Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/07/16 00:00

VACACIONES

VACACIONES

MISTICA BOYACENSE
Boyacá ha sido tradicionalmente un departamento religioso. Lo dicen sus iglesias, sus templos y sus conventos, lo afirman sus hermosas y detalladas custodias, y lo confirma el mismo pueblo en sus romerías.
Es una particularidad de Boyacá, una región siempre recordada por la imponencia de un paisaje que parece infinito. Lo cierto es que no todo es belleza natural. La arquitectura de las iglesias boyacenses, así como los innumerables trabajos artísticos que en ellas se esconden hacen de ese departamento una perfecta reliquia colonial, digna de concocer en su más fiel expresión. En este sentido, no sólo Chiquinquirá es ejemplo de expresión religiosa. Si bien es cierto que esta ciudad es catalogada como "capital religiosa de Colombia", de igual manera el centro y el oriente de Boyacá están cundidos de municipios llenos de una riqueza arquitectónica colonial sorprendente.
DESDE LA CAPITAL
Tunja, por ejemplo, se ha destacado por ser la urbe de los conventos, de los templos y de las mansiones. Cada grupo de construcciones ha sido levantado en diversos estilos arquitectónicos, entre los cuales hay expresiones del barroco, del gótico, del romanticismo, del isabelino y del mudéjar. La capital boyacense está colmada de templos. Los más sobresalientes gozan de una imponencia que incluso, en algunos casos, sobrepasa a la misma concepción arquitectónica española. En el templo de Santo Domingo, construído en 1568, se encuentra la capilla del Rosario, considerada por muchos como la "Capilla Sixtina" del arte barroco hispanoamericano. En ella se encuentran hermosos tallados en bajorrelieve y cuadros de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos. La Catedral, basílica menor construída por Juan de Castellanos en el siglo XVI, también es un buen ejemplo de esa mezcla arquitectónica entre barroco, mudéjar y gótico que caracteriza a las iglesias y templos coloniales de Latinoamérica. Algo similar sucede con el templo de San Francisco, en donde se levanta la talla del mismo nombre, una magnífica obra considerada como "maravilla de Tunja".
Sobresalen igualmente el templo de Santa Clara la Real, primer convento fundado en Colombia y erigido a finales del siglo XVI, en cuyo coro se halla la celda de la madre Josefa del Castillo, y la iglesia de Santa Bárbara, caracterizada por sus bellos altares, su arco toral artesonado y sus ornamentos bordados en oro y plata donados por Juana la Loca, madre de Carlos V. Por su parte, el templo de San Agustín, construído por los agustinianos en el siglo XVI, es fiel representación del estilo renacentista, inspirado en modelos sevillanos. Su campanario -mezcla de barroco y mudéjar- es uno de los más bellos del país. El monasterio del Topo y el templo de San Ignacio completan con lujo de detalles el recorrido religioso por la capital, cuna de la arquitectura cristiana de la Colonia.
HACIA EL ORIENTE
Al salir de Tunja por el norte, tomando la ruta de Paipa, se encuentran pueblos no menos llamativos por sus manifestaciones religiosas. El primero es Oicatá, con su típica capilla con artesonado mudéjar y sus suntuosos ornamentos religiosos. Es el centro doctrinero por excelencia. Más adelante, cerca de Duitama, se halla el Museo de Arte Religioso, instalado en una bella hacienda colonial repleta de riquezas artísticas, altares, esculturas y pinturas de la época.
Sogamoso, ubicado al sudeste de Duitama, se caracteriza por poseer el Museo y Parque arqueológico más importante de los chibchas y es famoso por su capilla del Cristo, construída en 1873 en el cerro que domina la ciudad. Por la misma ruta que va desde Sogamoso hasta Tópaga y Mongua, se encuentra Monguí, la joya colonial más valiosa de Boyacá. El convento que allí se levanta, es fiel representación del arte arquitectónico monumental del siglo XVIII. En su interior se halla la riqueza pictográfica más grande del Nuevo Reino de Granada, con más de 40 cuadros de Arce y Ceballos.
Así, Boyacá está llamada a convertirse en el museo colonial de Colombia en cuanto a la expresión artística religiosa. Fruto de su fama ha sido el libro de Carlos Arturo Torres "Tunja, el Arte de los siglos XVI-XVII-XVIII" editado como un homenaje de Litografía Arco con motivo de la celebración de los 450 años de la capital boyacense, el año pasado, el cual es una ayuda excelente para el viajero que se embarque en la aventura religiosa de Boyacá, el departamento místico de Colombia.

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