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| 10/29/1990 12:00:00 AM

VUELVE Y JUEGA

La masacre de Candelaria es el tercer intento de Pablo Escobar de vengarse de su archi-enemigo Pacho Herrera


El equipo de "Los Pachos", dirigido por el "Pitillo" Valencia y Eduardo Perdigón, iba ganandole 4 a 3 al equipo de verde. Faltaban 15 minutos para el final del partido cuando tres vehículos irrumpieron en la hacienda "Villa de Legua" disparando indiscriminadamente contra todos los presentes. 23 hombres, fuertemente armados y vestidos con prendas de uso privativo del Ejército y la Policía, fueron los autores de lo que parece ser una nueva ofensiva de la guerra entre carteles.

Alrededor de las ó de la tarde del martes 25, habran comenzado a llegar los invitados a la lujosa cancha de fútbol de la finca, localizada en la vía entre Candelaria y Puerto Tejada, a unos 30 kilómetros de Cali, para lo que debería haber sido uno de los partidos amistosos que usualmente se realizaban los martes y los viernes.

Mientras tanto, en una finca de la vereda de San Rafael, 30 hombres, de orígen antioqueño se disponían a salir hacia Puerto Tejada.
Uno de los carros en que iban a movilizarse presentó una avería y finalmente partieron 23 tripulantes en un jeep Trooper, un Renault 21 y una camioneta Luv. Tras lograr evadir un retén militar, y presentarse como miembros de las Fuerzas Armadas, entraron en la hacienda "Villa de Legua" a las 7 y 15 de la noche.

Después de disparar contra la cocinera, cuatro vigilantes y cuatro mayordomos, que se encontraban en la entrada de la finca y en la cocina, los sicarios se dirigieron hacia la cancha de fútbol donde casi 120 personas disfrutaban del partido. Alertados por la balacera, la mayoría de los jugadores y los espectadores alcanzaron a huír por los cañaduzales que rodean el predio.

Mientras otros de los atacantes improvisaban un retén en la carretera y disparaban contra un vendedor de chance y un empleado del ingenio Mayagüez que transitaban por la zona, los autores de la masacre huyeron con dirección al departamento del Cauca. Detrás de ellos habían quedado tendidos 19 cadáveres.

Sobre aviso
El 19 de septiembre había llegado a la alcaldía de Cali una carta que, según el alcalde Germán Villegas, tenía la firma de Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, y en la cual se ponía sobre aviso a las autoridades sobre la presencia en la zona de personas vinculadas con el cartel de Medellín. Sus intenciones, sugería el mensaje, eran desestabilizar al actual gobierno y sembrar el terror en la región. Pocos días después se produjo una ola de requisas en los hoteles de Cali, que buscaba identificar a todas las personas provenientes de Medellín y establecer el orígen y el motivo de su visita a la capital del Valle. Con fecha del 25 de septiembre llegó otro mensaje similar a manos del gobernador del Valle insistiendo en la gravedad de lo que podía pasar. A pesar de los esfuerzos de las autoridades la tragedia no pudo ser evitada.

El operativo estaba dirigido contra Francisco Herrera, considerado como el propietario de la hacienda aunque esta se encuentre a nombre de un testaferro. Herrera, quien durante años fue considerado el cuarto hombre del cartel de Cali, después de los hermanos Rodríguez Orejuela y de Jose Santacruz, se ha convertido hoy por hoy en un poder independiente. Fuentes de los servicios de inteligencia aseguran que puede ser hoy el hombre más rico del cartel de Cali, asi como el de más bajo perfil. Su condición no seria ya la de miembro de este sino más bien la de aliado del mismo. Contrario a lo que se ha publicado en la prensa, no es hijo ni tiene tiene nada que ver con Benjamín Herrera, conocido como el "Papa Negro de la Cocaina" y quien hoy se encuentra en una cárcel en los Estados Unidos. Se dice que tiene unos 35 años, que es de buena figura, pero curiosamente no existe una sola foto de él. Herrera, un fanático del fútbol, tenía un equipo propio llamado "Los Pachos". En su finca, en una cancha que es mejor que muchas de las canchas de fútbol profesionales del país, se jugaban partidos amistosos dos veces por semana.

Mucho se ha especulado sobre quién o quiénes asistían al partido de la semana pasada. SEMANA ha podido establecer que había 120 personas presentes, lo cual daría la impresión de que se trataba de algo especial. Se ha mencionado que se encontraban allá Pacho Herrera y Miguel Rodríguez Orejuela, quienes habrían huído por los cañaduzales, pero esta versión ha sido negada por los testigos y sobrevivientes.
Más confirmación tiene la versión según la cual dos hermanos de Pacho Herrera sí estaban presentes y lograron huír. Lo que es seguro, sin embargo, es que quien montó el operativo, con traslado de 30 personas de Antioquia al Valle del Cauca, con toda clase de armamentos y un gran apoyo logístico, no podía ir sino detrás de uno o varios peces gordos. Ni los hermanos de Pacho Herrera, ni ninguno de los cocineros o trabajadores que fueron asesinados, justificaban una operación que tuvo que haber sido planeada durante semanas. Por lo tanto, estuviera o no estuviera presente, el objetivo tenía que ser Francisco Herrera.
Desde hace mucho tiempo Herrera se había convertido en la obsesión de Escobar. Hace más de dos años, cuando Escobar secuestró a cinco espías del cartel de Cali, Gilberto Rodríguez, para evitar que fueran asesinados, le propuso a Escobar llegar a algún acuerdo de paz. Escobar planteó dos condiciones:
cinco millones de dólares como indemnización por la bomba del edificio Mónaco, lugar de residencia de su familia, y la entrega de Pacho Herrera, de quien se ha rumorado, es el responsable de haber llevado a cabo el atentado. Gilberto Rodríguez se negó a entregar a su socio, alegando que la bomba al edificio Mónaco no era responsabilidad del carcel de Cali. Ante la no entrega de Herrera, los cinco secuestrados fueron asesinados, y al lado de sus cadáveres apareció una cartulina que decía:
"Miembros del cartel de Casi ejeculados por intentar atentar contra personas de Medellín". Poco tiempo despues, en diciembre de 1988, Pablo Escobar envió un comando de Medellín, para intentar secuestrar a Pacho Herrera. El plan se frustró y Herrera logró escapar milagrosamente. Nadie ha podido establecer cuáles son los motivos para el odioobsesivo que evidentemente Escobar le tiene a Herrera.
Una vez condicionó la paz entre los dos carteles a su entrega, otra vez trató de secuestrarlo, y la semana pasada mandó 30 hombres a matarlo. Como parte de la leyenda, se afirma que después de la bomba en el edificio Mónaco, donde se encontraba su familia, la hija pequeña de Escobar quedó con serias lesiones auditivas y que este considera que dentro de los cánones de la guerra no se incluye el ataque a familias indefensas.

Informes contradictorios
Después de la masacre, tuvieron lugar una serie de hechos y declaraciones contradictorias. El Alcalde de Candelaria, Jorge Eduardo Fuertes, interrogado sobre a quién pertenecía la finca, contestó que a unos muchachos de Medellín que habían llegado hacía un año a la región. Sorprendentemente, el alcalde parecía ser el único habitante de todo Candelaria que ignoraba a quién pertenecía la finca, pues propiedades particulares con estadio de fúlbol propio no hay muchas en la región y no pasan inadvertidas.

Teniendo en cuenta que era de conocimiento público que esa finca era de Pacho Herrera y que las autoridades departamentales y municipales habían sido alertadas por miembros del cartel de Cali de que el cartel de Medellín estaba preparando un golpe, suenan ingenuas las declaraciones del gobernador del Valle, Mauricio Guzmán, en el sentido de que no creía que se tratara de una guerra entre carteles, pues las víctimas eran personas humildes. Su versión de los hechos iba en contradicción con la del consejero para la seguridad ciudadana de la Gobernación, Raúl Caicedo Loubrido, quien desde el inicio dijo exactamente de qué se trataba.

Además de estas contradicciones, hay algunos hechos no totalmente claros. En una actitud poco común, se le prohibió a todos los periodislas entrar a la hacienda hasta que hubiera terminado el levantamiento de cadáveres. Posteriormente, sólo se les permitió estar durante 20 minutos en el lugar.

Otro hecho que dió pie a especulaciones fue que los diarios Occidente y El Caleño publicaran la foto de un vehículo de la policía de Cali saliendo la noche de la masacre de la hacienda "Villa de Legua", llevando a un sujeto encapuchado. El comandante de la Policía Metropolitana de Cali, coronel Rodrigo Millán Bautista dijo inicialmente que se trataba de uno de los tres detenidos que participaron en la matanza y había sido capturado. Más tarde, en su segunda versión de los hechos, el coronel Millán aseguró que los sospechosos habían sido capturados en una finca en la vereda de San Rafael, y que el encapuchado, de quien ya se especulaba que se trataba de un jugador profesional de fútbol e incluso llegó a decirse que se trataba de Miguel Rodríguez, no era más que un muchacho que había presenciado los hechos.

Las declaraciones
Al día siguiente a la masacre, la Tercera Brigada incautó una caleta de armas y uniformes de las Fuerzas armadas en una finca situada a escasos kilómetros de Santander de Quilichao. Todo parece indicar que los fusiles R-15, AM4, AUG y Galil incautados esa noche fueron las armas empleadas en la matanza de "Villa de Legua" y que la finca de Santander habría servido de base de operaciones a los sicarios. Las confesiones de cuatro personas, provenientes de las localidades antioqueñas de Itaguí y la Estrella, detenidas por la Policía Metropolitana de Cali cerca del lugar de la matanza, fueron la confirmación, para todo el mundo, de que se trataba de una guerra entre los carteles.
Los detenidos señalaron que los había contratado Francis Muñoz, alias "Tyson", quien remplazó a "Pinina" como jefe de sicarios del cartel de Medellín.
Como si esto fuera poco, hicieron estremecer al país ante las revelaciones de que Pablo Escobar estableció otros dos grupos de sicarios para llevar a cabo operaciones terroristas, uno en Medellín y otro en Bogotá.

Si algo se evidenció la semana pasada es que Pablo Escobar está mucho menos acabado de lo que afirmaban las autoridades. Una organización que simultáneamente secuestra a diestra y siniestra, libera de las cárceles y de la justicia a sus detenidos y moviliza a 30 personas en un operativo para eliminar a sus enemigos, no puede ser considerada una organización derrotada.
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