Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/3/2005 12:00:00 AM

Ya no más 'reinas del hogar'

La inserción de la mujer en el trabajo ha ido evolucionando en número, ocupaciones y salario. Atrás quedaron los tiempos de las amas de casa o empleadas del servicio.

La historia del trabajo de las mujeres en Colombia es tan antigua como su existencia como sociedad, en los diferentes períodos que la constituyen. La mujer ha estado presente en la configuración y sostenimiento de los grupos indígenas, coloniales, republicanos, en actividad relacionadas con la agricultura, la minería, el cuidado de animales y la crianza de especies menores, la artesanía, así en la prestación de servicios de educación, salud y cuidado de niños, ancianos y enfermos. Dado el carácter predominantemente rural, de pueblos y de pequeñas ciudades que caracteriza el país, hasta mediados del siglo XX, otras ocupaciones, además de empleada doméstica, que realizaban las mujeres era como trabajadoras agrícolas, en las distintas etapas del ciclo productivo, como obreras en fábricas de confección, y algunas de las incipientes industrias urbanas. Ocupaciones que comienzan a adquirir relevancia en el inicio del siglo XX son las de maestras, secretarias y enfermeras, y que junto con las empleadas domésticas, las obreras y las trabajadoras agrícolas, constituyen el abanico de opciones de trabajo femenino, en especial fuera de la vivienda. No obstante la significación de estas ocupaciones para la supervivencia de la sociedad, de una parte, el reconocimiento asignado a ellas era muy bajo, y mucho más baja la remuneración percibida. En la Colombia tradicional, las pocas mujeres activas laboralmente, dejaban su trabajo al contraer matrimonio; la población trabajadora estaba conformada casi en su totalidad por mujeres solteras en mayor proporción, y por separadas o viudas en menor proporción. Ser 'mujer trabajadora' hasta la década del 50 era casi sinónimo de vulnerabilidad en términos de pobreza, viudez o abandono del cónyuge. Los años 60 marcan una época de múltiples revoluciones en los escenarios del país, en los el peso de las grandes y medianas ciudadanas, configuraba estilos de vida urbanos e innovadores. Los aumentos en la oferta educativa hacia las mujeres, como parte de la modernización del país en la década del 30 y como estrategia para reducir los elevados niveles de fecundidad en la década del 60, tuvieron una creciente respuesta por parte de las jóvenes y sus familias, en especial, frente a la posibilidad de ingresar a la universidad. En la década del 70 se vincularon a los mercados formales un buen número de mujeres profesionales, en los sectores de administración pública en entidades del Estado, como ministerios e institutos descentralizados. Las tasas de participación inferiores al 10 por ciento hasta 1950, llegaron en esta década a tasas cercanas al 25 por ciento promedio. Sin embargo, al desagregarlas por estado conyugal, se encuentra que 80 por ciento de las trabajadoras son en orden descendente: solteras, separadas y viudas. Sólo el 20 por ciento estaba compuesta por mujeres casadas y en unión libre. El salario femenino pasó a ser considerado un complemento del salario del marido, para las mujeres unidas, o de los ingresos familiares en el caso de las solteras. Este hecho, junto con otros factores de discriminación femenina, facilitó conservar una diferencia promedio de salarios femeninos equivalente a sólo 40 por ciento de los hombres. Puede afirmarse que hasta finales de los 80, las mujeres trabajadoras del país eran en su mayoría no unidas, empleadas, menores de 50 años. Las tasas más altas de participación las tenían las mujeres con educación superior, sin hijos o con uno o dos hijos, y edades entre 20 y 39 años. Aunque el llamado 'sector informal' tenía un peso mucho menor al actual (cercano al 40 por ciento), existía ya una segmentación de los mercados de trabajo, y podía identificarse un tipo de ocupaciones propias de cada uno: así, en el informal predominaban las empleadas domésticas internas y por días, las trabajadoras familiares sin remuneración, vendedoras ambulantes, y otras actividades como costureras, artesanas, jornaleras agrícolas. En el sector moderno, la mayoría está concentrada en el sector servicios, en las ramas de educación y salud. La vinculación al sector financiero absorbe una proporción creciente de mujeres. ¿Cuáles son las características de la participación laboral de las mujeres colombianas en los inicios del nuevo siglo? 1. El desempeñar un trabajo remunerado se ha convertido en un imperativo para la mayoría de las mujeres, independiente de su estado conyugal, su edad, el número de hijos, el nivel educativo. Las tasas de las mujeres en unión conyugal pasaron de 19 por ciento en 1985 a 60 por ciento en 2000, en las ciudades. 2. El ingreso generado por el trabajo femenino deja de ser complementario de los ingresos del marido, y se constituye en aporte esencial para la supervivencia del grupo familiar. El número de hogares que se sostiene exclusivamente con el trabajo de la mujer aumenta cada vez más. 3. El desempleo femenino es 16 por ciento en tanto el masculino era de 9,1 por ciento, en el segundo trimestre de 2005. El número promedio de semanas buscando trabajo es de 45 para las mujeres y de 41 para los hombres. 4. Se ha dado una diversificación en las ocupaciones que desempeñan las mujeres, con un marcado incremento en el sector transporte y en la construcción. No obstante, las mujeres en el sector financiero han tenido una marcada reducción. 5. La fuerza de trabajo femenina llega a siete millones en comparación con 10,7 millones de hombres. En las principales 13 ciudades, esta población es de 3,7 millones, de las cuales un millón y medio de trabajadoras están en servicios sociales, comunales y personales, un millón en comercio (al por mayor y al por menor) y hotelería, 700.000 están en la industria, 265.000 en actividades inmobiliarias y empresariales, 120.000 en transporte y comunicaciones y 100.000 en el sector financiero. 6. El sector informal, formalmente reconocido en las estadísticas del Dane, llega al 60 por ciento del total del mercado laboral, y se calcula que de cada 10 nuevos empleos, entre siete y ocho se generan en el sector informal. El sector moderno está no sólo estancado sino en contracción aguda. En la composición por sexo de los trabajadores informales, el 62 por ciento son mujeres. 7. La promesa educación universitaria -empleos calificados pierde cada vez más vigencia, y las tasas de desempleo de las jóvenes entre 25 y 30 años, superan el 30 por ciento. Indudablemente es largo el camino recorrido, indudables los logros, excesivas las responsabilidades, bajo el reconocimiento social y monetario. No obstante, creo que pese al desempleo, la incertidumbre, los bajos salarios, la mayoría de las mujeres no aceptaríamos volver a los tiempos idealizados donde éramos "las reinas del hogar", sin derechos, sin autonomía, y sin horizontes propios. ·Dirige Línea de Estudios Poblacionales en la Maestría en Gestión Urbana, Universidad Piloto de Colombia.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.