Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/16/1990 12:00:00 AM

Volver

Qué les espera a los guerrilleros del M-19 que entregaron las armas. El comandante "Nicolás" se confiesa con SEMANA.

A primera vista parece un hombre más. En apariencia, nada hace pensar que ese hombre de mediana estatura, moreno y con bigote, haya sido hasta hace pocos días un comandante guerrillero del M-19. Pero así es. Con menos de una semana en la jungla urbana, Carlos Augusto Erazo Torres, conocido en la vida del monte como el comandante "Nicolás", todavía se siente raro de civil. Echa de menos el peso del morral sobre los hombros, el arma entre sus manos y los pasos seguros de sus botas de campana. "Nicolás" es uno de los hombres que la semana antepasada se desprendieron de sus fierros y bajaron del monte a la ciudad para seguir a Carlos Pizarro en el inicio de una nueva etapa.
Es un cambio radical en sus vidas, deberán enfrentarse a un ambiente diferente, tan hostil o más que el del monte. Tendrán que aprender lo que es la vida civil, trabajar, convivir con una sociedad que en muchos casos los mirara con recelo y temor. Para la mayoría de ellos será una experiencia totalmente nueva porque prácticamente desde niños se enmontaron. Y los que alcanzaron a vivir en sociedad, como Nicolás, ya han olvidado lo que es eso. Ahí radican las esperanzas y los temores de estos hombres que hoy en día se estan jugando tal vez la carta más importante de sus vidas.
Por ahora, los hombres del eme están en vacaciones, mientras se decide que va a pasar, mientras averiguan si se lanzan para las próximas elecciones. La mayoría se fue a ver a sus familias, tras largos años de ausencia. Muchas madres se sorprendieron al ver a hijos que creían muertos hace años. Claro que lo que viene ahora es difícil e importante para consolidar el proceso. Durante seis meses recibirán una beca de 50 mil pesos para vivir, aunque, como dice Erazo, "en la ciudad se gasta mucha plata. En el campo yo no sufría por eso, pero ahora no hay plata que alcance". Vendrán unos cursos de microempresas para capacitar a los antiguos combatientes. Este es el punto difícil de todo el nuevo proceso. Todavía es muy pronto para saber cómo serán recibidos por la sociedad unos hombres que hasta hace algunas semanas sólo miraban el mundo a través de la mirilla de un fusil. No será fácil que una empresa reciba a un hombre que tiene en su hoja de vida varios años de monte y plomo. Los comandantes de más alto rango se dedicarán de lleno a la política, pero el resto, el grueso de la tropa, tendrá que enfrentarse con una realidad muy dura. Por el momento se está pensando en capacitarlos para que se defiendan por sí solos, tendrán que regresar a los sitios de donde salieron y todos confían en que la organización les va a dar un empleo o les va a ayudar a conseguir los medios necesarios para subsistir en su nueva condición. "Es muy necesario que se hagan esos cursos porque nuestra gente necesita aprender a trabajar. La mayoría sólo sabe de la vida en la guerrilla y hay que capacitarlos para lo que viene. No es fácil. Salir del monte es entrar al país que es, al país de verdad. Y no vamos a desaprovechar esta oportunidad", afirma el comandante "Nicolás".

Esta es su vida
Carlos Erazo nació el 21 de octubre de 1954 en Tuluá, Valle. Hijo de una familia de extracción campesina, sus padres debieron huir de Ceilán y Bolívar -en el Valle- durante los años de la violencia partidista. En Tuluá se dedicaron a trabajar en una huerta. Los diez hijos del matrimonio Erazo Murcia repartían su tiempo entre los estudios primarios y las labores agrícolas. La estrechez económica y la falta de comodidades marcaron esos primeros años. "Por eso, cuando terminé el bachillerato me vine a estudiar a Bogotá. Prepararme era la mejor manera de asegurarme un futuro y, sobre todo, de ayudar a mi familia. Yo era el segundo de los hijos y detrás de mi todavía venían ocho. Llegué a Bogotá en agosto del 73". Para comenzar escogió la física e hizo tres semestres en la Universidad Nacional, al final de los cuales descubrió que su vocación era otra y se pasó para sociología.
Eran años turbulentos en el movimiento estudiantil. "No me interesaba la política, yo sólo pensaba en estudiar y del eme solo sabía lo que decían los periódicos", dice ahora al recordar lo que pasaba en el 74 y el 75.
El desencanto que le produjo la experiencia estudiantil lo impulsó a buscar otras opciones, supo de la existencia de miembros del ELN y del EPL en la universidad, pero fue un compañero el que lo llevó por el camino del eme. Tras dos años de amistad, en los que nunca imaginó en qué andaba metido, un día el amigo le dio un material sobre el movimiento. Carlos lo estudió y muy pronto tomó una decisión. "En realidad, yo no tenía mucha claridad sobre lo que era el eme. Ya había pasado lo de Raquel Mercado, pero la confianza que tenía en mi amigo pesó mucho en el paso que di". Días más tarde le pusieron una cita en una fuente de soda frente a Sears. Iba nervioso. Esperaba encontrarse con unos hombres rudos, mal vestidos, secos, como se imaginaba que eran los guerrilleros. "De pronto llegó un hombre de 30 o 35 años con chaqueta negra y me dijo "qué hubo negro". Ese era Alvaro Fayad. Luego apareció otro, vestido todo de cuero, como los hippies, con aros y cosas de esas. Era Elmer Marín. Me sorprendieron porque eran gentes mamagallistas, frescos, como uno. Me dijeron que pidiera algo y yo, un poco tímido, dije que quería un tinto. Se rieron y Fayad me dijo que no fuera bobo, que nos fuéramos a almorzar "porque usted aguanta hambre, hermano". Nos subimos en un carrito Fayad y yo y Marín venía detrás en una moto de alta cilindrada. En el camino, Fayad me puso una metra en las manos. Yo no entendí lo que me dijo del susto que tenía, solo recuerdo que dijo que ese era nuestro angel de la guarda". La suerte estaba echada. En el almuerzo hablaron del eme y se enamoró de la organización.

A la cana
En diciembre del 78, "Nicolás" recibió una de sus misiones más importantes. Fue enviado a participar en el robo de armas del Cantón Norte. De esa operación recuerda que los momentos más difíciles se vivieron el 30 de diciembre, cuando no habían logrado llegar hasta la plancha del depósito. Otro momento de gran tensión tuvo lugar cuando ya estaban en el proceso de sacar las armas: "se suponía que nadie iba a estar en esas fechas por ahí, aparte de los centinelas que estaban afuera. Pero en plena sacada de armas, unos oficiales se aparecieron con un perro pastor alemán. De repente, el chandoso se paró frente a la puerta del galpón y comenzó a ladrar y rasguñar como desesperado la puerta. Nos sentimos cogidos. Mientras en la casa, frente al Cantón se declaró la alarma general, nosotros solo atinamos a apostarnos con las armas para esperar lo peor. Todavía no entiendo como no nos cogieron", dice doce años más tarde.
Pero la cogida vino pocos días después, el 18 de enero, cuando el B-2 allanó su apartamento del barrio Inglés. Aunque no le encontraron nada comprometedor, fue detenido y llevado a las famosas caballerizas. Vino el Consejo Verbal de Guerra, la condena y los largos años en La Picota. El 90% de los directivos del eme cayeron presos, se desarticuló la mayor parte del movimiento, pero los tres años y ocho meses en la cárcel sirvieron para que se cohesionara más el grupo. El trato directo y cotidiano con hombres como Pizarro y Fayad sirvió para fortalecer los lazos entre los militantes. Se hicieron lineamientos generales sobre lo que debía hacer el movimiento en adelante: "fueron tiempos duros, pero a la vez muy intensos. Durante la estadía en la cárcel se comenzó a manejar el proceso de paz con Belisario. Se estrecharon los lazos con los compañeros y, algo muy importante, descubrí que antes de la militancia estaba la lealtad".
Tras un frustrado intento por salir del país, luego de dejar la prisión, Carlos Erazo llegó el 3 de enero del 83 a la costa Pacífica. Se trataba de aprender lo que era la vida en el monte. "Eso fue lo más berraco. Abrir trocha, cargar el equipo, los mosquitos, todas esas vainas son durísimas. Es como lo que me pasa ahora al regresar a la ciudad. Ya estaba acostumbrado a la vida del campo, a esa comida, y ahora he estado malo del estómago con el cambio". Se trataba de preparar el terreno para los hombres que, tras salir de la cárcel, se fueron para Cuba y regresaban a luchar. Hubo algunos cambios en los planes, conoció a Libardo Parra, que venía desde el Putumayo y a Antonio Navarro Wolf, quien llegó como Comandante. Meses más tarde conoció una de las noticias que más afectaron la vida del eme: "yo estaba por el Cauca arriando un ganado con un compañero, cuando escuchamos en la radio que Jaime Bateman se había muerto en una avioneta. Al comienzo nos negamos a creerlo, pensábamos que se trataba de una falsa alarma y que la avioneta estaba perdida y nada más. Pero como a los dos meses se confirmó la noticia. Hubo de todo, tristeza, desconcierto. Pero muy pronto, esa pérdida sirvió para que nos unieramos más y lucháramos por sacar adelante las ideas de Bateman. Yo no lo conocí personalmente por esas cosas de la guerrilla en las que cada cual tiene sus propias misiones y responsabilidades. La vez que lo iba a conocer, que fue cuando yo iba a viajar a Panamá, recién salido de la cárcel, me cogieron por tener papeles falsos y no pude ir. Pero su espíritu marcó a todos los miembros de la organización. Su manera de ser franca y abierta, su claridad y su alegría se quedaron con nosotros".

BAUTIZO DE FUEGO
Para diciembre del 83, "Nicolas" hacía parte del grupo que se movía entre la cordillera central por el Cauca, cuando llegaron Iván Marino Ospina y Pizarro. Para el 84 vino la toma de Corinto, "que fue una operación fácil" y una serie de combates y emboscadas con el Ejército. "No importa la experiencia que se tenga, siempre se siente miedo a la hora del combate. En esos momentos lo único en lo que uno piensa es en vencer al enemigo. Uno sabe que las armas son para matar, pero en ese instante no piensa que está matando a alguien, sino en que esta defendiendo una causa. Tuvimos que pasar por todo eso para llegar adonde estamos hoy. Fue un camino duro pero ahora sabemos que las armas no son la solución. Las armas, no importa de que lado esten o a que ideología defiendan, son para destruir, para matar, y lo que nosotros buscamos es construir y defender la vida. Ese fue un paso necesario".
Reagrupados tras la incursión de Corinto, los hombres de la columna se dirigieron a Miranda. Allí las cosas fueron a otro precio. "Nicolas" iba en el grupo de asalto, cuando recibio dos tiros de fusil, uno le fracturó una muñeca y otro le perforo un muslo:"a la hora del combate uno esta caliente, hermano, y no siente nada. El dolor grande viene después. Eso fue difícil porque luego de una operación como esa, a la hora de la retirada siempre hay escaramuzas y emboscadas con el Ejército. Ibamos varios heridos y habíamos perdido a dos compañeros muy queridos", recuerda ahora este hombre que muestra las cicatrices en su brazo. Todo era muy difícil, en el monte los guerrilleros perdian todo contacto con sus familias. "Nicolas", para poder ver a sus padres, debía enfrentar toda una odisea que incluía enviar razones a la casa con muchachos amigos, para que los padres pudieran viajar a otro lado a verlo, porque la casa estaba constantemente vigilada. Pero pronto le descubrieron el truco: "un día llegaron unos muchachos a la casa y le dijeron a mi mamá que la iban a llevar a otro lado a verme a mi y a mis dos hermanos, que por esos días ya estaban en la organización. Como siempre se hacía lo mismo, la vieja no dudó ni un minuto. Se montó en el carro y la obligaron a agacharse y a cubrirse la cabeza dizque porque era una zona peligrosa. Cuando levanto la cabeza, estaba dentro del batallon. Duró 15 días desaparecida, sin que se supiera donde estaba. A mi padre le mandaron la ropa quemada con una nota en que le decían que eso le pasaba a esa cría de bandoleros. Eso me dolió mucho, pero ya es parte del pasado y espero que nada de eso se vaya a repetir. En este país tenemos muchas cosas que perdonarnos, de parte y parte, y eso es parte importante de este compromiso". Finalmente, doña Flor María Murcia de Erazo fue dejada en libertad, en buena parte porque mucha gente de Tulúa fue a reclamar su devolución.
Por aquel entonces se comenzaba a hablar de paz con el gobierno, pero en el campo los enfrentamientos eran cada vez más intensos. El eme arreció en su actividad militar para presionar un acuerdo favorable, hasta que se llego a la toma de Yumbo, en las goteras de Cali, "como una respuesta al asesinato, tres días antes, de Carlos Toledo Plata y para demostrar que estábamos dispuestos a llegar hasta el final". Faltaban dos semanas para la firma de los acuerdos de paz en Corinto, como resultado del proceso de negociación con el gobierno Betancur.

NO HABIA MADUREZ

A "Nicolas" la tregua lo cogió en Corinto, como encargado de la seguridad de Fayad. El eme montó los famosos campamentos pero, como lo reconoce el propio Carlos Erazo, no se supo aprovechar esa coyuntura para lograr una paz verdadera: "eso era una fiesta permanente. La gente, el pueblo, estaba feliz con nosotros. Aunque fueron pocos días, fueron suficientes para sentirnos de verdad poder frente a la comunidad. Lo que paso fue que cometimos muchos errores por novatada, no había ni la madurez ni la convicción profunda para que eso terminara en un proceso como el de hoy. Nosotros jugamos a fortalecernos, el Ejército no se comprometió con el proceso y se hizo a un lado para hostigarnos, y el gobierno jugó a deslegitimarnos". Cerca de 15 días duro el experimento, al final de los cuales el eme--con el atentado a Navarro en Cali y el cerco de Yarumales--, pisó la cascarita y se fue de nuevo por la vía armada. El costo de esa decisión fue enorme para la organización, que perdio mucho del arraigo popular que habia alcanzado en años anteriores. Los pocos días de paz despertaron una gran ansiedad en la población, que se sintio defraudada con el regreso a las armas. El eme perdió adeptos dentro de los sectores que lo habían apoyado tradicionalmente. Pero faltaba lo más duro.
En el momento en el que "Nicolas" estaba en el Cauca concentrando las tres fuerzas que estaban dispersas por el lugar, supo de la toma del Palacio de Justicia. De la operación sólo sabían los altos mandos, el no estaba enterado, y los hombres hicieron un alto para seguir con detenimiento los acontecimientos. Al parecer, los jefes estaban convencidos de que, como ocurrió con la toma de la embajada de República Dominicana, las cosas iban a desembocar en un dialogo: "ese fue el gran error de la organización. No se previó el desenlace. Entre los que estábamos en el monte hubo un sentimiento de impotencia. Ahí, en lo de Palacio, nos desprestigiamos del todo. Con eso perdimos todos, perdió el eme, perdió el gobierno, perdio todo el país. Tanto perdimos, que sólo con lo de hoy, con este proceso, hemos vuelto a levantar cabeza". Días después de la toma, mientras avanzaba en una columna, "Nicolas" escucho por el radio, que su hermano menor Alberto conocido como "William", murió en el sótano del Palacio.
A Palacio siguio una de las etapas hondamente críticas del eme. Se estanco en todos los sentidos. En el plano militar, aunque se hicieron operaciones de envergadura, el movimiento no progresaba. El apoyo de la población se habia perdido casi que de manera definitiva, sufrieron los vacios que dejaron en el frustrado diálogo y ni ellos mismos se explican como no hubo disidencias ni rupturas al interior de la organización. A finales del 87 y comienzos del 88, como un resultado de la necesidad de replantearlo todo, se convoco "El encuentro de la esperanza", en el que se dieron nuevas pautas, se concluyo que la guerra no era contra las Fuerzas Armadas, sino contra la oligarquía. "Estábamos saboreando la derrota y por eso hubo que evaluar todo para buscar una salida. Se decidió golpear a la oligarquía y se planeó lo de Gómez Hurtado", recuerda Erazo. Sin duda se trató de una decisión arriesgada. Si por alguna razon Gómez hubiera muerto, todo el proyecto se habría venido al piso y el eme no habría tenido salvación. "Nicolas" recuerda que los tres días siguientes al secuestro fueron de gran tensión, pues aunque Gómez era uno de los objetivos, no sabían si el operativo era de ellos o no. De haberlo hecho otro grupo, habrían perdido la ocasión de lograr una nueva oportunidad. Lo cierto del caso es que, como ellos mismos lo reconocen, los resultados del secuestro fueron mucho más allá de lo que habían pensado. De nuevo se disparo un proceso de diálogo, que nunca se creyó que llegaría tan pronto, y fue necesario, de nuevo, replantear las cosas. Otra vez se pensó en salidas pacíficas y democráticas y, como lo dice Erazo, "el eme pudo volver a hablarle al país".
Las cosas para el comandante "Nicolas" estaban cambiando. En el 87 su otro hermano, Fernando--conocido dentro del medio como "Salvador"--fue detenido junto con su esposa en Bogotá y nunca se volvió a saber de ellos. "Nicolas" se fue para el Tolima a hacerse cargo de las tropas de esa región, pero la dinámica que se desarrollo tras el caso Gómez, dejo al eme por fuera de la lucha armada. No se podía hablar de paz y echar plomo al mismo tiempo, era necesario jugar bien las cartas. Pizarro negociaba desde La Uribe y Navarro desde el exterior. Las cosas cambiaban a un ritmo vertiginoso.
Asimilar que la salida ya no era militar, no fue cosa fácil. "Al interior de la organización se presentaron muchos debates sobre este punto. No fue, como dijeron algunos medios, que se hubieran presentado divisiones. Lo que pasa es que el eme esta siempre abierto a la confrontación de ideas, se escucha a la gente y no importa que haya diferencia de matices. Las discusiones fueron berraquísimas, pero al final triunfó la salida pacífica, democrática. Fue un análisis intenso que nos llevo a entender que lo que había pasado antes había sido un camino necesario para llegar a lo que vivimos ahora. Para mí, convencerme de la desmovilización y de la salida democrática, convencerme de que el arma no era el instrumento único para llegar al poder, costó mucho".
El resto es historia reciente y conocida. "Nicolas" llego desde el Tolima a Santo Domingo y el sabado 10 de marzo, un día después de salir a la ciudad, comenzó a hacer política.
Lo cierto de todo esto es que el proceso iniciado por el eme se ha convertido en una luz de esperanza para un país consumido por la violencia. Cuando en el mundo entero se están dejando de lado las salidas radicales, cuando los vientos de renovación y democracia estan llegando a todos los rincones del planeta, la reinserción del eme a la vida civil es un paso adelante. Y es muy diciente que esos vientos hayan llegado primero a uno de los grupos mas violentos en la historia de Colombia, famoso tanto por sus golpes de opinión como por la ferocidad de sus ataques. Con el correr de los años, se ha comprobado que la vía armada no es la solución. El foquismo y todas las demas formas de lucha que hicieron carrera en décadas pasadas, han desaparecido para dar paso a las vías políticas, a la lucha democrática y todo parece indicar que, por el momento, solo Pizarro y sus hombres, parecen haber entendido que el mundo es otro. Antes se creía que sólo las armas podían llevar al poder, ahora se sabe que este únicamente se puede alcanzar por la razón y el trabajo político. Y Colombia no puede ser ajena a la evolución del resto del mundo. Se ha comprobado, a través de los años, que la vía armada sólo ha logrado polarizar más al país, ahondar los odios y diferencias, y dejar miles de muertes inútiles, que bien podrían haberse evitado.
Es un reto para el eme y para el país entero, que este experimento funcione. De ser así, se abrira una puerta muy importante para la paz y se le demostrara a los otros movimientos guerrilleros que las salidas pacíficas son posibles y que el país las acepta cuando son sinceras. Sería imperdonable que otra vez se le "ponga conejo a la paz". Hombres como "Nicolas" son conscientes de esa responsabilidad y están dispuestos a correr todos los riesgos: "yo se que en cualquier momento me pueden matar. Se que me estoy jugando la vida, se que dentro de la misma izquierda hay gente que no ve con buenos ojos lo que estamos haciendo y que en cualquier momento me pueden pegar un tiro. Pero eso no importa. Es un gasto que hay que hacer y yo, como todos mis compañeros, me la estoy jugando entero por este proceso. Ni la vía armada ni la izquierda son la salida para este país".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.