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| 7/30/2011 12:00:00 AM

Zona de distensión

Sobre todo en los matrimonios y en las relaciones de muchos años, la cama debe ser un escenario de negociación para encontrarse en la misma ruta hacia el placer.

C uando la necesidad de seguridad reemplaza la emoción, la sorpresa y el encanto de descubrir al otro, muchas camas se enfrían. La sexualidad, y no el placer, se han convertido en una obsesión, pues somos bombardeados por todos los lados con fórmulas secretas, soluciones milagrosas y promesas del orgasmo perfecto.

Cada encuentro sexual se torna en una maratón desespera-da por un placer cada vez más difícil de lograr. De hecho, muchos viven la sexualidad como si estuviera afuera del cuerpo controlando movimientos, sonidos, respuestas y siempre buscando seguir una receta específica. Más y más personas que no saben cómo sobrevivir a ese fenómeno de la dictadura orgásmica y por miedo de perder a su pareja no respetan los propios límites, creando así una distancia mayor del objetivo final: el placer.

Pero la gran dificultad es cómo discutir el tema con la pareja. La respuesta no sería otra que con la boca, ¡al final también sirve para hablar!

La cama siempre será una zona de negociaciones, como dos países vecinos que tienen fronteras y reglas que respetar. Sin embargo, estas deben ser habladas y negociadas. Una pareja discute temas tan poco románticos como el manejo del dinero y tiene dificultad para hablar de sexo.

Cuántas parejas tienen diferencias de libido y no logran expresar esto ni buscar un acuerdo, prefiriendo que uno se sienta menos satisfecho y el otro muy exigido. Todo por la pena de hablar sobre un tema vital: el sexo. Somos la única especie humana que trata de sofocar ese aspecto natural y, así mismo, la única con capacidad de erotizar. Son tantas las posibilidades de vivir el placer y pocas las palabras para encontrar el punto común.

Experimentar está dentro de esa posibilidad de erotización, pero no todo lo que hay sirve para todas las personas. La sexualidad de cada uno también refleja la personalidad y de la misma forma que en la vida existen los aventureros, los curiosos y los tradicionales, en el sexo es igual sin que eso signifique una dificultad.

Respetar los propios gustos y límites es una garantía de placer, porque el goce en el sexo solo es bueno si no es obligatorio. Acceder a prácticas solo para complacer a la pareja no llevará a un orgasmo perfecto ni mantendrá una relación. Es necesario definir hasta qué punto se quiere y se puede ir, siempre compartiendo con la pareja porque dentro de la sexualidad el abanico de posibilidades es enorme y no solo una determinada modalidad es necesaria para disfrutar.

El primer paso es conocerse, permitirse sentir y saber cómo responde cada parte del cuerpo cuando es estimulada, sin pena ni miedo, además, la respuesta sexual es independiente de la del otro, podemos sentir placer solos o acompañados pero jamás partiendo de que dependemos absolutamente de que otra persona nos lo dé. El placer es una capacidad individual que puede ser compartida cuando se desee.

Gustos, disgustos, deseos y principalmente límites deben ser siempre hablados porque el sexo es bueno y mucho mejor cuando se origina en el alma y en los sentidos de cada uno.
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