Martes, 21 de febrero de 2017

| 1990/07/16 00:00

VACACIONES

VACACIONES

GLORIA AL INCA EN LAS ALTURAS
Koricancha, Tambomachay, Puca-Pucara y Vilcabamba son nombres muy sonoros. Todos tienen su significado. La Pacha mama "la madre tierra" ha oído a los hombres repetirlos durante cientos de años.
Manco Cápac y Mama Ocllo, hijos del Sol emergieron del lago Titicaca en busca del lugar ideal para iniciar la expansión de la especie. El sitio elegido, según el designio de los dioses, fue Cuzco, que en quechua significa ombligo.
A una hora de Lima por vía aérea, Cuzco es la puerta de un mundo fascinante. Una región donde los hombres de la actualidad pueden descubrir parte de su pasado.
Perú es un país donde las diversas épocas de la historia se han condensado de manera excepcional en sus monumentos. En Lima sorprende la imponencia de la arquitectura republicana. En Cuzco, las calles coloniales, con los templos y las casonas que se ubican a su paso, dan buena muestra de un pasado donde el arte era palabra mayor. Sin embargo, son las ruinas precolombinas las que ocupan, en esta latitud, un lugar privilegiado para el turista.
Su historia se ha ido reconstruyendo lentamente. No han sido suficientes los cinco siglos que han transcurrido desde cuando los hombres de la península Ibérica pisaron el suelo americano, para tratar de comprender la sabiduría de una cultura a la que se le impidió continuar su desarrollo.
Lo cierto es que los moradores de la extensa región que circunda a Cuzco, en una zona donde los Andes reflejan la imponencia del Nuevo Mundo, eran hombres de una civilización que llegó muy lejos en la interpretación de los misterios de la naturaleza.
Basta contemplar alguna de sus obras para entender que la llamada "malicia indígena" no es otra cosa que la mayor herencia de nuestros antepasados americanos.
Y la primera muestra de su malicia la constituye el hermoso lugar que la civilización quechua escogió para el desarrollo de su cultura.
OMBLIGO DEL PLANETA
Cuzco se asemeja a una de las montañas que rodean la ciudad, a primera vista, está hecha de retazos. La Plaza de Armas era el centro simbólico del imperio, de donde partían los cuatro caminos reales hacia diferentes regiones. Durante la dominación española se conservó como centro de la ciudad y a su alrededor se levantaron los templos más importantes -entre ellos la imponente Basílica Catedral- y las casas de gobierno. Por eso, para el turista de hoy, a partir de la propia plaza, Cuzco está formado por retazos. La arquitectura incaica y la europea se mezclan en un todo. El mejor ejemplo lo constituye el Templo del Sol Koricancha, conocido también como Iglesia de Santo Domingo, en el cual los españoles aprovecharon parte de su estructura en piedra para levantar una mole que rindiera culto al dios del cristianismo. Asímismo, es fácil encontrar callejones incaicos en cuyos alrededores se construyeron casonas con fachadas españolas. No obstante, en el casco urbano prima el estilo colonial, y a medida que se sale hacia la zona rural se van encontrando las ruinas del imperio.
En la actualidad resulta difícil imaginar cómo vivían los pobladores precolombinos de la región. Lo que si queda muy claro es el afán por adorar a sus deidades, debido a que las ruinas existentes corresponden de manera exclusiva a templos y a centros de gobierno.
En uno de los cerros que dominan la ciudad, se encuentra la Fortaleza de Sacsaihuamam. Lo primero que llama la atención es su estilo arquitectónico. Priman las murallas, construídas con piedras de gran tamano y unidas entre sí sin ningún tipo de mezcla o de cemento. Las rocas presentan ángulos muy bien estudiados, formas geométricas intercaladas y entrantes y salientes que facilitan su adhesión. Al contemplar las ruinas de Sacsaihuaman, el turista se plantea cómo harían los indígenas para transportar piedras de tal tamaño y cuánto tiempo demorarían en su construcción. En esta, al igual que en la mayoría de las ruinas, se encuentran zonas dedicadas al culto áreas destinadas exclusivamente a los gobernantes y espacios para el intercambio comercial y el deporte.
Muy cerca de Sacsaihuaman se pueden visitar: el acueducto de Tambomachay, posiblemente un templo dediado a la adoración del dios agua, el anfiteatro de Kenko -que significa laberinto-, uno de los mayores adoratorios, conformado por grandes nichos subterráneos donde se sacrificaban animales y vírgenes, la fortaleza roja de Puca Pucara, una de las primeras del imperio, y un sinnúmero de construcciones que estuvieron dedicadas a adorar al Sol, la Luna, el agua, las montañas, los astros y todas sus deidades, que normalmente se ubican en la naturaleza.
La estadía en Cuzco resulta ideal para meditar sobre los grandes misterios de la antiguedad. La fuerza de un imperio que escogió al arco iris como su símbolo se siente a cada paso. Y es, asímismo, una oportunidad para entrar en contacto con un pueblo eminentemente artesanal, que ofrece a buen precio tapices, tejidos y una gama de souvenirs que va desde los totem en piedra hasta los eróticos precolombinos.
MAGIA EN LA CIMA
Por fortuna el trayecto Cuzco-Machu Picchu hay que hacerlo por tierra. En autovagón o en bus hasta Urubamba y por vía férrea a partir de este punto y hasta la estación de Puente Ruinas, ubicada en la base de dos montes hermanos, llamados Huayna Picchu y Machu Picchu.
Por fortuna, porque de esta manera el turista se enfrenta a un espectáculo natural donde sobresalen dos elementos: el río Urubamba o Vilcamayo y los Andes peruanos, que en este tramo ofrecen el majestuoso paisaje de un sinnúmero de nevados que, a pesar de su altura, parecen tan cercanos como las aldeas típicas dedicadas al cultivo del choclo y el levante de alpacas y llamas. Y durante el recorrido, si el primer tramo se ha emprendido en bus, resulta obligatorio hacer una parada para contemplar, desde lo alto, el imponente Valle Sagrado de los Incas.
Son tres horas de naturaleza en pleno, de regocijo del espíritu. Un abrebocas de excepción para enfrentarse a la ciudad misteriosa de Machu Picchu, perdida en alguna de las cimas de los Andes. Desprotegida frente al clima agreste de las cercanias de la "selva" pero salvaguardada durante todo el período de dominación española, gracias a lo cual pudo conservarse casi intacta. Su descubrimiento, realizado a principios de este siglo, dejó la puerta abierta a nuevos hallazgos. No sorprendería encontrar algún día otra ciudadela precolombina perdida en la naturaleza del fantástico territorio peruano. De hecho, mágicos lugares como Lambayeque, zona cercana a Chiclayo donde se encontraron recientemente las pirámides del Señor del Sipán, confirman que aún falta mucho por descubrir.
Machu Picchu es alucinante. A diferencia de las ruinas del área de Cuzco. en estos montes que se levantan del Urubamba se encontró una ciudadela completa. Machu Picchu permite deducir cómo vivían los incas. Se pueden contemplar, en su totalidad, la zona habitacional, la sagrada, la que se dedicó a la agricultura, la de vigilancia, la de castigo, la de recreo, la de comercio...
Y se confirma que el pueblo inca que la habitó pertenecía a una civilización en desarrollo. Una cultura que si bien no había llegado al descubrimiento de la rueda, había avanzado enormemente en la interpretación de los fenómenos naturales, en la organización social y política y en la arquitectura.
Machu Picchu es una ciudadela de piedra. Rocas inmensas, trabajadas con perfección - algunas in situ, otras lejos de las canteras- constituyen la base del gigantesco monumento.
Un monumento, una ciudad, donde los hombres rindieron culto a los astros y se rigieron por ellos para desarrollar su principal actividad, la agricultura, practicada en terrazas simétricas que le dieron nueva forma a las montañas.
No hay una sola piedra que se haya colocado al azar. Cada pared, cada ángulo y cada recinto tiene su explicación. Los altares miran al monte sagrado, las garitas dominan las vías de acceso, la cárcel impide cualquier contacto visual con esa naturaleza que simboliza sus deidades.
Machu Picchu es un lugar misterioso que vale la pena visitar. Un lugar al que hoy en día llegan turistas e investigadores de todos los rincones del planeta. Un lugar único en su especie que hace volar la imaginación de quienes lo conocen.
Desde Colombia, Aeroperú ofrece variados programas para visitar esta fascinante región del universo llamada Perú.

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