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| 7/15/1996 12:00:00 AM

UN PASO ADELANTE

LOS INDUSTRIAÑLES COLOMBIANOS INVIERTEN MILLONES DE DOLARES AL AÑO PARA CRECER ECONOMICAMENTE SIN ACABAR CON EL MEDIO AMBIENTE.

A mediados de los 60 nació en el mundo un movimiento que alertó a la humanidad sobre el peligro de seguir utilizando un modelo de desarrollo en el cual lo único importante era alcanzar el crecimiento económico. Diversos estudios revelaron que la base esencial de recursos naturales para la existencia humana estaba en peligro. Comenzó así la onda ecológica, que cada día cobra más adeptos alrededor del planeta. Surgieron grupos de ambientalistas fanáticos que pensaban que el desarrollo económico y el mejoramiento del medio ambiente eran incompatibles. Con los años apareció el concepto del desarrollo sostenible, que comprobó que era posible que una economía creciera sin maltratar sus recursos naturales. Es así como, hoy en día, el modelo que manda la parada en el mundo es el del desarrollo sostenible. Es decir, aquel que pretende satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Según María Emilia Correa, directora ejecutiva del Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible Cecodes, este modelo se fundamenta en el hecho de que ningún crecimiento económico es real si no viene acompañado de un desarrollo social y ambiental. "La gente comenzó a concientizarse de que el entorno ambiental era la base del desarrollo. Así, los gobiernos empezaron a obligar a los empresarios a cumplir con ciertos requisitos de protección al medio ambiente". Pero no sólo los gobiernos y las industrias participan en el proceso de cambio, pues cada día aumenta el número de consumidores verdes, los cuales están dispuestos a pagar por un servicio siempre y cuando tengan la certeza de que el producto en cuestión no afecta el entorno ambiental. Colombia no permaneció ajena a toda esta onda ecológica. Actualmente no sólo existe un Ministerio del Medio Ambiente, sino que además surgieron distintas agrupaciones de empresarios comprometidos con el tema. Por ejemplo, están Cecodes, una organización de la cual forman parte dos gremios y 25 grandes empresas, y la Corporación Promocional de la Pequeña Empresa Ecoeficiente Latinoamericana Propel. En fin, varios grupos que apuntan hacia la reconversión industrial para alcanzar la ecoeficiencia, que consiste en un aumento en la competitividad y la productividad paralelo a una disminución en el consumo de recursos y energía y una reducción en los desechos. Cabe destacar que la dimensión de la gestión ambiental de los empresarios colombianos no es para nada despreciable. Sólo los miembros de Cecodes han invertido cerca de 143.818 millones de pesos en desarrollo sostenible. Según la directora ejecutiva de Cecodes, María Emilia Correa, "mucha gente piensa que los empresarios son altruistas y por eso gastan millones de dólares en la conservación del medio ambiente. Sin embargo la realidad es que para los industriales toda esa plata más que un gasto es una inversión, pues a través de la ecoeficiencia las industrias logran aumentar su eficiencia y productividad y bajar así sus costos de producción". Con olor a caña En los últimos 10 años los ingenios del Valle del Cauca han invertido cerca de 68.000 millones de pesos en el desarrollo de programas ambientales que permitan a este sector productivo no sólo aminorar las molestias que causan las quemas de caña de azúcar en el campo, sino también utilizar el agua eficientemente y botar la menor cantidad de desechos. Desde hace varios años los ingenios buscan la ecoeficiencia tanto en el proceso industrial como en sus labores de campo. Flavio Mazuera, del Ingenio Cauca, enfatiza que en el caso de las plantaciones las acciones están enfocadas hacia dos objetivos: disminuir al máximo los impactos de las quemas y optimizar el uso del agua para riego. El riego constituye el 50 por ciento de los costos de producción del campo, de ahí la importancia de hacer uso eficiente de este recurso. Tomando en cuenta lo anterior el Centro de Investigación de la Caña Cenicaña, después de varios estudios, propuso lo que hoy se conoce como el riego por surco alterno. La aplicación de este sistema en 100.000 hectáreas implica un ahorro de 244 millones de metros cúbicos de agua al año. Para disminuir el impacto de la pavesa, Asocaña ha venido instalando una completa red meteorológica en las zonas aledañas a los cultivos. De esta forma se programan las quemas en los momentos en los que la dirección y la velocidad de los vientos ayudan a minimizar las molestias en las comunidades. En la parte industrial, además de optimizar el uso del agua a través de su reutilización, en los ingenios se han instalado sistemas de tratamiento de aguas residuales. Gracias a lo anterior, en 1979 se molían 30.000 toneladas de caña al día y se requerían 6.500 litros de agua por segundo. Hoy se muelen 60.000 toneladas diarias y sólo se consumen 1.000 litros de agua por segundo. "En los ingenios hemos conseguido aprovechar todos los desechos del proceso productivo: la ceniza y la cachaza se utilizan como abono en las plantaciones y el bagazo sirve como combustible en las calderas o para producir papel", así lo recalcó Darío Valencia, gerente general del Ingenio Lichichi. Y los resultados de todo lo anterior son positivos. En 1979 los ingenios molían 30.000 toneladas diarias de caña y aportaban una carga de 100.000 kilogramos de material tóxico (DBO5) al río. Hoy muelen 60.000 toneladas y la carga contaminante es de 57.000 kilogramos. Papel ecológico Toda una vida la industria papelera ha cargado con la imagen de depredadora del medio ambiente. Cuando las personas piensan en las fábricas de papel, lo primero que se les viene a la cabeza es la tala de árboles. Sin embargo, Productores de Papel, S.A. Propal, es el ejemplo ideal para desvirtuar esas ideas. Esta multinacional inició sus labores en 1961 y siempre ha producido sus papeles sin necesidad de cortar un solo árbol. Propal fabrica lo que se conoce como papel ecológico o 'amigo de la naturaleza'. En este caso la materia prima es la fibra de la caña de azúcar o bagazo. "En Propal utilizamos cerca del 20 por ciento del bagazo que producen Los ingenios colombianos. Así no sólo producimos un papel ecológico que es reciclable y biodegradable, sino que además reducimos los desechos sólidos que produce la industria azucarera". Además Propal ha invertido cerca de 63 millones de dólares en la adaptación de sus plantas de producción para lograr la ecoeficiencia. Los objetivos por los que trabaja la compañía van desde el tratamiento de las aguas residuales hasta la minimización de los desechos sólidos. Cuida cada gota Corona, la firma dedicada a la producción de baldosa y porcelana sanitaria, lleva varios años preocupada por bajar los niveles de consumo de agua, no sólo en sus plantas sino también en las casas de los usuarios de sus productos. Según Hernando Avendaño, gerente de proyectos de Corona, "desde hace algunos años la empresa produce artículos que permiten ahorrar o bajar el consumo de agua. Por ejemplo, la línea de sanitarios Acuacer, que en lugar de utilizar 14 litros de agua requiere sólo seis litros para poder funcionar". Además la compañía desarrolló distintos implementos que al adicionarlos a las llaves o a los sanitarios ahorran agua. Se trata, por ejemplo, de griferías que disminuyen el flujo pero aumentan la presión del chorro y de empaques que evitan el goteo. Desde hace algunos años en Corona arrancó una reconversión industrial para alcanzar la ecoeficiencia, de esta forma se instalaron plantas de tratamiento de aguas y se redujo significativamente la cantidad de desechos sólidos de la empresa. Corona también enfatiza en la educación de sus usuarios. Es por eso que, en coordinación con algunas fundaciones, lanzó la Caja Ecológica. Esta consiste en cinco guías didácticas de temas ambientales que pretenden que los niños 'aprendan jugando' y adquieran todos los valores éticos relacionados con el manejo ambiental. Además la Fundación Corona viene trabajando con los niños de las escuelas a través de un programa conocido como 'Club de Amigos del Agua'. Con la ayuda de dos videos y de un kit ecológico los niños entran al club de los ahorradores de agua y aprenden a proteger este recurso usándolo racionalmente. Jabón biodegradable Desde mediados de los 60 Varela, la compañía fabricante de jabones y detergentes, centró su política empresarial en la preservación del medio ambiente. "La visión de desarrollo sostenible de esta compañía se nota no sólo en su proceso productivo sino en toda la organización. Aquí existe un comité, con representantes de todos los sectores de la empresa, dedicado exclusivamente al tema ecológico", así lo expresó Julia Elvira Ulloa, coordinadora del Comité de Gestión Ambiental de Varela. En 1993 inició sus operaciones una planta nueva de Varela. Con una inversión de 9.000 millones de pesos, esta fábrica fue diseñada de tal manera que cumple con ISO 14.000, la normatividad más exigente del mundo en materia de calidad y manejo ambiental. La planta industrial es totalmente hermética, por lo cual la descarga de desechos es casi nula. Desde 1976 Varela inició un rediseño en la formulación de sus productos de tal manera que logró lanzar el primer detergente biodegradable al mercado colombiano, cuyos componentes son en su totalidad amigables con el medio ambiente. Tal vez en lo que más tiempo y dinero ha invertido Varela es en su campaña de ahorro del agua. Hoy en día 300 grupos ecológicos y 8.000 niños forman parte del 'Club de Amigos de Purita'. En total, en sus programas educativos la empresa invirtió 573 millones de pesos en los últimos cinco años. Porvenir Todos estos ejemplos hablan de empresas que son altamente competitivas a nivel económico y a nivel ambiental. Tal y como lo afirma María Emilia Correa, directora ejecutiva de Cecodes, casos como los de Varela y Asocaña demuestran que el desarrollo sostenible no es utópico. Lo anterior no quiere decir que las industrias colombianas ya dejaron de contaminar. De hecho, las grandes fábricas y las pequeñas y medianas empresas del país actualmente producen 14.000 toneladas diarias de residuos sólidos, de las cuales 541 son peligrosas. Es decir, cada año las factorías colombianas desechan 207.000 toneladas de sólidos que perjudican seriamente el ecosistema. En realidad el proceso de cambio hacia el modelo de desarrollo sostenible va a tardar años y lo más importante para Correa es que "el sector público sigue siendo uno de los principales responsables de la contaminación en el país y mientras no haga grandes esfuerzos por remediarlo de nada sirven todas las inversiones en las que está incurriendo el sector privado".
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