Sábado, 21 de enero de 2017

| 1993/11/22 00:00

VEHICULOS

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El auto volador, ¿o la bendición?
PAUL MOLLER ES UN EX NIÑO GENIO, admirador de los colibríes, soldador de aviones, ingeniero aerodinámico, profesor de la Universidad de California, inventor y poseedor de una voluntad más que férrea. Esta descripción corresponde a la persona que hará posible el sueño de muchos: El auto volador. No es broma, este científico estadounidense lleva años diseñando prototipos de transporte cuyas ruedas sólo sirvan para despegar y aterrizar. El más conocido de sus inventos apareció hace más de cinco años. Se trató de una nave modelo MX-4, en forma de platillo volador que realizó un vuelo tripulado, ascendiendo verticalmente a 12 metros y moviéndose despacio hacia un área de césped. El vuelo duró algo más de tres minutos. Anterior a este modelo hubo dos más, el primero de ellos no pasó de deleitar a los muchachos de su barrio y el segundo de ascender una altura de 60 centímetros.
Un sueño real
De aquellos extraños aparatos sólo quedan los recuerdos, ya que el afán por llegar al auto volador del futuro sigue latente como el primer día. Para Moller este debe ser fácil de volar, extremadamente seguro y económico. Con estas premisas como bandera, este inventor logró combinar todas sus innovaciones en el Moller 400, el primer prototipo con fuselaje de un volantón para la producción. Este auto transportará a cuatro personas a una velocidad de crucero de 518 kilómetros por hora y tendrá una velocidad máxima de 676 kilómetros por hora. Se elevará a 12.190 metros y soportará un peso bruto inferior a los 454 kilogramos. El combustible que usará será gasolina común.
Pero...¿qué tan sencillo puede ser manejar esta nave del futuro? De acuerdo con su inventor, tres computadoras realizarían virtualmente todo el trabajo, incluso un piloto con habilidades mínimas no tendría mayores inconvenientes al momento de decidirse a operarla. El secreto estará en aprender a familiarizarse con sólo dos controles: una palanca a la izquierda, con la que se selecciona la altitud y el ritmo de ascenso. Y la palanca de la derecha, que es la que determina el rumbo que se desea tomar. La idea es que los nuevos dueños de este invento tendrán que pasar por un entrenamiento de dos horas, máximo, en un simulador. Esto será suficiente para manejar hábilmente la nave.
Muchos han sido los que a través de los años han intentado incursionar en el mundo de los autos voladores, todos sin éxito. La diferencia de estos inventores y Moller consiste en que este descubrió, quizás, la causa más importante de las fallas anteriores. Todo parece radicar en un motor Wankel rotatorio, diseñado a la medida y que ofrece la suficiente relación de potenciapeso necesarios para llevar a cabo el despegue vertical, todo sin contar con que, a la vez, es económico de producir. Moller compró la información técnica sobre un motor con un rotor único de la Outboard Marine Corporation, utilizado en la propulsión de trineos de nieve y lo mejoró convirtiéndolo en un motor fabricado principalmente en aluminio, con enfriamiento por aire y dos rotores. Con esto se alcanzó el objetivo de obtener un motor de 1,3 litros, que al girar desarrolle una potencia de más de 150 caballos de fuerza. La durabilidad será incrementada con una capa de cerámica en plasma rociada en el interior del motor y que es desarrollada por la NASA.
Si las investigaciones siguen en marcha, se calcula que el Moller 400 estará surcando los aires de las diferentes vías aéreas, más o menos en 1999 a un paso del siglo XXI. ¿Por qué tan cercana la fecha? Porque este prototipo se viene probando desde 1970 con cerca de más de 200 vuelos tripulados y no tripulados, acumulando 3.500 horas de vuelo. Todas las pruebas fueron realizadas en un túnel de viento donde se han legrado velocidades importantes.
Cuando este proyecto se lleve a cabo significaría la realización de un sueño y la solución a los embotellamientos. Aunque hay que reconocer que este avance también podría ser el origen de nuevos problemas, como la reglamentación y utilización del espacio aéreo, una vez que la idea se haya popularizado lo suficiente.
En Colombia... la bendición
Y mientras en Estados Unidos Paul Moller continúa perfeccionando su invento, en Colombia el sacerdote Francisco Rodríguez lleva 20 años bendiciendo peregrinaciones completas de carros y familias que los llevan con la ilusión de obtener inmunidad sagrada ante accidentes y robos.
¿EI lugar? El municipio de Bojacá, en Cundinamarca. ¿EI día? Todos los domingos.
Este ritual, que se cumple junto con tantos otros todos los fines de semana reúne a buses, colectivos, taxis, camiones nuevos, automóviles viejos, estrellados, sucios, relucientes y a sus respectivos dueños y familiares. Todos llegan pacientes y dispuestos a esperar, durante horas, por su turno que depende en su totalidad del paso del anciano padre de 73 años.
El proceso no tarda más de 50 segundos en cada carro, en total son cerca de 10.000 los que hacen cola, en espera de la bendición. Llegan de todas partes y a cualquier hora. Da lo mismo llegar tarde que temprano, igualmente los autos peregrinos quedan atrapados en los también tradicionales embotellamientos, que son peores que los de Bogotá. La diferencia radica en los dos policías que tratan en vano de acomodar los carros, en las pocas y angostas vías de acceso y en la escasez de semáforos.
A estas alturas, los habitantes de Bojacá ya se acostumbraron a ver, cada domingo, los potreros donde usualmente el verde es el que domina durante la semana, convertidos en parqueaderos públicos donde se cobra 500 pesos por los minutos u horas de parqueo.
Como sea, lo cierto es que si para los países más desarrollados la ficción de los autos voladores ya casi son una realidad, por estas tierra pasará mucho antes de que los carros de cuatro ruedas sean reemplazados por una solución tan drástica. Mientras tanto, la mayoría de la gente seguirá aferrándose al único camino que les asegura un transporte sin contratiempos: La fe.

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