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| 5/13/1985 12:00:00 AM

VALLE

TRADICION Y MESTIZAJE
El Valle del Cauca es una región donde se mezclan la alegría de la salsa y el temperamento calmado de las gentes que viven en las haciendas. El valluno es un personaje especial, pero a veces contradictorio en su forma de ser.
El por qué una región de Colombia resulta tan diametralmente opuesta a otra en sus costumbres, en sus rasgos físicos, en su manera de hablar y de expresarse, es algo que no se explica fácilmente, aun cuando siempre estén de por medio razones como el clima, las condiciones geográficas, el paisaje, la proximidad a otros centros de población y la composición de las inmigraciones que se mezclaron poco a poco con gente de la región. ¿Quién puede explicar por ejemplo, por qué a los vallunos les gusta la salsa y al mismo tiempo fueron quienes produjeron obras literarias como la "María" y "El Alférez Real"?
Según un mito, el vallecaucano de hoy se formó de una unión entre el mestizo de Petecuy, Belalcázar Carabalí y de la mestiza calima Valdeañil Ocoró, nombres que representan el abolengo de las tres estirpes primigenias "que se amalgaron entre tumbos de amor y epopeyas de trabajo", según cuenta el escritor Oscar Gerardo Ramos. En realidad, hoy en día también existen tres vertientes étnicas en el departamento que provienen del altiplano quechua, de la costa pacífica y de la llanura tolimense. En cuanto a las inmigraciones extranjeras se habla en especial de una germánica, pero también se sabe que se establecieron en el Valle del Cauca españoles, italianos y franceses. Todo esto, según el escritor, formo un vallecaucano "austero y generoso, retraído y alegre; soñador y práctico; arriesgado y sereno". Por supuesto no todos los vallunos ostentan esta "doble personalidad" y resulta muy difícil definir, en términos generales, cual es su idiosincrasia, puesto que en el Valle, como en todos los demás departamentos, hay gente de los más diversos temperamentos, concepciones y maneras de ver la vida.

LAS GRANDES HACIENDAS
Un fenómeno que ha marcado la historia del Valle, dándole una nota a la vez romántica y literaria, es la proliferación de grandes haciendas desde las épocas feudales, en torno a las cuales giraba la vida económica y social del departamento. De ellas se conservan hoy en día particularmente dos: El Paraíso y Cañas Gordas, cuyas historias trascendieron hasta las páginas de la literatura en las obras de Jorge Isaacs y José Eustaquio Palacios: la "María" y "El Alférez Real".
De la hacienda de Cañas Gordas, se cuenta que era la hacienda más grande, más rica y productiva de todo el territorio del Valle. Más de doscientos esclavos negros trabajaban en las plantaciones de caña, en el trapiche, en los cacaotales y platanares, sacando madera y guadua de los bosques, y cuidando el ganado. Su dueño, don Manuel Caicedo Tenorio, Coronel de Milicias Disciplinarias, Alférez Real y Regidor Perpetuo de Santiago de Cali, dirigía la hacienda con todo el criterio empresarial con que hoy se dirige una industria, aunque en medio de las relaciones laborales de la época, que hoy han desaparecido.
En aquella época los latifundios no tenían límites precisos, y cualquier extensión grande de tierra adquiría el nombre de estancia. Otra de estas haciendas era "Piedechinche", convertida hoy en el Museo de la Caña de Azúcar y también estaba "Llanogrande", de propiedad del capitán Gregorio de Astigarrera, entre otros, quién estableció un trapiche a orillas del río Anaime, alrededor del cual se formaron los asentamientos de Santa Helena y El Cerrito.
Estas haciendas influyeron de tal manera en la vida del Valle del Cauca qué su organización y modo de vida tal vez sean las responsables de la pujanza y manera de ser de los pobladores de hoy.

"LA CULTURA VA ADELANTE"
Amparo Sinisterra de Carvajal es sin duda alguna la persona más autorizada para hablar de la cultura de su departammento. Y no sólo por la posición que hoy ocupa, sino también y especialmente por el trabajo que ha realizado en diferentes frentes de la cultura por Valle y por Cali, su ciudad. Desde muy pequeña estuvó conectada con el ambiente artístico gracias a su padre, quien le transmitió el interés por la música y la poesía y quien - según ella misma dice- le enseñó a apreciar la naturaleza, "y la naturaleza tiene mucho que ver con el arte y con Dios". Su carrera profesional no ha sido sólo como artista, destacándose desde muy joven como bailarina, sino también como impulsora de la cultura, campo en el cual ha realizado obras de verdadera trascendencia para su departamento, y las cuales han sido tomadas como ejemplo en otras ciudades del país.
En 1969 fundó en Cali la primera compañía de ballet clásico en Colombia y organizó el Festival Panamericano de Cultura, con ocasión de los Juegos Panamericanos. En 1978 creó las emisoras culturales de la Fundación Carvajal, una educativa y otra de música clásica y en 1979 fundó Proartes, una institución creada para apoyar proyectos de espectáculos no rentables y como ente negociador con los empresarios de artistas extranjeros que visitan nuestro país.
P. ¿Cómo encuentra usted el panorama de la cultura en el Valle del Cauca?
R. Bueno, hace parte de un proceso lento de germinación de una semilla que se impulsó a principios de siglo. Hace 50 años el Valle era muy pastoril y esto se prestaba para las veladas de poesía y música. Pero sin duda la creación del Conservatorio de Cali, fundado por el Maestro Antonio María Valencia, marcó un impulso desicivo para el desarrollo cultural del departamento, desde el punto de vista musical. Y por otra parte la creación de La Tertulia en 1956, que nació en una casita, donde se vendían empanadas y se hacían tertulias, como su nombre lo indica, fue el paso definitivo de las artes plásticas. Curiosamente en Cali la mujer ha estado muy ligada al desarrollo artístico y cultural, yo diría que más que el hombre. Muchos piensan que se trata de viejas burguesas que se dedican a la cultura por distracción, o porque no tienen nada más que hacer, pero no es así, se trata de una cuestión en serio, de principio y es por esto que sus empresas han perdurado. En Cali hoy en día hay cosas tan importantes como el Instituto Popular de Cultura, que lleva más de 35 años investigando nuestro folclore, o el Instituto de Incolballet, o la Escuela de Artes Plásticas, y por supuesto no se puede dejar de nombrar el Teatro Experimental de Cali, dirigido por Enrique Buenaventura, una figura de renombre internacional. Yo creo que el éxito se debe a que cada persona se ha dedicado a impulsar un área diferente de la cultura y es por eso que se ha podido avanzar en cada una.
P. ¿Usted por qué cree que en Cali las mujeres se hayan tomado la cultura por su cuenta?
R. A esa pregunta yo respondo siempre con una respuesta muy personal. Yo creo que las mujeres tenemos una sensibilidad muy grande ante las manifestaciones artísticas y es por eso que nos ha interesado tanto el tema.
P. ¿En su concepto cuáles son los artistas más grandes que ha producido el Valle del Cauca?
R. Hay muchos y sería injusto dejar algunos por fuera, pero entre otros se pueden mencionar el Maestro Antonio María Valencia, los compositores Santiago Velasco Llano y Luis Carlos Figueroa, los hermanos Lucy y Hernando Tejada, Alcántara, Muñoz, Rayo y ahora los cantantes Francisco Vergara y Zorayda Salazar, pero hay muchos más.
P. Cuéntenos cómo anda Colcultura...
R. Colcultura lleva años de pobreza, pues en las actuales condiciones económicas la cultura no puede ser prioridad, y el recorte ha llegado a ser del 46% en el presupuesto del año pasado. Sin embargo hay muchas cosas que se están haciendo. Tal vez la más importante y la que define la filosofía de esta administración es la creación de las Juntas Regionales de Cultura. Es la primera vez en la historia que hay conformadas 32 juntas, las cuales se reunirán en Bogotá a principios del próximo mes de mayo para realizar una evaluación y plantear un diagnóstico del trabajo cultural en nuestro país, puesto que no se puede planear una política cultural si no se conocen las necesidades y expectativas de cada región. Se trata de no imponer la cultura o llegar a regiones apartadas con auxilios o con espectáculos, sino precisamente de lo contrario, de favorecer las condiciones y prestar la asesoría para que en cada lugar se desarrollen las manifestaciones culturales autóctonas. Los bibliobuses y cine móvil que nos llegaran próximamente (dos para cada departamento) serán un recurso muy importante para poder llevar a cabo esta política.
P. Y para cerrar con el tema de su departamento, ¿qué le hace falta a Cali y al Valle en cultura?
R. Es algo que le hace falta no solamente al Valle: el apoyo de los medios de comunicación y la existencia de un verdadero periodismo cultural, que no se limite a reseñar los espectáculos, sino que promueva nuestros valores y los dé a conocer. Mientras que el artista no llegue hasta el público, la obra de arte se queda sin cumplir su función, es como si no existiera. Y si los medios de comunicación y los mismos periodistas, no se dan a la tarea de difundir nuestra cultura, todos los esfuerzos que se hagan permanecerán aislados. La cultura debe ser noticia en nuestro país, necesitamos críticas profesionales que orienten al público y encaminen al artista.
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