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| 1/22/1996 12:00:00 AM

UNAS DE CAL Y OTRAS DE ARENA

La industria se resintió en medio de la incertidumbre y las tasas de interés golpearon más de lo debido.

Hasta hace poco tiempo la inseguridad, el contrabando, la revaluación del peso o la falta de dinero eran las preocupaciones más grandes de los industriales colombianos. Al menos así lo reflejaban las encuestas mensuales de Fedesarrollo y otros estudiosos del país. Sin embargo durante 1995 la política entró a hacer parte integral del devenir de las grandes empresas nacionales.
La incertidumbre sobre el proceso 8.000 tuvo mucho que ver con ese cambio. Pero también las altas tasas de interés, los ajustes monetarios, la baja en la demanda, el freno en la construcción y las preocupaciones del gobierno acerca del déficit fiscal repercutieron negativamente en el desempeño de las compañías. Sectores como el siderúrgico, el del caucho, la química y el cuero mostraron reducciones importantes en sus indicadores.
"¡Ojo con la industria!", señaló recientemente el ex ministro de Desarrollo Mauricio Cárdenas S. "Todo esto confirma que la industria está retrocediendo. Ya no son las cifras subjetivas de las encuestas de opinión las que lo dicen. Son, por el contrario, los resultados de un indicador del que nadie puede dudar", advirtió. Y eso fue lo que confirmó también la última encuesta celebrada por la Andi en coordinación con Acoplásticos, Acopi, Andigraf, Asconfección, Cornical, Icpc y Fedemetal.
Un informe de coyuntura preparado por la Superintendencia de Valores al culminar el tercer trimestre de 1995, con los balances reportados por la industria manufacturera, no fue nada halagueño. Casi todos los indicadores financieros de las compañías se deterioraron con respecto a los tres primeros trimestres de 1994.
Sectores que antes de la apertura eran reyes, como los textileros y el de cueros, para sólo mencionar algunos, se han visto avasallados por la dura competencia internacional y por los altos índices de contrabando . Claro está que a eso hay que sumarle el bajo ritmo de devaluación, sus bajos signos de competitividad (cargas laborales) y desabastecimientos en las materias primas.
En el sector siderúrgico, el concordato de Acerías Paz del Río fue uno de los más traumáticos para la vida industrial del país. Una empresa señalada como símbolo de todos por la forma en que muchos colombianos en su origen fueron atados a su composición accionaria, no pudo soportar los embates de la apertura ni del contrabando. Aunque desde comienzos de los 80 algunos estudiosos señalaban sus debilidades, llegó la apertura y nada o poco se había hecho para fortalecerla.
Un hecho que demuestra el impacto negativo de las tasas de interés en el desempeño de las empresas, es que de 84 compañías del sector manufacturero analizadas por la Superintendencia de Valores, se encontró que sus 'otros egresos no operacionales' crecieron un 82,6 por ciento entre enero y septiembre de 1995. Eso se explica en que las erogaciones por gastos financieros excedieron en más del doble las causadas durante el año de 1994.
El índice de cobertura de intereses pasó de 1,13 el año pasado a 0,47 al cierre de septiembre pasado. Ante esa situación las autoridades decidieron intervenir las tasas de interés en junio, pero el impacto de la medida no se reflejó de inmediato. Como las tasas redujeron su ritmo creciente, es de esperar que este rubro varíe significativamente en el último trimestre de 1995.
En el campo de las utilidades de las empresas manufactureras hubo un decrecimiento significativo. Las ganancias netas de 84 empresas entre enero y septiembre de 1995 sumaron 275.032 millones de pesos, 13,5 por ciento menos que en igual período de 1994. Ante esas cifras, los márgenes de rentabilidad sobre ventas, activos y patrimonio se situaron al cierre de septiembre en 7,0 por ciento, 2,3 por ciento y 3,2 por ciento, cuando un año antes estaban mucho mejor: 9,7 por ciento, 3,5 por ciento y 5,1 por ciento.
Se trata de cifras que no mienten y que se complementan con los bajonazos en ventas. Aunque en el sector externo hubo un claro crecimiento de las exportaciones (más del 50 por ciento), esa situación no mejoró mucho los resultados de las empresas emproblemadas con la apertura y el contrabando.
Lo más claro es que el desaliento industrial puede desaparecer si al culminar el primer trimestre de 1996 hay un futuro claro sobre la situación política interna y las relaciones con Estados Unidos. Queda la duda sobre el efecto de la reforma tributaria y sus consecuencias sobre la demanda.
Nuevos vientos, como la llegada del ex ministro Jaime García Parra en reemplazo de Carlos Arturo Angel a la presidencia de la Andi, pueden fortalecer al sector industrial que podría ganar capacidad negociadora frente al gobierno.
Por ahora, sin embargo, existe una preocupación legítima con las cifras. A pesar de la apertura y de la competencia, los primeros años de la década fueron buenos en general para el sector manufacturero. Los balances más recientes sugieren ahora que las vacas gordas del pasado se vieron sometidas durante 1995 a una especie de ayuno forzoso.
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