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| 8/9/1993 12:00:00 AM

VIRAJE HISTORICO

Ante la imposibilidad de revivir el pacto de cuotas y la gravedad de la crisis, los cafeteros de América Latina crean por primera vez su propia organización. SEMANA recogió impresiones en varias capitales del mundo cafetero ...

VIRAJE HISTORICO
LA SEMANA PASADA LOS PRODUCTORES DE café de América Latina llegaron a un acuerdo que hubiera parecido imposible hace pocos meses. Desesperados por la crisis de la industria y asediados por los bajos precios del grano se convencieron de que la única opción era la unión. Y para salir al otro lado decidieron aplicar un esquema mediante el cual los caficultores de Brasil, Colombia y Centro América se comprometen a retener el 20 por ciento de las exportaciones de café correspondientes al año cafetero 1993-1994.
Y es que la crisis iba para largo. A raíz de la ruptura del Acuerdo Internacional del Café, en 1989, el mercado había caído en un desequilibrio que parecía no tener fin. La oferta alcanzó niveles muy superiores a los que habían existido en el pasado -como consecuencia de la terminacion del pacto de cuotas y de la libertad de flujos de café- y los consumidores acumularon gigantescos inventarios.
Los dos fenómenos se tradujeron en mayores cantidades de grano disponibles en el mercado. Y como consecuencia de ello los precios cayeron de un dólar por libra al piso de 47 centavos alcanzado en septiembre del año pasado: el precio más bajo en la historia del café. Desde entonces la recuperación ha sido muy modesta, con fluctuaciones en el rango de 50 a 65 centavos de dólar por libra.
El problema de la oferta se ha ido corrigiendo por la misma situación del mercado. El consumo mundial de café es del orden de 92 millones de sacos, pero de ese total 20 millones de sacos se consumen en los mismos países productores. Lo que quiere decir que el consumo real de los países no productores es de 70 a 72 millones de sacos por año. Para el período cafetero 1993-94 la producción mundial va a ser del orden de 85 millones de sacos, que una vez ajustados con los 20 millones de consumo interno solo dejan para el mercado de exportación alrededor de 65 millones de sacos. Eso representa un déficit de por lo menos seis millones de sacos.
El problema de los inventarios, en cambio, es mucho más problemático. Y es, sin duda -y de acuerdo con varios corredores de la Bolsa de Nueva York con quienes se entrevistó SEMANA-, el factor que más presión adversa está ejerciendo sobre los precios del grano. El nivel dc inventarios en manos de los consumidores, que normalmente era del orden de 10 millones de sacos -equivalentes a tres meses de consumo- se sitúa en la actualidad en 20 millones de sacos, de los cuales la mitad está en Estados Unidos. Ese país representa normalmente la tercera parte del mercado mundial de café y tiene hoy por hoy el 50 por ciento de los inventarios y el 60 por ciento de las existencias excendentarias.
Con el agravante de que ese café está concentrado en las manos de los importadores y no de los tostadores. Particularmente, de los importadores que trabajan con la bolsa. Por lo general, estos últimos tienen en su operación, o muy cerca de ellos, un agente financiero. O tienen acceso rapido al credito. Gracias a ello manejan niveles importantes de liquidez y con esos recursos buscan el momento oportuno de comprar cafés de origen. Si los tostadores están interesados, se lo venden a ellos. Si no, lo venden de nuevo en bolsa. Su comportamiento, en todo caso, responde más al afán de especulación -en el buen sentido del término- que a la necesidad del mercado.
Al terminar el primer trimestre de 1993 había en la Bolsa de Nueva York más de seis millones y medio de sacos, lo que es algo verdaderamente inusitado. De ese total, dos millones de sacos correspondían a cafés colombianos. Nunca antes se había registrado un nivel tan alto de granos colombianos en la Bolsa de Nueva York, puesto que -de acuerdo con la política establecida por las autoridades y vigente desde hacia por lo menos 30 años- los exportadores privados del país sólo podían vender café que estuviera destinado a tostadores que tuvieran un convenio firmado con la Federación Nacional de Cafeteros.

CAMBIO DE REGLAS
Lo que pasó fue que después de la eliminación del acuerdo de cuotas las reglas de juego cambiaron sustancialmente. Sobre todo por el hecho de que en los cuatro años transcurridos desde la liberación del mercado, la producción cafetera de Colombia se incrementó de manera considerable -más que en cualquier otro país cafetero-, hasta el punto de acercarse a los 18 millones de sacos en el año cafetero 1992-93.
Presionada por ese aumento en la producción, por los críticos del Convenio Internacional del Café y por los mismos exportadores privados, la Federación permitió que por lo menos un 15 por ciento de los cafés exportados se pudieran sacar libremente al exterior. El resultado fue que no solo no se logró vender café a tostadores nuevos sino que se incrementaron de manera desmedida los inventarios certificados en la Bolsa de Nueva York. En palabras de un trader de la Bolsa, entrevistado por SEMANA, "Colombia envió tanto café al mercado que los importadores se están ahogando en café colombiano. Hay dos millones de sacos de excedente en los Estados Unidos. Y esos dos millones de sacos se pueden quedar por buen tiempo en el mercado".
Por su parte, el secretario de política comercial del Ministerio de Industria y Comercio del Brasil, Celsius Lodder, con quien habló SEMANA en Brasilia, manifestó -en lo que se podría interpretar como una alusión a la agresividad comercial de Colombia-, que "el mercado internacional está desajustado. Los fundamentos están desequilibrados. Algunos países estan queriendo ocupar otros mercados. Los brasileños no están reaccionando y han permanecido neutros, pero los países con políticas agresivas de conquista de mercados deben tener conciencia del riesgo que implica adoptar esas políticas".
Lo cierto del caso es que de la acumulación de inventarios en la bolsa surgieron dos graves problemas. El primero, que si se buscaba mejorar la cotización mediante un incremento en el precio de oferta, el mercado respondía acudiendo a los inventarios disponibles en la plaza de Nueva York. En consecuencia, el vendedor terminaba cediendo para poder colocar su producto. En otras palabras, los inventarios exedentarios terminaron siendo una fuerte competencia para la oferta de origen.
El segundo, que cuando se generaba una presión alcista en el mercado de futuros -por cualquier razón-, los importadores aprovechaban esa oportunidad para hacer ventas importantes y liquidar utilidades bursátiles. El café cambiaba de manos, pero no necesariamente iba a parar en manos de un tostador. Eso lo que hacía era generar una oferta en la misma bolsa para quienes estaban demandando y, en consecuencia, servía de contrapeso para la presión alcista.
En resumen, el mercado cafetero pasó de ser un mercado de vendedores a un mercado de compradores. Y, presionados por la crisis, los países productores entendieron que la única manera de lograr un nuevo equilibrio en el mercado -y por ende una mejora de precios- era buscando la forma de controlar las cantidades disponibles de caféy presionar una merma en los inventarios en Bolsa.

ENSEÑANZAS DE LA CRISIS
Pero esa no fue la única enseñanza que dejó la caída de los precios. Al contrario, fueron muchas las lecciones que aprendieron los cafeteros. A nivel internacional, tal vez la más importante fue que el Acuerdo Internacional del Café estaba montado sobre unas bases irreales. Las retenciones que se hacían no correspondían ni a las necesidades del mercado, ni a los diferentes tipos de café que tomaban los consumidores. Esas retenciones, reconocen hoy los observadores, se han debido realizar de manera selectiva en función de la demanda por cada variedad. De otra parte, los precios se situaron a niveles demasiado altos, estimulando en últimas una producción excesiva, lo que generó una oferta excedentaria que ha contribuído de manera determinante a desestabilizar la estructura del mercado.
Según George Boecklin, presidente del National Coffee Association de los Estados Unidos, que reune a los principales tostadores de ese país, "todo el mundo reconocía que el viejo esquema no funcionaba y mucho menos con la apertura de Europa del Este a la vista. La única manera de que funcionara era estableciendo una cuota universal, y eso tenía un serio problema de implementación, puesto que el peso de la disciplina recaía en los países productores".
A nivel nacional también se aprendieron varias lecciones. De entrada, estos cuatro años de mercado libre sirvieron para acabar con una serie de mitos que eran como un dogma de fe en Colombia. El primero estaba relacionado con la incapacidad de Colombia de exportar más de un millón de sacos de café por mes, para un total de 12 millones al año. Ni lo deficiente de la estructura portuaria, ni el problema de diponibilidad del transporte, ni ningún otro factor logístico fueron óbice para que se exportaran casi 15 millones de sacos el año pasado.
Pero ese es quizás el único argumento a favor de quienes defendieron siempre las bondades de un mercado libre. Porque lo cierto es que si algo ha demostrado la crisis que vive la caficultura internacional es que el mercado cafetero es de tal complejidad y de tan enorme volatilidad que dificilmente puede funcionar sin algún tipo de control. Y que el problema del negocio de café no se reduce a "enviar por el mundo unos vendedores paisas de maletín".
Hoy, hasta los "extraños" reconocen las bondades de una buena intervención. Tanto a nivel externo como interno. Porque lo cierto es que los países que mejor han soportado la crisis son aquellos que conservaron sus mecanismos de control. Como le dijo a SEMANA el presidente del Consejo Nacional del Café de Brasil, Manoel Bertone,"Colombia fue el país que más apoyó al productor. La caficultura en Colombia no sería posible sin esa administración tan competente. La Federación es indispensable para la caficultura colombiana".
Quedó demostrado, también, que la práctica de 30 años de vender el café colombiano únicamente a los tostadores que tenían algún convenio con la Federación, no sólo era sana sino que debería continuar. Haber abierto esa compuerta no produjo nuevos compradores de café colombiano y si inundó el mercado internacional de café con muy malas consecuencias.
El argumento de que la buena calidad del café colombiano permite obtener mayores precios tambien quedó relativizado. Desde luego que existe una prima por el café colombiano que se refleja en los diferenciales de precios de las bolsas internacionales. Pero se está hablando de menos de cinco centavos de dólar por libra. Y además la masa de café colombiano que se vende a los grandes tostadores tiene como propósito satisfacer las mezclas de diferentes cafés con que trabaja cada tostador. La publicidad del café colombiano ha servido para maximizar la diferencia de precios entre cafés colombianos y de otros orígenes. Pero en últimas los tostadores alteran la mezcla si el diferencial se dispara demasiado.
Otra ensenanza de la crisis es que para acceder de manera exitosa a los desarrollos de los llamados "cafes gourmet" -que representan menos del 10 por ciento del mercado total, pero por los cuales efectivamente se paga precios sustancialmente más altos- no basta tener algo tan genérico como el café colombiano. A partir del piso de calidad estandar del café colombiano habrá que empezar a introducir diferenciaciones por zonas, regiones e incluso por fincas, de manera que se pueda explotar el elemento de esnobismo que esta implicito en los consumidores de esos cafés.

EL ACUERDO DE PRODUCTORES
Pero lo más importante, quizás, fue la conclusión de que sin un acuerdo de productores sería muy difícil acomodar las cargas. La profundidad de la crisis hizo finalmente posible llegar a un acuerdo entre Brasil, Colombia y los países centroamericanos, con excepción de México, para buscar racionalizar el mercado cafetero.
El proceso empezó con la declaración de Pereira, a principios de junio. Continuó con una reunión en Managua, Nicaragua, celebrada la última semana de junio, que permitió poner de acuerdo a los productores centroamericanos. Ahí acordaron estos implementar un esquema de retención equivalente al 15 por ciento de la producción exportable de cada país y reunirse nuevamente en San Salvador para discutir la creación de una confederación de países productores de café.
Esas dos reunioncs no tuvieron mayor impacto sobre el mercado y, por el contrario, los comerciantes e importadores en los países consumidores miraban con mucho escepticismo la posibilidad de un acuerdo final que incluyera a Brasil y a Colombia. Pero eso fue precisamente lo que sucedió en San Salvador. Y el compromiso fue más allá de lo esperado, pues se estableció una retención equivalente al 20 por ciento de las exportaciones del año cafetero 1993-94 que se inicia el primero de octubre. Para evitar que se incumpla ese compromiso se acordó establecer unos mecanismos de auditoría internacional.
También se acordó crear la Asociación Internacional de Países Productores de Café, cuyos objetivos seran la valorización del café en el mercado internacional, la promoción del consumo a nivel mundial, la búsqueda del equilibrio entre la oferta y la demanda para lograr precios remunerativos para los productores y el mejoramiento de las calidades del café.
Las grandes dudas que existen sobre el Documento de San Salvador están relacionadas con la reacción del mercado, con la actitud de los países no miembros y con la posición de los Estados Unidos. La primera se está despejando más rápido de lo que se pensaba, pues los precios del café presentaron reacciones positivas desde la semana pasada. Los comerciantes parecen empezar a entender el mensaje de que los productores tienen el derecho y el deber de unirse para interrelacionarse con el oligopolio constituído por las grandes tostadoras y las casas de comercialización.
La segunda no parece tener mucho fundamento puesto que la crisis es tal que los países africanos e lndonesia han manifestado su interés de vincularse a la organización de productores. El interrogante que subsiste es el relacionado con la reacción de la administración Clinton frente a un eventual éxito del esquema. Esta administración busca soluciones negociadas y si empieza a considerar el acuerdo como una especie de cartel puede ocurrir que el gohierno norteamericano reaccione y trate de acabarlo.
En cuanto a los productores, sus propósitos parecen ser sinceros. La crisis era demasiado grande y aunque la consolidación de una asociación de productores es un camino difícil de recorrer es muy probable que se logre transitar. El vicepresidente de Costa Rica y principal responsable de la política catetera de ese país, Arnoldo López, cree firmemente en la viabilidad del acuerdo y afirma que "Costa Rica dispone de todos los instrumentos para implementar el esquema de retenciones y que éste cuenta con el respaldo del 100 por ciento de las asociaciones gremiales".
Sólo el tiempo lo dirá, pero el arranque de la semana pasada ya augura buenos resultados. Sin embargo, para alcanzar el éxito todavía falta mucho esfuerzo y mucho sacrificio de parte dc los productores.

OPINION DE LOS COMPRADORES
MICHAEL R. NEUMANN ES EL presidente del Neumann Katfee Gruppe, el comercializador de café más importante de Alemania y probablemente del mundo. Con un grupo de compañías operando en 21 países, se calcula que Neumann puede movilizar anualmentc entre 10 y 12 millones de sacos de café. Es decir, una sexta parte de la producción exportable anual.
Pocas opiniones tan calificadas como la de Neumann por lo tanto, para formarse una idea de lo que está pasando en el mundo cafetero. Y por eso SEMANA lo entrevistó días antes de que se firmara el acuerdo de productores de San Salvador.
En primer lugar, para Neumann el problema de los precios bajos no es, como se cree, sólamente de los productores. La baja en los ingresos ha provocado una caída tan grande en la calidad del producto que ya todo el mereado está siendo afectado por la crisis.
Le parece difícil, sin embargo, revitalizar el Pacto Cafetero, y por eso piensa que "los productores tienen todo el derecho a moverse por su lado".
Y aunque en principio -como se analiza en otro recuadro- es un escéptico con respecto a los resultados, la semana pasada dejó entrever que veía con buenos ojos el acuerdo de los países latinoamericanos.
Para Neumann el problema del mercado, por el lado consumidor, está en las existencias acumuladas en la Bolsa de Nueva York. "Ni Europa, ni el Lejano Oriente tienen sobreinventarios en comparación con los tiempos de la OIC, con el agravante de que la Bolsa no tuesta café".
Por el lado productor, dice que el problema se reduce a los sobrantes de Brasil y Colombia. Y por eso considera fundamental que los dos países se comprometan a congelar inventarios.
De ser así, y dado que en la actualidad la producción exportable es inferior al consumo, el mercado se podría equilibrar relativamente pronto.
Las cuentas de Neumann son sencillas: Con unas existencias sobrantes en los países consumidores del orden de los nueve millones de sacos (en comparación con los tiempos de la OIC), con unas reservas estables en los países productores y con una producción exportable inferior en seis millones de sacos a la demanda mundial, el equilibrio tendría que llegar en menos de 18 meses.
Es má, dado el desequilibrio entre la demanda y la producción, ya debería haber reaccionado. Y no lo ha hecho -o no lo había hecho hasta la firma del Documento de San Salvador- básicamente "porque el trade está descapitalizado".
Lo importante para él, de todas maneras, es que el mercado se vuelva disciplinado. Y por eso se lamenta de que los productores no huhieran aceptado el acuero propuesto por Estados Unidos hace un año. "No era la mejor propuesta, pero era mejor que todo lo que ha pasado".

DERROTANDO EL ESCEPTICISMO
ANTES DE QUE SE FIRMARA EL Documento de San Salvador, que establece un mecanismo de retención del 20 por ciento del café producido por Colombia, Brasil y los países centroamericanos -excluyendo México-, y propende por la inmediata creación de la Asociación Internacional de Productores de Café, el mercado era muy escéptico sobre las posibilidades de llegar a un acuerdo que permitiera reducir la oferta de café y estabilizar los precios.
El escepticismo era particularmente grande entre comercializadores y tostadores, para quienes parecía muy difícil acabar con la indisciplina que venía caracterizando el mercado desde la eliminacióin de las cláusulas económicas del pacto de cuotas. Sobre todo por el desmonte de los mecanismos de intervención del mercado que se había producido en los países productores.
En declaraciones concedidas a SEMANA días antes del acuerdo, Albert Darboven, uno de los propietarios de J.J. Darboven -el cuarto tostador más grande de Alemania, y Michael Neumann, presidente de Neumann Kaffee Gruppe el mayor cormercializador de Alemania, y probablemente del mundo-, coincidieron en afirmar que la solución de corto plazo a los problemas del mercado tenía que venir de los productores, pero dudaban de su capacidad de organización.
La duda parecía razonable. Un vistazo detallado al mapa cafetero mostraba en efecto que, como en el juego del dominó, los mecanismos de intervención que regulaban la comercialización del café en un número importante de países productores se habían desmoronado en los últimos años con excepción de Colombia y Costa de Marfil dando paso a una libertad de mercado que impedía controlar la oferta del grano.
La lista de entidades que fue desapareciendo es larga. Comenzó con el Instituto Brasileno del Café, a comienzos de 1990. Y siguió con el Instituto Mexicano del Café y con la mayoría de las entidades de regulación africanas, que desaparecieron o perdieron el monopolio del mercado, como el Instituto del Café de Angola, la Oficina Nacional de Comercialización de Productos de Base de Camerún, la Caja de Estabilización de Madagascar, la Oficina de Comercialización de Café de Uganda y la Corporación Etíope de Comercialización de Café.
Para Arturo Medina, delegado de Angola en la Organización Internacional del Café y líder del grupo de países africanos, el desmonte de los mecanismos de intervención -que atribuyó a las políticas de apertura impulsadas por el Banco Mundial- es uno de los peores resultados de la crisis y no ha hecho otra cosa que agravar el problema."Con organizaciones cafeteras fuertes como las que existían antes, habría sido más fácil llegar a un acuerdo", le aseguró a SEMANA.
A diferencia de tostadores y comercializadores, Medina confiaba, sin embargo, en la posibilidad de encontrar una fórmula para estabilizar el mercado. Y aseguró que los países africanos estarían dispuestos a seguir a los productores de América Latina en un pacto de retenciones. Si lo harán o no, se decidirá en la segunda semana de agosto en una reunión que sostendrán con el ministro Andrade Vieira, de Brasil, en Costa de Marfil.
Pero dado que muchos países africanos viven todavía del café, es poco probable que tengan otra alternativa.

¿HABIA OTRA SALIDA?
CADA QUE LOS PRECIOS INTERnacionales del café están a la baja -y en esta ocasión lo han estado más que nunca- surge la pregunta de por qué un país como Colombia, que produce tan buen café, no se dedica a tostar el grano. El argumento es que como los precios al consumidor no descienden tanto como lo hace el café verde, en las destorcidas de precios los tostadores obtienen una ganancia adicional que bien le podría corresponder al país si estuviera en el negocio.
El problema, sin embargo, es más complejo de lo que parece. Y aunque algunas personas, como Americo Sato, director del gremio de la industria tostadora de Brasil, piensan que todavía es posible abrir algunos mercados. SEMANA le hizo un seguimiento a todo el proceso y encontró que existen por lo menos cuatro factores que hacen poco atractivo para un país como Colombia el pensar en montar sus propias tostadoras.
El primero -y quizás el menos importante- es que, a pesar de la buena aceptación que tiene el café colombiano en algunos segmentos del mercado, la mezcla es un factor fundamental en el proceso de tostión. No tanto por el gusto del producto final sino por ser un factor de rentabilidad.
El segundo es que el valor agregado en la tostión es supremamente bajo. Las tostadoras, en general, son empresas que ulilizan muy poca mano de obra. Casi todo el proceso de tostión de J.J. Darboven, la cuarta tostadora de Alemania, se maneja desde el panel de control que aparece en la foto anexa.
El tercero es que el café tostado es un producto que necesita una gran atención, porque su gusto dura muy poco. Y el costo de los procesos requeridos para obviar dicho problema puede superar, inclusive, el valor agregado en el proceso mismo de tostión.
El cuarto es que el mercado de café tostado está supremamente concentrado. Las tres principales tostadoras del mundo controlan el 70 por ciento del mercado. Y por ello la posibilidad de llegar a la estantería de un supermercado en un país consumidor es bastante restringida.
La realidad es que el nombre de "tostador" con que se designa a tales empresas es un nombre equivocado. Porque, más que eso, son empresas distribuidoras, cuya función principal es la de crear marcas a través de milloarias inversiones en promoción.
Tal es su control del mercado que casi todos los analistas coinciden en afirmar que la única manera de entrar al mercado es comprando una marca. Es decir, adquiriendo algún poder en esas compañías para vender el producto propio.
Pero para hacerse una idea de lo que eso significa basta pensar que el valor de mercado de la Philip Morris es de 57.000 millones de dólares, el de Procter and Gamble es de 35.000 millones y el de Nestlé se acerca a los 23.000 millones (y el café tan sólo representa entre el 5 y el 10 por ciento de las ventas de todas ellas).
La opción, por lo tanto, no es tan clara como parece. Sin que ello signifique que no se pueda pensar en montar plantas pequeñas para el mercado nacional o regional. Pero el mercado mundial parece un tanto lejano.
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