Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/09/29 00:00

Una decisión para pensar

Antes de escoger una carrera se deben tener criterios objetivos e informarse a fondo para saber qué, dónde y cómo estudiar.

Yo, ¿para que sirvo? Con esta pregunta sencilla pero profunda todos los años miles de jóvenes tratan de superar una de las pruebas más difíciles de todo el bachillerato: escoger la carrera que quieren estudiar. La respuesta no es nada fácil, pues en buena medida la decisión marcará el resto de sus vidas.

"El acierto en escoger la carrera u oficio se ve recompensado por una sensación de tranquilidad, alegría y realización personal, por una clara identificación con la carrera y un ejercicio profesional satisfactorio y lleno de progresos. En el otro extremo, una equivocación implica situaciones de desadaptación, decepción, depresión, negativismo, prolongación del tiempo de estudio, pérdida de materias, deserción y cambios de carrera", advierte Alvaro Rodríguez Gama, profesor titular de la Universidad Nacional.

Para tomar la decisión más segura miles de bachilleres optan, y lo seguirán haciendo, por carreras tradicionales y de alta demanda como medicina, derecho, administración de empresas o una de las muchas ingenierías, carreras que conocen por tradición familiar, porque reciben más información, por influencia de sus padres o porque definitivamente su vocación los orientó a ellas. Pero estas preferencias hacen que muchos fracasen en el intento por conseguirlo. Sólo para medicina en la Universidad Nacional de Bogotá se presentaron para el segundo semestre de este año 5.470 aspirantes y fueron admitidos 122, o en derecho los aspirantes fueron 1.339 y pasaron 78, por citar un par de ejemplos.

A pesar de esta dura competencia, dentro de las preferencias de los 420.000 estudiantes que presentaron las pruebas del Icfes en marzo y septiembre pasados, los programas de mayor demanda fueron medicina, ingeniería de sistemas, enfermería, administración de empresas, derecho, sicología, ingeniería industrial, electrónica, odontología, civil, mecánica, medicina veterinaria, contaduría y arquitectura.

Esta tendencia también se evidencia sobre las personas que ya están matriculadas en las 321 instituciones de educación superior que hay en el país y que ofrecen 679 programas. El 63 por ciento del cerca de millón de estudiantes se concentraba sólo en 30 programas. De éstos, derecho, administración de empresas y contaduría concentraban 22 por ciento del total.

"Evidentemente, hay profesiones que muestran una saturación en el mercado, pero esto obedece más a la incapacidad actual de la economía para absorber el volumen de egresados que anualmente gradúan las universidades -de todo nivel de calidad- en el trabajo, más que a un exceso frente a las necesidades y los problemas del país", dice el rector de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Alvaro Beltrán Pinzón.

Como Beltrán Pinzón, la mayoría de rectores, profesores, orientadores y expertos consultados por SEMANA para este informe especial coinciden en que no hay carreras mejores que otras, ni algunas que aseguren una mayor retribución económica o garanticen un ascenso laboral o social expedito. Sin duda, lo más importante es que la persona tenga las capacidades objetivas y subjetivas para la carrera que va a estudiar.

"Mi tesis -dice Jairo Cifuentes Madrid, vicerrector académico de la Universidad Javeriana- es que cualquier profesional puede ser exitoso si tiene el interés y las capacidades para serlo. Ni las personas que estudian carreras tradicionales tienen más posibilidades de ser más exitosas, ni tampoco éstas se deben abandonar. El país necesita todo tipo de profesionales. En el futuro van a tener éxito aquellos programas académicos que les den a los estudiantes herramientas que les ayuden a aprender, trabajar en equipo y fácil adaptabilidad".

Ahora bien, otros de los aspirantes también pueden escoger carreras que si bien no tienen gran número de aspirantes han ido creciendo en reconocimiento, como educación, ciencias políticas, ciencias básicas, comunicación, literatura e historia, entre otras. Y finalmente otro pequeño grupo, que probablemente se informó más y trató de encontrar la carrera que se ajustara a sus aspiraciones, encontró ciertas carreras de ciencia y tecnología, y biotecnología.

José Daniel Bogoya, director del Icfes, reconoce que cada vez más los colegios y los padres deben orientar a los jóvenes para que abran su mente y entiendan que para tener una vida profesional satisfactoria y exitosa no todos tienen que ser doctores, abogados o ingenieros, y que les permitan salir del pensamiento mágico que hay en torno a ciertas carreras. "Si para estudiar medicina usualmente sólo aquellos que están dentro del 2 por ciento de las mejores pruebas del Icfes son los llamados a ser admitidos, pero el aspirante se encuentra en la media o más abajo, las posibilidades de ingresar son escasas y, en caso extraordinario de pasar, deberá estudiar y esforzarse más para llegar al nivel de sus compañeros. Esa misma persona, que muchas veces no pasa a esa carrera, puede tener las aptitudes para ser un gran politólogo o agrónomo".

Además de los pregrados, los bachilleres colombianos también pueden encontrar alternativas profesionales en las carreras técnicas y tecnológicas (ver siguiente artículo), personas que la industria y el sector productivo requieren con rapidez. En este momento sólo 27 por ciento de los estudiantes colombianos están matriculados en programas técnicos y tecnológicos, mientras que el promedio regional es de 43 por ciento y del mundo desarrollado es de 80 por ciento o más.

Estas diferentes alternativas deberían ayudar a aumentar aún más la cobertura de educación media y superior en Colombia. Aunque en la década de los 90 el país tuvo un acelerado crecimiento, al pasar de 9 al 16 por ciento en el número de estudiantes, ésta aún sigue concentrada en pocas carreras y en los estratos más altos de la población, según el reciente estudio del Banco Mundial sobre la educación superior en Colombia. Y aunque el número de inscritos de los estratos más bajos aumentó en 170 por ciento sólo el 6 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años van a la educación media y superior.

Nuevo perfil

Independientemente del área de estudio, los nuevos estudiantes deben comprender las necesidades del mercado profesional del futuro y la forma como la universidad los debe preparar para asumir ese reto. Para Carlos Angulo, rector de la Universidad de los Andes, el profesional del futuro debe ser una persona adaptable a las condiciones cambiantes y dinámicas del país y del mundo, que pueda trabajar en un escenario completamente globalizado. Por eso la universidad debe ofrecer una educación para la adaptabilidad con dos componentes fundamentales: uno, que les enseñe a las personas a aprender y a tener una fácil adaptabilidad a las condiciones laborales, y la otra es la interdisciplinariedad, lo que permite tener bases en los diferentes campos del saber, eso significa que ella pueda seleccionar las materias de cualquier programa para desarrollar sus capacidades y satisfacer sus intereses.

El pregrado debe ser una etapa inicial en el proceso de aprendizaje, pues la formación clásica que antes duraba cuatro, cinco o seis años y que servía para el resto de la vida es tema del pasado. Hoy, "estudiar debe ser una acción que dura toda la vida. Una carrera debe profundizarse con una maestría y un doctorado, y así no se siga este camino, todas las personas, tarde o temprano, deberán regresar a la universidad, pues con el rápido avance tecnológico y del conocimiento lo que se aprende en la universidad en cinco años ya es obsoleto", dice Angulo.

En definitiva, no hay carreras buenas ni malas, pero es conveniente que los futuros estudiantes no tomen decisiones apresuradas y conozcan profundamente las diferentes alternativas de programas, universidades y formas de financiar los estudios. En las próximas páginas encontrarán información valiosa para hacerlo.

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