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| 7/9/1984 12:00:00 AM

UN PAPA SEMI-MAMA

Un "Kramer" colombiano de 33 años, Edgar Bolívar, reclamó su derecho a ser padre

Ya hace varios años que dejó de ser noticia la separación de la pareja, aunque ésta se haya jurado amor eterno, haya constituído una sociedad matrimonial en presencia de juez y todo, lleve 20 años de casada o tenga varios hijos. Pero lo que no es común, es que una vez tomada la decisión del divorcio, sea el hombre quien se haga cargo de la crianza de los hijos en forma permanente y asuma la responsabilidad de resolver las situaciones domésticas, para las que culturalmente se ha asignado a la mujer.
En la actualidad son varios los "Kramer" colombianos que viven su propia película. Hablamos con Edgar Bolívar, profesor universitario, de 33 años, separado hace cuatro de una mujer con quien tuvo una pareja de hijos que ahora cumplen nueve y once años; que un día aburrido de ser "papá de vacaciones", decide vivir con ellos e iniciar lo que considera "una experiencia vital que me ha permitido canalizar un potencial de afectividad en el que he descubierto ese lado femenino que me enriquece como persona".
Hace más de un año que ese par de niños pecosos dejaron de esperar las vacaciones o los fines de semana, para recibir a un papá cargado de regalos y paciencia, que los complacía en casi todo y de quien tenían la idea de que era perfecto. En estos momentos esa imagen ha sido corregida gracias a la convivencia que inevitablemente pone al descampado la humanidad de todos. Ahora esos hijos califican a su papá como "Una persona muy querida, pero que también regaña"; y agrega Susana, esa niñita mona mientras una bomba de chicle le esconde la cara: "Especialmente a la hora del desayuno cuando no quiero tomar el jugo de naranja. Es que todavía no ha podido entender que no me gusta".
"Post grado para la vida"
La posibilidad de perder imagen ante los hijos ya estaba contemplada por Bolívar y al parecer no le repre senta una desventaja: "Creo que es muy importante lo que estamos viviendo los tres, es todo un proceso de conocimiento en el que dejamos de idealizar la imagen de los hijos y del padre. Es un post-grado para la vida. Además estoy convencido de que es algo irrepetible y único porque a la vuelta de unos pocos años cada uno deseará vivir independiente y en estos momentos mis hijos atraviesan edades decisorias para su desarrollo". Y comenta que "es curioso. Cuando la gente se entera de que soy separado y vivo con los hijos la primera pregunta que surge es por la mamá. Es que culturalmente la mujer está marcada por una visión que le asigna su espacio de puertas para adentro. A su vez, esta división de roles obliga al hombre a depender de la mujer. Entonces, cuando se sucede un replanteamiento en la relación de pareja, generalmente la mujer es quien se queda con los hijos. Por un lado porque se cree que son su carga y por otro, porque se considera al hombre inhábil para la tareas domésticas."
La condición de papá y de profesor de este hombre quedan expresadas en un discurso expositivo y pausado que refuerza con movimientos delicados de las manos y sin hacer pausas prolongadas continúa enlazando frases: "Pero no siempre tiene que ser así. En este caso el hecho de que sea el hombre quien vive con los hijos, no quiere decir que se haya invalidado a la mujer como madre. Yo simplemente reclamé el derecho a ser padre. Era un deseo que no tenía que generar violencia y en estos términos lo tratamos de manejar ambos. Por mi parte es una opción individual en la que se abre un universo que me obliga a resolver problemas sin la herencia de la cultura femenina. Se presentan pequeñas decisiones cotidianas que implican desde la recreación de los hijos, la ayuda en sus tareas escolares la elaboración de una lonchera, hasta las trenzas de la niña". Con cierto tono de humor pone en entredicho su habilidad como peluquero: Nunca pude lograr que quedara templado el primer cadejo". Y racionaliza su torpeza: "Pero bueno. Para estos casos la mujer es mucho más diestra. Sin embargo la ausencia de la madre como un recurso permanente se ve compensada con las decisiones que los hijos deben tomar por sí mismos". En el caso de las trenzas, Susana optó por dejarse el pelo suelto.
En otros aspectos no han sido tan primarios. Han logrado por ejemplo hacer acogedor un apartamento (de esos de urbanizaciones enormes que entregan en obra negra), a punta de afiches de congresos de antropología, de materos grandes con plantas un poco revejidas, con libros y con esa serie de cosas que cada uno va dejando por ahí, como el vaso donde germina un frisol en lecho de algodón, de esos de cuarto de primaria.
Los compromisos escolares y de trabajo han requerido la ayuda de una empleada del servicio durante los días de la semana, que colabore con el funcionamiento de la casa. Además esta familia se ha inventado sus propias normas que incluyen turnos para el lavado de los platos, la sacada de la basura y el horario para acostarse los días de colegio. La cocina durante los fines de semana le corresponde al papá y como mucho mérito la niña anota que nunca deja pegar el arroz, y en tono orgulloso el chef agrega: "Mis ensaladas y mis pastas son reclamadas como las mejores del mundo. Y de verdad siento que la vida doméstica no es tan agobiante como suele pensarse. Todas estas tareas hay que convertirlas en una fiesta, de otra manera serían insoportables. Estar en la casa y ocuparme de ese trabajo invisible y reiterativo, también tiene su encanto en el disfrute de un espacio propio en el que si bien, no se logra un manejo estético con el preciosismo y la neurosis de la mujer, se consigue un placer que rescata la vida. Y es muy gratificante comprobar que en el molde de una cultura machista es posible ser persona sin negarse roles. De hecho todo esto implica limitaciones en el tiempo, en las actividades sociales, esto da una renuncia que viene a ser recompensada con el amor, es también la posibilidad de volverse sobre uno mismo. Además veo que los papás separados tienen muchas aprehensiones porque les aterra la posibilidad de hacerse, cargo por completo de sus hijos". Y con cara de satisfacción dice: "Yo ya pasé por eso. Este año mi hijo me lo demostró con una tarjeta que me regaló el día de la madre". La tarjeta que hace iluminar la cara de este papá consiste en una ficha bibliográfica verde, donde hay un muñeco pintado debajo de un letrero que dice: "Felicitaciones por ser el mejor papá semi-mamá que conozco".--
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