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| 8/22/1994 12:00:00 AM

¿Y DONDE ESTA EL GALEON...?

Casi 300 años después de haber naufragado, y tras 10 años de haber sido encontrado, vuelve a desaparecer el legendario galeón San José.

Los dueños de la Sea Search Armada fueron multimillonarios por unas horas. El 16 de julio pasado, el juzgado 10 Civil del Circuito de Barranquilla les había dado la razón en un litigio de 10 años entre esa empresa de exploraciones submarinas y el gobierno colombiano, por la repartición de los tesoros del galeón español San José, hundido en 1708 por un filibustero inglés frente a las islas del Rosario y encontrado por esa firma en 1982.
El galeón cargaba un tesoro de esmeraldas, barras y lingotes macizos de oro y de plata, custodias y valiosos objetos, valorados hoy en más de 10.000 millones de dólares, una cifra cercana a la deuda externa de Colombia. Según la determinación del juzgado, los beneficios del rescate tendrían que repartirse por partes iguales, con lo que se desvirtuaba la posición del Estado colombiano, que quería el 95 por ciento de los bienes de valor económico, histórico, cultural y científico del naufragio.
El litigio comenzó dos años después del hallazgo, en 1984, cuando el gobierno expidió el decreto-ley 2324, que redujo de un 50 a un 5 por ciento la participación de los particulares en los tesoros o antiguedades náufragas que encontraran en los mares del país. La Sea Search Armada sintió entonces que los derechos que había adquirido antes de la reforma del Código habían sido vulnerados e irrespetados -la ley, por lo general, no puede ser retroactiva- y decidió entablar la demanda.
Pero la Sea Search no sólo demandó ante el juez civil el cambio de legislación, sino que acudió años más tarde ante la Corte Constitucional, para pedir que se declararan inexequibles los artículos 188 y 191 del decreto 2324. La alta corporación falló el pasado 10 de marzo, y declaró inconstitucionales los artículos demandados, de tal manera que la decisión del juzgado de Barranquilla no hizo otra cosa que ratificar una decisión tomada por la Corte Constitucional.
El mismo 6 de julio, sin embargo, cuando la Sea Search creía que la suerte estaba echada a su favor, un comunicado de la Presidencia de la República cambió el júbilo por la perplejidad. En el documento se divulgaban los resultados de una investigación hecha por solicitud oficial por la firma estadounidense Columbus Exploration Inc. en el sitio donde, según la Sea Search Armada, reposaba el legendario galeón. En resumen, el comunicado decía que después de haber inspeccionado el lugar durante nueve días. con los más modernos equipos satelitales y técnicas de rescate, no se había encontrado rastro ni de éste ni de cualquier otro barco español, tesoro o cosa parecida. "Sólo hallamos arcilla y cangrejos en ese sitio", dijo a SEMANA Thomas Thompson, presidente de Columbus.
El escándalo no se hizo esperar. La Sea Search Armada acusó al gobierno de negar la existencia del galeón para no reconocerle el 50 por ciento a que tenía derecho y, además, sostuvo que apelaría para buscar un nuevo fallo que le permitiera quedarse con el ciento por ciento del tesoro. El gobierno, entre tanto, anunció que demandaría a la empresa por los daños y perjuicios que le había ocasionado al país al ponerle conejo con un barco y un tesoro que no existían o que, al menos, no habían sido encontrados en las coordenadas que esta había suministrado.
El asunto pareció llegar a su clímax al día siguiente, 7 de julio, cuando el senador estadounidense por el estado de Illinois, Philip M. Crane, en carta al Presidente César Gaviria, dejó entrever que si Colombia no respetaba los derechos de la Sea Search Armada, podría perder los beneficios del Tratado de Libre Comercio (TLC o Nafta, por su sigla en inglés). La Columhus Exploration, por su parte, ratificó su versión de que no había encontrado nada y se apartó de la polémica, con el argumento de que su interés en el galeón San José era tan sólo de carácter científico. Pero para la Sea Search el asunto no era tan sencillo, pues para sus representantes,"habría que ser muy ingenuo para esperar que Columbus haya encontrado el galeón, y lo diga, ratificando así el derecho de preferencia de nuestra compañía y autoexcluyéndose de cualquier posibilidad de obtener un contrato de 30 a 50 millones de dólares".
Tras estas acusaciones y recriminaciones, quedaron flotando en el ambiente varias preguntas. ¿Existe o no existe el galeón?,
¿Se robaron su tesoro? ¿Tienen interés en negar la existencia del galeon el gobierno colombiano y la empresa Columbus Exploration? ¿Ocultó la Sea Search las verdaderas coordenadas para proteger sus intereses en caso de que perdiera el litigio? ¿Eran falsas las pruebas de la existencia del galeón, aportadas en 1982?

¿GALEON FANTASMA?
Más allá de si tienen o no consecuencias las decisiones tomadas por el Juzgado 10 Civil de Barranquilla y la Corte Constitucional, que le otorgan el 50 por ciento de los tesoros a la Sea Search Armada, nadie ha puesto en duda que el galeón San José exista. Los investigadores británicos Eugene Lyon y John Cryer descubrieron en los archivos de Sevilla y de la Armada Británica el sitio donde se produjo hace 300 años la batalla naval que echó a pique al galeón San José. Los datos que ellos aportaron hicieron posible que en 1982 la empresa de exploración estadounidense Glocca Morra fuera la primera en descubrir, de acuerdo con las pruebas que aportó entonces, los restos del navío (ver recuadro).
Las pruebas consisten en un trozo de madera, al parecer proveniente del mastil; varias fotografías y videos donde aparece el supuesto casco, y una imagen hecha por intermedio de un sonar y que parece revelar la figura del galeón tal y como se encuentra en el lecho marino. Según una fuente oficial, "el gobierno tiene la certeza de que el galeón está hundido en alguna parte entre las islas del Rosario y la bahía de Cartagena. Pero también está seguro de que no se encuentra en las coordenadas que entregó la Sea Search en 1982 y que verificó hace pocos días la Columbus Exploration".
Que el galeón existe, entonces, parece fuera de toda duda. SEMANA tuvo acceso a parte de los informes rendidos por oficiales de la Armada Nacional durante los dos años de fiscalización de las exploraciones de la Sea Search Armada. En ellos certifica lo encontrado en el fondo del mar.
En la primera página (ver reproducción) se dice textualmente: "(a las nueve horas) se inspeccionó y se filmó con cámara de televisión a color el galeón a todo lo largo, tomando fotografías de los sitios de interés: se inicia la reubicación del buque sobre el blanco". El 13 de octubre de 1983, los oficiales escriben en la bitácora: " (...) El piloto John Sales llegó al fondo a la altura de mediacubierta, verificó el galeón en toda su longitud e informa que tiene sobre 100 grados de eslora. Hay sedimentos en toda la parte plana superior. La popa es bien definida, claramente cuadrada o rectangular, toma su tiempo recorrerla. No se pudo explorar mejor por daño en un propulsor siendo necesario suspender la operación para revisión". Ese mismo día, a las 11 de la noche, anotan: "se ve en la popa el blanco principal, un objeto al parecer de madera. Se sigue tratando de localizar otro objeto visto anteriormente que al parecer es un cañón".
Surge de este relato la pregunta de si la descripción de la Armada es cierta, ¿cómo es posible que la Columbus Exploration no haya encontrado al galeón? Según una fuente del gobierno se están barajando varias hipótesis, "una de las cuales es que la Sea Search no reportó las verdaderas coordenadas, tratando de proteger sus intereses si perdía el pleito". Sin embargo, SEMANA pudo establecer que las coordenadas que el gobierno le entregó a la Columbus Exploration fueron las mismas que utilizó la Armada Nacional cuando verificó en 1983 la aparente existencia del galeón. "No tenemos duda de que sean las mismas coordenadas, pero no hay explicación de por qué no apareció el naufragio", dijo una fuente de entero crédito.
Columbus Exploration asegura que verificó las coordenadas dos veces a través de sofisticados satélites y equipos adecuados, y que no encontró nada. Sobre la posibilidad de que el lecho marino hubiera sufrido un movimiento geológico que hubiera tapado al galeón después de su aparente descubrimiento en 1982, Thompson dijo que "el lecho es arcilloso y alparecer no se ha modificado en siglos; por tanto, esa hipótesis no es creible ".
Tampoco parece ser posible que el galeón hubiera sido saqueado, pues esta labor hubiera requerido meses y la instalación de una plataforma submarina, aparte de la presencia de uno o varios buques especializados y la vigilancia que se ejerce sobre esa región hubiera descubierto a los saqueadores.
Vistos los hechos, quedan las dudas. El Instituto de Investigaciones de las Ciencias Oceanográficas asegura que la tarea encomendada por el gobierno a la Columbus "fue científica y muy precisa, pues se utilizó la más alta tecnología". La Sea Search afirma que si el gobierno insiste en que allí no hay nada le pedirá permiso para probarlo, ya que mantiene en secreto las cintas de sonar que determinaron hace 12 años el sitio donde yacía el San José. Por su parte, el informe de bitácora de la Armada Nacional, que supervisó el trabajo de la Sea Search en 1982, es contundente y describe con minuciosidad el supuesto galeón, por lo cual no se entiende por qué ahora carece, a los ojos del gobierno, de toda credibilidad. Lo único cierto es que alguien está mintiendo.


¿CUAL ES EL RUMBO?
En este estado de cosas, y con una fortuna de semejantes dimensiones de por medio, cada una de las partes involucradas prepara los argumentos de su defensa. El gobierno colombiano envió a un laboratorio de Estados Unidos el trozo de madera encontrado en 1982, y que constituye la única evidencia física del galeón San José. La Sea Search sostiene que hará valer sus derechos, incluso ante las Cortes internacionales. Se espera una batalla jurídica de grandes proporciones.
Si se comprueba que en las coordenadas dadas por la Sea Search se encuentra efectivamente el galeón, el gobierno debería aceptar que esa compañía tenía derechos adquiridos previamente a la expedición del decreto 2324, o proseguir en su lucha legal con la compañía estadounidense. Su argumento principal sería que ningún juez de la República puede dictaminar sobre la validez de la norma, pues, en este caso, ello sería de una competencia más alta, y contra la decisión de la Corte Constitucional aún quedan algunos recursos. Entre tanto, la Sea Search insiste en que lo que queda del San José es un tesoro declarado, por lo que el Código Civil ordena que debe dividirse por igual entre el descubridor y la Nación.
Otra posibilidad es que las coordenadas no coincidan con la localización del galeón. En ese caso, para el gobierno el galeón sería una especie náufraga y, por lo tanto, pertenecería en su totalidad al país. La existencia del barco es innegable, pero si se encuentra en otras coordenadas distintas a las que maneja la Sea Search, esta empresa no tendría ningún derecho.
Mientras tanto, el San José crece cada día más en la fantasía de los colomhianos para quienes lejos de representar la ilusión de la riqueza súbita, no es más que un barco fantasma que evoca tiempos idos. Habrá que esperar para saber si, como dice Joan Manuel Serrat "no hay historia de piratas que tenga un final feliz".

EL FABULOSO BOTIN
Relación sumari del Tesoro Real de Su Majestad y otros cargamentos del Tesoro Real de Lima, inspeccionado en el puerto de Perico (Panamá) el 28 de febrero de 1708.

REMESAS DE ESPAÑA
Capitana: capitán, Don Juan Martín de Ysasi.
Salarios para el Consejo de Indias: 236.996 pesos
Alojamiento, Consejo de Indias: 10.601 pesos
Depósitos probados de Lima: 3.838 pesos

OBJETOS RELIGIOSOS
Dos cofres que pesan 289 marcos, 5 onzas, con objetos de plata dorada; una lámpara grande que pesa 148 marcos,5 onzas; un relicario grande y dos pequeños, con pedestal; una custodia dorada; un incensario con su vaso de incienso; dos cálices con patenas; un recipiente para unguento, vinajeras y una pequeña campana (todo dorado); una corona; un vaso para aceite y un recipiente para agua bendita.

TRANSFERENCIAS DE TESORO
DEL TESORO REAL DE LIMA:
Venta de bulas de indulgencias $103.782. División de 61.122 pesos: $30.561
Del Tesoro Real de Quito: $22.661 También 700 castellanos, un lingote, una coronita y una pieza todas de oro; una piña (¿de plata?), una pieza de plata y 5 incensarios.

DEL TESORO DE PANAMA:
Dos coronitas de oro y dos pequeñas placas del mismo metal, las que totalizan 353 pesos de oro y 2 tomines. 5% de los salarios de Tierra Firme: $3.907 Para el convento de Santa Teresa de Avila: $320
Impuesto para cubrir pérdidas por piratería: $30.000 Reembolso por avería de la Mar del Sur: $25.000

TOTAL CAPITANA SAN JOSE:
$553.439


EL ULTIMO VIAJE
El San José era la principal nave de los galeones españoles de tierra firme. El buque -de 40 pies de proa, 35 de popa, una eslora de 11 pies y una capacidad de carga de 1.000 toneladas- formaba parte de la flota de los galeones que hacía la llamada "carrera de las Indias", trayendo mercancías de Europa para las ferias de Portobelo (Panamá) y la de Jalapa (México). De retorno al viejo continente, cargaba la plata de las minas de Potosí y demás oro de los impuestos españoles en América.
Sin embargo, el enfrentamiento de ingleses contra españoles y franceses en la guerra de sucesión por el trono de España hizo casi imposible las travesías por el mar. Los cañoneros ingleses, cuando no los piratas y filibusteros, atacaban los galeones cargados de oro para bloquear la península ibérica y dejarla sin recursos. Urgidos de dinero, los españoles decidieron enviar la correría de indias.
A principios de junio de 1708, el botín americano empieza a ser embarcado con absoluto sigilo hacia España en las naves comandadas por el galeón San José, que se encamina a su destino. Pero justo cuando se encontraba frente a las islas del Rosario se topó con los cañoneros del filibustero inglés Charles Wager, quien lo hundió en pocas horas. El conde José Fernández de Santillana murió en su galeón y Wager fue ahorcado, meses después, por haber dejado escapar la fabulosa presa.
Del San José sólo volvió a tenerse noticias a finales de 1979, cuando los historiadores Eugene Lyon y John Cryer -husmeando en los archivos de Sevilla (España) y de la Armada inglesa- establecieron el área posible donde había tenido lugar la batalla naval. En junio de 1982, previa solicitud de los interesados, el gobierno de Colombia reconoció como denunciante del tesoro, por haber localizado al galeón San José, a la empresa estadounidense Glocca Morra, que luego transfirió sus derechos a la Sea Search Armada. Desde entonces, el galeón San José ha estado envuelto desde lo profundo del océano en no pocas polémicas.
La decisión del gobierno colombiano de contratar el rescate del galeón San José con Suecia se convirtió en un escándalo mayúsculo que involucró a los inmediatos asesores del presidente Virgilio Barco. En lo que parecía ser un tráfico de influencias, el senador Hugo Escobar Sierra denunció el 23 de agosto de 1988 que altos funcionarios del gobierno habían forzado una entrevista del presidente Barco con el representante del Banco Sueco de Inversiones, Harry Schein, para que conociera por anticipado las condiciones que solicitarían a los países interésados en las operaciones de rescate a fin de que tomaran parte de una minilicitación internacional.
Esta reunión, según la denuncia, se efectuó en Cartagena los días 27 y 28 de marzo de 1987, es decir, tres meses antes de que el gobierno invitara a otros países a que presentaran sus ofertas para el rescate del galeón y la recuperación de sus tesoros. El escándalo, que duró varias semanas, echó a pique el convenio con Suecia y el rescate del barco quedó en veremos.
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