Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/08/29 00:00

Vaciadón olímpico

El debate sobre del cubrimiento de los juegos de Atenas puso de nuevo a hablar al país acerca de la responsabilidad social de los medios. Los canales se defienden.

Vaciadón olímpico

Los Juegos Olímpicos de Atenas fueron la gota que desbordó la copa. Fue necesario que la pesista Mabel Mosquera ganara medalla de bronce sin que los canales privados se dieran por enterados, como tampoco lo estuvieron en la mañana del 18 de agosto, cuando en las calles de Atenas Santiago Botero y Víctor Hugo Peña disputaban la prueba contrarreloj individual, para que medio país estallara de indignación. El desarrollo del evento, en el que dos colombianos competían en el deporte bandera del país, se cruzaba con los magazines de variedades Hola buenos días y Día a día, donde se pasaban apartes mínimos de la prueba y, para colmo, en los que J. Mario Valencia y Don Jediondo se encargaron en varios momentos de 'narrar' la competencia con su tradicional repertorio de chistes flojos.

Para un país que pocas semanas antes había disfrutado una transmisión con lujo de detalles de la Eurocopa de fútbol, de la Copa América y del Tour de Francia en dos y hasta tres canales entre nacionales y los operados por cable, resultaba inaudito que las programadoras, como dice el refrán, "ni rajaran ni prestaran el hacha".

Los canales se defienden de dicha acusación. "¿Pero qué sucede con los no aficionados y a los que les da lo mismo si Argentina golea a Italia o no? ¿Ellos no deben ser tenidos en cuenta?", se pregunta Cristina Palacio, vicepresidenta de contenido y producción de Caracol Televisión (ver punto de vista).

Hace ocho días Héctor Abad Facio Lince, en su columna de SEMANA, reflejó la indignación por semejante tratamiento a los Olímpicos y muchos lectores se han identificado con sus planteamientos contra la televisión en general, a la que se sumaron conductores de espacios radiales, entre ellos La W radio.

Mientras tanto, los medios de comunicación escritos recibían cientos de cartas de televidentes enfurecidos: "Podemos, pues, tener 60 o más canales, pero sin opción de ver un evento universal transmitido al mundo entero, porque nuestros medios informativos sólo nos permiten ver la basura de 'realities' y novelones. Si Andrés Pastrana pudo declarar los Juegos de Sydney como de interés nacional, ¿por qué el presidente Uribe, con toda su popularidad y aprobación, no hace lo mismo, para evitar que nos quedemos sin ver el evento mundial por excelencia?". (Jorge Góngora Navia, Bogotá). "El domingo en la noche por televisión se vio muy contenta a la Ministra de Cultura en las calles de Atenas; disfrutando de los Juegos Olímpicos, mientras que aquí en Colombia somos uno de los pocos países en donde no es posible ver el más grande espectáculo deportivo del mundo. Por favor, señores del gobierno, declaren la transmisión de interés general por encima de exclusividades y monopolios, de los cuales estamos ya cansados, y denle este regalo al pueblo colombiano. Sinceramente creo que nos lo merecemos". (Federico Farías Jaramillo).

Estas son algunas de las cartas de lectores que publicó el diario El Tiempo y que reflejan su exasperación. Como consecuencia de esta ola de protestas, en Colombia volvió a cuestionarse cuál es el papel que debe desempeñar la televisión pues, aunque sea un negocio privado, cumple una función de servicio público y además lo hace en un país agobiado por la guerra, la violencia intrafamiliar, el culto al dinero fácil y la pérdida de valores fundamentales relacionados con el respeto y la convivencia.

El largo retroceso

Desde hace ya varios años los televidentes colombianos (algunos felices, otros entre resignados y a regañadientes) venían aceptando la oferta de los canales privados, enfocada a estrategias de arrastres de rating. Sin embargo, en años anteriores varias de las telenovelas que realizaban o emitían RCN y Caracol eran de gran calidad (Yo soy Betty, la fea, La baby sister) y había espacio para seriados como La mujer del presidente y concursos entretenidos y formativos como ¿Quién quiere ser millonario? Pero en los últimos meses llegó un exceso de realities y una serie de telenovelas de 'formato internacional', que también se han convertido en aguda materia de controversia. Aquellas producciones que les servían de espejo a los colombianos para mirarse y cuestionarse le han dado paso a producciones que promueven personajes estereotipados, corridos y música norteña y contenidos truculentos característicos de las producciones de México y Venezuela.

Los datos de sintonía indican que un importante porcentaje de la población parece muy satisfecha o al menos conforme con estos contenidos. Pero sectores de opinión cada vez más importantes e influyentes han comenzado a hacer sentir su desagrado ante la inmisericorde tanda de realities y telenovelas mexicanizadas en los espacios Triple A que han relegado las noticias y los programas de opinión cada vez más tarde en la noche, cuando la mayoría de colombianos, acostumbrados a madrugar, ya están en sus camas.

La televisión pública y mixta tampoco emociona, a pesar de los esfuerzos de varias de las programadoras de la Cadena Uno por ofrecer una programación más consistente. Lo hacen en un escenario económico adverso, es cierto, pero en parte provocado por ellos mismos pues, en vez de unirse en un frente común cuando arrancaron los canales privados y aprovechar no sólo el rating que traían sino la ventaja de tener un cubrimiento nacional que los privados no tenían cuando comenzaron a emitir, entraron en disputas internas que dieron como resultado un rápido descenso de la sintonía.

Como consecuencia, a esos canales llegaron como una plaga de langostas las televentas y programas religiosos pagados que espantaron a la poca audiencia que aún conservaban, y de paso le dejaron libre el camino a Caracol y RCN para que se apoderaran de alrededor del 80 por ciento de la sintonía nacional.

De todo esto se hablaba en el país sin demasiada vehemencia. Los expertos encendían de tarde en tarde alguna alarma y la celebración a mediados de junio de los 50 años de la televisión dio pie para que se alzaran voces que pedían, en vez de rendirle tanto culto a la nostalgia y a la autocomplacencia, que se le hiciera un examen crítico al presente y al futuro del medio de comunicación más influyente del país.

Ahora, por cuenta de los Olímpicos se volvió tema de conversación casi obligado. Al respecto Fabio López de la Roche, director del Instituto de Investigación en Comunicaciones y Cultura de la Universidad Nacional, señala: "Irónicamente, estamos celebrando en esta conmemoración de los 50 años, mucho de lo que hoy -bajo las nuevas reglas del juego de la privatización y de la transnacionalización- ya no es posible hacer".

Para Álvaro Osorio, ex director de Inravisión, el principal problema radica en que los canales encontraron tres fórmulas de hacer televisión y no se han arriesgado con nuevos géneros. En Colombia no hay comedia, ni musicales, ni concursos. "Pero el público ya se está cansando. Si en los próximos años no hay un cambio, la televisión por cable, la regional y la local van a quitarles audiencia a los canales privados", afirma.

Osorio destaca el reciente documental sobre Luis Carlos Galán y Pasa palabra, concurso de RCN. Sobre el primero escribió el columnista Óscar Collazos: "El documental de Juana Uribe sobre Luis Carlos Galán, emitido por 'Caracol' el pasado domingo, se convertirá en un ejemplo de lo que la televisión pública y privada pueden hacer con la Historia colombiana más reciente. Y agregó: Este sería el objetivo patriótico de un proyecto que debería asumir la televisión, si cree aún en la responsabilidad social de los medios". Es decir, una prueba de que se puede hacer buena televisión.

El deber de informar

Son varios los temas que expertos en medios y sectores de opinión les cuestionan a los canales privados en particular y a la televisión colombiana en general.

Uno de ellos es la información. En más de una ocasión se ha calificado a los noticieros de sólo mostrar "balas, goles y silicona", una visión de pronto un tanto simplista pero que se sustenta en el destacado espacio que se les da a las secciones de farándula. Al respecto, Gabriel Reyes, presidente del Canal RCN, considera que estas acusaciones son injustas. "Es inaceptable tal calificación. Noticias RCN cuenta con un equipo periodístico muy profesional y de reconocida trayectoria. Cubrimos todos los frentes de las noticias con análisis e investigación. ". (Ver punto de vista).

Otra práctica que molesta mucho a los televidentes es que los presentadores de noticias hagan alusiones comerciales, lo que le resta credibilidad a la información que comunican. Como señala el periodista Javier Darío Restrepo, de amplia trayectoria en noticieros de televisión y ex defensor del lector de El Tiempo, "en la televisión predominan las leyes del mercado y la degradación comienza justamente cuando la información se convierte en mercancía. Además, con las actuales condiciones de producción de la información, no es posible que haya una información inteligente que pueda ayudar a la comprensión ni a la actualización. La televisión de hoy sólo informa a través de los sentidos y no por la inteligencia. La información en Colombia es mediocre y pone en peligro la democracia".

Con este tipo de conceptos implacables coinciden muchos analistas de medios que ponen contra la pared a los directores de los noticieros (no sólo de Colombia sino del mundo entero), quienes muchas veces se ven presionados a darles prioridad a las noticias que impactan y, por consiguiente, captan la atención de los televidentes. Basta ver la cada vez más recurrente obsesión por la sangre y la pólvora de canales tan prestigiosos como BBC World para concluir que el problema trasciende las fronteras de Colombia.

También son frecuentes las quejas sobre la paupérrima calidad de la información internacional. Al respecto López sostiene que el mundo no pasa hoy por la televisión colombiana. "Nuestra enorme dependencia de Estados Unidos corre paralela con una información televisiva muy precaria sobre ese país y esa sociedad. La información sobre Europa y sus políticas exteriores es muy pobre. Sobre las realidades del Tercer Mundo ni se diga". También señala que la responsabilidad por esta figuración empobrecida del mundo la tiene también la academia y la precaria investigación en las universidades sobre política internacional. "La academia de las ciencias sociales y el periodismo deben colaborar -y disminuir prevenciones mutuas-- para producir una información internacional más plural y completa y de mejor calidad".

Otro aspecto que ha recibido muchas críticas es la casi total ausencia de espacios de opinión. Los pocos que existen se emiten en horarios muy poco atractivos, y por consiguiente se realizan con presupuestos muy escasos que casi siempre condenan al director a trabajar en sets propios de un espacio radial, sin apoyo de imágenes ni mucho menos desplazamiento de cámaras. Al respecto señala Javier Darío Restrepo: "Los programas de opinión por su horario se convierten en programas para una minoría, y por su misma naturaleza tienden a ser muy superficiales. Los canales no tienen los recursos necesarios para profundizar en los temas, y por el horario también es lógico que no inviertan mucho en ellos". Reyes pone como contraejemplo El mundo según Pirry, que ha llevado sus cámaras a varios rincones de Colombia y del mundo.

Hollman Morris, director de Contravía, programa de opinión que se emite por el Canal Uno y que está a punto de salir del aire porque se le acabó la financiación, no cree que los programas de opinión no generen rating. "Lo importante es contar buenas historias, con investigación, despliegue técnico y periodistas bien preparados. Así se forma una opinión pública mejor calificada. Entre los 70 y los 90 hubo un retroceso en la franja. Mientras que Germán Castro en 'Enviado Especial' sacó las cámaras de los estudios para mostrarnos el país, ahora los programas de opinión les vuelven a dar las cámaras a los personajes públicos de siempre, a las voces autorizadas".

Jorge Iván Castro, productor de La Noche , de RCN, considera que la opinión en la televisión colombiana está a punto de desaparecer porque no es un género masivo. "Cuando la televisión era pública existía una buena franja de opinión porque el 'rating' no tenía tanto impacto. Con la entrada de los canales privados el tema comercial privilegió programas de fácil venta y audiencia numerosa. Sin embargo, yo creo que el país ha ido evolucionando lentamente y va superando etapas". Agrega que la franja G-11 (que ubica los programas de opinión a las 11 de la noche) muestra el interés del canal por darle protagonismo a este género. Sin embargo, Morris considera que "el horario de la franja está pensado para el televidente europeo que cena a las 11 de la noche. Acá no existe esa cultura".

López anota que en un país con problemas y dilemas tan graves como los de Colombia "tendríamos que estimular procesos de conformación de una opinión pública vigorosa, ampliamente informada, donde las opiniones se formen de una rica confrontación de puntos de vista, y donde antes que posiciones sectarias y pasionales ante los acontecimientos y gobernantes, construyamos opiniones argumentadas, contrastadas, matizadas. Eso no se puede dar con espacios de opinión televisiva a las 11:30 y 12 de la noche". Propone una norma que obligue a los canales de televisión a tener un espacio de opinión en horario de alta sintonía. "En algunos países europeos se parte de la convicción de que con miras a fomentar el desarrollo de una cultura política democrática, la información debe tener un lugar central en el sistema comunicativo".

Identidad perdida

El otro gran tema que preocupa a los especialistas en medios es la pérdida de la identidad nacional, una de las grandes conquistas de los últimos 20 años, de la mano de programas inolvidables como Don Chinche, La alternativa del escorpión, Escalona, Café y Yo soy Betty, la fea.

Al respecto, el libretista Mauricio Navas señala: "Un sector de la televisión colombiana está haciendo telenovelas para la comunidad latina menos educada que es la de inmigrantes en la Florida". Sin embargo no se limita a culpar a los canales. Para Navas, "la responsabilidad del síndrome de lo básico, lo ramplón y lo elemental no sólo es de los dueños sino también de la queja pasiva de los escritores y directores. También los críticos son responsables por quedarse en comentarios de señoras de salón de té sobre lo bonito y lo feo. Si no sacamos a la luz este fenómeno de la mexicanización corremos el riesgo de quedar sumergidos en él".

Gente que conoce por dentro el mundo de la televisión ha manifestado que ahora los expertos en mercadeo y administración de empresas toman las decisiones, y que los libretistas y los directores no tienen cabida en los comités de programación.

Un respetado creativo de la televisión que se reservó su nombre ofreció este panorama: "Nos estamos convirtiendo en una maquila. Como aquí se hace muy buena televisión y los costos son mucho más bajos porque no hay sindicatos de actores y se contrata a destajo, nos encargan el producto hecho a la medida del mercado chicano de Estados Unidos, de sus estereotipos machistas. Colombia es a Televisa lo que Tailandia es a Nike. En el corto plazo es buen negocio, pero cuando aparezca un país aún más barato que Colombia se van y nos quedamos con el pecado y sin el género".

Por otro lado, el creativo agrega: "Uno de los logros de la televisión de los últimos 20 años fue el autor. Una telenovela llevaba el sello de Marta Bossio, de Bernardo Romero Pereiro. Hoy se está perdiendo esa identidad". Y también aventura una posible causa de este viraje de los últimos meses: "Es probable que México haya tenido miedo de que el esquema colombiano se impusiera y lo mejor era cerrarle las puertas para que no prospere y seguir ellos manteniendo su control del mercado hispano". Lo que se está haciendo con la telenovela colombiana es como haber obligado a Shakira, Vives, Juanes y Cabas a cantar música norteña y prohibirles los ritmos colombianos porque no se entienden o no tienen rating. Él no se explica por qué cuando Colombia comenzaba a posicionar en el continente y otras latitudes a estrellas como Margarita Rosa de Francisco o Jorge Enrique Abello les haya dado por cerrarles las puertas.

El futuro

También se señalan otras fallas como el irrespeto a los horarios establecidos cuando en horarios infantiles al final de la tarde se transmiten telenovelas mexicanas donde son comunes la violencia, el machismo y el deterioro de la familia.

Otra pregunta que se hacen muchos analistas es por qué si los canales ya han reportando utilidades netas en los últimos dos años se siguen apegando a 'la crisis' para justificar su exagerada dependencia de la dictadura del rating. Y otra gran pregunta que lleva más de 10 años sin respuesta: ¿para qué sirve la Comisión Nacional de Televisión? Según Javier Darío Restrepo, este ente regulador no ha encontrado su identidad y tampoco cumple con sus tareas. "Se podría decir que estamos retrocediendo a 1991. La Comisión nació con el fin de defender los derechos del televidente. Según la sentencia de la tutela impuesta por Eduardo Cifuentes, de la Comisión deben sacar las manos políticos, gobierno y los adinerados del país". Agrega que los televidentes son inermes frente al poder de la televisión. "En realidad, los televidentes no les importan a los canales, porque son vistos simplemente como mercancía; el 'rating' no es más que la venta de televidentes. La televisión está empeorando la sociedad porque no aporta y la hace más torpe y menos creativa".

El tema tiene tanto de ancho como de largo. Algunos de los expertos consultados por SEMANA proponen mecanismos para devolverle a la televisión su vocación de servicio público. Fabio López considera que, además de unas políticas públicas democráticas de televisión, se requiere construir un equilibrio adecuado entre el subsistema público y el subsistema privado "que garantice una verdadera competencia que redunde en una programación de mejor calidad. No podemos seguir con el abandono actual del subsistema público de televisión y de la red de transporte de la señal abierta que lo sustenta. Los privados quisieran funcionar eliminando la competencia y olvidan que fue en los marcos del sistema mixto, con sus subsidios y apoyos, que pudieron desarrollarse como programadoras y llegar a lo que son hoy día".

También propone consultar las experiencias de autorregulación, de regulación social y ciudadana, y de regulación público-estatal del medio televisivo en otros países del mundo para construir un sistema normativo que se apoye en discusiones, negociaciones y acuerdos de distintos grupos e intereses sociales. "La franja Triple A no puede seguir poblada solamente de telenovelas y 'realities' ante el mercantilismo de los productores y la indiferencia e incultura cívica de las autoridades de televisión".

El debate está abierto. Ya se sabe que la televisión puede entretener y captar grandes audiencias sin sacrificar contenidos que le aporten valores constructivos a la sociedad. Si se logra un equilibrio entre el interés privado y lo público, los Juegos Olímpicos de Atenas le habrían dado a Colombia mucho más que dos medallas de bronce.

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