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| 6/6/1988 12:00:00 AM

YO, JUAN CLAUDIO

El enfrentamiento entre Juan Claudio Morales y Carlos del Castillo pone sobre el tapete el problema del mercado negro de dólares en la bolsa de Bogotá.

Hay en la película Wall Street un personaje llamado Gordon Gekko, interpretad o por Michael Douglas, que supuestamente representa el símbolo de todos los excesos a que están llegando las bolsas de valores en el mundo. Gekko usa siempre vestidos finísimos, calzonarias, camisas de rayas y cuello blanco fuma tabaco y al hablar, irradia una inmensa seguridad. Su llegada a la cima se debe a que nunca le ha temblado el pulso para aplicar permanentemente la máxima según la cual el fin justifica los medios, no importa a cuántas leyes haya que hacerles el quite ni a cuántos enemigos la zancadilla. La ética universal juega un papel secundario en su escala de valores, cuyo único eje es el dinero.

Guardadas todas las proporciones en Colombia han surgido versiones criollas de este personaje, una de las cuales estuvo sobre el tapete la semana pasada: Juan Claudio Morales.
Aunque bastante menos buen mozo que Michael Douglas, usa los mismos vestidos, las mismas calzonarias, las mismas camisas de rayas, y habla y actúa como Gordon Gekko. En materia de negocios, su éxito es comparable, como lo es el número de sus enemigos. Y, en-lo.que se refiere a sus valores éticos, éstos son, al decir de sus contradictores, por lo menos tan controvertibles como los del tiburón de Wall Street.

En la película, Gordon Gekko acaba en la cárcel y en la vida real, el actor Michael Douglas se ganó el Oscar por su interpretación del personaje.
En ninguno de estos extremos se encuentra la situación de Juan Claudio Morales. Sin embargo, del desenlace de los episodios que está protagonizando, dependerá su consolidación o una considerable pérdida de terreno en su actual posición de tiburón de las finanzas criollas.

EL SHERIFF
El hombre que lo ha colocado en la cuerda floja es el presidente de la Bolsa de Valores de Bogotá, Carlos del Castillo. Si en términos de Hollywood, Morales es una versión de Gekko, Del Castillo tendría que ser comparado con el sheriff de una de las viejas películas del oeste, de esas en blanco y negro en las que los malos del pueblo son tan poderosos, que la sola honestidad y el valor del sheriff no parecen, al principio de la cinta, armas suficientes para derrotarlos.

El conflicto en que estos dos personajes se han trenzado tiene su origen en episodios internos de la bolsa de tiempo atrás, y se manifestó recientemente en un enfrentamiento cuando Morales fue elegido como uno de los siete miembros del Consejo Directivo de la bolsa. Morales aparentemente, tenía la intención de conseguir apoyo en el Consejo para no reelegir a Carlos del Castillo en la presidencia.
Su único aliado seguro era Octavio Gallo, otro de los grandes "cacaos" de la bolsa y quien comparte con Morales la animadversión por el actual presidente de la entidad. Su meta era, una vez dentro del Consejo, convencer a los demás miembros de sacar a Del Castillo y remplazarlo por uno más tolerante.

El complot comenzó en los días previos al 23 de marzo, con los preparativos electorales para la asamblea de socios de la bolsa, que debía escoger al nuevo Consejo Directivo. Se presentaron tres listas, una encabezada por Juan Claudio Morales, que obtuvo cuatro votos y un escaño; una segunda encabezada por Octavio Gallo, que obtuvo siete votos y un escaño; y una tercera, encabezada por Mauricio Botero, de Corredores Asociados, la firma número uno de la bolsa, que obtuvo 22 votos y tres escaños. Aparte de esos cinco miembros, fueron elegidos los dos miembros externos (es decir, que no son corredores, sino que son figuras de afuera): Caicedo y Mosquera.
Quedaron así conformadas dos tendencias en el Consejo: la de Morales y Gallo, con dos puestos ocupados por ellos, y la contraparte, liderada por Corredores Asociados, que eligió a Botero, Mónica Sarmiento y Rafael Aparicio. Con esta desventaja de dos contra tres, Morales tenía que conquistar el apoyo de Juan Martín Caicedo y Cristian Mosquera, lo que no era fácil, pues habían sido elegidos por la contraparte. La línea Corredores Asociados respalda y es partidaria de mantener en la presidencia a Carlos del Castillo.

Este proceso iba en curso cuando se produjo una publicación de El Espectador cuyo objeto era descalificar a Morales y a Gallo, para evitar que la Comisión Nacional de Valores, encargada de la vigilancia de las actividades de la bolsa, les diera posesión como miembros del Consejo. La acusación central era que tanto Morales como Gallo habían sido sancionados por la Superintendencia de Control de Cambios, por manejo irregular de divisas, así como por la Comisión Nacional de Valores por violar normas de la bolsa. Morales salió al quite en actitud beligerante, aclarando que no había sido sancionado por la Supercambios y que, en lo que se refiere a la multa impuesta por la Comisión de Valores, se trataba de una infracción relativamente común en el mundo de la bolsa, databa de 1984 y era comparable a la de otros miembros electos del Consejo Directivo. El Espectador reviró tres días más tarde, revelando una nueva multa contra Morales de hace sólo 45 días por reincidir en la misma infracción que habia originado la primera multa. Con un agravante: en esta ocasión, la Comisión de Valores recomendaba a la Sala General (el máximo organismo gubernamental para estas materias) la expulsión de la firma de Morales, Compañía General de Valores, del registro de intermediarios financieros, expulsión que de hacerse efectiva, le impediría continuar como corredor de bolsa.

Pero, ¿qué significa todo esto? En primer lugar, las sanciones contra la firma de Morales, no necesariamente son más graves que la mayoría de las que ha impuesto la Comisión de Valores contra otros corredores. Obedecen a una práctica llamada "toma de posición propia", que se presenta cuando un corredor no se limita a ser el intermediario comisionista entre el que compra y el que vende unas acciones, sino que por si mismo o por interpuesta persona, adquiere acciones, lo que le está expresamente prohibido a los corredores de bolsa, por considerarse que si lo hacen, pierden la objetividad y la neutralidad necesarias para aconsejar a sus clientes.
Como Morales afirma, se rumora que la práctica es bastante común. Sin embargo, son poco frecuentes las sanciones de esta naturaleza, y sobre todo, las sanciones por reincidencia.

EL PROBLEMA DE FONDO
Pero en realidad, todas estas filigranas juridico-financieras no son el meollo del asunto. El meollo es que Morales tiene fama de ser uno de los mayores cambistas del país, y Carlos del Castillo y quienes lo apoyan, consideran que es necesario ponerle coto a una tendencia que existe a utilizar la bolsa como frente para llevar a cabo negocios en dólares. Morales descarta todo esto, alegando que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. En primer lugar, que a la gente no se la puede juzgar con base en chismes, sino con base en pruebas. Según él, de todos los corredores se rumora que en una u otra forma, negocian en dólares y que, en esto, nadie sabe qué es verdad y qué es mentira. Por lo tanto, verdad o mentira, poco tiene que ver con las actividades inherentes a la bolsa, que son sobre las cuales debe tomar decisiones la entidad, asi como las autoridades respectivas. En otras palabras, ese es un problema de las autoridades cambiarias, y no de la Comisión de Valores o de la presidencia de la bolsa.

En esto, Morales tiene un poco de razón, pero no toda. Revisando las cifras de comisiones obtenidas por cada uno de los 33 corredores en 1987 (ver cuadro), llama la atención cómo varios de éstos ganaron en actividades de bolsa, cifras tan relativamente insignificantes, que es difícíl entender cómo se sostienen o qué incentivo tienen para continuar en esta actividad. La mitad de las firmas se ganan menos de 50 millones de pesos en comisiones al año, cifra que si bien le puede parecer alta al colombiano raso, es apenas ras con ras para una firma que tiene que deducir de ahi costos financieros, impuestos, nómina, relaciones públicas, etc. Todo esto sin mencionar el inmenso trabajo, riesgo y responsabilidad que entraña ser corredor de bolsa. Las cifras anteriores harían pensar que algunas firmas deben tener una justificación diferente para estar metidas en la bolsa. Y por eliminación y por reconocimiento general, esta actividad es el negocio de dólares.

En cuanto a los dólares en Colombia, cualquiera puede tener una posición moralista, puesto que todo movimiento por fuera del Banco de la República, viola el estatuto cambiario. Pero la realidad es que constituye en la actualidad y ha constituido siempre, parte integral del funcionamiento del sistema económico. Así como los mismos paises comunistas tienen que tolerar un mercado negro para ciertas cosas, el Estado colombiano ha tenido que convivir con un mercado negro de dólares, que en algunos casos colabora con los objetivos del mismo gobierno. En esta categoría están la ventanilla siniestra del Banco de la República, compras de oro por parte de esta entidad por encima del precio internacional, depósitos de colombianos en oficinas de bancos colombianos en el exterior y las llamadas operaciones de back to back, consistentes en garantías en el exterior contra créditos en pesos, para mencionar sólo algunos ejemplos.
Esto en lo que se refiere a los intereses del Estado. Y en lo que se refiere a los del público común y corriente, los Sanandresitos, los cigarrillos Marlboro en las esquinas, los viajes al exterior, etc. Como señaló a SEMANA un pequeño cambista, "no hay nadie en Colombia que no sepa que en cada Jumbo que sale de Eldorado, hay 200 violadores del decreto 444". Independientemente de si esto es bueno o malo, ha constituido una realidad hasta el momento y ha permitido, entre otras cosas, que la economía en general funcione satisfactoriamente, incluyendo el propio control de cambios .

Por su parte, la bolsa de valores había sido, tradicionalmente, el principal centro de compra y venta de dólares. Antes de la implantación del estatuto cambiario en 1967, constituia su principal renglón. Nombres famosos de aquellos días como Camilo Soto, Jesús Vallejo y Alonso Botero, fueron grandes cambistas cuando esta actividad era totalmente legal. Cuando se volvió ilegal, por tradición y por necesidades del mercado, la gente siguió acudiendo a la bolsa de valores y a sus corredores para sus requisitos de divisas. El hábito era de parte y parte, tanto del que compraba como del que vendía, y existia un know how y una tradición de respetabilidad en un negocio que, al fin y al cabo, se basa en la confianza.

Sin embargo, las dimensiones y las implicaciones del negocio de dólares han cambiado sustancialmente en los últimos años. Originalmente, se trataba más que todo de las familias que querian sus dos mil dólares para viajar a Miami o los que querían tener su "colchoncito" en moneda dura. A partir de 1974, todo esto comenzó a cambiar. Con la aparición del CAT (Certificado de Abono Tributario) y con el hecho de que el cambio negro estaba más bajo que el oficial, se inauguró la modalidad de las exportaciones ficticias, que tuvieron como resultado un significativo aumento en el volumen transado de dólares negros.
Tres años después, la creación del Certificado de Cambio, incrementó aún más ese volumen a través de especulaciones entre el dólar negro y el dólar oficial. El mercado de dólares estaba pasando de una dimensión micro a una macro, en la que en lugar de estar satisfaciéndose los requisitos individuales de los ciudadanos, se estaban montando sofisticadas operaciones financieras en las cuales se birlaban múltiples normas y el Estado resultaba estafado.

Esto no es nada comparado con lo que vino después. La bonanza marimbera primero y luego la coquera hicieron que se desbordaran todos los límites. No sólo el volumen se volvió astronómico, sino que los objetivos del mercado negro de dólares dejaron de solucionar los problemas cotidianos de ciudadanos honestos, y pasaron más bien a solucionar los problemas de los grandes capos que querían traer a Colombia las utilidades de su negocio. Surgió entonces un nuevo delito: el lavado de dólares, en el que la frontera entre simple venta de divisas y complicidad con el narcotráfico es cada vez más difícil de trazar.

Todo este proceso ha sido gradual y el relativamente insignificante episodio de una pugna en el Consejo Directivo de la bolsa de Bogotá, no es ajeno a él. En Colombia en la actualidad se están moviendo alrededor de 25 millones de dólares en el mercado negro. Este monto se divide en las cuatro ciudades principales y en lo que se refiere a Bogotá, buena parte se mueve a través de la bolsa de valores. Un volumen respetable para un cambista importante es del orden de los 500 mil dólares diarios de los cuales las utilidades son de alrededor de dos pesos por dólar. En otras palabras, los de la pesada se pueden ganar cerca de un millón de pesos diarios.

Dentro de todo este contexto se ha presentado ahora el "caso Morales".
El corredor de bolsa ha sido objeto de rumores en el sentido de ser uno de los más profesionales cambistas del país y, en todo caso, uno de los grandes, aunque esto nunca ha podido ser demostrado. Como en materia de dólares no hay quién tire la primera piedra, por lo general nunca se le ha atribuido mayor gravedad a este tipo de chismes, y Morales, aunque controvertido, ha sido un miembro importante del establecimiento financiero en los ultimos años. Ahora, el presidente de la bolsa, Carlos del Castillo, ha decidido enfrentarse a él por considerar que el Consejo Directivo de la bolsa debe estar integrado por personas de alta reputación, dedica das exclusivamente a las actividades de la bolsa. El fallo final sobre si Morales llena o no estos requisitos, está en manos del Superintendente Bancario, Néstor Humberto Martínez, quien deberá actuar como presidente ad hoc de la Comisión de Valores, ya que el titular de este cargo, Luis Fernando Uribe, fue demandado ante un juez por Morales, en una maniobra que fue considerada como dilatoria y contraproducente por muchos conocedores. El problema al que se enfrentará Martinez es que si bien en su cargo de Superbancario, goza de las facultades de discrecionalidad para dar posesión a directivos del sector financiero, algunos sostienen que no es este el caso del cargo que tendrá que desempeñar ad hoc en la Comisión de Valores, el cual carece de poderes discrecionales. Morales puede tener fama de cualquier cosa. Pero en la práctica, solamente las sanciones que se le han impuesto como corredor de bolsa, pueden ser tenidas en cuenta por la Comisión de Valores para decidir sobre su posesión en el Consejo Directivo. Su defensa ha sido que él ha incurrido, como otros, en contravenciones, no en delitos, y que estas sanciones no pueden ser perpetuas.
Esto deja al Superintendente en el dilema de tener que discriminar entre buenos y malos entre los miembros de un Consejo Directivo, varios de los cuales han sido objeto de sanciones.
Pero el mayor problema de Morales no radica ahi, sino en la sugerencia de expulsarlo que, con base en la reincidencia en la infracción por la posición propia, envió la Comisión de Valores a la Sala General (cuerpo integrado por seis funcionarios del gobierno, entre ellos los ministros de Hacienda y Desarrollo y el presidente de la Comisión de Valores). Esta última tendrá que decidir si acoge o no la recomendación de expulsar al controvertido corredor del registro de intermediarios financieros y, por ende, de la bolsa.

Pase lo que pase, lo único seguro es que la que va a salir lesionada es la bolsa de Bogotá. El inversionista raso no entiende mucho toda esta filigrana y en la medida en que ve titulares que le recuerdan la pelicula Wall Street, es seguro que no va a aumentar su confianza en esta institución.
Diferencias de opinión siempre se habían presentado, pero nunca se había llegado a un enfrentamiento de estas dimensiones entre un accionista de la bolsa y el presidente de la misma.
Más grave aún es que nunca habían sido tan públicos, acogiéndose al sabio proverbio de que "la ropa sucia se lava en casa". Morales, quien siempre ha contado con un buen número de enemigos, tal vez los aumentó la semana pasada al recurrir en público a la estrategia de que "todos estamos en lo mismo", ya que muchos de sus colegas consideran que les está salpicando innecesariamente agua sucia.

Carlos del Castillo, quien ha sido un competente presidente de la bolsa muy probablemente tiene la razón al tratar de establecer unos parámetros para la actividad bursátil, que sean claros y que no incluyen complicidad con violaciones de la ley. Pero al igual que Morales, muchos creen que se fue al otro extremo y que su actitud radical no ha contribuido a descargar el ambiente. Como él mismo lo dice "es un problema de incompatibilidad moral de caracteres'"

En todo caso, el episodio no está exento de una fuerte carga de subjetividad. En el fondo, a Morales se le está cayendo encima por su reputación de gran cambista. Pero si esto es cierto, es dificil determinar cuál es el volumen de dólares que vuelve el delito moralmente inaceptable, ya que todo el mundo acepta comprar algunos para ir a Miami. En cierta forma, es como el viejo chiste según el cual la niña estaba "medio preñadita". Por otro lado, también le están cobrando a Morales su estilo, que definitivamente es menos ortodoxo que el de los corredores clásicos. Su audacia y agresividad a veces rebasan las tradicionales reglas del juego que han regido históricamente en la bolsa. Entre el estilo clásico y el estilo de Gordon Gekko, muchos creen que hay que hacer un esfuerzo para que prevalezca el primero y darle un "tate quieto" al segundo que está tratando de consolidarse.

Pero más allá del desenlace final del caso Morales, el incidente ha permitido ventilar un debate sobre la forma como cada vez se desfasan más las realidades económicas y la legislación cambiaria. Las posiciones enfrentadas alrededor de Juan Claudio Morales, no son más que el producto de este desfase. Sería enormemente ingenuo creen que su salida de la bolsa acaba con el problema y que se puede seguir aplazando el debate general de fondo.

BOLSA DE VALORES DE BOGOTA
COMISIONES EN 1987
(Cifras en miles de millones de pesos)
COMISIONISTA TOTAL PUESTO
1. Cárdenas Carreño Mejia 3.907 30
2. Corredores Asociados 493.510 1
3. Afin 80.270 13
4. Colbolsa 124.649 6
5. Cia. General de Valores 54.677 15
6. Nal. de Valores S.A. 109.432 8
7. Acciones y Valores S.A. 158.735 3
8. Gabriel Ferrero y Cia. 22.069 25
9. Tecnivalores S.A. 5.664 28
10. Bermúdez y Valenzuela 101.299 10
11 J.G. Garcés y Cia. 45.466 19
12. Ase. e Inv. Isaza Escobar 54.001 16
13. Arturo Uribe G. y Cia. 158.354 4
14.Promotora Bursátil 38.821 20
15.Servivalores y Cia. 59.172 14
16.Provalores S.A. 31.667 23
17. Luis Soto S.A. 37.676 21
18.Inverbolsa 48.842 18
19.Martinez Guerra Gutiérrez 18.064 26
20. Valores Integrados S.A. 261.356 2
21.Jaime González S.C. 7.999 27
22.Acobolsa S.A. 49.955 17
23.Quantum S.A. 4.114 29
24.Cia. Profesionales de Bolsa 3.172 32
25.Cia. de Serv. Bursátiles 35.040 22
26.Octavio Gallo y Cia. 3.845 31
27.Correva! S.A. 97.073 12
28.Sarmiento Lozano y Cia. 100.866 11
29.Asdac Bursátil S.A. 29.258 24
30.Corredor y Albán S.A. 103.391 9
31.Coltitulos S.A. 118.519 7
32. Durán Casas y Cia.S.A. 157.835 5
Total Bolsa 2.460.863

LA BUENA VIDA
En lo que todo el mundo está de acuerdo sobre Juan Claudio Morales, es que sólo despierta reacciones extremas: o gran animadversión o gran simpatía. Sin embargo, es más lo primero lo que catapultó la semana pasada, al financista al centro de la atención pública. En escasos diez años este bogotano de 45 años se ha convertido en uno de los jugadores más controvertidos del alto mundo de las finanzas.

Hijo del respetado abogado Hernando Morales, hizo una carrera meteórica pasando de la subgerencia de la Caja Agraria a los 25 años, a la creación, en 1978, de su propia firma de corredores de bolsa la Compañía General de Valores, en sociedad con Pablo Salazar y Luis Guillermo Soto.
Paralelamente con ésta, creo la Compañía General de Cambios, con sede en Cúcuta, que le ha ocasionado uno que otro dolor de cabeza. Su crecimiento en estas actividades no ha sido menos meteórico. Se ha basado en una singular tenacidad, audacia y agresividad. Ha sido intermediario en varios de los grandes negocios de la última década aunque empezó prácticamente de cero y hoy en día es considerado un hombre adinerado.

En todo este proceso su personalidad ha cambiado gradualmente. Ha adquirido una gran seguridad en sí mismo y se ha aficionado a la gran vida. Su principal hobby son los caballos de carreras, de los cuales tiene varios, no sólo en Colombia, sino en Panamá y Estados Unidos. Juega póker en mesas donde un millón de pesos se gana o se pierde con igual facilidad en una sola noche. También le gusta ser martillero de subastas de arte y no son pocos los cuadros de valor que cuelgan en sus paredes. Religiosamente juega todos los sábados golf deporte en el cual tiene un decoros handicap de quince.

Está casado con María Cristina Paredes, con quien tiene dos hijos. Acaba de reconciliarse con ella después de una separación de tres años, que incluyó un breve matrimonio y un sonado noviazgo. Hoy sus días de play boy parecen estar superados y la vida familiar y los problemas en la bolsa parecen no dejarle tiempo para nada más.

Buena parte de sus problemas se le atribuyen más a su personalidad que a sus actividades. Algunos consideran que su status de hombre poderoso se le ha subido un poco a la cabeza y que, aunque tiene un gran sentido del humor, su exceso de locuacidad y su temperamento algo pantallero, pueden haber sido contraproducentes en una coyuntura como la que está atravesando en la actualidad. Su caso ha sido comparado con el de su hoy aliado, Octavio Gallo, quien a pesar de haber sido el corredor más controvertido de los años setenta, salió adelante gracias al manejo sobrio y discreto que le dio a su situación. A pesar de haber vivido episodios similares, Gallo siempre ha gozado del respeto y aprecio de sus colegas. Morales, por el contrario, parece haberse ganado demasiados enemigos que en este momento estarían buscando un ajuste de cuentas. En todo caso, sea cual sea el desenlace de su caso en la bolsa, todo el mundo asume que seguirá dando lata durante muchos años.
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