Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/10/10 00:00

Unidos para educar

Los empresarios en la Costa han orientado su gestión social en la educación. Una muestra de los beneficios de esta unión son tres colegios en los que se motiva el desarrollo de niños de escasos recursos.

A pesar de las dificultades que se viven en la Costa, los niños han encontrado en la educación un gran amigo para construir un mejor futuro.

A comienzos de 1970, Álvaro Cepeda Samudio y el profesor Alberto Asa se pusieron de acuerdo en que los niños sobresalientes de escasos recursos en Barranquilla necesitaban una institución de secundaria que les permitiera experimentar.

Asa, un colombiano nacido en Turquía, había fundado cinco colegios pilotos en la Costa y decidió que el Instituto Experimental del Atlántico sería el designado para que los jóvenes de escasos recursos de Barranquilla se pudieran especializar en artes, ciencias y humanidades, y además, en el que pudieran prepararse para destacarse en Colombia y el mundo.

Apoyados primero por la Fundación Barranquilla, que luego se convertiría en la Fundación Mario Santo Domingo, el colegio creció con una especialidad en los idiomas y la literatura. Allí se enseñan siete idiomas: inglés, alemán, ruso, italiano, griego, latín y francés. Treinta y cuatro años después el Instituto, ubicado en una vieja casona del barrio El Recreo, es uno de los 25 mejores colegios del país (en el puesto 24, según el Icfes), y continúa siendo experimental.

Antonio Martínez fue uno de los discípulos de Asa y heredó sus ideas. En la actualidad es el rector del instituto. Por su formación en física, el colegio ha tenido una reorientación hacia una nueva visión en las ciencias exactas:"Vamos probando y se han obtenido buenos resultados". El énfasis en los idiomas y la literatura se mantiene; de hecho, a los 174 alumnos se les exige que lean una novela mensual. "Al terminar el bachillerato se han leído 60", comenta Martínez.

El colegio, que es totalmente gratuito, ha estado a punto de cerrarse en varias oportunidades. A pesar de sus dificultades tiene cinco pianos, e intentan que sus alumnos se dediquen todo el tiempo a aprovechar las clases de dibujo, guitarra y escultura. "Cada año creemos que es el último, igual continuamos con el mismo entusiasmo", señala Martínez.

La Fundación Santo Domingo todavía mantiene su apoyo al instituto al aportar el 40 por ciento de los gastos de funcionamiento del colegio, que sobrevive además con un concierto mensual que fue instituido por el profesor Asa hace 36 años. Desde entonces no han parado y no lo quieren hacer.

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