Miércoles, 1 de octubre de 2014

| 1991/03/25 00:00

VALLE

VALLE

EL TURISMO DEL FUTURO
También es una selva espesa con vegetación salvaje; un océano profundo que se ofrece entero desde bahía Málaga; y una playa inmensa que se extiende desde Ladrilleros hasta confundirse con la desembocadura del río San Juan.
Paraíso indiscutible de los amantes del surfing por la altura que toman sus olas en algunas temporadas del año, Ladrilleros se erige como la alternativa turística del Pacífico vallecaucano en el futuro. Sólo unos pocos se habían dado cuenta de su existencia y de su belleza natural, antes de que la Corporación Regional de Turismo comenzara a elaborar estudios para su aprovechamiento recreacional y turístico. Sus visitantes eran entonces grupos de aventureros que llegaban allí con ánimo desprevenido, más con la intención de descubrir una zona natural prácticamente intacta de la mano del hombre, que con el espíritu del vacacionista común. Porque a diferencia de Cartagena y Santa Marta, polos de desarrollo turístico por excelencia, Ladrilleros no goza de una infraestructura adecuada como para recibir cabalmente a un gran número de viajeros. Los turistas que llegan allí anualmente lo saben de antemano. Y tal vez por eso esta privilegiada región del Valle es el mejor ejemplo del turismo espontáneo.
Hasta ella no llega carretera alguna. La única forma de acceder a su entorno es por vía marítima, bordeando la costa Pacífica desde Buenaventura.
Pero incluso el viaje es un espectáculo digno de llevar a cabo. Una hora y 10 minutos en lancha de dos motores y un poco más de dos horas en barco, son suficientes para admirar la belleza de la bahía Málaga y de los demas islotes, acantilados y cabos, lugares de descanso de cientos de gaviotas y alcatraces. Si se tiene suerte, el viaje también es acompañado de una manada de delfines que saltan a lado y lado de la embarcación, hasta que la costa avisa que se ha llegado a Juanchaco, escala obligada antes de llegar al destino final.
Ya en Ladrilleros, el contraste de paisajes es asombroso. Hacia el oriente, la espesura de la selva casi virgen; al occidente, la inmensidad del mar, antecedida por una kilométrica playa de arena oscura que se tropieza hacia el norte con la desembocadura de uno de los brazos del San Juan. En su recorrido no es raro toparse con verdaderas alfombras rodantes formadas por colonias de cientos de cangrejos rojos. En las rocas la marea alta se ha encargado de cavar innumerables cuevas, uno de los mayores atractivos turísticos. El otro es sin duda la peculiaridad de su mar, cuyas olas invitan a los aficionados al surfing a desafiarlas con sus tablas.

UTOPIA O REALIDAD
Pero a pesar de que Ladrilleros ofrece todo un arsenal de maravillas turísticas, las perspectivas para su desarrollo son miradas por los expertos con ojos preventivos. Si bien su conformación natural la convierte en un polo turístico atrayente, sus condiciones específicas lo hacen también un territorio de delicado aprovechamiento.
La idea no debe ser explotar la zona aceleradamente sacrificando los recursos naturales. Ahora más que nunca se necesita una verdadera planeación, concertada y dirigida por especialistas, que le brinde la oportunidad a esta región de desarrollarse como centro turístico, pero sin olvidar su valor ecológico: comenta María Cecilia Araya, coordinadora del comité de turismo del Fondo Mixto de Promoción del Valle. Al parecer, todos están muy entusiasmados con el proyecto, pero pocos han tomado conciencia de las consecuencias lamentables de una explotación inadecuada del sector. Por lo menos así lo piensa el arquitecto Diego Rico, consultor de planeación física de turismo y encargado de realizar el estudio especializado sobre las dificultades y posibilidades turísticas del Pacífico, que ya está en poder de la Corporación Nacional de Turismo.
Según el estudio, tanto la bahía Málaga como Ladrilleros y en general toda la zona del delta del río San Juan, están clasificadas dentro de las 19 áreas catalogadas como susceptibles de ser aprovechadas turísticamente.Pero con un inconveniente mayúsculo a la hora de llevar a cabo un proyecto a gran escala: la precaria infraestructura de la zona en todo sentido: servicios públicos, transporte, salubridad y seguridad. Lo anterior, sumado a las condiciones climáticas particulares (mareas, vientos, lluvias, etc.), requiere un esfuerzo conjunto de todas las instituciones que de una manera u otra tienen que ver con el proyecto, en cooperación con la empresa privada.

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