Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/10/31 00:00

VEHICULOS

"HARLEYMANIA"

VEHICULOS

"HARLEYMANIA"
La fiebre por las motos Harley, las más famosas del mundo, rueda a toda velocidad contagiando a los 'yuppies' de los 90.

LIVE TO RIDE, RIDE to Live' es el lema de la marca más tradicional de motocicletas en todo el mundo: la Harley Davidson. El espíritu de libertad que identifica a quien tiene una de estas motos, se está tomando las principales ciudades del país. No es raro ver en las noches una caravana de motociclistas paseando por las calles con sus 'pintas', que son obligatorias para quien es dueño de una Harley.

La historia de la marca se remonta a 1903 cuando dos vecinos, William Harley, quien era mecánico, y Arthur Davidson, que trabajaba como obrero en una factoría, decidieron montarle un motor a una bicicleta. Su experimento tuvo éxito y quisieron comercializarlo, por lo que fundaron una planta en Milwaukee, que ha operado por espacio de 90 años. Poco a poco la motocicleta se fue popularizando, tanto, que con el tiempo Harley Davidson reflejaba una parte importante del estilo de vida estadounidense, así como la Coca-Cola, el blue jean o la hamburguesa.

La época de oro de la marca fue en la Segunda Guerra Mundial, cuando la producción de motocicletas la absorbió totalmente el Ejército norteamericano. Miles de motos salieron para Europa con el fin de ayudar a los aliados a movilizarse y llegar a Alemania. Terminada la guerra el esfuerzo de producción debió orientarse de nuevo al público común, por lo que los dueños decidieron pensar una moto que sirviera para el campesino pero también para el habitante de la ciudad. Así nacieron los modelos clásicos de Harley Davidson que se conocen como la Hardtail, la Softail, la Heritage o la Low Rider.

Los años 60 vieron reverdecer los laureles de la empresa cuando películas como Rebelde sin causa o Easy Rider sirvieron para enmarcar toda una cultura alrededor de las Harley. En especial esta última, protagonizada por Marlon Brando, que se convirtió en la apología más esperada por los motociclistas del mundo respecto del estilo de vida norteamericano. Era el nacimiento del espíritu harlista. El sentimiento de libertad, la vida sin límites ni leyes, el perpetuo viaje por las carreteras en busca de emociones fuertes son parte de esa moda. La cerveza y el licor, los cigarrillos y las drogas, las peleas y las mujeres rudas, pero hermosas, son conceptos que sirven para entender cómo es el harlista gringo. Además, la vestimenta termina por caracterizar al motociclista típico: chaquetas, pantalones y botas en cuero preferiblemente negro, gafas oscuras, cascos de guerra o pañoletas para cubrir la cabeza... en fin, toda una parafernalia que gira en torno de esta forma de vivir.

Luego, en los años 80, la aparición de las motocicletas japonesas de trial, motocross y alta velocidad desplazaron los gustos de la juventud por las clásicas norteamericanas. La fábrica de Milwaukee vivió su época más negra, pues las ventas disminuyeron vertiginosamente hasta el punto que la compañía cambió por primera vez de dueños, lo cual ha hecho en 11 ocasiones más. La idea que se tenía de una motocicleta no era precisamente la de viaje. Por el contrario, a quien tenía una se le identificaba con el deportista que la utilizaba para competir. Pero desde 1990 para acá, el renacimiento de Harley Davidson es evidente. El furor de la retro-moda, es decir, el gusto por las modas pasadas (en este caso de los 60) se empezó a sentir no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo.

Harley a la criolla
En Colombia el furor por la motocicleta norteamericana empezó hace cerca de dos años, cuando se hizo más fácil la importación de estas máquinas. Sin embargo, el harlismo no es tan riguroso como en Estados Unidos. En el país los verdaderos harlistas no pasan de ser unos 50. Quien tiene esta fiebre vive únicamente para las motos, conoce de mecánica y está pendiente de cualquier tipo de accesorio que se consiga en el mercado para 'engallar' la suya. Generalmente es un ejecutivo que puede tener entre 30 y 40 años, del tipo yuppie, que de día se pone corbata pero cuando de pasear en su moto se trata cambia totalmente de forma de vestir.

"Aquí muchos se creen harlistas simplemente porque tienen una moto japonesa que imita las Harley. El que tiene una Virago o una Vulcan está empezando bien, pero no termina hasta que no consigue su Harley", dice Eduardo Cañas, uno de los fundadores del club Santafé Riders con sede en Bogotá. Actualmente, no más de 50 personas conforman el club, que lleva seis meses de creado, el cual se hizo para compartir la experiencia de tener esa motocicleta.

La caravana comenzó con tres personas y en la última reunión se contaron 97 integrantes. Ellos se están reuniendo todos los jueves entre ocho y nueve de la noche para dar un paseo por Bogotá. El punto de encuentro es la calle 82 con carrera 15, en plena 'zona rosa'. De ahí salen y toman la carrera séptima hacia el sur y llegan al tradicional barrio de La Candelaria, donde dan la vuelta para dirigirse al mirador de La Calera, lugar en el que terminan su caravana. El espectáculo es soberbio. Los poderosos motores de estas máquinas rugen con la cadencia de una sinfonía afinada por la tecnología más moderna. Momentáneamente por donde pasan se paraliza el tráfico, únicamente para ver transitar 80 ó 90 motociclistas con aire de guerreros del siglo XXI, acompañados por hermosas mujeres que más parecen enamoradas de la moto que de otra cosa.

Fernando Herrera, especialista en historia de la Harley Davidson, cuenta que "las motos que se hacen allá no son para correr y sentir el vértigo de la velocidad. Para eso, el que quiera que se compre una Ninja que es una máquina hecha especialmente para correr. Las Harley se fabrican para satisfacer el deseo de viajar, de salir a expedición y por eso esta moto no le va a levantar más de 180 kilómetros, a no ser que usted la arregle ". De todas maneras son unas joyas de la mecánica. La fidelidad a esta marca en Estados Unidos es tal que en las reuniones anuales de motociclistas celebradas en Daytona, los harlistas más furibundos tienen como diversión localizar una moto japonesa para regarle gasolina y prenderle fuego.

Otra cuestión es lo que se siente al conducir una Harley. La experiencia, aseguran los entendidos, es indescriptible. "Usted se monta en un 'animal' de estos y se siente con un poder indescriptible. El sonido del motor no se parece al de ninguna otra marca y la comodidad no tiene comparación. La sensación es la de estar montado en el Rolls-Royce de las motocicletas", dice Enrique Ospina, quien es el orgulloso dueño de una Heritage clásica.

Los clubes de harlistas se están poniendo las pilas para satisfacer todas las necesidades que se derivan de esta inusitada afición. Ya está funcionando en la capital un almacén que vende exclusivamente artículos Harley Davidson. Jorge Cárdenas es el dueño de "Goyo Series", una tienda ubicada en la 'zona rosa' donde se puede conseguir cualquier cosa que tenga que ver con la marca. Hay ropa, relojes, billeteras, cascos, timones, esferos, navajas, llaveros, guantes, gorras, camisetas, botas, todo con la marca Harley Davidson. "Aquí consigue lo que necesite para la moto y para usted. Los artículos son traídos directamente de Estados Unidos y salen directamente de los productores autorizados de artículos para la marca", manifiesta Cárdenas.

Pero no todo es un jardín de rosas para los harlistas. Hace poco la Policía hizo una redada después de la cual el club se vio forzado a suspender temporalmente los paseos del jueves. "Infortunadamente hay gente que piensa que por ser nosotros motociclistas entonces tenemos que ser vándalos, tropeleros o quién sabe qué más cosas. Nosotros, aparte de montar moto, no molestamos a nadie. La caravana pasa y a la gente le gusta vernos. Simplemente no falta quien se queje del ruido o el que piense que somos pandilleros. Además en ciudades como Londres, París, Nueva York y Miami es un espectáculo tradicional, y no les ponen tanto problema", comenta Eduardo Cañas, harlista de jornada continua. Es tal el virus de la 'harleymanía' que Cañas abrirá dentro de poco tiempo un bar especializado en Harley Davidson. Tendrá servicio únicamente durante el día y contará con una boutique, servicio de lavado y taller de mecánica. Obviamente tendrá adornos, afiches y fotografías todas alusivas al espíritu harlista, y habrá videos para aquellos que gustan de la música.

El próximo 14 de octubre se reunirán en Medellín los harlistas de todos los rincones del país. Se tiene calculado que al encuentro asistan unos 1.000 motociclistas. Habrá desfiles, paseos campestres, carreras, cuarto de milla, videos, mercado de motos y concursos con premiación a la mejor 'pinta' o a la moto más 'engallada'. Prácticamente, este será el lanzamiento oficial de una fiebre que se pasea por las oficinas de los yuppies nostálgicos por los locos años 60: la 'harleymanía'.-

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