Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1983/09/05 00:00

VIOLACION

Una realidad que persigue a las mujeres desde niñas, en la actualidad alcanza en Colombia dimensiones alarmantes. Cualquiera en cualquier lugar puede ser una víctima

VIOLACION

Por razones obvias, los nombres de cada una de las víctimas de violación que aparecen en este informe son ficticios. Los casos son reales.
"Mercedes, 19 años, regresa como todos los días de su trabajo. A las 6 de la tarde desciende de la buseta para tomar otra que la dejará cerca de su casa. Se dispone a cruzar la avenida 68 con calle 26 cuando, de pronto, siente que alguien la punza a la altura de la cintura. Un hombre le ordena que lo siga, mientras le dice: "si se porta bien, nada le pasará". La mujer obedece aterrorizada. El atacante la despoja de las joyas y el dinero que lleva. Cumplido el atraco, el individuo la empuja hacia una zanja profunda en donde consuma la violación. "Si llega a denunciar ésto" le dice el violador, cualquiera de los 10 que trabajamos en este sector la liquida".
"Ana, 35 años, es invitada a salir por un compañero de trabajo. Ella rechaza la invitación, alegando que tiene un novio. Cierto día, al abandonar su trabajo y abordar una buseta siente que pierde el conocimiento. Cuando lo recobra se encuentra sola en una calle del norte de Bogotá. En medio de su confusión, paulatinamente va recordando... En la buseta, una mujer le ha hablado y, tras sentir un sopor, probablemente por efecto de la escopolamina, recibe la orden de descender. Ella no puede oponer resistencia y la sigue. Toman un taxi y llegan a una discoteca en donde, en un reservado, la espera el compañero de trabajo a quien había rechazado. El recuento de lo ocurrido posteriormente culmina con la violación.
Estos casos, registrados en el Centro de Información y Recursos para la Mujer, no son aislados. Son sólo dos de los 10 que, en promedio, se registran diariamente en Bogotá, dos más de los cientos que no se reportan en las demás ciudades del país. "Ninguna mujer está exenta del constante peligro que corre de ser sometida a violación", afirma la doctora Olga Lucía de Toro, directora del Centro. "Además, agrega, los casos de violación no son exclusivos de algunos barrios o sectores sociales; es un fenómeno que puede ocurrir a cualquiera en cualquier parte".
Cualquier esquina, cualquier terreno baldío, cualquier calle o pasillo y hasta el propio lugar de domicilio o de trabajo, puede convertirse en el escenario de una violación. Y toda mujer, sin discriminación de edad, clase social, raza, atractivo físico o, inclusive, estado mental, es víctima potencial de este tipo de violencia. Lo prueban algunos de los casos recientemente registrados en Medicina Legal: el de una señora cercana a los 50 años, de clase media alta, que es abordada al descender de la buseta por un joven que le pide plata. Cuando ella menos lo piensa, el hombre le saca una puñaleta y la obliga a caminar hasta un lote donde la viola. O el de una pequeña de año y medio quien, en un descuido de sus padres, desaparece cuando estaba jugando con unos amiguitos en una fiesta infantil. Los padres denuncian el caso en la Comisaría más cercana. Pocas horas más tarde, la niña es encontrada llorando en un potrero. Presenta impresionantes desgarraduras. También aparece consignado el caso, no menos espeluznante --SEMANA pudo verificarlo cuando visitó las instalaciones de Medicina Legal--, de una retardada mental, con problemas de audición y de lenguaje. Había tomado un bus que no la dejó en el lugar a donde se dirigía. Desorientada, se vio cercada por tres hombres que, sin consideración alguna y después de haberla conducido a un lugar despoblado, la violaron.
Pájaros que disparan a las escopetas
La violencia sexual es uno de esos problemas que, paradójicamente, o no salen de su confinamiento en las notas de la crónica roja de los periódicos tradicionales o son explotados por los medios sensacionalistas en la forma más burda. Y no porque sea un fenómeno de esporádica ocurrencia, sino porque continúa siendo, a pesar de su generalización, un tema tabú sobre el cual se tiende un sospechoso velo de indiferencia o un deliberado silencio. Mientras en otros países del mundo hay conciencia de la gravedad del problema y se intensifican las investigaciones y estudios al respecto, se llevan estadísticas (ver recuadro), se crean centros de apoyo y los movimientos feministas encaran valientemente el problema, en Colombia apenas si existe información objetiva, datos confiables o registros estadísticos. Esto a pesar de que el delito está cobrando dimensiones alarmantes.
La violación es pan de cada día en la vida de los colombianos, especialmente en ambientes de marginalidad urbana y en zonas rurales donde se dan condiciones altamente propicias para la violación y las relaciones incestuosas. En estos ambientes los padres y padrastros son los protagonistas del delito, y jóvenes entre 10 y 20 años las víctimas. Esto obedece a un patrón patriarcal muy arraigado, según el cual la iniciación sexual de la hijas tiene un contenido ritual para el padre que se siente propietario y por lo tanto libre para disponer de ellas a su antojo.
Por estas razones, es frecuente el cuadro del hombre dominante y la esposa pasiva que no denuncia, condicionada por el miedo, la verguenza y la ruina económica que podría traer a la familia la detención del jefe de hogar. "Sin embargo es importante tener en cuenta, afirma el doctor Roberto Cansascal, médico del Hospital Materno Infantil, que el acceso carnal de un familiar hacia un menor sigue generalmente a una etapa de seducción, lo cual de alguna manera hace menos violento el hecho".
Por otra parte, en sociedades altamente machistas como la colombiana, la violación está institucionalizada en ese derecho de pernada según el cual, no solamente los padres, sino también los jefes, patrones, líderes sindicales, gamonales, hacendados, caciques de pueblos, maestros exigen a la mujer para pagar supuestos favores. Y es también esa realidad que persigue a las mujeres desde niñas y que se traduce en las repetidas advertencias de las madres: "no salgas sola", "no hables con desconocidos", "no aceptes dulces, ni regalos, ni paseos"...
La pobreza, la explosión demográfica, la ignorancia, el temor, son variables cuyo cruce, en muchas ocasiones, resulta en el incremento de ciertas conductas delictuosas como la violación, un hecho no cualitativamente diferente de las múltiples formas de violencia extendidas. Violar a una mujer es una afirmación de poder, coinciden en afirmar psicólogos y psiquiatras consultados por SEMANA.
En la violación está latente la concepción mujer pasiva-hombre activo; además, responde a la dialéctica del sadomasoquismo macho dominante agresor-hembra dominada, agredida coinciden en señalar quienes conocen de cerca el tema y destacan, además, que en el fondo los violadores son producto no solamente de un sistema de valores arcaicos, sino también de una sociedad violenta y agresiva. El doctor Carrascal afirma: "la totalidad de los casos que he podido ver corresponden a un cuadro de miseria y de hambre. Se enmarcan dentro de la descripción de una sociedad violenta y agresiva. La mujer se convierte "entonces" en el objeto sobre el cual los hombres descargan su agresividad. De allí que las mujeres violadas experimenten amenazas desproporcionadas, golpes e insultos." Investigaciones adelantadas en algunos países evidencias que las biografías de los ofensores sexuales están marcadas brutalmente por la miseria, el desafecto y la frustración. En sus casos, la madre posee una personalidad subordinada y el padre, la de un macho déspota que apela a la violencia como método para mantener su autoridad al interior de la familia.
Según los pocos datos que se tienen a mano sobre el tema, las modalidades más comunes de violación que se presentan son las siguientes:
-Atraco: con el pretexto de despojar a la víctima de sus bienes, una vez realizado el robo, el victimario viola a la mujer robada.
-Violación: en este caso, el único objetivo es la consumación violenta del acto sexual.
-Violación con drogas: mediante la utilización de fármacos, especialmente de escopolamina (conocida popularmente como "burundanga"), el violador rompe toda posibilidad de resistencia de la víctima. La violación se consuma sin dejar rastros de violencia física. Estos casos, se cree, llegan al 15% de los pocos que se denuncian.
Este tipo de delito nunca es denunciado en la misma proporción y con la frecuencia con la cual ocurre. La presión del medio social hace que la denuncia de una agresión sexual sea un proceso humillante donde "los pájaros disparan a las escopetas" y en el cual los afectados, generalmente mujeres, son objeto de reprobación social. Las víctimas se convierten en culpables.
La otra cara de la moneda
La contraparte de la mujer violada, el violador, afirman quienes han investigado el fenómeno de la violencia sexual, se encuentra no necesariamente dentro del reducido grupo de los dementes psicópatas como erróneamente se cree, sino, pardójicamente, dentro de gente considerada normal: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, amantes, esposos, padres, hermanos...
Algunos investigadores, incluyendo a Freud, afirman que en los hombres la agresión y la sexualidad están estrechamente unidas y que por lo tanto los hombres no pueden ser responsabilizados si violan. Sin embargo, este cuadro de la violación se apoya más en prejuicios que en hechos. Investigaciones y estudios adelantados en algunos países demuestran que la educación tradicional que recibe el hombre determina que, desde la adolescencia, sea inducido a separar fácilmente su respuesta sexual de sus emociones y sentimientos. Se supone que frente a una mujer atractiva sexualmente, una "hembra" como se la califica comúnmente, un hombre no podrá evitar sentirse como fuera de sí y que, entonces, la agresión sexual, la importancia de aparecer viril ante una mujer, se convierte en una especie de test ritual de su hombría. Un macho virgen e inexperto es objeto de burla y es por eso que la actividad sexual se presenta como la ocasión propicia para manifestar las cualidades que se consideran masculinas: fuerza, poder, independencia, tenacidad... La violación, entonces, pertenecería al repertorio de conductas sexuales de hombres considerados normales y se podría interpretar como una forma de satisfacer una imagen cultivada de machismo. Sin embargo, estos comportamientos, se ha podido comprobar, tienden a registrarse más en aquellos hombres que se consideran a si mismos "perdedores" en otras áreas de su actividad o que registran en su vida actos de violencia similares.
Las estadísticas, en países donde se llevan rigurosamente como en los Estados Unidos, indican que la teoría de que los violadores actúan por impulso es falsa. Por ejemplo, un estudio adelantado durante 10 años por el sociólogo Menahem Amir en el estado de Filadelfia arroja los siguientes resultados: 71% de las violaciones son planificadas; 85% de los violadores utilizaron violencia física o amenazaron con armas; más del 50% asaltaron a sus víctimas introduciéndose en sus casas. En México, el 60% de las violaciones son premeditadas; el 50% se comete en los hogares de las víctimas y el 50% son perpetradas por personas conocidas de las mujeres violadas. Y en Colombia, los pocos datos conocidos revelan que 65 por ciento de las violaciones son cometidas por desconocidos; el 35% por personas de su entorno social (compañeros de trabajo o estudio, vecinos, amigos del novio). Una de las repetidas modalidades de violación se presenta cuando se produce el rechazo al asedio amoroso de un pretendiente, como cuando se corta una relación.
¿Son realmente todos los hombres violadores en potencia? ¿Existe lo que alguna vez la revista Newsweek concluyó a partir de Alex --el hombre que es violado en la película "La naranja mecánica"--, que es una necesidad ampliamente extendida de satisfacción directa de los instintos sexuales, algo oscuro y ancestral? ¿Los violadores son la punta de lanza del patriarcado? ¿Es reacción extrema el concepto latente de que, en el fondo, todas las mujeres quieren ser violadas? Las respuestas y opiniones se dividen al respecto.
Las víctimas
Un silencio sospechoso encubre la violación. La verguenza, la ignorancia y el miedo son sus principales cómplices, lo mismo que la velada creencia de que toda mujer, en el fondo, desea ser violada. De ahí que haya razones suficientes para afirmar que son muchas más las violaciones perpetradas que los casos reportados. Se calcula que, a nivel mundial, el promedio de denuncia es uno por cada cinco casos de violación.
Quienes han estudiado el problema coinciden en afirmar que las víctimas no denuncian el delito por varias razones: miedo al violador de quien teme represalias si lo denuncia; temor a las pruebas por las que tiene que pasar --generalmente practicadas por hombres--, como recorrer el área en una patrulla, soportando muchas veces comentarios y burlas de mal gusto, salpicados de preguntas como "¿por qué no se defendió?" o "¿le gustó?"; rechazo a someterse a exámenes ginecológicos que las condiciones traumáticas de la violación hacen aparecer como vejatorios y, finalmente, otros factores como sentimientos de culpabilidad y verguenza, y la sensación de que la justicia en las sociedades machistas está del lado de los violadores.
Algo de todo esto lo ilustra el caso de Teresa, 15 años. Va a pasar vacaciones cerca de Zipaquirá a donde unos familiares. Una noche 4 individuos asaltan la casa y encierran a la abuelita y a una pequeña en una habitación. Teresa es amarrada en la sala y violada por los asaltantes. Roban la casa y se marchan. Simultáneamente con la denuncia por robo se hace la demanda por violación a Teresa. Los trámites obligan a la madre a pedir tantos permisos que es despedida de su empleo. Una crisis económica sacude a la familia, ya fuertemente golpeada por la violación de la jovencita.
Especialistas consultados por SEMANA coinciden en afirmar que las consecuencias psicológicas de la violación superan muchas veces en gravedad a las vivencias físicas y que las víctimas, independientemente del estrato social al que pertenezcan, desarrollan enormes traumas. Una disminución en la autoestima y una incapacidad para establecer una relación heterosexual normal caracterizan el comportamiento de gran porcentaje de las mujeres violadas quienes, además --como lo pudieron establecer hace varios años los sexólogos Masters y Johnson--, presentan reacciones como la frigidez y el vaginismo que les impiden desarrollar una vida sexual normal. En otros casos, se producen cambios en los patrones de alimentación y sueño, lo mismo que un agudo sentimiento de paranoia. Es el caso de Rosa, 21 años, atendido en el Centro de Información y Recursos para la Mujer. Un día, ella y una amiga se dirigen a una fiesta donde unos amigos en la pequeña ciudad de provincia donde residen. De pronto, a mitad del camino, 5 hombres las atacan. Rosa conoce a uno de los hombres. Las obligan a subir a un carro y las conducen a un lugar solitario donde las violan. Rosa, temerosa de revelar el hecho a su familia, viaja a Bogotá en donde se somete a un tratamiento psiquiátrico, pues su problema se ve agravado por un embarazo. "Fantasía violatoria" es el errático dictamen médico. Ella no comprende cómo puede calificarse así una violación múltiple. En medio de inmensas presiones psicológicas se produce el nacimiento de una niña que, días después, muere. Hoy, sin haberse podido recuperar del trauma, Rosa es incapaz de aceptar ningún tipo de relación con un hombre.
Por otra parte, las víctimas resienten la actitud social de recelo que pone en tela de juicio su versión e insinúa indirectamente que la mujer estimula el asalto sexual. Esta situación se agrava por el hecho de que, salvo excepciones, la violación ocurre sin testigos. Generalmente, el único testigo es la propia víctima y una defensa débil la hace cómplice. Sin embargo, una investigación criminológica adelantada en Alemania, y las comprobaciones empíricas de los casos que llegan a conocimiento de las autoridades en Colombia demuestran que, aunque normalmente el violador no asesina a su víctima, en la mayor parte de los casos una resistencia muy fuerte por parte de la agredida determina que se eleven significativamente las cifras de las víctimas con lesiones serias y de muerte. A pesar de estas evidencias, se piensa que no es posible violar a una mujer sin su consentimiento y, en el fondo, lo que se espera de ellas es que si se enfrentan a un violador se comporten como María Goretti, quien pasó a la galería de los santos porque prefirió morir "virgen y mártir" antes que dejarse violar.
Aun cuando las mujeres son desde tiempos inmemoriales las principales víctimas potenciales y reales de violación, ese fenómeno se ha venido extendiendo, como lo denuncian alarmados funcionarios de Medicina Legal, psicólogos, sociólogos, psiquiatras y médicos consultados por SEMANA. Con el incremento de conductas homosexuales en el país cada día se cobran más víctimas entre niños y adolescentes. Tanto en la Casa de la Mujer como en Medicina Legal aparecen registrados, entre otros, los casos de dos niños de 11 años violados por hombres de 22 y 40 años respectivamente. Uno de ellos, caso excepcional, fue reconocido por el niño pocos días después de cometido el delito, denunciado y capturado.
En términos generales, podría afirmarse que la violación se convierte en algo infamante para quien la sufre y no para quien la comete, dada "la completa falta de lucidez sobre la gravedad del delito que existe en sociedades machistas como la nuestra" sostiene Luz María Londoño psicóloga del Centro de Información y Recursos para la Mujer.
Dadme un prejuicio y moveré el mundo"
"Era tal la perplejidad del juez instructor ante la falta de pruebas contra Santiago Nasar, que su buena labor parece por momentos desvirtuada por la desilusión. En el folio 416, de su puño y letra y con la tinta del boticario escribió una nota marginal: Dadme un prejuicio y moveré el mundo", se lee en la "Crónica de una muerte anunciada".
Ningún otro delito como el de la violación está tan cargado de prejuicios, ningún hecho punible está tan plagado de mitos; ninguna incriminación es tan fácil de levantar, tan difícil de probar y, a la vez, tan fácil de desvirtuar. Ni siquiera los científicos han sido capaces de tratar el problema libres de prejuicios. Detrás de todo se esconde esa premisa que Balzac resumió diciendo: "No se puede enhebrar una aguja si ésta no está quieta".
El criminólogo Hans Levy afirmaba hace 50 años que no era posible "forzar al coito a una mujer que presente resistencia sincera" y así lo siguen creyendo millones de personas a todo lo largo y ancho del mundo. Alfred Kinsey, a pesar de haber ventilado tantos prejuicios sexuales, se permitía hacer chistes como el que relata uno de sus colaboradores: "la única diferencia que existe entre una violación y una experiencia hermosa, estriba en si los padres de la niña estaban despiertos o no cuando ella llegó a su casa". Otros investigadores se apoyan en una discípula de Freud, Helen Deutsch, para alimentar el mito del deseo femenino de experimentar la violencia sexual, y hacen caso omiso de la no comprobación científica de la teoría del masoquismo femenino.
Problemas de interpretación y dificultad para probar el delito (si no se reúnen las pruebas suficientes en 24 horas el sospechoso recupera la libertad) son los que determinan que los procedimientos judiciales se conviertan en un martirio que las víctimas prefieren evitar. La tendencia a no calificar un suceso como violación es tanto mayor mientras mejor se conozcan víctima y victimario, y mientras peor sea la reputación de la mujer (la ley colombiana no protege a las prostitutas).
Dónde está el límite entre la seducción y la violación parecería ser la cuerda floja por la que caminan los jueces: gran número de casos se ubica en esa zona donde resulta difícil decidir si el comportamiento humano conducirá a dos personas hacia una relación amorosa o hacia una relación criminal. De ahí que, por ejemplo, las mujeres casadas no tengan protección legal en este sentido en casi ningún país del mundo. El delito de violación cometido por el marido parece que sólo está reconocido por las legislaciones de Australia y Estados Unidos. Sin embargo, en este último país, a pesar de que se calcula que hay más de dos millones de esposas violadas al año, las denuncias son mínimas. Generalmente, no se realizan por la creencia tradicional de que el matrimonio es un consentimiento incondicional para las relaciones sexuales. No se entiende, y menos en países como Colombia, que si una mujer decide no tener contacto sexual con un hombre en particular y en un momento dado, y éste decide proceder contra la voluntad de ella, se está frente a un acto de violación.
Las leyes de los diferentes países contemplan distintas penas para los culpables de violación: Italia prevé de 3 a 10 años de cárcel; Suiza hasta un máximo de 20 y en los países anglosajones puede llegar a cadena perpetua. En Francia, la sanción penal resulta leve, comparada con aquella que se aplica a otros delitos: mientras quien viola una caja de seguridad de un banco es castigado con una pena que oscila entre los 10 y los 15 años de prisión, quien viola una mujer apenas si arriesga un máximo de 5 años.
En Colombia, para penalizar la violación, la ley tiene en cuenta aspectos como la edad no sólo de la agredida sino del agresor, lo mismo que el concepto de "criminalidad latente" en la pareja. Sin embargo, aunque este último está contemplado en la ley penal, no se presentan casos de mujeres que instauren procesos contra sus maridos o compañeros, no sólo por ignorancia, sino por temor. Además, el Código Civil establece que la mujer debe estar dispuesta siempre a la relación sexual con su marido.
De acuerdo con el Código Penal, los delitos sexuales se discriminan y penalizan así:
--Acceso carnal violento: 2 a 8 años de prisión. Para que se configure ese delito debe haber penetración anal o vaginal.
-Acceso sexual diverso: 1 a 3 años de cárcel. Contempla erotismo sexual pero no penetración.
-Acto sexual que coloca a la víctima en estado de inconciencia: 2 a 8 años de cárcel. Para que se califique este delito se debe probar que el acusado suministró a la víctima bebidas alcohólicas, drogas, etc.
Son alarmantes las proporciones que está alcanzando la violación en Colombia. Sin embargo, dado que el tema sigue siendo tabú y su tratamiento, cuando lo hay, adquiere carácter de sensacionalismo amarillista, no se ha avanzado lo suficiente ni en la forma de evitarlo, ni en la forma de enfrentarlo.
En general, las mujeres prefieren no plantearse nunca la posibilidad de ser violadas antes de salir a la calle, razón por la cual no toman precauciones. Sin embargo, la experiencia aconseja todo lo contrario. Así como se protege la cartera y se evita transitar por calles solitarias por temor al atraco, así también las mujeres deben intentar al máximo dificultar el trabajo de esos violadores ad honorem que andan sueltos. "Mujer prevenida vale por dos" y "soldado avisado no muere en guerra" deberían ser los slogans de la mujer cuando sale a la calle para enfrentar una nueva jornada de trabajo.
A nivel institucional, en el sector privado, una serie de especialistas interesados en el problema y preocupados por la gravedad que ha adquirido, han promovido la creación de centros de asistencia y apoyo como la Casa de la Mujer y el Centro de Información y Recursos para la Mujer en Bogotá, cuya labor se está proyectando hacia otras ciudades del país. En el sector oficial. el Instituto de Medicina Legal está intentando, mediante el trabajo de psicólogas y trabajadoras sociales, hacer menos traumáticos los trámites legales, con el fin de crear un ambiente propicio para que haya más denuncias y no queden impunes las cientos de violaciones que ocurren diariamente en el país. Son los primeros pasos para "ponerle coto" a este tipo de violencia que, hoy por hoy, ocupa en Colombia, como en otros países del mundo, los primeros lugares en las "cifras negras" de la criminalidad.--
"Si por aquí llueve...
...Por allá no escampa", dice el refrán popular. Si bien en Colombia el fenómeno de la violación se ha ido generalizando, no es menos cierto que en otros países del mundo también alcanza las dimensiones de un grave problema social.
México: las violaciones ocupan el quinto lugar entre los hechos delictivos que ocurren en este país. Cada 9 minutos es violada una mujer y están en libertad el 95% de los violadores. Las estadísticas de 1982 registran 80 mil casos.
Costa Rica: se calcula que por cada 100 casos denunciados sólo un 14% se condena. Este delito ocupa los primeros lugares dentro de las cífras negras de la criminalidad.
Repúbilca Dominicana: la mayoría de las violaciones se cometen contra mujeres entre los 10 y los 17 años. Se calculan 13 violaciones diarias y una denuncia por cada 5 casos.
Perú: las estadísticas más recientes arrojan una cífra de 2.100 casos anuales que equivalen a 5 violaciones diarias aproximadamente. El 99% de los casos de denuncia y juicio por violación los pierde la mujer.
Chile: es el delito que presenta el mayor número de casos no denunciados. Informes del Instituto Médico Legal de Santiago revelan los siguientes datos: de los casos conocidos un 44% de las víctimas tiene entre 15 y 19 años. 26% entre 20 y 29 años; 20% entre 10 y 14 años; 10% entre menores de 10 ó mayores de 30. Un 30% son estudiantes, 38% amas de casa y 28% empleadas del servicio doméstico. Entre las víctimas preferidas figuran niñas débiles mentales o pequeñas ultrajadas en el mismo hogar, por padres o hermanos, especialmente en los estratos más bajos de la población.
Alemania: se denuncian cerca de 7 mil violaciones e intentos de violación al año, de los cuales sólo se condenan el 10%. Pero se estima que la cífra real es 10 ó 20 veces mayor, lo que significaría entre 70 y 140 mil mujeres violadas anualmente, una mujer cada 5 minutos aproximadamente.
Sur Africa: es uno de los países con las más altas tasas de mujeres violadas. Solamente entre 1979 y 1980 se registraron 16.149 casos y se calcula que el número es 10 veces mayor. Hay quienes sostienen que en este país el sistema de apartheid puede influir. Los actos de violencia, proporciones guardadas, son cometidos en la mayoría de los casos por gentes de color y hay quienes sostienen que eso puede crear un sentido de poder en los politicamente sin poder. Es una forma de hacerse sentir, de expresar sus frustraciones y sus odios. Se calcula que cada 3 minutos se comete una violación.
Habla el psiquiatra Alvaro Villar
Alvaro Villar Gaviria, psiquiatra, autor de varios estudios entre los que se destacan uno sobre el servicio doméstico y otro sobre la opresión de la niñez, es asesor de la Casa de la Mujer. Entrevistado por SEMANA, respondió a algunos de los interrogantes más comunes que se plantean en torno al tema de la violación.
SEMANA.: ¿Cuáles son, en general, las principales secuelas que deja una violación?
ALVARO VILLAR.: Es difícil especificar a nível general cuáles son Sin embargo, diría que se resumen en un odio violento hacia el hombre en general. Aunque también deriva en muchas dificultades para desarrollar posteriormente una vida sexual satisfactoria. Si la violación tiene como consecuencia un embarazo, éstas se vierten sobre el hijo y resultan mezcladas con los conflictos propios de un nacimiento en estas condiciones.
S.: ¿Cómo interpreta el fenómeno tan común en áreas rurales y sectores populares de la violación de mujeres por parte de padres y hermanos?
A.V.: La violación de los padres a las hijas no siempre se puede configurar como un acto de violación al lado de las violaciones como tales, ya que en la mayoría de los casos está ausente la violencia. Existe toda una etapa previa de seducción y como la víctima, por lo general, desconoce qué es lo que le espera, en la mayoría de los casos accede como algo natural.
S.: ¿Los violadores se pueden considerar como aberrados sexuales? A.V.: Es mejor no utilizar el término de aberrado sexual, Porque se caería dentro de una categorización de orden moral. Yo afirmo que la sociedad educa al hombre dentro de la concepción de que es un ser superior y, Por lo tanto, dueño de todas las mujeres. Por eso se le hace creer que es un derecho suyo el aprovechamiento y uso que pueda hacer de todas ellas. Además, la desfloración es una prueba de nuestro machismo secular. El problema, a mi modo de ver, es el resultado de una tremenda desigualdad sexual. La mujer sigue en condiciones de inferioridada todos los níveles.
S.: De su larga experiencia en este tipo de casos, ¿hay diferentes reacciones según se trate de mujeres con alguna experiencia sexual o sin ninguna experiencia?
A.V.: No, ninguna. Sin embargo, creo que el daño que se le hace a una joven o a una niña es mucho mayor, porque le causa un daño tal vez irreparable. Es probable que durante el resto de su vida no pueda jamás olvidar eso. Aquí cabe destacar el papel que cumplen las casas de asistencia a la mujer. La información y orientación que imparten sobre el cuerpo de la mujer, lo mismo que la continua publicación de documentds, la realización de cursos y foros son ayudas valiosísimas para las mujeres violadas y para las que potencialmente están en capacidad de serlo. Las mujeres que pueden hacerse tratamiento sicológico de una violación son minimas, sin contar con el hecho de que el desconocímiento de que existen terapias para su mejoramiento es total.
S.: Hace poco un grupo de mujeres denunciaba la violación como un hecho cotidiano en la vida de los hogares colombianos. ¿Qué opina al respecto?
A.V.: Estoy de acuerdo. La vida de pareja es para la mujer un continuo estado de sujeción, de dominio del hombre sobre ella. Así la mujer trabaje, siempre estará sujeta a ese ser más fuerte que la sociedad ha erigido: el hombre. Por eso no importa qué tan dura sea la labor económica de la mujer que debe combinar con la carga doméstica, porque en el terreno sexual eso no cuenta. El hombre cuando unilateralmente lo decidé, hace uso de su mujer, independientemente de la voluntad de ella. No hay diferencia en los diferentes estratos sociales aunque en las clases populares lá mujer debe aguantar, además de la violencia sexual, la violencia de la vida diaria de su miseria y en la mayoría de los casos la viólencia física de los golpes habituales. En las clases media y alta la violencia adquiere formas más sutiles, pero no menos graves.*
Medicina Legal
Teresa Galvis Valbuena, sicóloga de la Universidad Católica, está vinculada al Instituto de Medicina Legal desde hace 7 años. Desde septiembre del año pasado fue encargada de la orientación a las mujeres violadas que llegan a Medicina Legal.
SEMANA.: ¿Qué arrojan las estadísticas sobre la violación en la capital?
TERESA GALVIS.: Como el problema no había adquirido las dimensiones que hoy tiene, Medicina Legal no llevaba estadísticas. Sin embargo, a partir de septiembre de 1982 se comenzó a llevar un registro y hasta el mes de abril se denunciaron 385 casos, lo que arroja un promedio de 48 casos mensuales.
S.: ¿Se han detectado algunos sectores como especialmente peligrosos?
T.G.: Los puentes de la Avenida Boyacá con calles 68 y 26. En el sector de Chapinero, las calles 60 y 63 con carreras 13 y 14. Allí opera un grupo compuesto por tres hombres y una mujer que tienen una casa en el sector donde cometen sus atropellos.
S.: ¿Cuáles son los trámites que debe adelantar una persona violada para poner una denuncia?
T.G.: Debe levantar una demanda en el juzgado o comisaría más cercanos. La persona demandante es remitida a Medicina Legal para constatar la veracidad de la demanda. En Medicina Legal debe hacer entrega de la orden y de ahí pasa a la oficina de Sicología para una entrevista y una sesión de orientación sicológica, con el obje

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