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| 9/15/2010 12:00:00 AM

Perdidos en el Amazonas

Amazonas se ha convertido en un lugar donde el turismo se ha unido a las demás actividades de la vida diaria. Una unión tan fuerte que ya hace parte del paisaje, así como la selva, el río y los nativos que habitan el lugar.

Enclavado en la selva, a 30 grados de temperatura y con un nivel de humedad del 80%, el río amazonas se desliza mansamente con toda su inmensidad por la mitad de un océano de árboles. Es verano y está bastante seco, tanto así que empiezan a surgir playas en algunos sectores de su recorrido.

Los turistas, en su mayoría extranjeros y unos cuantos colombianos llegan en lanchas o en pequeños botes, traídos por guías contratados o simplemente por motoristas de la región, algunos de ellos incluso ni siquiera saben la historia que esconden el torrente por donde se desplazan a diario.

Pacientes, los indígenas Tikuna o Ticuna, los esperan, en malocas organizadas especialmente para ellos. Ellos vienen a conocer su cultura, que durante años han tratado de conservar.

Ahí están en medio de la "selva amazónica", con sus trajes típicos y sus bailes ancestrales, con su lengua materna y con los precios por sus artesanías; que ofrecen a los turistas. Es toda una función en donde el turista puede bailar, compartir, comprar, reír, tomar fotos, grabar videos de su encuentro con las culturas que habitan este apartado rincón de la selva colombiana y que muy pocos se atreven a conocer.

El turismo es prácticamente la única fuente de subsistencia. Ya que las "chagras" o parcelas son exclusivamente para la alimentación y sostenimiento de cada familia de la comunidad. Es una parodia, una obra de teatro, de lado y lado, cada uno representando su papel, por un lado los turistas enfundados en sus no tan cómodos atuendos citadinos y los indígenas, con su trajes ancestrales, esperando por el dinero de los primeros. Es una relación simbiótica, en donde el uno recibe su experiencia selvática y el otro, a cambio, unos cuantos billetes.

Y no solamente el hecho de poder llevar un "recuerdo" de la selva, llama la atención de quienes vienen a este emblemático lugar, la posibilidad de subir al dosel de la selva, tomarse fotos con la culebra y con los miembros de la comunidad, caminar por la selva, ver los delfines rosados, avistar aves. Acá hay mucho más de lo que los folletos turísticos promocionan.

Pacientes, los indígenas siguen su vida. Con la continua marea de turistas que viene y se va, en donde no solamente de vender artesanías viven, sino también de poder trabajar en algunos de los primeros hoteles de Ecoturismo que se empiezan a quitarle un pedazo de la ribera del padre de todos los ríos.

El Amazonas se ha convertido en un lugar en donde el turismo se ha unido a las demás actividades de la vida diaria. Una unión tan fuerte que ya hace parte del paisaje, así como la selva, el río y los nativos que habitan el lugar
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