo caso en que Ecuador haya agredido al Perú". Para contrarrestar las críticas los empleados públicos fueron obligados a recibirle a su regreso en el aeropuerto. Pero el mal estaba hecho y Bucaram sumaba a su mal manejo interno una errática dirección de las relaciones exteriores.
Ya entonces el ambiente interno de su gobierno había quedado al descubierto. Por ejemplo, el ministro Adum fue acusado por una funcionaria de la empresa estatal Petroecuador de haberle puesto un revólver en la cabeza mientras le exigía la renuncia. Un ambiente enrarecido también, no sólo por la actitud agresiva de Adum con la Ministra del Trabajo, a quien presionó y obligó a renunciar para suspender las investigaciones, sino por los múltiples nombramientos de los parientes del presidente (encabezados por su cuñado Pablo Concha como ministro de Finanzas y su hermano Adolfo como ministro de Bienestar Social) y por la pugna con la vicepresidenta Arteaga. Un ambiente que, para empeorar las cosas, se complicó aún más por la reciente renuncia de su ministra de Educación, Sandra Correa, acusada de plagiar una tesis de grado para escribir un libro.

A LA CALLE
Todo ello fue minando la poca credibilidad del gobierno. Ante el repunte inflacionario de enero, el más alto en cinco años, Bucaram adoptó a toda prisa medidas compensatorias pero la gente comenzó a manifestarse en forma casi permanente en las principales ciudades. La convocatoria fue hecha por el Frente Patriótico, una coalición civil de las organizaciones de izquierda del Frente Popular, las centrales obreras del Frente Unido de Trabajadores y la Coordinadora de Movimientos Sociales, una agrupación alternativa de obreros, indígenas, mujeres y ecologistas, entre otros.
Como si nada, el 24 de enero Bucaram inauguraba su nueva actividad, 'Abdalá desde la chimenea', un programa radial destinado, en palabras del presidente, a "conversar con los pobres para que sepan lo que sucede semanalmente en el gobierno". Tal vez Bucaram no había medido el nivel de impopularidad al que había descendido (menos del 17 por ciento) porque fueron tantos los cuestionamientos de los oyentes que el presidente terminó insultando a tirios y troyanos. Tal fue su exabrupto que la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusoras decidió suspender la siguiente emisión del programa. "No tenemos nada en contra de las politicas de gobierno, lo único que intentamos es queno ofenda a los radioescuchas con palabras que no van de acuerdo con la moral del pueblo ecuatoriano", sostuvo Louis Hanna, presidente de la AER.
Para ese momento era claro que el paro anunciado para el pasado miércoles 5, que había nacido como un movimiento casi rutinario contra una política económica, se había convertido en una avalancha popular contra el gobierno. Analistas ecuatorianos consultados por SEMANA señalaron que "sólo cuando comenzó la semana pasada quedó claro hasta qué punto Bucaram habia cerrado todas las puertas ".
No sólo había incumplido sus promesas a los más pobres, sino que había quedado mal con los pocos empresarios que no se sentían insultados en lo personal por sus diatribas, pues su plan económico requería la presentación de 13 proyectos de ley hasta el próximo primero de junio, de los cuales sólo había presentado uno. A los indígenas (una fuerza política considerable en Ecuador) les incumplió el pacto de constituir un consejo de desarrollo indígena y a cambio les estableció un controvertido ministerio que convirtió en una estrategia de división. En esas condiciones, la llegada de los políticos a ese esquema era inevitable.
Y esa unión se produjo el lunes de la semana pasada cuando se reunieron con las organizaciones sociales en Quito, en el Sindicato de Trabajadores Petroleros, los ex presidentes Oswaldo Hurtado, de la Democracia Popular (democristiana) y Rodrigo Borja, de la Izquierda Democrática, y el ex candidato conservador Jaime Nebot (en representación de otro ex presidente, León Febres Cordero). Bucaram había logrado lo imposible: poner de acuerdo a las más disímiles tendencias en torno a su expulsión del poder.
En ese momento vinieron como una bomba las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Leslie Alexander, quien puso al descubierto lo que era un un secreto a voces al decir que "Ecuador se está ganando la reputación de tener una penetrante corrupción, lo que ha trascendido la comunidad de inversionistas". Aunque no hay acusaciones concretas, muchos pensaron en el hijo mayor de Bucaram, que tiene cercanos vínculos con las aduanas y alardea de haber ganado ya su primer millón de dólares y a quien, en una entrevista en Perú, su padre llamó "próspero hombre de negocios". Tiene 19 años. Y otros recordaron aquella ocasión en que envió en un avión de la Fuerza Aérea a su hijo menor Abdalá, de 14 años, a que fuera tratado por su obesidad en Miami. Cuando le preguntaron cómo había dispuesto así de un bien del Estado, contestó con todo desparpajo: "Es que yo no soy un hombre rico como para permitirme fletar un avión por mi cuenta".

¿Y AHORA QUE?
Desde cuando se dio cuenta de que el paro iba por su cabeza, Bucaram comenzó a oscilar entre la conciliación y la agresividad, entre la zanahoria y el garrote. Luego de llamar a la cordura al Congreso, citado el día 5 (tras enormes manifestaciones espontáneas) para considerar su destitución, amenazó con cerrarlo y llamó conspiradores a los diputados. Y en las últimas horas del miércoles, menos de dos meses después de haberlo presentado, derogó prácticamente todo su programa económico y destituyó a las figuras más impopulares de su gobierno, el secretario de administración, Miguel Salem, y los ministros Adum, de Energía; Frank Vargas, de gobierno (un ex golpista), y Adolfo Bucaram. Pero esas medidas no lograron aplacar las giras populares ni detener el proceso hacia su salida del poder en Ecuador.
Por fin, en la noche del jueves, terminó el primer capítulo del drama. El Congreso, reunido en forma extraordinaria, resolvió destituir a Bucaram de su puesto y nombrar a su presidente, Fabián Alarcón, como presidente constitucional interino. Poco después la vicepresidenta Arteaga se declaraba también como primera mandataria basada, a falta de norma explícita, en la tradición constitucional del país. Y Abdalá Bucaram manifestaba solemnemente su desconocimiento de esas decisiones y su intención de permanecer en el poder hasta el final. En el último episodio de la historia ecuatoriana los militares tenían de nuevo, como tantas veces en América Latina, la última palabra.

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