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| 7/15/2002 12:00:00 AM

Virgilio Barco (q.e.p.d.)

El último liberal radical

Dejó un legado de actitudes: carácter, transparencia, austeridad, independencia y visión de futuro. Y un legado de realizaciones: cambio institucional, crecimiento económico y progreso social enmarcados en una política exterior eficaz que tiene entre sus logros el de la corresponsabilidad internacional en la lucha contra las drogas. Y todo ello en un contexto de narcoterrorismo.

Adelantó una estrategia regional frente al problema de las drogas. Profundizó la integración colombo-venezolana, abrió negociaciones con Cuba y buscó la concertación política regional. Logró, sin descuidar la cooperación militar, que la comunidad internacional tradujera su corresponsabilidad en un fortalecimiento de la economía colombiana: la Ley de Preferencias Aduaneras Andina (Atpa) y el Sistema General de Preferencias (SGP) que nos otorgó la Unión Europea. Tenía claro que para confrontar las guerrillas y los poderosos carteles criminales se requería una economía fuerte. Y una administración de justicia decidida y protegida: jueces sin rostro, extradición sin vacilaciones, protección de testigos. El estado de sitio lo utilizó para restablecer la gobernabilidad, abriendo espacios democráticos no cerrándolos. Respetó la protesta ciudadana.

Introdujo el esquema gobierno-oposición que era, en su opinión, la forma natural de funcionamiento de una democracia, una herramienta clave contra la corrupción y el mecanismo que aseguraba la rendición de cuentas del gobierno ante los ciudadanos. Sin temor les pidió a los votantes en vísperas de la elección de su sucesor que reeligieran al Partido Liberal si lo había hecho bien o a la oposición si no era así. Ganó César Gaviria, su ex ministro de Hacienda y de Gobierno, quien enriqueció el legado de Barco con la excelencia de su liderazgo y la profundidad de sus iniciativas.

Promovió una reforma política e institucional que se inició en la propuesta del plebiscito en enero de 1988 y concluyó en la aprobación de la Asamblea Constituyente. Puso en marcha una reforma económica que llevó al nuevo modelo de apertura. No aceptó un tratamiento de choque. La reforma tributaria del 86 rompió con la sabiduría tradicional. Como liberal que fue luchó para erradicar la pobreza (reforma agraria, Programa Nacional de Rehabilitación, telefonía rural, etc.) y proteger a la niñez (hogares de bienestar, ampliación de cobertura en educación primaria, etc.). Introdujo la primera estrategia de derechos humanos. Propició la más absoluta independencia de los medios de comunicación. Tuvo claridad sobre la respetuosa separación entre el Estado y la Iglesia. En desarrollo urbano, construyó un modelo: Ciudad Salitre. En política ambiental e indigenista mereció los mejores elogios internacionales. Le dio prioridad a la Troncal de la Paz y a la carretera marginal de la selva

Como resultado de la política de "mano tendida y pulso firme" suscribió un acuerdo de paz significativo con el M-19. Y a los carteles de las drogas ilícitas los persiguió sin contemplaciones.

La peor crisis: los asesinatos de candidatos presidenciales. El lunar: la inflación, que pasó de 20,9 por ciento en 1986 a 32,4 por ciento en 1990. Con todo, los resultados económicos fueron notables. El Banco Mundial los resume así: "Las exportaciones aumentaron de 15,6 por ciento hasta 22,7 por ciento del PIB entre 1986 y 1991. Las exportaciones no tradicionales crecieron de 32,1 por ciento a 49,1 por ciento del total de exportaciones durante el mismo período, mientras que el petróleo, el gas y otros minerales también crecieron de 18,6 por ciento a 32,6 por ciento del total de exportaciones. El desempleo había alcanzado un pico de 14 por ciento en 1986 y posteriormente osciló entre 9 y 12 por ciento a finales de la década de 1980. La tasa de crecimiento también permaneció relativamente alta en la última mitad de la década de 1980, con un promedio en la tasa anual de 4,5 por ciento entre 1986 y 1990". (Reporte de la Pobreza Mundial, marzo de 2002 ).

Para hablar de la personalidad y el estilo de Barco prefiero acudir al franco testimonio de Germán Montoya, su entrañable amigo durante 40 años y su más cercano colaborador en la administración: "El presidente Barco no es frío ni retraído. Tímido, más bien, respetuoso y muy prudente, diría yo con toda certeza". Dice, con gracia, que lo único nórdico en su personalidad era su nacimiento en Norte de Santander, así como "un sentido muy definido y estricto de la privacidad y el respeto de los espacios propios y ajenos". Por eso, concluye, no quiso desempeñarse como ex presidente. La ineficiencia, la indisciplina, el desorden y el incumplimiento lo irritaban. Pero el disgusto, dice Montoya, no le duraba más de cinco minutos. Fue un trabajador incansable pero a sus colaboradores les recordaba que "la esclavitud en Colombia había sido abolida".

Le sobraba mesura y le faltaba vanidad. Corregía con meticulosidad sus discursos y aun lo que tenía de decir en una conversación. La prudencia expiraba todos sus actos. Pero nunca le faltó audacia. Tuvo un alto sentido sobre la preservación del patrimonio histórico.

Virgilio Barco siempre pensó en grande. Gobernó para la historia, pero sin pretensiones. De ahí lo que sería su consejo: "Si ha escogido, meditadamente, un rumbo, no lo cambie. No baile al son que le toquen". Así cumplió.
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