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| 3/21/1994 12:00:00 AM

VALLE



VOLAR: UNA REALIDAD INAPLAZABLE
DICEN QUE UNA DE LAS SENSACIONES más placenteras conocidas por el hombre es la de volar. No en vano desde tiempos inmemoriales los estudios, los planos y los sueños de muchos hombres edificaron los cimientos que hoy en día permiten que la fantasía de surcar los cielos sea una realidad casi que corriente. Sin embargo, aunque sea muy común ver un avión o viajar en él, no deja de ser una novedad cruzar una nube, y apreciar el planeta en su verdadera dimensión y más aun cuando el capitán de la nave es uno mismo.
Cuando se piensa en aviones y, más allá, cuando se piensa en manejarlos, vienen a la mente la conciencia de que debe ser una afición demasiado costosa como para llevarla a cabo y que aprender a pilotear un aparato de estos -llámese helicóptero, avioneta...- debe ser más complicado aún.
Pues aunque resulte difícil de creer, en Colombia existe una nueva categoría de aviones, llamados livianos, que son tan sencillos de manejar como un automóvil y que cuestan lo mismo y hasta menos que eso. Y eso no es lo mejor de todo. Estos aviones son construidos en su totalidad con tecnología y mano de obra colombianas.
Se trata de los aviones livianos de Agrocópteros, una pujante empresa caleña que puede constituirse en ejemplo para el país y que hoy en día le lleva la delantera a prácticamente todas las empresas que en el mundo se dedican a la fabricación de aviones similares. Y esto se puede decir porque esta compañía exporta sus aviones a países como Italia, Francia, España, Canadá, Brasil, Argentina, Venezuela, Eslovaquia (parte de la antigua Checoslovaquia), Polonia, Taiwán, Kenia, México y, dentro de poco, a Australia, entre otros muchos lugares alrededor del mundo.

DOS DECADAS DE HISTORIA
Fue un ingeniero aeronáutico de origen extranjero, llamado Máximo Tedesco y quien, después de terminar sus estudios superiores en Canadá decidió regresar al país a continuar con la industria de sombreros de su padre. Tiempo después decidió compaginar esta industria familiar con su afición de toda la vida y para la que se preparó: los aviones.
Fue cuando en 1971 nació Agrocópteros, que al principio produjo una especie de helicópteros muy pequeños llamados autogiros. Como la mayoría de las iniciativas audaces, esta empresa se inició en medio de la incredulidad del país y de las entidades financieras que estaban convencidas de todo menos de que un negocio como este pudiera funcionar. ¿Colombia produciendo alta tecnología en aviones y vendiéndolos al país y al mundo? Imposible, seguramente si el asunto se tratara de un cultivo de caña o de fruta sería diferente. Era más o menos el pensamiento de la mayoría de los gerentes de bancos y entidades de financiamiento comercial.
Durante casi una década esta empresa se vio duramente golpeada económicamente, a pesar de que la gama de productos abarcaban los helicóperos, los biplanos y los planeadores, principalmente. Las cosas no mejoraron cuando a principios de los 80 el mundo se declaró en recesión aeronáutica. Las grandes compañías de producción de aeronaves quebraron y el precio de los aviones se disparó.
Fue aquí cuando se tomó la decisión de hacer un alto en el camino para investigar lo que realmente estaba sucediendo en el mercado mundial. Agrocópteros cerró sus puertas y Máximo Tedesco se fue por el mundo a averiguar lo que pasaba. Fueron casi dos años los que permitieron detectar que los amantes de la aviación necesitaban un avión liviano, que no sobrepasara los a 500 kilos de peso -con todo y pasajeros, combustible y equipaje- pero, sobre todo, que fuera mucho más económico.
Una vez hechos los estudios y los contactos, la empresa abrió nuevamente sus puertas y comenzó a producir sus aviones obteniendo una excelente respuesta en el mercado mundial. Poco a poco la gente comenzó a reconocer la calidad de la mano de obra colombiana y hoy en día el posicionamiento es tal que ya se sabe que si el avión es colombiano es bueno. Buena prueba de ello son dos artículos publicados el año pasado en las revistas italianas Aviazione Sportiva y Touch and Go, donde se hace clara referencia a la novedad y calidad de los aviones de esta floreciente industria valluna.

LA REGLAMENTACION
Uno de los primeros problemas con el cual se encontró esta industria al tratar de comercializar sus aviones, fue la de que la mayoría de los países no poseían una reglamentación adecuada para este tipo de aeronaves. Existía para los aviones comerciales y para los ultralivianos pero no para los considerados como livianos. Lo que dificultó en cierta medida la entrada de ellos a los diferentes mercados.
Pero la demanda fue tal que Europa, Canadá, Estados Unidos, incluyendo países latinoamericanos como Brasil, Argentina y Chile cambiaron o modificaron sus reglamentaciones en cuanto al uso e importación de este tipo de aeronaves, todo con tal de que los aviones colombianos pudieran entrar a sus respectivos países. En este campo se reconoce que Colombia está haciendo un esfuerzo grande por adecuar sus regulaciones a estándares internacionales.
Actualmente Agrocópteros produce seis aviones mensuales y se espera alcanzar un máximo de 100 anuales. La idea es mantener siempre la calidad y la exigencia de un control de calidad total. Cada avión es fabricado en aluminio que es importado de Estados Unidos al igual que cada uno de los materiales que se utilizan en el proceso. Esta empresa exige que los mismos sean certificados por las compañías proveedoras. De esta manera el comprador tiene la absoluta seguridad de que los materiales y la tecnología empleada en la aeronave son de una calidad óptima. Los motores utilizados son austriacos y son considerados como los mejores del mundo sin contar con que poseen una de las cadenas de distribución más completas alrededor del hemisferio. En Colombia es precisamente la compañía protagonista de este artículo la que distribuye estos repuestos en el país, también existe otra distribuiidora en Medellín.
¿Quiénes pueden tener acceso a un avión liviano? Hace años se consideraba que este era un gusto elitista. Hoy en día y gracias a que se produce en el país se tiene la seguridad de que esta puede ser una afición asequible a un gran número de personas. Un avión de este tipo cuesta entre 12 y 20 millones de pesos. Además esta empresa provee del entrenamiento necesario para aprender a manejarlo correctamente, ya que cuenta a la vez con una escuela de instructores especializados que se encargan de reemplazar el miedo a las alturas y a lo desconocido por el amor a la hermosa sensación de ser dueño del mundo cuando se vuela. Será por eso que su fundador, Máximo Tedesco, se enorgullece de decir que hasta el momento no conoce el primer cliente que no haya podido vencer el miedo y enfrentarse a las alturas como el más aguerrido de los pilotos.
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