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jueves, 24 de mayo de 2012

El milagro sudafricano

Tras llegar al poder, Mandela continuó con su actitud conciliatoria a pesar de las voces radicales que querían venganza
Tras llegar al poder, Mandela continuó con su actitud conciliatoria a pesar de las voces radicales que querían venganza
RECONCILIACIÓNSólo la confianza logró que Sudáfrica pasara de ser un país problema a convertirse en potencia continental. Hoy se prepara para celebrar el Campeonato Mundial de Fútbol.
Domingo 21 Junio 2009

Es fácil olvidar que hace apenas 20 años, cuando Nelson Mandela todavía era el preso político más famoso del planeta, Sudáfrica era un país paria por cuenta del apartheid, el sistema de segregación diseñado para garantizar la supremacía de la minoría blanca sobre la mayoría negra. Hoy se prepara para exhibir su diversidad al mundo pues la 'nación del arco iris', donde 11 idiomas tienen estatus oficial, va a convertirse el próximo año en el primer país de su continente en albergar un Mundial de Fútbol. Una gran vitrina para la gran potencia africana, miembro del G-20 y considerada un 'poder emergente'.

Liberar a Mandela no era un paso fácil. Cuando salió de la cárcel, después de 27 años ya llevaba cuatro de conversaciones secretas con el gobierno. Los documentos calificaban a ese hombre con adjetivos como pragmático, idealista y disciplinado. El lema del Congreso Nacional Africano, el partido de Mandela, era sencillo: "una persona, un voto". Sin embargo, el régimen temía lo que en privado llamaban "el factor ayatolah", la posibilidad de que de manera similar a lo que ocurrió en Irán cuando Jomeini regresó del exilio, movilizara a la masa negra en venganza contra los opresores blancos.

El régimen lo pintó durante años como el más peligroso terrorista. Pero finalmente Mandela quedó libre el 11 de febrero de 1990. En parte porque el apartheid era insostenible y en parte por la manera en que había sabido ganarse la confianza de sus opresores. Fue una paciente estrategia que comenzó en la prisión de Robben Island, el Alcatraz sudafricano.

Mandela veía la cárcel como un microcosmos de la Sudáfrica del apartheid, donde sus carceleros blancos representaban el racismo más básico, y comenzó por tratar de humanizar aquel lugar. Estaba convencido de que eran los guardianes, y no los presos, quienes necesitaban rehabilitarse. Los sedujo con cortesía. Es famosa la historia de cómo, durante una visita de su abogado, los presentó como su guardia de honor. En aquella isla estudió la historia de los afrikaaners (la minoría blanca en el poder), aprendió su idioma e incluso se interesó en el rugby, el deporte que tanto los apasionaba.

Su experiencia de las negociaciones secretas le ayudó a saber seducir a los blancos que iba conociendo. Desde el ministro de Justicia y el jefe de la Inteligencia hasta el entonces presidente, P.W. Botha. Ya libre, desde el primer momento envió el mensaje de reconciliación que lo caracterizó. Cuando 120.000 sudafricanos le dieron la bienvenida en el estadio de Soweto, llamó a los suyos a convencer a los blancos de que "una Sudáfrica sin 'apartheid' será un hogar mejor para todos". No hubo 'factor ayatolah'.

Mandela logró seducir también a la prensa blanca e incluso a un general retirado que estaba a punto de organizar un ejército para hacer la contrarrevolución. La transición fue difícil. Había extremistas en ambos bandos, hubo estallidos de violencia, pero el tono conciliador de Mandela evitó una guerra. Negoció el camino hacia la democracia con el presidente Frederik de Klerk, y en 1993 compartió con él el premio Nobel de Paz. Al año siguiente cerró el círculo. Pasó de preso político a convertirse en el primer negro elegido presidente de Sudáfrica.

Quedaba una tarea pendiente, de manera que Mandela aprovechó el rugby, la religión laica de los blancos, para convencerlos de que él era también su mandatario. Sudáfrica organizó el mundial de ese deporte en 1995 y en la final los fanáticos blancos terminaron coreando su nombre.

Hoy, Sudáfrica tiene problemas como cualquier Estado, pero acaba de celebrar sus cuartas elecciones libres. Y su transición es un caso de estudio para cualquier proceso de reconciliación, gracias al liderazgo, libre de rencores, de aquel anciano de camisas estampadas.
 
* Periodista de SEMANA


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