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| 3/23/1992 12:00:00 AM

VALLE DEL CAUCA

AL SON DE LA NOCHE
RITMO, SABOR Y AMISTAD SON LAS PAlabras que mejor definen las noches vallunas, pues el embrujo de la luna hipnotiza el espíritu rumbero de los caleños que noche tras noche confirman su entusiasmo por el son y por el cálido sonar de un timbal. Porque definitivamente el mayor encanto de las noches de la "Sultana" son las voces inmortales que se confunden con los recuerdos del caminante que recorre la ciudad. Que lo hacen vibrar con un son y media cuadra adelante lo llevan de regreso a los encantos de la bohemia.
Entonces cuando las luces se encienden y el caminante se prepara a enfrentar varias horas de jolgorio, la rumba comienza con el himno vallecaucano.
Al micrófono el grupo Niche y su gran creación "Cali Pachanguero". Entonces, los rumberos se levantan sobre la sillas y empiezan a cantar a voz en cuello las estrofas que mejor definen a la Sultana del Valle. Coros que dejan muy en claro que Cali es la "sucursal del cielo" y que lo demás es loma. Y para cerrar con broche de oro el homenaje los caleños levantan sus copas y hacen un brindis en honor a su ciudad.
Un momento para respirar y para que cada uno de los rumberos vuelva a lo suyo. Mientras tanto el diskjockey prepara la tanda musical para continuar la fiesta en forma.
El primer disco comienza a girar y de allí sale el "Oiga, mire, vea". Ese estribillo que también identifica a los caleños. Melodía que se escucha por doquier y hace vibrar cada uno de los lugares vecinos. Por eso aparece en las calles un eco similar al que se escucha en el Pascual Guerrero cuando el onceno americano cumple su misión de hacer el gol de la victoria.
De pronto entra el recuerdo vivo de Rubén Blades al escenario de la mano de "Pedro Navajas". Y con su voz grave y sensual envuelve la fiesta bajo el misterio que encierra la vida de su invitado de honor.
Y de repente llega el turno de La Sonora Ponceña. Y la idea en ese punto es prender al máximo la rumba. Por eso la fiesta continúa con "Fuego en el 23". Un incendio de sabor, ritmo y movimiento.
Un segundo para cargar las baterías. Aquí comienzan a rodar en la mesa las botellas de aguardiente y de cerveza.
A partir de este momento se empieza a descubrir cada una de las historias que se viven en las distintas mesas de los establecimientos. Por un lado, fácilmente se descubren las mesas asediadas por Cupido. Por otro, se reconoce cuando la velada es simplemente amistosa y de rumba total.
Para todos los caleños hay un espacio en la fiesta. Sin embargo existen diferentes razones para estar allí. Algunos aprovechan la magia del jolgorio valluno para hacer su agosto con las flores. Pasan por cómplices del romanticismo y con una recompensa por su labor.
A la medianoche los bolsillos han crecido notoriamente. Otros en cambio pasan largas horas en compañía del licor y del amigo el bolero tratando de ahogar las penas. Pero la mayoría de los caleños está allí para conquistar la pista de baile con el pasito "cañandongan".
El viaje de regreso a los pasos del pentagrama tiene su mejor refugio en Cheo Feliciano y el "Ratón". Esa melodía mágica que reúne la sensualidad y el sabor en un sólo toque de los timbales.
Un gran salto y nuevamente Nichet a la pista. Ningún caleño se queda sentado, pues sería una falta de respeto.
Esta vez se trata de "Cali ají", una de las canciones de la Feria de Cali. El primer maratón musical termina con Bobby Cruz y Richie Ray al calor de "Jesús en el jardín".
Después del último golpe sonoro de la melodía los caleños se toman las calles para brindar y refrescarse un poco con la cálida brisa que caracteriza las noches vallunas.
Pero la fuerza del grupo Son 14 rompe la rumba callejera y todos regresan a la pista. Porque, para la mayoría de los caleños, "Sonero soy", una de sus melodías más famosas, es una canción que tiene el poder de evocar gran cantidad de recuerdos.
El disjockey analiza la situación y prepara la próxima sorpresa. Entonces, la presencia de Willie Colón se siente en todos los rincones de la avenida sexta. El disco comienza a girar sobre el tornamesa y las notas de "Sin poderte hablar" entran de lleno en el corazón de los rumberos que se encuentran bajo el encanto de la bohemia y la fuerza de la Sultana del Valle.
Para despertar de nuevo los ánimos detrás del escenario se escucha el grito de "Azzzúcar". Y la energía de Celia Cruz invade el lugar. Acompañando a la gran dama del son y el sabor, Oscar de León y su gran tema "Llorarás".
El reloj marca las 12. Varios Romeos acuden a la barra de la música en busca de ayuda, pues las palabras no parecen convencer a sus compañeras.

Los optimistas depositan su confianza en el poder de Joe Cuba con "Mujer divina". Los que están un poco decepcionados no tienen mejor opción que dedicar "Periódico de ayer" en la voz de Héctor Lavoe y los que aún guardan alguna esperanza se pegan de la magia del bolero y piden al hombre de la música un minuto para "Los aretes de la luna".
Pero como la fuerza de la rumba exige una línea musical específica, algunos de estos románticos se quedan esperando su disco toda la noche.
Sin embargo, la gran selección musical que se tiene para la segunda tanda puede servir para que los propósitos de Cupido se cumplan.
El embrujo del romanticismo continúa al ritmo de Sofrito. Mongo Santamaria y sus instrumentos llevan a las parejas al paraíso del baile. Sólo los expertos en la materia pueden bailar este son. Por eso, para los vallunos es fácil descubrir a los turistas porque casi siempre, estas parejas, se sientan después del tercer intento de coger el paso.
Y es que la rumba caleña se lleva en la sangre. Prueba de ello es que para los caleños no importa el día, ni el año ni la hora para iniciar un carnavalito. Porque para ellos, uno de los mayores atractivos de su tierra es el espíritu de fiesta y cordialidad que reina en el Valle.
Así todas las noches del año son un día especial. De un lado por el entusiasmo de su gente que no permite que la rumba termine porque todo el mundo sabe dónde y cómo comienza, pero nadie ha podido establecer cuando termina. Y por otro, porque Cali es el paraíso de la salsa y el sabor, pues tiene en sus discotecas una lista interminable de composiciones para deleitar a todos los rumberos. -
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